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Cómics, historia y política nacional: una alternativa a la visión superficial y veloz de los noticieros

comics colombianos

Viñeta de Alma

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En épocas polarizadas y llenas de cifras descontextualizadas en beneficio de campañas electorales, vale la pena repasar los horrores que la política nos ha dejado. Una mirada amplia a través de viñetas que narran desde el holocausto de Auschwitz hasta el desgarrador ámbito nacional: los 14.637 casos de violencia contra sindicalistas colombianos, la contrarreforma agraria llevada a cabo por grupos paramilitares, las desapariciones forzadas, las fosas comunes, etcétera. 

María Camila Núñez*

Cuando hablamos sobre cómics, en general la primera asociación que se hace es con el éxito rotundo de las películas y series basadas en superhéroes. Sin embargo, este tipo de publicaciones son solo una fracción de lo que es un medio amplio y profundamente interesante. Estados Unidos, Francia y Bélgica son algunos de los países con una tradición de cómic extensa e importante. Colombia, lejos de una alta producción editorial de este tipo, ha logrado algunas distinciones como el Japan International Manga Award, que recibió el año pasado Dos Aldos, de Pablo Guerra y Henry Díaz.

Desde sus inicios, el cómic ha estado relacionado con la historia y el clima político del contexto en el cual se desarrolla. En Estados Unidos las historietas de acción y aventura se convirtieron en uno de los géneros más consumidos. La década del cuarenta, marcada por la Segunda Guerra Mundial, fue el escenario en el cual estas historias con contenido bélico hallaron una época dorada. Varios de los personajes más emblemáticos de las historietas estadounidenses que aparecieron en este momento, como el Capitán América y la Mujer Maravilla, son ejemplos representativos de lo anterior, superhéroes que encarnan el espíritu americano y defienden a como dé lugar el ideal de libertad, acompañando las diferentes batallas libradas contra las Potencias del Eje. Tres ejemplos breves: en la portada de Captain America #1 (marzo de 1941), el protagonista aparece golpeando en la cara a Hitler; en Wonder Woman #1 (junio de 1942), la amazona captura a un espía japonés; y en Action Comics #101 (octubre de 1946), Superman aparece en la portada filmando la explosión de una bomba atómica.

El alto consumo de cómics en Estados Unidos llamó la atención de las instituciones educativas y los padres de familia que consideraban que la lectura de historietas por parte de los más jóvenes tenía una influencia negativa. Lo anterior conduciría a un periodo de censura en el medio que no solo limitó el contenido de las historietas, también el interés de los lectores y la motivación de los autores. La censura llevó a la creación del movimiento underground de cómics caracterizado por la auto-publicación, que tuvo su auge en la década del 60. Estos cómics se nutrían de temáticas como el sexo, el uso de drogas, crudas críticas políticas y narrativas que exploraban la cotidianidad de los autores.

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Las grandes editoriales como Marvel y DC también cayeron en la influencia del movimiento underground. En la década del 80 aparecieron historias y personajes más anclados a la realidad. Cómics como Daredevil: Born Again (Frank Miller y David Mazzucchelli) o Batman: The Dark Knight Rises (Frank Miller y Klaus Janson) reinventaron a personajes clásicos de las historietas de superhéroes, mostrándolos como seres más realistas, con defectos y deseos como los que tienen los lectores, con dilemas morales, inclinados hacia la ira, la depresión y la frustración, que no dudaban al momento de generar violencia para alcanzar sus objetivos.

En este periodo también se desarrollaron historias con un contenido político más latente como es el caso de Watchmen y V for Vendetta. La primera publicación cuenta con el guión de Alan Moore y las ilustraciones de Dave Gibbons. Watchmen plantea una realidad en la cual Estados Unidos ganó la guerra de Vietnam gracias a la intervención del Doctor Manhattan, un personaje omnipotente que obtiene sus poderes después de un accidente que involucraba el uso de radiación. La segunda obra también fue escrita por Moore mientras que David Lloyd se encargó de la parte gráfica. Este cómic incluye en su narración una versión de la Tierra en la cual se desata una guerra nuclear en la década del 80 y luego en los 90, un régimen neonazi domina al Reino Unido.

(Lea también esta entrevista con David Loyd en la que el dibujante asegura que “la naturaleza humana nos empuja a querer ser liderados como ovejas”)

 

Años más tarde, en 1991, se publicaría en un solo volumen Maus de Art Spiegelman. El cómic narra las experiencias de Vladek, el padre del autor, como prisionero en Auschwitz y la manera en la cual Spiegelman se relaciona en su presente con la memoria y el trauma de su familia. Esta obra expone las consecuencias de vivir rodeado de unos poderosos recuerdos que viajan en el tiempo, demostrando que la inmovilidad no es una de las características del pasado. En 1991 Maus se convirtió en el primer cómic en ganar un premio Pulitzer. La obra de Spiegelman demostró que el cómic es un medio ideal para representar los horrores de la guerra y la repercusión de estos en las víctimas directas y las generaciones que vienen después de ellas.

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Viñeta de Maus, página 201.

 

En 2001 la editorial Fantagraphics Books publicó Palestine, de Joe Sacco, un periodista que eligió al cómic como el medio para plasmar sus reportajes. Esta obra se basa en la experiencia del autor en la Franja de Gaza a finales del año de 1991 e inicios de 1992. El cómic está conformado por las entrevistas y la convivencia de Sacco con los palestinos, además de la tensión y la violencia que hacen parte de la cotidianidad de este territorio y sus habitantes. Sacco se deshace de la imagen del periodista como una persona objetiva que no debe emitir ni juicios ni opiniones propias: el artista-periodista menciona la importancia de tener una postura a la hora de reportar situaciones como las del pueblo palestino, que lleva años siendo violentado por el Estado de Israel. Sacco brinda una perspectiva alterna a la visión superficial y veloz de los noticieros.

 

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Colombia no ha sido ajena a la notable influencia de este tipo de obras, tampoco a la tradicional relación entre cómic, historia y política. En el año 2012 Laguna Libros publicó Los Once, de Andrés Cruz, Miguel Jiménez y José Luis Jiménez, basado en el holocausto del Palacio de Justicia de 1985. Los autores han expresado que uno de los objetivos de la publicación de su libro es recordar y no dejar en el olvido un evento de estas proporciones, el cual está rodeado de preguntas e incertidumbre. En el epílogo dice: “Discutimos las posibilidades y las maneras de recordar en la era del olvido. Decidimos recordar la toma del Palacio de Justicia, del 6 y 7 de noviembre de 1985, y resolvimos hacerlo, re-contar esta historia, a través de unos habitantes muy particulares: un grupo de ratones que habitaba esas paredes”.

En 2014 La Silueta publicó Ciervos de bronce, de Camilo Aguirre, una recolección de anécdotas del padre del autor y algunos de sus compañeros que hicieron parte del movimiento sindical entre las décadas del 80 y del 90. Sus páginas incluyen historias acerca de la persecución violenta a las personas relacionadas con la lucha sindical. Ciervos de bronce le da una mirada íntima a los 14.637 casos de violencia contra sindicalistas que el Sistema de Información de Derechos Humanos de la Escuela Nacional Sindical reporta que sucedieron entre 1973 y 2018. Esta cifra incluye homicidios, atentados, desapariciones forzadas, amenazas de muerte y desplazamientos.

En 2016 Cohete Cómics lanzó Caminos condenados, un cómic basado en un trabajo académico sobre la región de Montes de María titulado Paisajes del despojo cotidiano: acaparamiento de tierra y agua en Montes de María, Colombia. Caminos condenados explora cómo los habitantes de la zona han sufrido cambios drásticos en su vida debido a la implementación del monocultivo de palma de aceite en este territorio. A su vez elementos esenciales para la supervivencia humana como lo es el agua, se vuelven más difíciles de conseguir para los campesinos de la región debido a los nuevos límites establecidos por los empresarios que ahora son dueños de la tierra.

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Contraportada de Caminos condenados

 

Ojeda, Petzl, Quiroga y Rodríguez, autores de la investigación mencionada, explican que “la región de Montes de María, ubicada entre los departamentos de Bolívar y Sucre, en el Caribe colombiano, es un caso emblemático de despojo de tierra y agua en Colombia. Durante las décadas de 1990 y 2000, la región enfrentó una profunda contrarreforma agraria llevada a cabo por grupos paramilitares, que tenían estrechos vínculos con actores económicos y estamentos políticos de todo nivel”.

Los autores también afirman que el proceso de despojo de tierra y agua en esta zona ha dejado 56 masacres entre 1997 y 2004, además de unas 220 muertes de civiles, de los cuales el 80% fueron víctimas del paramilitarismo. “Esto, sumado a más de 200.000 casos de desplazamiento forzado, generó el despojo de más de 80.000 hectáreas de tierra entre 1997 y 2007”.

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Caminos condenados, página 15.

 

Francisco Marín publicó en 2017 su cómic No soy de aquí. La historieta aborda el conflicto armado, el desplazamiento forzado, la reconciliación y el perdón. Marín realizó una investigación en el Centro Nacional de Memoria Histórica, en la cual recolectó testimonios de víctimas y victimarios que usó como fuentes para crear los personajes y situaciones que se presentan en su obra. Según el Internal Displacement Monitoring Center, para el 2017 se registraron 6,509,000 de desplazados debido al conflicto armado. Por medio de su cómic, Marín logra humanizar las cifras presentadas por diferentes organizaciones.

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No soy de aquí (versión en inglés), página 4.

 

 

 También en el año 2017 Ave Negra publicó una obra titulada Alma, protagonizada por una criatura que lleva el mismo nombre, cuyo estilo recuerda a personajes como Spawn o Swamp Thing. Sus creadores describen a Alma como “un ser atormentado, producto del dolor y la sevicia del hombre. Fue concebido por la sangre de decenas de cuerpos enterrados en una fosa común y el poder de los antiguos dioses. Alma se levantó de entre los muertos para traer castigo a los violentos y los que contaminan la tierra”.

Vale la pena resaltar que Colombia tiene historia en el tema de fosas comunes, el caso mediático más reciente se conoció en febrero de este 2018, cuando los campesinos del municipio de Ituango, Antioquia, le exigieron a las autoridades que detuvieran el llenado de la represa de Hidroituango. Esto con el fin de continuar con la búsqueda de sus seres queridos, posiblemente ubicados en fosas comunes de la guerrilla y los paramilitares que están en peligro de desaparecer a medida que la obra de la Hidroituando avanza. Según El Colombiano, la emergencia ocasionada el 12 de mayo por la creciente del rio Cauca y la imposibilidad de la represa de contener el agua, ha dejado hasta el momento 544 personas evacuadas, 59 casas afectadas y 3 puentes derribados, entre otros estragos.

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Alma, páginas 1 y 2.

 

 No es coincidencia que estos cómics exploren formas de violencia producidas en alguna proporción por el Estado. Por medio del lenguaje de la viñeta los autores de estas obras le presentan al lector una oportunidad de acercarse al lado humano de las cifras que han dejado los diferentes conflictos en los cuales la mano armada del Gobierno Nacional ha sido cómplice. Asimismo son una alternativa a los escritos académicos relacionados con las problemáticas tratadas en estas publicaciones, que potencialmente pueden generar una respuesta emocional para así lograr una comprensión más profunda de la complejidad de las situaciones planteadas en las obras y la manera en la cual las circunstancias y consecuencias de cada fenómeno afectan la cotidianidad de un gran número de personas.

 

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La producción de cómic en el país crece a paso lento pero seguro, dando frecuentemente ilustraciones, historias y personajes sobresalientes. “Tal vez lo importante de estos tiempos es la posibilidad de difusión —dice Said Atala, uno de los autores del cómic María Colora—. Tenemos herramientas que los historietistas de antes no tenían. El reto está en aprovecharlas para promover los proyectos, pero más aún, en que sean historias de alta calidad”. Juan Pablo Silva, creador de Bogotá Masacre Zombie y Espectaculares Héroes Colombianos afirma que “hay buenas propuestas, siempre se puede mejorar pero no hay que desmeritar el esfuerzo de los artistas, lo importante es que hay variedad, estilos y maneras de contar historias”. Carolina Pineda, autora de Historias de Chapiyork y Hello, My Love, agrega que “hay una especie de estado de gracia justo ahora. Eso tiene ventajas y desventajas. La ventaja principal es que echen un par de miradas desde otros lugares del mundo y que quieran conocer por qué, en efecto, se habla de las cosas que están pasando en Colombia respecto a la historieta. La desventaja es que no existe una industria consolidada y hay pocas editoriales. Quien venga de afuera y quiera saber qué está pasando no puede solo tener la opción de contar con la producción de estas editoriales porque, si bien hay obras y autores de calidad, el panorama no está resumido allí. Está la movida independiente que es para mí el esqueleto de todo, pero tienes que estar bien empapado para informarte sobre las fechas y eventos que allí suceden. Este año, por ejemplo, la Feria Internacional del libro lanzó una convocatoria para que autores independientes pudieran mostrar su trabajo en el marco de la feria. Eso fue oportuno con el momento del que hablamos ahora, pero además incluyente. Más plataformas y convocatorias, es algo en lo que debemos trabajar todos, y mucho”.

(Lea también Bienvenido a Chapiyork, entre el encanto del barrio bogotano y la distopía creada por Carolina Pineda)

 

Los cómics mencionados le demuestran al público la complejidad que puede llegar a tener este medio y constituyen una nueva forma de documentar los hechos violentos nacionales y sus consecuencias, al mismo tiempo que le ofrecen un espacio al testimonio de las personas afectadas por las diferentes formas de violencia, algo esencial para identificar a las víctimas de los hechos violentos como seres humanos y no como números que hacen parte de las tantas estadísticas que evidencian la magnitud de la guerra en Colombia.

La próxima vez que vea una película de superhéroes, que por lo general son característicamente espectaculares y sumamente entretenidas, recuerde que a pesar de su aparatosa presencia, son solo un fragmento del extenso y complejo mundo de los cómics.


*María Camila es historiadora y magíster en Estética e Historia del Arte. Sus investigaciones académicas giran en torno al cómic, la historia, la memoria y el testimonio.

 

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