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“Con Sepultura la gente vio un Brasil más realista”: Andreas Kisser, guitarrista de Sepultura y De La Tierra

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Fotos de Daniel Sierra

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Desde los inicios con esta banda insignia del metal brasileño, Andreas, hoy de 50 años, se convirtió en uno de los mayores referentes del género en Suramérica. Con ellos logró codearse con titanes como Motörhead o King Diamond, pero ahora con DLT quiere unir a Latinoamérica, dividida por la barrera del español y el portugués.

Andrés J. López / @vicclon

En la segunda mitad de los 80, Suramérica era la cuna de un movimiento fuerte de bandas de metal que trataban de obtener el mismo reconocimiento que sus colegas del hemisferio norte. Pero los estigmas, el conservadurismo, los problemas sociales, la precariedad de equipos y la falta de escenarios obligó a los exponentes del continente a mantenerse con las uñas. Brasil fue una excepción a esa situación. Para la época, el país carioca ya estaba en la mira de bandas y organizadores de talla mundial. Solo basta decir que en enero de 1985 se hizo el primer Rock in Rio en Rio de Janeiro con un cartel envidiable incluso para cualquier festival actual: Queen, Iron Maiden, Whitesnake, AC/DC, Scorpions, Ozzy Osbourne y Yes, entre otros.

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Un año antes del magno evento, los hermanos Max e Igor Cavalera fundaron Sepultura. Sucedió en la ciudad de Belo Horizonte y lo hicieron con la intención de sonar como sus bandas favoritas: Motörhead, Black Sabbath, Deep Purple, Slayer y Venom, estos últimos influenciando fuertemente el Bestial Devastation (1985), su primer EP. Un año después de su debut discográfico con Morbid Visions (1986), Andreas Kisser se unió para complementar la alineación más recordada de la agrupación: Max (voz y guitarra rítmica), Igor (batería), Paulo Jr. (bajo) y Andreas (guitarra). Juntos grabaron Schizophrenia (1987), y dos años después entraron a las grandes ligas con Beneath the Remains, su tercer disco. A partir de ese momento la popularidad del cuarteto explotó: hicieron giras con Sodom, King Diamond, Motörhead, Kreator, Sacred Reich, Ministry, Pantera, Paradise Lost y Aerosmith. También publicaron los clásicos Arise (1991), Chaos A.D. (1993) y Roots (1996), este último el álbum más popular de su historia.

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Pero así como creció la popularidad, las tensiones se hicieron más palpables. El mismo año de Roots Max dejó la banda y su hermano hizo lo propio en 2006. Así, Andreas quedó al frente de la banda y los fans de Sepultura se dividieron: unos aceptaron los cambios en la alineación y otros se fueron hacia los nuevos proyectos de los Cavalera, como Cavalera Conspiracy o Soulfly. Andreas, como nuevo líder de Sepultura, siempre se mantuvo al frente, pero en 2012 se dio nuevos aires para trabajar paralelamente con De La Tierra. En esta agrupación se unió a Andrés Giménez (líder de A.N.I.M.A.L), Álex González (baterista de Maná) y Flavio Cianciarulo (bajista de Los Fabulosos Cadillacs), reemplazado en 2017 por el bajista de Puya, Harold Hopkins. Sin afanes, el grupo ya ha lanzado dos discos (De La Tierra y II) y se ha presentado en Argentina, México, Colombia, España, Estados Unidos, y otros países.

 

(También le puede interesar ‘Una charla con A.N.I.M.A.L, la banda que lleva la batuta de hacer metal en español’)

 

El pasado 13 de septiembre vinieron por tercera vez a Bogotá para dar su primer concierto como banda principal y antes, en 2014, le abrieron a Metallica, además de participar en la vigésima edición de Rock al Parque. En medio de la correría por una nueva presentación ante el público bogotano, nos sentamos a hablar con Andreas Kisser de su trayectoria con Sepultura y su nuevo proyecto en De La Tierra.

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El primer concierto de De La Tierra (DLT) fue en Colombia…

Fue el primero de nuestra historia y estuvo increíble. Tocamos con Metallica, que fueron muy amables, nos apoyaron, y la gente de Colombia también. Nos motivó mucho.

 

¿Hubo nervios antes de salir?

Ufff, claro. Siempre los hay porque es un grupo nuevo, pero es un sentimiento muy bonito porque cuando estamos con nuestras bandas de más de 30 años estamos acostumbrados a todo. Con DLT siempre hay algo nuevo que es saludable: adrenalina, energía, incertidumbres de lo que va a ocurrir. Todo eso es muy bueno.

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¿Cambia mucho estar en Sepultura a estar en DLT?

Todo es diferente: principalmente la gente, la historia y las responsabilidades. En Sepultura tengo un papel mucho mayor en composición, prensa, las decisiones en general y todo eso. En DLT hay una división más equilibrada de las cosas, componemos temas en nuestros estudios y después arreglamos todo juntos. Cantar y escribir en español o portugués también es muy diferente a hacerlo en inglés, por supuesto. No hago esta comparación porque son dos cosas distintas. DLT es un proyecto paralelo y no paramos Sepultura, A.N.I.M.A.L, Maná o Puya. Son nuestras principales bandas y desde que empezamos sabíamos que sería de este modo porque no es fácil estar siempre los cuatro para tocar, ensayar, hacer las cosas. Es un desafío pero es un privilegio tener la oportunidad de tocar con estos músicos en algo diferente. Claro que es metal pero con otras influencias, compositores diferentes, todo distinto, pero uno ayudando al otro. Cuando trabajo en un nuevo riff puede servir tanto para Sepultura como para DLT, pero la manera en que vamos a arreglarlo y desarrollarlo es diferente con cada uno.

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En DLT toca Álex, baterista de una banda totalmente opuesta a Sepultura como lo es Maná, que en la época en que ustedes sacaban el Arise o el Chaos A.D., él hacia discos como ¿Dónde jugarán los niños?. ¿Cuál era la aceptación de ustedes hacia esas producciones tan diferentes?

No conocía a Maná y no era el tipo de música que escuchábamos, pues la música latina en Brasil no es muy conocida. Cuando empecé con DLT no sabía quiénes eran Los Fabulosos Cadillacs o Soda Stereo y son nuestros vecinos. Brasil es muy cerrado por el tema de la lengua portuguesa. Incluso en Portugal, nuestros descubridores. Hay más influencia de la cultura brasileña en Portugal que al revés por las telenovelas, el fútbol, la música y los artistas que van allá. Entonces Maná es una cosa que empecé a escuchar con Álex. Ellos tocan en estadios por toda Latinoamérica pero en Brasil lo hacen en espacios chicos, pues allá no son tan conocidos. Os Paralamas do Sucesso y Titãs fueron dos bandas brasileñas que llevaron a Fito Páez y Charly García para tener esa mezcla. De Colombia también conocemos muy poco, solo nombres grandes como Juanes y Shakira, pero con Chile, Uruguay o Paraguay es muy cerrado. Por eso DLT es tan importante en ese aspecto de unir temas en español y portugués, tiene esa misión de romper las barreras culturales y juntarnos más porque ya hacemos parte de América del Sur y tenemos esa conexión del deporte, la Copa Libertadores, pero culturalmente muy poco.

 

 

 

A pesar de cantar en inglés, Sepultura incorporó instrumentos poco comunes en el metal como el timbal brasileño, el birimbao y hasta cantaron con la etnia Xavante, ¿por qué optaron por esta mezcla?

No es una cosa que parta de un plano y mañana decidamos hacerla. Todo empezó en 1989 cuando comenzamos a tocar por fuera de Brasil y a sentir cómo la gente de otros lados miraba al país y nuestro metal. Muchos pensaban que allá solo había negros, la flora amazónica y que no teníamos ciudad o televisión. Poco a poco y paso a paso empezamos a educar a toda la gente: los fanáticos extranjeros de Sepultura empezaron a aprender cómo era Sao Paulo, en nuestras letras escribimos sobre cosas del país como la violencia policiaca, los pelos largos, tatuajes y cómo sufríamos por el prejuicio de ser músicos. Con Sepultura la gente vio un Brasil más realista: tenemos playas, mujeres, samba, flora, pero también hay un lado más oscuro, más político, con corrupción, violencia y todo eso para poner una idea más balanceada de nuestro país y no solamente la turística o la de las favelas con el crimen.

 

 

Fue increíble ver fanáticos en Europa que empezaron a aprender portugués y a visitar el país como consecuencia de Sepultura y todavía es así. Entonces desde el Arise y la introducción de ‘Altered State’, que abre el lado B, ya hay un poco de percusión y flautas peruanas como una tentativa para trazar un poquito más esta cosa suramericana. En Chaos A.D. empezamos a tocar nosotros los instrumentos en temas como ‘Kaiowas’, totalmente acústico e influenciado por la música sertaneja (country brasileño) y en Roots explotó todo con Xavantes. Todo fue un proceso de años, no fue como “vamos a donde los indios porque son brasileños”. Y para tener una influencia diferente en la música no es hacer un riff y meterle percusión sino debe existir una conexión, por eso llamamos al percusionista Carlinhos Brown en Roots, porque al ser un profesional del área podía traer cosas que no hubiéramos pensado. Todo esto lo utilizamos porque somos brasileños y hacemos música pesada. Si vas a desfiles de las escuelas de samba en Rio de Janeiro verás 300 músicos tocando percusión juntos y es muy pesado. Entonces poner la guitarra ahí fue fácil.

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Hablando de guitarras, ¿hay un solo o riff que lo haga sentir más orgulloso?

No sé. No me pongo a pensar cosas así, pues es como elegir a un hijo. Tengo tres hijos, todos diferentes, pero el amor es el mismo. El respeto por las diferencias es lo que nos hace desarrollar como seres humanos, como hombre, padre, esposo, lo que sea. Con los riffs es lo mismo y escoger un disco preferido es difícil. Hay unos como el de ‘Arise’ que son emblemáticos para nosotros porque los tocamos siempre en los conciertos y hasta hoy mucha gente habla de Arise como un disco muy importante de Sepultura. Pero hay otros como ‘Kairos’, por ejemplo, que son sencillos pero muy fuertes y siempre lo tocamos y la gente lo canta. El riff de ‘Roots Bloody Roots’ obviamente es la cosa más sencilla del mundo y para su grabación trabajamos una afinación más baja, lo que abrió nuevas posibilidades para todo. Hay unos muy importantes pero todos lo son para la carrera.

 

 

 

A la hora de practicar en su casa o antes de un show, ¿trata de dominar técnicas como el sweep picking y el tapping a ocho dedos o no le interesa?

Sí, siempre me interesa pero no sigo un camino sino que estoy en mi tiempo. Recuerdo que con Chaos A.D. empecé a hacer solos de guitarra más disonantes y cercanos a la percusión, como en ‘Propaganda’, porque ahí estaba enojado con los arpegios y ese tipo de cosas porque todos hacían lo mismo. Ver quién es el más rápido o el más técnico no me interesa sino la expresión artística, sea en un riff sencillo de U2 o algo de Yngwie Malmsteen. La velocidad no interesa, el mensaje sí, como con Steve Vai. Él es un maestro de la guitarra que utiliza partes rápidas y sencillas muy bien porque tiene algo que transmitir, por eso para mí la música y la guitarra es un todo, no es ritmo o solo porque nunca vi esa división. Es más grave, más agudo, solo y ahí trabajamos con las notas.

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Pero sí, siempre ensayo. Me gusta mucho la guitarra clásica, la toco todo el tiempo, y para Machine Messiah (2017) me preparé para hacer solos más pensados. Eloy Casagrande —baterista desde 2011— también ha traído muchas posibilidades para mi guitarra, la composición y todo lo demás. Siempre hay algo que mejorar, por eso constantemente estudio un arpegio, una whammy bar (trémolo) o lo que sea.

 

¿Cómo fue esa incorporación de la guitarra clásica en Machine Messiah?

La guitarra clásica hace parte de mi vida, antes que la eléctrica, porque empecé con una acústica tocando música popular brasileña mientras escuchaba rock and roll y heavy metal. Nunca tomé clases de guitarra eléctrica, solo clásica, y es una cosa que venía trabajando desde hacía mucho para acercarlo a Sepultura y tocarlo con la banda no solo como una introducción o un tema acústico, sino ponerlo junto a la guitarra distorsionada y todo lo demás. ‘Iceberg Dances’ fue el instrumental donde empezamos a hacer eso y la idea es usar más elementos así en el próximo disco.

 

 

 

Marty Friedman ha dicho que no se siente muy atraído por el estilo de figuras como Jimi Hendrix. ¿Le pasa lo mismo? ¿Hay algún guitarrista que todos amen pero que a usted no lo atrape?

Marty Friedman (risas). No, es prohibido hablar mal de Jimi Hendrix. Respeto su opinión, él es un músico excepcional. Ya lo escuchaba con Jason Becker en Cacophony y es un trabajo increíble, y por supuesto con Megadeth, que creo que fue de las mejores formaciones de la banda. Pero no sé… Michael Angelo Batio, por ejemplo: el tipo es un circo. Tiene su valor, claro, pero la música está en segundo plano mientras el protagonismo lo tiene su forma de tocar los solos —con guitarra doble o cuádruple— y eso no me encanta mucho. Para mí, la música va primero y si pide algo rápido o un arpegio que así sea, es una cosa natural. No hay un guitarrista que no me guste, siempre aprendo con todos manteniendo los oídos, los ojos y el alma abiertos porque es un privilegio observar a esos maestros. Steve Vai tocó con Sepultura en Rock in Rio Las Vegas y fue fantástico. Es un dios de la guitarra, un caballero, una persona muy inteligente, centrada, muy espiritual, técnica y respetuosa.

 

 

 

Ya ha pasado un tiempo desde el último disco de Sepultura y el segundo de DLT, ¿qué banda lanzará nuevo material primero?

No sé, ya estamos en la gestión, trabajando para un nuevo disco de Sepultura a comienzos de 2020. Tenemos unos demos, ideas, y cuando vuelva a Brasil trabajaremos más. Con DLT también. El tercer disco lo estoy haciendo junto con el de Sepultura. Intento pero siempre es lo mismo: el primer disco de DLT se cruzó con The Mediator Between Head and Hands Must Be the Heart (2013) y el segundo con Machine Messiah, siempre muy cerca. Ahora será lo mismo pero está bien. Ayuda cuando estoy en compositor mode, haciendo y buscando ideas, porque puede no funcionar para Sepultura pero sí para DLT, entonces puedo dividir un poco las cosas y hacerlo al mismo tiempo porque no es tan distinto y como dije: trabajando con gente diferente las cosas van a lugares diferentes.

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¿Está pendiente de lo hecho por Max e Igor en Soulfly o Cavalera Conspiracy?

No lo escucho pero sé lo que ocurre. Solo toco Sepultura (risas). Es extraño porque tienes ahí dos grupos que tocan Sepultura pero es una elección de ellos. Los acompañamos como acompañamos toda la escena musical. No es un grupo del que me guste su estilo, la manera de hacer música y principalmente los conciertos, que me parecen muy débiles técnicamente y principalmente tocando Sepultura. Es muy triste pero cada uno lucha su batalla con lo que tiene.

 

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