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TOOFLY: trazos latinos que han bombardeado las calles neoyorquinas

TOOFLY: trazos latinos que han bombardeado las calles neoyorquinas

Foto de Daniel Sierra

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Después de emigrar hacia Estados Unidos cuando era niña y de convivir con todo tipo de culturas en un barrio gringo ocupado en su mayoría por latinos, TOOFLY se convirtió en una de las pioneras de la movida urbana femenina en Latinoamérica y el mundo. Hoy es ilustradora, muralista, curadora y gestora cultural. Su trabajo le hace frente a la opresión femenina en el mundo artístico.

Daniel Fandiño / @sinsecuencia

El número de inmigrantes ecuatorianos en Estados Unidos aumentó 300% entre 1980 y 2008: actualmente la cifra ronda las 609.000 personas. Se estima que 10.750 personas nacidas en Ecuador ya obtuvieron la residencia gringa y es Nueva York la ciudad en la que se han asentado con más fuerza estos latinos que se la juegan por vivir el supuesto “sueño americano”.

En 1985 llegó a Corona Queens, un barrio neoyorquino multicultural ocupado mayormente por latinoamericanos, una ecuatoriana que aunque hoy es un referente del grafiti latinoamericano, para la época no tenía en mente nada más que asistir a la escuela de arte y llenar sus cuadernos con algunos sketchs.

“En la década de los 80 —explica María Castillo, quien lleva pintando 26 años de su vida— era duro porque la ciudad no estaba bien. Mi mamá hacía piñatas y mi abuela cosía, éramos inmigrantes en un país donde se debe empezar desde abajo. Pasamos por cosas pero la ciudad creció y nosotros con ella. En ese entonces los trenes los pintaban porque no había seguridad ni dinero para policía o cámaras: por eso creció tanto el grafiti y la cultura hip hop [en NY]”.

 

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Intervenciones de TOOFLY llevadas a cabo en NY. Fotos cortesía de TOOFLY.

 

Too Cute o Too Cool solían ser algunas de las palabras con las que firmaba aquella niña que no superaba los 15 años en las hojas en blanco, hasta que un primo le dijo que no podía estar dejando firmas diferentes por ahí como si nada. En ese momento nació un seudónimo que pasaría a ser el estandarte de todo un proyecto: TOOFLY. Su insistencia gráfica la empujó a un mundo completamente nuevo para ella: el grafiti, una práctica que en los noventa parecía exclusiva de los hombres pero que con el tiempo ella misma se fue encargando de abrir al género femenino.

 

(Pille también El muralismo comunitario, viajero y en gran formato de Soma Difusa)

 

En 1992 TOOFLY empezó a pintar en las calles, a hacer bombing y a intervenir con sus letras cuanto spot se le atravesaba, así fue dándose a conocer entre los writers del barrio. “Cuando yo empecé sabía de Lady Pink, otra ecuatoriana, pero sabía de ella por libros y películas. Es como la reina del grafiti porque es una de las primeras y su trabajo se empezó a ver en las calles en el año 73”.

 

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A la derecha intervención al transporte público de Quito (2015) y a la derecha muro realizado en Quito (2014). Fotos cortesía de TOOFLY

 

Para entonces no se había consolidado el street art y no había eventos en los que se mostrara el grafiti, que además estaba satanizado y en cierto modo generaba repudio por parte de la población ajena a la movida. A partir de allí y pasado un tiempo en las calles, decidió asumir su obra y fortalecerla desde la academia y en 1996 ingresó a la School of Visual Arts, ubicada en Midtown (Manhattan). Escogió esta institución porque, según ella, fue una de las universidades que entendió su grafiti.

“Una vez vi un grafiti en una de las mesas de la escuela y me impactó mucho —cuenta TOOFLY—. Me dije: yo también puedo hacerlo. Ahí me empecé a comunicar con el artista sin hacerlo, solo a través de los marcadores. Eso cambió mi percepción de lo que es el arte, me metí en problemas y hasta me hicieron limpiar la mesa. Me sentí rebelde y libre y desde entonces no he dejado de estar en esta cultura”.

Con los años esta artista nacida en Ibarra, ciudad situada al norte de la región interandina del Ecuador, se convirtió en ilustradora, muralista, curadora e incluso gestora cultural, organizando eventos como Unity (2007), un espacio artístico en el que participaron solo chicas; también el Warmy Paint, Ladies Love Project, otro evento de mujeres emprendedoras; y actualmente está montando algo llamado Grafiteras, un evento en el que esta ecuatoriana quiere dar voz a través de la pintura a las latinoamericanas.

 

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A la izquierda muro realizado en Wynwood (2016) y a la derecha intervención en Tulum, México (2015). Fotos cortesía de TOOFLY

 

“La cultura del grafiti es de hombres, pero por ser chica yo quería representar, poner más la energía de la hip hop culture en las chicas. Sentía que tenía que poner marca de mujer y seguir con eso porque no conocía más mujeres y con el tiempo eso me sirvió para conocer más chicas que pintan y crean espacios para pintar”. TOOFLY, que asegura que antes se sentía muy sola en el mundo de los aerosoles y los rodillos, lanzó este 2018 una serie de prints llamada Reinas con la intención de homenajear a las chicas que le ponen el pecho al grafiti y, en general, al street art. Se podría decir que esta mujer es una de las pioneras de la movida urbana femenina en Latinoamérica y el mundo. “Recuerdo que las chicas se acercaban a preguntarme cosas sobre grafiti, luego Lady Pink empezó a reunirnos y con el tiempo yo también empecé a reunir algunos contactos y empezamos a pintar solo chicas”.

El arte urbano, asegura TOOFLY, nunca hubiera existido sin el grafiti y sin prácticas como el bombing. Para ella tienen que seguir existiendo las pintadas ilegales tanto como las legales. “Hay una energía única en lo vandal, pero hay riesgos. Tú te puedes morir, te pueden pasar cosas super violentas o puedes quedarte ahí y no crecer. Depende de cada uno. Si quieres quedarte ahí es tu elección, pero también puedes crecer”. No obstante, dice, debe existir el grafiti underground.

 

(No se pierda este recorrido audiovisual por la escena del arte urbano en Popayán)

 

Esta artista llegó a dejar algunas de sus piezas plasmadas en el recordado 5 pointz, la antigua fábrica de medidores de agua que llegaron a intervenir un gran número de artistas y cuyas instalaciones fueron demolidas en 2014. Actualmente hay una batalla legal en torno a esta edificación pues empezando 2018 el juez federal Frederic Block del Tribunal de Distrito del Distrito Este de Nueva York dictaminó que 21 de los artistas, cuyas obras habían sido destruidas en la demolición, obtendrían 6.7 millones de dólares.

 

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A la izquierda ntervención en el metro de NY y a la derecha muro realizado para Latido Americano, en Perú. Fotos cortesía de TOOFLY

 

“En 5 pointz tenía un espacio donde podía pintar, había chicos muy buenos y no había problema con la policía. Allí podía crecer con mi arte y desarrollarme en él. Eso me ayudó para salirme de lo underground. Hice muchas piezas en 5pointz y fuimos a la corte y ganamos millones de dólares que dicen nunca vamos a ver porque es todo un enredo”.

Esta ecuatoriana de nacimiento pero neoyorquina de corazón está segura de la importancia que tiene abordar temas sociales dentro del grafiti o el arte urbano, pues considera que en un mundo donde ser o pensar diferente no es bien visto lo mejor es integrar a las comunidades a través de este tipo de iniciativas. Cuenta que cuando llegó a Nueva York había distintas culturas en su entorno, “yo me crié con gente de Latinoamérica pero también con italianos, con indios y con personas de muchos rincones del planeta. Nunca nos vimos como algo diferente y ahí también tiene que ver el grafiti porque nos sirvió para conocernos y compartir”.

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A la izquierda muro en NY (2018), en el centro gran formato realizado en Quito y a la izquierda pieza realizada en NY (2017). Fotos cortesía de TOOFLY

 

En 2012 volvió a Ecuador y ahora reside en Quito, en una zona rural en donde se ha puesto a la tarea de transmitir su conocimiento pues quiere convertirse en un buen ejemplo para esas chicas que tienen una manera de pensar arraigada al machismo y a quienes les han inculcado desde pequeñas la asimilación del patriarcado. “Me da pena decirlo… ahora que vivo en el campo he notado que las chicas tienen la ilusión o la única opción de cuidar a sus hijos y ya. Eso me molesta. Ellas tienen que tener sueños, hay más cosas que hacer, obviamente si quieren ser madres pueden, pero la mujer puede hablar y hacer [otras] grandes cosas”.

 

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Muro de TOOFLY para el Ruda Fest en Bogotá

 

Ha hecho parte de festivales como Latido Americano (2016) y fue una de las chicas que participó en el documental Street Heroines, de Alexandra Henry: una producción que exploró el coraje y la creatividad de las mujeres en el grafiti y el arte urbano alrededor del mundo. Recientemente encabezó la lista de invitados de la primera edición del Ruda Fest, un evento que convocó a diferentes creadores nacionales e internacionales a Bogotá con la finalidad de fortalecer el grafiti local. TOOFLY se propone a futuro seguir elaborando estrategias en relación al arte para que las niñas crezcan con el ejemplo de mujeres fuertes, que hagan grandes cosas con respeto, tratando siempre de luchar contra esa imagen sexualizada que se ha creado a partir de lo femenino.

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