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Residencias artísticas contadas por sus participantes para que se antoje y proyecte el 2018

Estos espacios han nacido en todo el mundo como iniciativas de intercambio artístico y cultural. Sirven para abordar exploraciones individuales o conjuntas que facilitan el aprendizaje, la investigación, la producción de obra y su posterior exhibición. Tres jóvenes artistas nos cuentan sus experiencias en Brasil, Estados Unidos, Cali y Bogotá. 

María Alejandra Fajardo

En la última década se ha hecho popular el modelo de las residencias artísticas a lo largo y ancho del mundo y Latinoamérica, por su parte, ha sido uno de los puntos de partida de importantes iniciativas de corte independiente. A menudo, las residencias se convierten en espacios que permiten acercamientos con otras realidades, diferentes puntos de vista entorno al arte y a la vida en general. Sirven para desarrollar exploraciones individuales y/o conjuntas que facilitan aprendizajes que normalmente no se encuentran en el mismo lugar donde se trabaja o con la gente que ya se conoce. 

Existen todo tipo de residencias. Hay algunas a las que uno debe aplicar formulando un proyecto específico y otras que se ganan a través de becas o reconocimientos. También están las que son otorgadas por entidades gubernamentales o a las que se puede acceder si el aspirante tiene los recursos para costearse el viaje y la estadía. 

Hay residencias que se gestan exclusivamente para estudiantes activos o por el contrario para personas que ya hayan terminado el pregrado, otras tienen un límite mínimo o máximo de edad, etc. Estas variables dependen de la institución que la ofrezca y el lugar donde se desarrolle.

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Todos hemos de morir, Juliet Sarmiento, 2015

Durante un período de tiempo que puede variar entre las tres semanas, los seis meses o incluso el año, los artistas tienen la oportunidad de acercarse a otras comunidades y tener experiencias de vida con residentes de diferentes partes del mundo, lo que facilita la creación de redes de trabajo mientras se comparten ideas y tradiciones propias. 

En algunas residencias se espera que al final se logre un proyecto o una pieza finalizada para una exposición, lo que implica que desde el inicio debe haber una producción obligatoria de obra, pero por otro lado hay residencias que son meras invitaciones a que los artistas exploren y establezcan vínculos.

Estos tres artistas pasaron por residencias y sus experiencias nos demuestran lo variadas que pueden resultar iniciativas de este tipo. 

Juliet Sarmiento 

Lugar a Dudas / Cali

Esta artista plástica y visual bogotana graduada de la ASAB disfrutó de la residencia como un reconocimiento que obtuvo en la sección de Artecámara, en ArtBo de 2016.  Durante dos meses vivió y produjo obra en la ciudad de Cali, en un espacio llamado Lugar a Dudas , dirigido por el maestro Óscar Muñoz. Este espacio independiente y sin ánimo de lucro promueve la creación artística contemporánea a través de la investigación y la creación.

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Del imaginario a lo real, Juliet Sarmiento, 2017

Juliet decidió apropiarse del imaginario que ella y muchos tienen de esta ciudad, el cual está estrechamente ligado a la salsa. A esta artista de 24 años le interesa hablar de la cotidianidad y de lo que se considera popular, mezclándolo con sus experiencias personales, con “la incansable búsqueda por conocer a una persona: mi papá”. 

“Esta residencia me permitió conocer y encontrar la ciudad en la salsa, el calor, la luminosidad intensa de los días, los colores vivos de las calles, la brisa y la sombra. Ese espacio urbano fue la finalidad de una búsqueda personal, además de la oportunidad de integrar mis intereses con el tejido cultural de la ciudad”.

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Del imaginario a lo real, Juliet Sarmiento, 2017

La obra consiste en textualizar las canciones de salsa que la remitían a la imagen que siempre he tenido de  su padre y de una ciudad que hasta ese momento no conocía mucho. Varios recorridos por la sucursal del cielo le permitieron notar que las calles estaban llenas de piedras o bloques de cemento, lo que utilizó como materia prima para hablar de la calle y de la ausencia. 

Natalia Murcia  

Uberbau_house / Sao Paulo, Brasil

Natalia tiene 24 años y estudió artes plásticas en la Universidad El Bosque. Este año hizo parte de la residencia de investigación de arte contemporáneo de la Uberbau_house. El objetivo de esta iniciativa era llevar a cabo una investigación en la que se viera incluida la escena artística de Sao Paulo dentro de un lugar que facilitara el encuentro de varias voces para generar discusión, investigación, documentación y reflexión sobre el arte contemporáneo en América Latina.

Esta artista bogotana aplicó a través de la página web de la organización en la que debía rellenar un formulario y exponer en un párrafo breve el que sería su tema de trabajo: la producción como metodología de investigación en arte contemporáneo.

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Animalario (fanzine en proceso), Natalia Murcia, 2017

A parte de los gastos de viaje, Natalia pagó 960 dólares para realizar su residencia, estos cubrían el alojamiento, el desayuno, el acceso a información y el material para llevar a cabo los seminarios durante tres semanas.

Al ser una residencia de investigación, Natalia se enfrentó a pensar en lo que va más allá del objeto artístico y la confrontación de este con el mundo. Esta experiencia se materializó en una serie de conferencias presenciales que ella dictó y también en una compilación de diagramas y material virtual que está disponible online para consulta en un blog creado por Naoko Mabon, compañera japonesa de Natalia durante su residencia.

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Aíla (series El miedo y La tristeza), Natalia Murcia, 2016

“Personalmente, después de la universidad, yo estuve super alejada del mundo del arte durante un año y medio o dos, y participar en esta residencia fue como mi primera experiencia artística después de ese tiempo. Eso me ayudó a confrontarme con varias situaciones, como la actualización de mi portafolio y la socialización de este con más personas. Y pues a parte de lo académico también me sirvió mucho para acercarme a otros personajes, ya que así como había un espacio de trabajo también existía un espacio de descanso y este espacio nos permitía relacionarlos más como individuos. Unos preparaban el desayuno, otros el almuerzo y otros la cena. Asistíamos juntos a diferentes salidas, charlábamos, molestábamos y forjamos lazos importantes”. 

También le sirvió para profundizar y crear conexiones a nivel personal que le han servido en su trabajo como curadora en Carta Abierta Galería, de la cual es co-fundadora, siendo esta una muestra de que las residencias son una práctica que fomenta el desarrollo cultural de los individuos y que sirven como punto de partida para desarrollar pensamiento crítico.

Matías Quintero

Flora Ars + Natura / Bogotá

Matías es un artista plástico de 27 años que estudió en la Universidad Jorge Tadeo Lozano. Una vez terminó su pregrado, trabajó durante tres años como voluntario de producción y montaje en la naciente fundación Flora ars+natura. Después de ese proceso Flora le otorgó una residencia en un ambiente rural, en Pensilvania, Estados Unidos, dirigida por el artista Mark Dion y su ex esposa J. Morgan Puett. A su regreso, y como artista recién graduado, Matías enfrentó los problemas típicos que surgen después de esta etapa frente a la poca oferta laboral que existe en el ámbito de las artes. Estaba desempleado y no tenía un taller para trabajar. Por esas fechas la fundación acababa de comprar la casa que después se convertiría en el edificio de su escuela y mientras esperaba los permisos para las adecuaciones del espacio, el director José Roca le ofreció una de las habitaciones para trabajar con la condición de que tan pronto salieran los permisos debía irse.

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El plazo inicial era de dos meses, pero como suele suceder con las cuestiones burocráticas, los trámites se retrasaron y el tiempo terminó convirtiéndose en casi siete meses. Poco a poco, este tiempo fue transformándose en una residencia, con todos los beneficios que ella implicaba, entre los que está la visibilidad y la participación en eventos del medio artístico.

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Topografía # 2 (de la serie ‘Topografías en Venus’), Matías Quintero, 2014

“Un día durante ArtBo, todos los artistas que estábamos en residencia hicimos un open studio para los coleccionistas de la feria. Fue sorprendente la cantidad de personas que pasaron por mi taller y lo más asombroso para mí, un artista joven que ni siquiera calificaba aún como emergente, fue poder vender varias obras. Es difícil imaginarse lo que significa para un artista conceptual tan chiquito vender una obra, y en realidad no soy de los que valora el arte por las ventas, pero si uno piensa en una persona que acaba de salir de estudiar, sin saber qué hacer de la vida más que esas cosas raras que nadie entiende, sin ninguna expectativa laboral por mi título (nunca he sido un buen “funcionario”), sin dinero para materiales; lograr vender varias obras así fue increíble”.

Para estos artistas jóvenes las residencias fueron espacios que de una u otra forma empezaron a constituir lo que es el mundo del arte. Alternativas que les permitieron conocer el mundo mientras fueron afinando intereses particulares, tomando sus propias decisiones y estableciendo relaciones entre lo que es y lo que quieren lograr con el trabajo. 

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Cancerbero (parte de una serie de 9 piezas correspondientes a la obra de  ‘Arqueología de la sombra’), Matías Quintero, 2014

Por otra parte, estas experiencias confrontaron el mundo real con lo que se aprende en la academia y de este modo es que se expande el conocimiento, tanto a nivel artístico como personal. 

Ellos consideran fundamental que los interesados, ya sean artistas o no, apliquen a estos estímulos, ya que existen diferentes tipos de ofertas en todo tipo de lugares que muchas veces se desperdician por la desinformación. Lo ideal antes de participar en una residencia es buscar referencias de lo que se quiere hacer e informarse de la mejor manera posible sobre el país, el sitio de alojamiento, los coordinadores del programa, entre otros. 

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