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“Se trata de enfrentar las cosas con las manos y volver a lo artesanal”: Xilotrópico y su recuperación comunitaria de las artes gráficas

Este pedagogo y artista chileno fue el creador de la Primera Feria de Artes Gráficas en Bogotá. Su obra gira en torno a las temáticas de resistencia social: la técnica que ha aplicado para producirla, la xilografía, es una resistencia en sí misma frente a la modernidad de los procesos de impresión.  

Julián Guerrero

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Cuenta Xilotrópico que en uno de sus talleres itinerantes de impresión una mujer se acercó a él y a sus compañeros para preguntar qué era lo que estaban haciendo. Abrieron el contenedor de la pintura y cuando la mujer la olió les dijo que había vuelto a ser niña, pues aquel olor la había transportado a la infancia. Después de imprimir ella misma algunas piezas y recordar un tiempo en que había aprendido la técnica de impresión, comenzó a compartir su conocimiento con los curiosos que se acercaban sin que los organizadores del evento pudieran intervenir. Justo ahí, el ejercicio de gráfica itinerante liderado por algunos expertos se convirtió en una creación colectiva, un acto comunitario. 

Hay que decirlo: no ocurre a menudo que la gente pueda ser parte del ejercicio plástico en espacios artísticos no convencionales. Por lo general las personas en sus posiciones de espectadores deben contentarse con contemplar las obras acabadas. Aunque también hay que decir que no todo arte puede reproducirse de una manera sencilla en una plaza y en menos de cinco minutos. Frente a esta dualidad, el artista chileno Xilotrópico, de 25 años, decidió salir junto con colectivos como Xilantropía para compartir con la gente de a pie no solo sus obras sino también la técnica: la xilografía.

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Herencia china expandida en todo el mundo, la xilografía es una de las técnicas de impresión más importantes en la escena gráfica, no sólo por el logro que supuso en la mecanización de la impresión, sino también por el lugar que ha tenido en las luchas sociales y la experiencia popular del arte. La técnica consiste en la impresión de una imagen tallada en madera, que después de ser bañada en tinta se presiona sobre el papel obteniendo una pieza. Aunque la Xilografía fue poco a poco desplazada por técnicas de impresión industrial más eficientes y de mayor calidad como la imprenta, la calcografía o el fotograbado, hoy en día tiene un valor artesanal que se opone a la producción en masa y que requieren de un menor esfuerzo para llevarse a cabo. De ahí que, como cuenta Xilotrópico, sea en la técnica y su enseñanza donde está la mayor resistencia. 

Este artista lleva cuatro años dándole a la xilografía. Después de haber pasado por la pintura, el esténcil y distintas técnicas de impresión, Xilotrópico decidió concentrarse en una técnica y un arte que le llama la atención por el carácter manual de su proceso, algo que, según cuenta, se ha ido perdiendo a partir de la “facilidad” que ofrece lo digital. 

(No deje de conocer La resistencia colectiva de los talleres de gráfica tradicional)

Dos prensas de un taller de la Universidad Metropolitana de las Ciencias de la Educación (UMCE), donde cursó la carrera de Pedagogía en Artes Visuales, fueron el inicio del estudio que desde hace cuatro años desarrolla este chileno sobre xilografía y cuyas obras han viajado por Colombia, México e incluso Francia. 

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Xilotrópico, que ha visitado Colombia en dos ocasiones trabajando con miembros de la escena gráfica bogotana, como el colectivo Arbitrio, Gráfica Rola La Pifia, y quien colaboró en la creación de la Primera Feria de Artes Gráficas en Bogotá el año pasado, cuenta que el impacto de la gráfica en Chile es muy grande y que hoy en día se está retornando la cercanía de este arte con las coyunturas políticas. Según dice, esto era algo que se vivía más en los años setenta, durante la dictadura de Augusto Pinochet. La Agrupación de Plásticos Jóvenes APJ y el Taller Sol, son ejemplos que hacen parte de una historia de resistencia gráfica y política y que hoy son influencia en los escenarios artísticos chilenos. 

Y es que, aunque durante mucho tiempo se habló de un “apagón cultural” durante la dictadura chilena, la historia se ha encargado de mostrar cómo colectivos de gráfica como Taller Sol o la APJ desarrollaron una constante producción artística contestataria que se opuso al régimen de silencio y blanqueamiento que sobre el arte pretendía Pinochet. Así, si bien la dictadura, que dejó a su paso 3.200 civiles asesinados y más de 40.000 víctimas, fue un escenario de represión y control sobre los procesos artísticos, la elaboración de carteles y la actividad gráfica hablan también de un espacio que no se quedó callado y cuyos artistas, como ha ocurrido también con el Taller 4Rojo en Colombia, necesitan de mayor visibilidad histórica.

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A través de colores fuertes y rasgos marcados este artista ha reproducido desde escenas de protesta hasta máscaras y fotografías de pueblos andinos, produciendo así una obra de resistencia tanto en los temas que trata como en la misma técnica. Xilotrópico sale a la calle con la tarea de mostrar sus piezas siguiendo una impronta que le gusta recalcar, la del regalo: la posibilidad de que la gente pueda llevarse una de sus xilografías con la condición de que sean ellos mismo quienes las impriman. Este ejercicio le ha permitido pensar el arte más allá de los espacios académicos y darle un lugar valioso en la vida de las personas a partir de la experiencia. 

“La gráfica es una creadora y potenciadora de cultura. Detrás de la gráfica está el concepto de que cualquiera lo puede hacer, que no es lo mismo que sucede con la pintura. Con la gráfica se trata de que la gente se enfrente a las cosas con las manos, de volver a la lógica de lo artesanal”, explica Xilotrópico, y además agrega que a través de los talleres itinerantes en los que ha estado ha podido percibir el poder de estos espacios en la creación de comunidad y en lo importante que resultan a la hora de aprender a dar solución a los problemas que se viven en la sociedad.

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Según cuenta, una toma de la UMCE (o la Peda, como le dicen sus alumnos) en 2014 a raíz de un estatuto docente, fue uno de los puntos de partida en los que Xilotrópico sacó su gráfica a la calle para hacer parte de una actividad política. La recolección de fondos para la toma fue el argumento con el cual realizaron distintas reproducciones para atrapar la atención de la gente. 

“Esa vez nos tomamos el Departamento de Arte. Cogimos las matrices, las imprimimos todas y salimos a venderlas por aporte voluntario en la toma. Luego los compañeros vieron que también podía ser un espacio para mostrar su propio trabajo”, cuenta Xilotrópico. Dice también que este ejercicio de reproducir la obra en vivo fue bastante importante y motivó la itinerancia que luego tendría con otros talleres. 

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La participación en esta toma fue un momento esencial pues permitió hacer crecer la escena y llegar a puntos de madurez como en el que se encuentran hoy, cuando se está desarrollando la UTG o Unión de Trabajadores del Grabado, un colectivo que busca que todas las personas puedan producir y comercializar sus obras en el espacio público chileno. Aunque hoy no existen trabas legales o una represión tan fuerte como la vivida durante los años de la dictadura de Pinochet, sólo unos pocos de sus compañeros tienen permisos para comercializar libremente su obra en las calles. “Al momento de crear algo estas tomando una posición —dice este artista chileno—. El asunto está en si pintas una Coca Cola o si pintas una protesta. Llevarle el arte a la gente es también un acto político. Yo creo que la gráfica tiene herramientas para construir la política y se debe hacer cargo”.

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La obra de este chileno se nutre también de la fotografía, una pasión que fue su primer acercamiento al mundo artístico y que ha seguido trabajando en sus impresiones. Martín Chambi y Martín Gusinde, quienes se encargaron de la realización de un proyecto fotográfico y etnográfico en Perú y Tierra del Fuego, respectivamente, son dos referentes en la obra de Xilotrópico, quien reconoce en su trabajo una exploración latinoamericanista nutrida por la historia de su país y del continente.

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Comunidad, arte y resistencia hacen parte del trabajo de este hombre que se suma a la cuota de creadores criollos que en América Latina le apuestan a la expansión de una gráfica consciente de los procesos sociales y que cada vez, por las problemáticas que enfrentan países como Colombia, gana más peso entre sus ciudadanos.

Esté pendiente del Instagram y del Facebook de Xilotrópico porque planea regresar a Colombia para un encuentro de grabado en gran formato, en Barranquilla, y espera que todo sea favorable para llevar a cabo la segunda feria de artes gráficas de la ciudad.

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