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Editoriales artesanales que rescatan el libro como objeto

Editoriales artesanales que rescatan el libro como objeto

Portada cortesía de Tragaluz

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Como quien recrea una obra de arte en toda la extensión de la palabra, estas editoriales colombianas emplean cuidadosos procesos manuales en la producción de sus libros. Si bien el contenido es y seguirá siendo el asunto de máxima importancia, un valor agregado en la presentación resulta para muchos lectores y coleccionistas decisivo a la hora de leer. 

Alejandra Carreño

El mundo literario cambia constantemente. Cada día se publican obras nuevas de autores emergentes en las que los géneros se mezclan y, de la misma manera, exigen nuevos formatos de presentación. Más allá del contenido —que siempre debe ser lo más importante—, el libro como objeto resulta esencial para muchos lectores que buscan ediciones especiales. 

En Colombia y toda Latinoamérica existen editoriales literarias que se le están midiendo a la fabricación de libros artesanales. Si bien las obras manufacturadas de forma industrial por grandes casas editoriales pueden producirse en masa, publicando miles de ejemplares por tiraje, los procesos manuales otorgan, por el tiempo y la dedicación que requieren, un valor agregado inigualable.  

 Más allá de la poca facturación anual que se puede presentar, existe algo fuera de los márgenes económicos que los motiva, la gasolina del artesano: entender el libro como una pieza única y valorarlo de esa manera.

Para Iván Hernández, fundador de la editorial Frailejón, lo importante es darle esa oportunidad estética a las obras de calidad. ‘‘La editorial crece de manera paulatina —dice Hernández—, tratando de cubrir unos campos de la literatura que quizás las grandes editoriales no cubren porque no son libros que puedan vender mucho. Queremos que para el lector sea agradable tener el libro, no solo un buen libro [por su contenido], sino que también le parezca un objeto bonito. Darles a los libros el formato y las características que ellos merecen. Es decir, sabemos que el autor se esfuerza muchísimo por hacer el libro, creemos que debemos esforzarnos nosotros muchísimo para presentarle al lector ese libro’’. 

 

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Fotos cortesía de Frailejón 

Libro: Historias de Perros/ Autor: Iván Hernández/  Ilustrador: Daniel Gómez

 

Después de una selección de telas, cueros y papel artesanal, los libros comienzan a tomar, poco a poco, su forma, y se van armando hasta dar con ‘‘libros bonitos’’. Durante esos procesos participan los autores, los diseñadores y los ilustradores involucrados. ‘‘Los libros son cosidos —explica el fundador de Frailejón—. Posteriormente forramos los cartones ya sea en tela, en cuero o en papeles artesanales… Decidimos el lomo y las guardas… Es un proceso lento pero bonito: tan lento y tan cuidadoso como el de los autores’’. 

Poesía, novela breve, clásicos, entre otros libros se pueden encontrar en el catálogo de Frailejón. Por ejemplo, Noches de Gaza es una de sus novedades: un bello libro de haiku—poesía japonesa que consta de tres versos— escrito por Carlos Castrillón que aborda asuntos terroríficos de la guerra.

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Libros del catálogo de Frailejón 

A pesar de que existen librerías de renombre que reciben estos libros artesanales, la mayoría no se compromete con la distribución. ‘‘Creo que actualmente en la librería más grande en la que estamos es La Nacional, aunque algunos libros no los quieren aceptar porque son muy delicados, y eso está bien’’, comenta Alejandra Algorta, fundadora de la editorial Cardumen.

Por su parte, la distribuidora de libros La Diligencia se encarga de que los tres libros de poesía que Cardumen ha publicado actualmente sean tratados con el mayor cuidado posible. Algunos museos y ferias también sirven como plataformas de exhibición.

 

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Fotos cortesía de Cardumen 
 

Libros: Los 16 motivos del lobo/ La casa en las esquinas - Autores: Amalia Moreno y Santiago Guevara/ Julián Mayorga

 

Los “peces”, como se hacen llamar los integrantes de esta editorial independiente,  tienen más de un trabajo porque no es mucha la plata que se hace al dirigir un proyecto como este. Es un asunto de amor por el libro. ‘‘Queremos hacer los libros que nos gusta leer —comenta Alejandra Algorta—. Y nada me gusta más a mí que leer un libro que parece hecho con las manos, con nostalgia y cariño. Evidentemente también hay una estrategia de mercado en la que atraemos a nuevos públicos por medio del diseño. De esta forma no llegamos únicamente a los amantes de la poesía, también a los amantes de lo artesanal, unimos públicos y se amplía el grupo de lectores: esa es la ganancia más grande’’.

Un libro puede tomar hasta un año en su fabricación, pero lo más importante para estos editores artesanales, por llamarlos de alguna manera, es la calidad del producto final. Vale la pena ojear Las casas en las esquinas de Julián Mayorga, publicado por Cardumen.

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La casa en las esquinas por Julián Mayorga 

En la editorial Tyrannus Melancholicus, fundada hace unos cinco años, se publican libros y fanzines (lea también La nueva ola del fanzine en Colombia) que tocan temas variopintos, desde comida hasta cine, que no dejan de un lado la poesía. ‘‘Sin darnos cuenta, con esto encontramos una pasión por hacer publicaciones propias —dicen sus integrantes—, en las que hemos querido expresar desde nuestros gustos más sencillos hasta nuestras más profundas opiniones e inquietudes respecto a nuestra experiencia como bogotanos’’.

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Fotos cortesía de Tyrannus Melancholicus 

El afecto que sienten por la serigrafía, la encuadernación, el grabado y otras técnicas artesanales ha llevado a que los libros de Tyrannus Melancholicus sean hechos a mano. Esta editorial quiere publicar libros excéntricos pero asequibles. ‘‘Intentamos ser cuan recursivos sea posible, aprovechar pliegos o colores de papeles, buscar tintas extrañas, hacer toda la gestión de pre-prensa por nuestra cuenta. Cada cosa que decidimos va sumando o restando a lo que queremos que sea y siempre intentamos inclinarnos hacia la opción que más nos permita involucrarnos en la producción”. 

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Desafortunadamente, la falta de visibilidad ha impedido que muchos de sus ejemplares sean vendidos y provocado que se acumulen. ‘‘Desde que decidimos elevar [nuestros tirajes] de “máximo 50” hasta 200 o 300, hemos empezado a ver cómo se van apilando en nuestros cuartos algunas de las publicaciones y esto ha hecho que nuestro afán por darnos a conocer crezca’’. 

Pero existen otras editoriales artesanales que tienen un enfoque diferente y que realizan libros de más bajo costo, como editorial Chiquitico. Nació en Argentina hace más de diez años y se trasladó poco tiempo después a Bogotá y producen libros por el puro placer de hacerlo. Han publicado 19 títulos y el precio por libro está entre 8.000 y 10.000 pesos colombianos. Un buen ejemplo de sus publicaciones es Cosas que no te dicen (pero deberían) - Una guía para la vida, una obra llena de humor negro, escrita e ilustrada por Winston Rowntree.

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Foto cortesía de Chiquitico

En Chiquitico se toman las cosas con calma. Publican autores tanto internos como externos a la editorial y su proceso artesanal no tiene mucho complique. ‘‘Los libros se diseñan y diagraman usando software libre —cuentan los integrantes de este proyecto editorial—. Se imprimen digitalmente sobre papel de caña de azúcar sin blanqueadores y se encuadernan con cartulina de color. Todo se imprime en negro. La encuadernación es manual, así como los terminados finales’’. Además, son ellos mismos quienes distribuyen sus libros en alianza con algunas librerías independientes. 

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Fotos cortesía de Tragaluz editores

Libro: Bola de agua/ Autora: Pilar Gutierrez/ Ilustrador: José Antonio Suárez

 

Y aunque el hecho de hacer estos libros de manera artesanal está envuelto por una atmósfera nostálgica que de alguna manera evoca los libros antiguos y sus técnicas primitivas de fabricación, también existen actualmente otros procesos que pueden crear un equilibrio con lo moderno, como sucede en la editorial Tragaluz editores, radicada en Medellín.

Vea parte del proceso de ensamble de Paraguas, de María Villa: 

 

 

Si bien sus fundadores, Pilar Gutiérrez y Juan Carlos Restrepo, dieron a conocer la editorial con una colección de poemas ilustrados que fueron publicados con las cubiertas forradas en tela y una encuadernación japonesa, con el paso del tiempo fueron cambiando sus procesos. “En un mercado como el colombiano eso es definitivo —comenta Daniela Gómez, integrante de la editorial— porque muy poca gente designa recursos para comprar libros y el precio ahí es clave también”. 

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Una publicación notable de Tragaluz es El magazín de famosos aún no conocidos, escrito por José Andrés Gómez, compuesta por peculiares cuentos de la cultura pop. ‘‘Lo importante además de unir la forma al contenido —continúa Daniela—, es que no sean libros muy engallados gratuitamente simplemente para encarecerlos porque sí. Es esa razón por la cual Tragaluz se ha dado cuenta de que puede no hacerlos tan artesanales, sino encontrar otros procesos que igual se unen narrativamente a los libros y los vuelven muy valiosos sin que sean tan costosos’’. 

La fe en el libro artesanal, como vemos, no se ha extinguido. Por exigente que sea su proceso y lo costoso que resulte, el espectro del “libro como objeto” se está expandiendo. Ejemplo de ello son estas editoriales que se aferran con fuerza a la idea de ofrecer calidad al lector no solo en términos de fondo, sino también de forma. 

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