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El impacto del grafiti colombiano en el exterior

grafiti en el exterior

Portada cortesía de Stinkfish

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Hace 20 años, Keshava, un grafitero colombiano vieja guardia, dejó pintadas en muros de Cuba y Nueva York. En los últimos años, este proceso de expansión del grafiti colombiano en el mundo se ha ido consolidando; desde artistas de renombre como Stinkfish hasta nombres menos conocidos como Didier Jaba Mathieu han dejado muestras en el extranjero del arte urbano nacional.

Andrés J. López / @vicclon

“En 1998 tuve la oportunidad de escribir ‘Junkies coke home’ —una modificación alusiva a las drogas de ‘Yankees go home’— en un muro neoyorquino. Después fui a Cuba y rayé ‘La balsa o la vida’, por todo este rollo con la gente que se iba de la isla. Este último fue muy delicado porque allá ni dejan ingresar aerosoles, al día siguiente ya no estaba”, recuerda Luis “Keshava” Liévano, uno de los primeros artistas del grafiti de Bogotá y encargado de documentar su historia en la ciudad.

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Mural de Jair Martínez en Italia. Foto cortesía de Jair

 

Y es que, como hizo Keshava hace casi 20 años, los grafiteros colombianos tienen entre sus metas darse a conocer en otras ciudades del mundo, más allá de decorar y darle color a nuestro país y fue a través de este tipo de pintadas “guerilleras” que empezó eso de llegar a otras latitudes. Hoy en día, las redes sociales han modificado la forma en que los grafiteros nacionales dejan su arte alrededor del mundo, pues es más fácil que su trabajo artístico llegue a otros lugares. “Muchos de mis viajes han sido gracias al grafiti ya que en redes ven todo lo que hago. Últimamente me he dado cuenta que la gente en otras partes del mundo sabe lo fuerte que es esta movida en Bogotá y de la cantidad de obras que hacemos”, dice Skore 999.

Los eventos internacionales también se han convertido en una oportunidad idónea para que los grafiteros den a conocer su trabajo ante colegas de todo el mundo, igual para hacer colaboraciones o aprender nuevas técnicas y estilos. Latino Graff (Francia), Latidoamericano, Street of Styles (Brasil), Urban Code Art (Estados Unidos), Meeting of Styles, Conquistadores (Alemania) y Sinvergüenza (Argentina) son algunos de estos eventos a donde llegan gran cantidad de artistas colombianos.

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Mural de Skore en Cusco, Perú. Foto cortesía de Skore

 

 

Otros no esperan a las convocatorias y terminan integrándose a eventos en algunos de sus paseos o tours. Así hizo Ark, en 2013, cuando durante su visita a Perú fue invitado a la primera edición del Festival Equilibrio, organizado en la Amazonía de ese país. El colombiano no solo hizo el mural con cinco latas y vinilos, sino que le pidió a la gente de la comunidad que participara. “No siempre pasa que a uno lo inviten y le costeen todo, la gran mayoría de veces todo me lo pago y cuando los organizadores saben que estoy cerca me llaman. Estas salidas las haces luego de un tiempo, cuando estás muy comprometido con tu trabajo”, dice.

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Mural hecho por Ark y los habitantes de Toropoto, en Perú. Foto cortesía de Ark. 

 

 

Como Skore o Ark, son cada vez más los creadores criollos que pintan afuera y más exóticos son sus destinos: por ejemplo, el colombomexicano Stinkfish, quien hizo su primer mural afuera en 2007, participó en The Cuma Project, un proyecto que recorrió cinco lugares de Honduras habitados por indígenas Lenca y a la cual pertenecía la fallecida activista Berta Cáceres. Este es solo uno de los sitios donde él ha logrado pintar; entre sus otras paradas están Austria, Estados Unidos, Inglaterra, Francia, República Checa, Holanda, Vietnam y hasta China.

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Murales de Stinkfish en Austria, China y Holanda, respectivamente. Fotos cortesía de Stinkfish

 

 

Él es solo uno de los artistas que constantemente pintan afuera, otros de los más nombrados son Guache, Toxicomano, Ledania, Franco, Nomada, Malegría, Dj Lu, Dexs y Gris. Pero también hay colombianos radicados en otros países, que pueden no ser muy conocidos todavía acá pero que llevan años pintando por fuera, como Jair Martínez, quien desde los ocho años vive en Italia y ha pintado por toda Europa, incluyendo Rumania y Alemania.

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Parte del mural hecho por Didier en Israel. Foto cortesía de Didier Jaba

 

 

Otro nombre que ha pasado desapercibido en Colombia es Didier Jaba Mathieu, nacido en Armenia y radicado en el extranjero desde niño. A sus 42 años, Didier ha recorrido más de 40 países: Israel, Inglaterra, España, Dinamarca, Bélgica, Francia y Malasia han sido algunos de sus destinos. “Personalmente no he visto muchos artistas colombianos radicados en Europa, sin embargo el público de acá se siente muy atraído hacia nuestro país y lo que hacemos, es como si los intrigara. Esto nos da estatus y nos hace sentir orgullosos de dónde venimos, así estemos lejos”, explica.

El impacto que han tenido los colombianos en el exterior se ha retribuido y ha puesto a Bogotá en el mapa del grafiti mundial: en las calles capitalinas se encuentran muros hechos por el Pez (España), Fintan Magee (Australia), El Marian (Argentina), Boa Mistura (España) y Ericailcane (Italia). Se dice hasta que el propio Banksy estuvo un fin de semana en el país y pintó la pared del Centro Colombo Americano, hace unos siete años.

Pero no solo eso, en Bogotá los extranjeros hacen tours para ver los trabajos que inundan las calles y saber más sobre los artistas nacionales. “Lo primero que ven los turistas al salir del aeropuerto son todos esos muros que hay en la Calle 26. La gente se siente muy atraída y quiere ver los que más pueda —comenta Jahir Dimaté, coordinador del Bogotá Graffiti Tour—. Antes hacíamos estas salidas una vez a la semana, pero la acogida fue creciendo y ahora las hacemos dos veces al día”. Precisamente, este tour fue creado por Crisp (Australia) y Opek (Canadá), ambos ya habían pintado en Colombia y vieron el potencial y la diversidad de las paredes bogotanas, entonces decidieron radicarse. “Bogotá ya se puede reconocer como una capital del arte urbano, pero siento que a los muralistas aún nos falta más reconocimiento internacional. Necesitamos impactar con más piezas en el exterior y expresiones plásticas que, en vez de un lenguaje colectivo, permita tener una lectura de una obra de autor”, dice Rodez.

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Mural de Rodez en Buenos Aires, Argentina. Foto cortesía de Rodez

 

  

Los grafiteros de la escuela de los ochenta como “Keshava”, se oponen al muralismo y critican la falta de contenido político de la mayoría de artistas: “A estos ‘pelados’ les falta una conciencia política. Hay problemáticas globales que nos afectan a todos y que ellos deberían adoptar en sus muros: la discriminación racial, la violencia policial, el calentamiento global, la corrupción o el acceso a la educación”. Pero también admite que estas exploraciones en nuevos territorios han servido para que el mundo entero conozca, se familiarice y admire lo que acá se puede lograr con unas latas, vinilos y esténciles.

(Conozca más sobre la convocatoria de Latino Graff de este año)

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