Un proyecto llamado Mercadito & Mentidero, que se dedicó a vender, como dice Paulo Licona, “basurita cultural” (dibujos, publicaciones independientes, objetos raros, chucherías) en el Mercado de las Pulgas, fue la génesis. De esto hace tres años y pico. Paulo y Ana Rivera eran los tripulantes. En junio de 2013, el mercadito debió morir. El funeral fue una fiesta y Paulo, en lugar de ponerse triste, empezó a maquinar un proyecto nuevo, El Mentidero de hoy.