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‘Sabias Montañeras’ o la recuperación fotográfica de los oficios rurales

Las manos que cultivan lo que nos comemos están llenas de un conocimiento imprescindible y su labor es vital para la ciudad.
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Las manos que cultivan lo que nos comemos están llenas de un conocimiento imprescindible y su labor es vital para la ciudad. Dos periodistas jóvenes han dedicado el último año a registrar la vida de mujeres entregadas al oficio de la tierra. 

Diana Carolina Martínez

Todos somos agrodescendientes: estamos atados al campo por un cordón que muchas veces resulta invisible a causa de la vida acelerada de la ciudad. Los conocimientos propios de lo rural son por lo general desplazados por la tecnología y la inmediatez de la vida moderna. Y es ahí, en esa pérdida de la conciencia del vínculo rural, que Angie Franco, de 24 años, y Tatiana Medina, de 30, ambas comunicadoras sociales y periodistas, ven una oportunidad para la recuperación y el fortalecimiento de la unión intrínseca que todos tenemos con el campo y las montañas.  

En noviembre de 2016 Angie terminó sus prácticas profesionales en un medio de comunicación y se dio cuenta de que el periodismo tradicional no era lo suyo, así que decidió irse a Guasca para poner sus pensamientos en orden, para saber qué hacer con su vida profesional. Allí se encontró con Tatiana, quién por esos días estaba terminando un curso de fotografía ambiental y vivía hace más de tres años en la región, en una tiny house que ella misma había construido.  

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La pasión por la fotografía y la conexión con el campo unió los caminos de estas dos mujeres, que decidieron llevar sus carreras profesionales a otro nivel y convertirlas en trabajo comunitario. Así crearon Sabias Montañeras, un proyecto periodístico que quiere recuperar los saberes de esas mujeres que han dedicado toda su vida al agro. Una iniciativa valiosa que nos ayuda a comprender que la comida no llega a nuestras manos por arte de magia: que hay otras manos que cultivan lo que nos comemos.    

Esta dupla se han dedicado en el último año a retratar la labor de campesinas con conocimientos que por años han recibido poca atención y mérito, saberes milenarios como la oralidad, el tejido, el cultivo y la cocina, entre otros. En Sabias Montañeras la fotografía es la herramienta principal. El desarrollo del proyecto estuvo pensado en dos fases: la primera, que se llevó a cabo en Guasca y dejó como resultado una serie de 27 fotografías tomadas a seis mujeres habitantes del municipio; y la segunda, que tuvo como escenario la localidad de Ciudad Bolívar, en Bogotá, donde se inmortalizó la labor de cinco mujeres. 

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“Poder trabajar en esos dos lugares fue muy interesante porque a pesar de que parecen ajenos uno con el otro, no lo es tan así —explica Angie—. Por ejemplo, Ciudad Bolívar tiene muchísima población campesina que llegó por situaciones adversas. Pero sí existen diferencias: cuando nosotras iniciamos [el proyecto] en el campo estábamos acostumbradas a mujeres que obviamente obtienen sus recursos de una manera más fácil, que podían tener cultivos en los patios de sus casas, eran herencias, y estaban empoderadas del trabajo, en cambio en la ciudad nos encontramos con mujeres que tienen otros problemas que solucionar, como conseguir la plata para pagar el arriendo, los servicios y el transporte. Eso hace que Bogotá consuma en mayor medida sus saberes ancestrales”. 

Una foto debe contar una historia y el espectador puede imaginar o investigar sobre esa historia. Estas dos comunicadoras decidieron ir más allá de la imagen por la imagen y decidieron usar una plataforma digital llamada Aldeanos Digitales para mostrar el universo detrás de la captura de la cámara en una sección dedicada a las experiencias vividas durante el proceso y a las vidas detrás de aquellos rostros y manos fotografiadas. 

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En el proceso se encontraron con que la articulación es la clave del éxito en los proyectos sociales, por esta razón decidieron unir fuerzas con dos iniciativas que nacieron en Ciudad Bolívar, las cuales adelantan procesos de proyección y creación de contenido audiovisual para la recuperación del espacio público y el reconocimiento del territorio: Cine Altruismo y Azararte. La primera se encarga de la producción audiovisual de Sabias Montañeras y la segunda, se formó para la articulación del proyecto, donde se incluye fotografía, contenido audiovosual y producción web.

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La señora Teresa es una mujer sobreviviente del cáncer de piel que tiene en su casa un cultivo de fresas al que se ha dedicado desde siempre. Los rezagos de su antigua condición médica le impide exponerse al sol, pero el día en el que Tatiana y Angie fueron a fotografiarla decidió retar al cuerpo y salir a recoger fresas al patio de su casa, algo que no hace por cualquiera. Al final de la tarde ella ya no eran desconocidas.  “Siempre íbamos donde estas mujeres —explica Angie— pero no era solo a tomar la foto y chao, no, nosotras llegábamos, hablábamos con ellas primero, ellas nos contaban sobre su labor, nos hacíamos amigas, compartíamos con ellas durante todo un día y cuando ya había confianza era que empezábamos a hacer las fotos. Eso influía mucho, porque nuestras tomas no son producidas, es pura fotografía documental, ellas aparecen tal cual las encontramos ese día. Nunca deteníamos su labor, ellas hacían lo que tenían que hacer y nosotras las fotografiábamos al mismo tiempo, éramos espectadoras y durante ese proceso no solo rescatamos sus historias, sino que también fuimos aprendiendo de ellas. Hay que dejar de tomar fotos en el tercer mundo para ganarse premios en el primero”. 

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El objetivo de Sabias Montañeras también está encaminado a recordarle a la gente de dónde proviene y resaltar la invaluable importancia de conservar esa tierra que nos da todo. Es un proyecto que se convierte en herramienta constructora de paz, memoria e identidad

“El campo amerita ser destacado y no solo expuesto como una víctima del conflicto armado. También hay que mostrar lo bonito. Nosotros estamos acostumbrados a ver las fotografías del campo en blanco y negro, siempre destacando la pornomiseria, la mujer con sus arrugas y una fotografía que siempre da lástima. Entonces es como ¡ay, la pobre gente del campo!, pero resulta que uno va al campo y esta gente es mucho más rica que uno. Por ejemplo, hay una de las sabias que todo lo que se come lo produce ella, lo único que comprará en la tienda será la sal. Uno ve eso y se pregunta ¿cuál es la verdadera riqueza? Por eso nuestras fotografías siempre van a ser una explosión de color y alegría”. 

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Este proyecto ha sido expuesto en Guasca, Tunja, Sopó, Guateque, Ramiriquí durante el Festival Internacional de Maíz y en Bogotá en el espacio cultural Camino del Café, en la Biblioteca Virgilio Barco en el marco del proyecto ‘Habitando’, comandado por la Secretaría de Habitad. Se expondrá este próximo 9 de diciembre en el barrio Santa Viviana, en la localidad de Ciudad Bolívar, con la presentación en vivo de la agrupación Invasión hip hop y la intervención y recuperación de un espacio a través de la realización de un mural con el rostro de la profesora Blanca, una de las sabias montañeras más representativas del sector. 

Pero esto no termina aquí, el próximo año viene cargado de nuevos lugares por explorar, nuevas mujeres que reconocer y nuevos saberes por resignificar. A mediados de enero, la exposición estará en el espacio cultural A Seis Manos y la idea es poder replicar el proyecto en todo el territorio nacional para construir un escenario de diálogo entre todas las sabias montañeras del país. 

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Como podrá imaginarlo, Sabias Montañeras es una iniciativa autogestionada. Si las fotos le tocaron el corazón y desea unirse o echarles una ayuda a estas dos comunicadoras, escriba un correo a lorefr93@gmail.com.

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