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Lipsync, estética andrógina y denuncia: así se vive el teatro gay en Bogotá

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Con la Corporación Teatral Barraca a la cabeza, y pocos espacios underground como Cabaret Rosa, la escena teatral rosa está llena de obras candentes que les tiran pullazos al racismo y la homofobia. Hablamos con los exponentes de la actuación sobre tablas de la comunidad LGBT en la capital para conocer en qué está el movimiento, que incluso ya tiene seis ediciones del Festival de Teatro Rosa.

Andrés J. López / @vicclon

Viernes en la noche. Alrededor de 25 personas, entre mujeres y hombres, todos de traje de gala y corbata, van llegando a Cabaret Rosa, un pequeño bar ubicado en un sector caleto de Chapinero, en la Carrera 10 con Calle 54A, cercano a restaurantes, panaderías, y retirado de la zona de rumba. Pasadas las 8 de la noche, la música (que entre su selección incluye a Lady Gaga y Gloria Trevi) baja de volumen hasta desaparecer y el dueño, como puede, se mete entre los asistentes que abarrotan el lugar. Se sube a una pequeña tarima, en la que hay sillas y una mesa con un par de copas. Tras dar la bienvenida, Ricardo Vesga, un actor recordado por telenovelas como La esclava blanca y El secretario, hace un rápido esbozo del Cabaret Concert, un tipo espectáculo con más de 400 años de antigüedad, underground, de lugares pequeños, y en el cual se suelen hacer recitales de poesía, conciertos y, como en esta ocasión, una obra de teatro LGBT.

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Amparo Santodomingo y La Mónaca, protagonistas de Divas a la deriva

 

 

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Ricardo Vesga y La Mónaca

 

 

Después de anunciar la obra Divas a la deriva, escrita por Felipe Mojica (uno de los actores de la obra) y en la cual Ricardo ayudó a su montaje, dos hombres altos y corpulentos salen de una bodega que les sirve de camerino. Lo hacen vestidos con trajes cortos y ajustados, usando pelucas, senos falsos, medias veladas, tacones de hasta 10 centímetros de alto, y con un evidente exceso de maquillaje. Así comienza la función. Una más en la escena del ‘teatro rosa’ bogotano.

 

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Hablar de un comienzo específico del teatro LGBT en la capital es complicado. A inicios de los ochenta era ilegal ser gay, y por eso cualquier manifestación se hacía a las escondidas. Con el transcurrir de la década, la comunidad se fue haciendo más visible y ya para los noventa se hablaba abiertamente de ellos, a pesar de las opiniones divididas.

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​Daniel Galeano, fundador de Barraca

 

 

En 1992, Daniel Galeano, quien para ese entonces ya era profesor y director de teatro, dio el primer paso para crear la Corporación Teatral Barraca, que desde entonces ha tocado temas controversiales como el sobrepeso y las relaciones familiares, pero que se ha convertido en un referente precisamente por sus obras LGBT. “No sé si es muy soberbio pensarlo, pero nos han tenido en cuenta porque hacemos otro tipo de obras y eso nos da un carácter de ser un grupo diferente. Con La casa de Bernarda Alba —escrita por Federico García Lorca—, una de nuestras primeras obras, hicimos un juego: la obra era para mujeres pero la actuábamos hombres, además tomamos el papel de mujeres lesbianas. Siempre hemos ido evolucionando porque antes la cosa era más camuflada y todos (homosexuales, travestis, andróginos, queer, etc.) eran llamados gays, pero sentimos la necesidad de responder y mostrar todas las otras etiquetas”, comenta Daniel, quien también escribe obras. Barraca no solo ha recorrido Colombia, también ha estado de gira por Estados Unidos, Latinoamérica y Europa.

La Corporación abrió su propio teatro, en 2007, en el barrio Galerías. En ese espacio estuvieron 10 años y, aunque se vieron obligados a entregar el local, ahora continúan en Focus. Otros de los escenarios más comunes son Casa Baku, Cabaret Rosa —que abrió el pasado mes de abril— y ocasionalmente Theatron. “Básicamente acá no hay espacios. Barraca cerró su sede y por ahí se ven cosas muy esporádicas. Los que se encuentran son sitios de rumba pero no hay una diversidad para congregarse, por más que la sensibilidad de la comunidad LGBT hacia lo artístico sea mayor —comenta Ricardo—. Por eso abrí Cabaret Rosa, y también tengo un taller de formación actoral para mujeres trans. Si esto no se hace, se mantendrá el circulo vicioso con los preconceptos de promiscuidad y rumba, pero incluso los heterosexuales son así”.

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Fairud Torres, "La Mónaca"

 

 

En cuanto a los elementos presentes en una obra gay, el pilar fundamental es el lipsync: la acción de hacer fonomímicas en vivo como si fueran cantantes de verdad. Esta técnica se usó en el cine a comienzos del siglo XX, cuando por cuestiones de tecnología los actores hacían mímicas y en estudio le colocaban la música.

 

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Madorilyn Crawford, uno de los personajes más nombrados en cuanto a lipsync se refiere, se encuentra en su apartamento en Chapinero, y sin importar que no esté en un escenario no descuida su estética: peluca rubia, maquillaje, un abrigo delgado y largo y tacones altos. Mientras se sienta a trabajar en su comic gay Apocalíptico —aún sin publicar y que ya cuenta con 400 páginas y 15 números— habla sobre sus comienzos en los noventa, cuando ya se había ganado un concurso como imitadora de Marilyn Monroe y empezó a imitar a Madonna. “Mi primera aparición en público fue en un programa de Pilar Castaño, Vamos a lo que vamos, de ahí el performance de Madonna se fue a un ámbito más heterosexual y la gente aprendió más sobre lo que era un trans. Antes la visibilidad era muy poca —recuerda Madorilyn—. Para mí los noventa partieron la historia entre los ochenta y este milenio, porque en esa época éramos vistos como ‘invertidos’ o ‘hijos del demonio’, pero al mismo tiempo se hablaba de ‘no a la violencia’, ‘no a la homofobia’ y ‘no a la transfobia’. Todo eso hizo que las cosas se fueran suavizando”.

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Madorilyn Crawford

 

 

Desde entonces, ella ha recreado las presentaciones de “La reina del pop” con coreografías e indumentaria. Este año presentó la obra Niégalo todo, junto a Manu Mojito, con quien también ha trabajado en la serie web Macabra.

 

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Totoya Show

 

 

Los temas abordados en las obras de esta comunidad se salen de lo cliché. Se habla de rumba, droga y sexo, por supuesto, pero tocan otros tópicos de interés general como la paz, el racismo y la discriminación. Totoya Show, ganadora del Miss Colombia Gay en 2006, activista por los derechos LGBT y miembro de Barraca desde hace siete años, ha escrito y protagonizado piezas como Afrontando —un reflejo de la realidad de las minorías étnicas en el país— Colombia Esguerra —una especie de reflexión sobre la importancia de elegir a líderes para acabar con el conflicto armado— y ¿Cómo pude ser tan estúpida? —una comedia sobre un gay que le oculta su orientación sexual a su madre—. “Con estas obras, en general, intentamos que el público identifique los sucesos en tarima con sus propias historias. Todo lo abordamos desde lo cotidiano y no como algo excepcional —explica Totoya—. También hacemos remembranza de grandes sucesos que la gente desconoce. Como movimiento social LGBT a veces no sabemos de fechas, nombres o títulos. Con la adaptación teatral de Vista desde una acera, de Fernando Molano, hablamos de los primeros casos de VIH en los 80 y que, por la falta de medicamentos y tratamientos, se empezaron a dar los primeros casos de sida”.

Las minorías étnicas y el conflicto armado suelen verse como temas de interés general, que a una gran parte de la población les preocupa, pero en cuanto a la diversidad de orientaciones sexuales aún se siguen presentando casos de discriminación y rechazo de personas conservadoras. En 2013, unos miembros del grupo paramilitar Águilas Negras amenazaron de muerte a uno de los miembros del staff de Barraca su labor teatral. Según Daniel y Totoya, las amenazas del grupo criminal no se materializaron, pero las autoridades tampoco capturaron a los responsables. En respuesta a lo sucedido, el grupo presentó una obra gratuita en el Teatro Jorge Eliecer Gaitán con lleno total. “Más de 300 personas se quedaron haciendo fila en la calle. Fue un gran logro tener, en la marquesina de ese lugar tan importante, el titulo de nuestra obra —¿Cómo pude ser tan estúpida?—, las siglas LGBT, la bandera gay y más de 1400 personas celebrando nuestra creación colectiva y sacrificio”, recuerda Totoya.

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Fairud y Felipe Mojica (Amparo Santodomingo)

 

Este suceso coincidió con la segunda edición del Festival de Teatro Rosa, creado por Barraca en 2011 y ya el evento más importante de este tipo en la comunidad. Cada año llegan más de 200 propuestas teatrales y en sus seis ediciones ha contado con compañías de Brasil, España, Estados Unidos, México, Argentina y otros países. Durante el festival también se suelen hacer talleres, conversatorios y foros. Entre el pasado 28 de junio y 8 de julio se hizo la sexta edición de este festival, que incluyó obras como Los caballeros las prefieren locas, Amoratados, Me enamoré y la obra de Ricardo, Divas a la deriva, que está a punto de terminar.

 

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Después de cantar, bailar, promocionar productos de belleza, coquetear con el público (haciéndolo reír y sonrojar) y hasta criticar al sistema de salud y a Álvaro Uribe Vélez, La Mónaca y Amparo Santodomingo, protagonistas de Divas a la deriva, reciben los aplausos del público junto a Ricardo.

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El público les toma fotos y finalmente todos se quedan hablando y bebiendo porque ellos, los gestores de este tipo de teatro que, como cualquier compañía tradicional, la tienen igual de complicada en presupuestos y espacios, no quieren segregar con sus iniciativas sino generar espacios diversos donde no haya distinción alguna de raza, ideología y orientación sexual.

 

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