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El muralismo de Badsura como herramienta de reconciliación en Venezuela

El muralismo de Badsura como herramienta de reconciliación entre los venezolanos

Fotos de Jeanneizy García

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Este grafitero caraqueño quiere mostrar que Venezuela, con su historia y su cultura, es mucho más que lo que muestran los medios. Para él, los noticieros nacionales e internacionales son los grandes responsables de la crisis. Destaca los apoyos estatales al arte urbano y el paliativo económico que significa para los grafiteros hacer propaganda política con su arte en época de elecciones.

Tomás Tello

En 2015, Ramón Muchacho, alcalde de Chacao (municipio del Distrito Metropolitano de Caracas) y opositor del gobierno de Nicolás Maduro, comparó el grafiti con la basura y prometió liberar la región de las pintadas. El anunció detonó en la cabeza de Wolfgang Salazar, grafitero y seguidor del proyecto político iniciado por Hugo Chávez. “¿Cree que el grafiti es basura? Le voy a mostrar cómo es mi basura”, pensó. Desde ese día, Wolfgang firma sus murales como Badsura y, bajo ese seudónimo, continúa con su práctica artística en las agitadas calles caraqueñas.

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Una práctica y dinámica que, como muchas otras en Venezuela, se ha visto más tocada desde el pasado 29 de marzo, cuando el Tribunal Supremo de Justicia de ese país se otorgó los poderes de la Asamblea Nacional (luego de que esta se declarara en desacato), generando unas protestas en todo el territorio que a la fecha dejan más de 100 muertos. Las protestas han escalado en violencia y enfrentamientos entre la oposición y la Guardia Nacional, desatando una crisis social y política que no ha dejado indemne tampoco a la práctica del grafiti en Caracas, epicentro de las marchas opositoras.

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“Cuando hay marchas no se puede ir a pintar al Este”, afirma Badsura, de 26 años, y quien lleva una década pintando paredes. Según él, en ese sector de la ciudad hay grupos opositores al Gobierno que han radicalizado la protesta, hasta el punto de que nadie se puede acercar a los lugares donde se congregan porque “los queman vivos”, sin mediar palabra. El Este caraqueño es un sector en el que se reúnen personas que fomentan la producción y el consumo cultural. Precisamente allí, en la Plaza Francia del sector de Altamira, iniciaron las concentraciones opositoras de este año. Así tengan permiso en mano, dice Badsura, no es fácil ingresar en esa zona.

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A pesar de esto, él no ha dejado de salir a las convulsionadas calles, adornando las paredes para transmitir que su país, su historia y su cultura van mucho más allá de lo que los medios nacionales e internacionales muestran a diario. Para esta artista urbano, esa forma de ver y entender el país, dividido en bandos, ha sido, en parte, producto de lo que transmiten los noticieros “que hablan de politiquería todo el tiempo”. Por eso, desde hace tres años, está empeñado en pintar rostros de figuras musicales y televisivas en las paredes. Lo hace para que la gente hable de otra cosa, y no solo de la politiquería.

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Es enfático en el uso de la palabra “politiquería” porque cree que los medios no hablan de política, sino de sus figuras importantes y sus peleas personales. Ajeno a esto, y si bien todavía cree en el proyecto independentista –como lo llama él- de Chávez, sus murales tienen un contenido más que todo patriota, de reivindicación de lo venezolano y latino por encima de todo, sin tintes partidistas. “Yo tengo mi postura, pero no tengo que hacer que la gente piense igual que yo”, afirma.

De acuerdo con su visión de Caracas, el Oeste es una zona mucho más barrial donde se congrega gente más humilde, a diferencia del Este. Fue precisamente en el Oeste caraqueño donde Hugo Chávez mandó a construir el Parque Cultural Tiuna El Fuerte, donde Badsura trabaja desde hace seis años con el parche Soucrew (Suroeste unido). Así el parque haya recibido financiación del Estado durante su construcción, hoy en día, dice el grafitero, es un espacio independiente y su propósito es acercar el arte a nuevos espacios y poblaciones, gracias a su ubicación.

Según Badsura, estos apoyos estatales también los ha tenido la escena grafitera con estímulos que ofrece la empresa estatal PDVSA por medio del Centro de Arte La Estancia, que gerencia PDVSA desde 2003. Así Badsura no haya trabajado con esta empresa, sabe que apoya proyectos de arte urbano, ya sea con dinero o entregando pinturas, como sucedió con la recuperación del Bulevar de Sabana Grande, convertido en un espacio destinado al muralismo.

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Además de esto, la propaganda estatal en época electoral suele traducirse en pintadas a diestra y siniestra por toda Venezuela para apoyar a los candidatos del Gobierno (la oposición, asegura Badsura, recurre más al afiche y al papel). Esto significa oportunidades de trabajo considerables, sobre todo si se tiene en cuenta que, en los últimos 19 años, desde la llegada al poder de Chávez en 1999, han habido 19 elecciones. Bajo ese contexto político, las rayadas propagandísticas son terreno fértil para los grafiteros que no pueden costearse sus propias latas: en las elecciones presidenciales de 2012, por ejemplo, Badsura tapó Caracas con biggies de tres metros con el apellido “Chávez” para quedarse con las latas que sobraron y así pintar lo que quisiera después.

Ahora, sin la necesidad de buscar las latas, ha colaborado con el programa Barrio Nuevo, Barrio Tricolor, que busca recuperar el espacio de los barrios y embellecerlos con murales gigantes. Para Badsura, este es otro de los frentes que muestran el fomento estatal al grafiti y que se asemejan al mural más grande pintado en Colombia por Ink Crew en el barrio Los Puentes, en Bogotá, ciudad que visitó en 2016.

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Vino a la capital en el marco del Surfest, festival de arte urbano que también lo llevó a Cali ese mismo año. Antes, en 2015, fue a Cúcuta al Festival de Grafiti y Muralismo, donde pudo pintar, con su ya característico estilo de wild-3D, los rostros del carranguero Jorge Velosa y del salsero Óscar de León. 

Su arte también lo ha llevado a Europa, donde pudo conocer varias ciudades, Roma y Berlín incluidas. En esa gira, dice, confirmó su discurso sobre el trabajo de los medios de comunicación en Venezuela. “Fui más noticia para estos países que en el mío”. Al llegar a Venezuela, incluso, le tocó a él mismo buscar a la prensa para contar su viaje por Europa. “Cuando prendes la televisión lo único que ves es mierda”, afirma. Como lo ve él, eso sucede porque la agenda nacional busca la noticia negativa pues es más llamativa y vende más. Para hacerle frente a eso, Badsura pinta rostros representativos de la comedia

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nacional, por ejemplo. “Si los medios no hacen esto, sales a la calle y les das un golpe con tu identidad”, explica sobre su propósito, con el que busca que sus compatriotas tengan algo más en qué pensar y de qué hablar, aparte de los problemas que puedan tener los ciudadanos de Venezuela o que si son de un lado o del otro.

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La apuesta de Badsura es al arte como herramienta para mejorar el clima social actual en Venezuela. “No podemos ser ingenuos creyendo que no influye en los demás. Debemos ser conscientes de esto”. Por eso, superando las diferencias políticas, pintó al comediante venezolano Charlie Matas, quien en redes sociales se opone abiertamente a Nicolás Maduro. Para Badsura, es más importante su obra cómica y su aporte a la identidad venezolana que su postura política. “Finalmente todos somos venezolanos”, dice sobre ese mural que, al igual que un reciente rostro de Er Conde de Guácharo –otro comediante venezolano- hizo sin permiso en el Oeste de Caracas.

“Allí es más fácil tranzar a los policías, diciéndoles que se está haciendo la intervención apoyando la orden de recuperación del espacio público y de paz del Gobierno”, cuenta.

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