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Paola Escobar y su ilustración inspirada en el día a día de los pueblitos colombianos

Muchas piezas de esta diseñadora gráfica bogotana de 26 años están compuestas por un sinfín de detalles y personajes
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Muchas piezas de esta diseñadora gráfica bogotana de 26 años están compuestas por un sinfín de detalles y personajes, como los que conoció y guardó en su retina tras una infancia en varias zonas rurales del país. Su obra ha pasado por la publicidad, el diseño editorial y ahora, uno de sus pendientes, es publicar un libro de autor.

Diana Carolina Martínez

Paola Escobar nació en Bogotá pero creció entre veredas, escuelas rurales y batallones. El oficio de su papá militar nunca le permitió asentarse más de dos años en un mismo lugar: Popayán, Duitama, Ipiales y Tolemaida, fueron algunos de los lugares por los que pasó y en donde calcar la portada de los libros escolares y  cuadernos era su ténica preferida para aprender a dibujar y colorear, pues no tenia acceso a otra clase de libros ilustrados. Esa realidad cambiante, alejada de la tecnología citadina, la convirtió en una observadora incansable. Sin las distracciones de un televisor, no tenía más remedio que imaginar las historias de todo aquel que aparecía ante sus ojos. “Me fijaba en todo, quería plasmar en mis ilustraciones lo que viví y vi. En mis ilustraciones la gente identifica eso: las casas, el barrio, el diario vivir en Colombia”, cuenta esta ilustradora de 26 años sobre la memoria fotográfica con la que guardó sus recuerdos de infancia por fuera de la ciudad.

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En su paso por uno de los varios colegios a los que fue, un profesor de dibujo le recomendó estudiar Artes Plásticas pues vio en ella un talento a explotar. Pero Paola nunca se vió haciendo una escultura o exponiendo en una galería, ella quería otra cosa que sí encontró en la carrera de Diseño Gráfico. Su primera clase de ilustración en la Universidad Los Libertadores fue suficiente para saber a qué iba a dedicar su vida. 

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Ese día, recordó cómo esperaba con ansias a que su mamá le llevara los textos escolares cada año, para que ella pudiera sentarse por horas a mirar los dibujos. “Yo no sabía qué era el diseño gráfico, pero un amigo de mi hermana me explicó y me sonó por el tema de la comunicación. Todo fue un descubrimiento de a poco y creo que no sería la misma ilustradora si no hubiera estudiado Diseño Gráfico. Siento que es un complemento perfecto”, explica.

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Esa exploración ha decantando en un trabajo lleno de elementos que construyen historias infinitas, compuestas por primeros elementos que dan paso a segundos, terceros y así sucesivamente hasta nunca acabar. Su fijación por los detalles y por ir más allá de la mera acción que realizan los personajes, le hacen sentir que nunca termina una obra, que siempre falta algo. La importancia de los detalles para Paola va más allá de un asunto estético: la verdadera importancia radica en su capacidad de contar historias, desligadas del texto al que acompaña la imagen. Eso mismo hace que sus ilustraciones sean imposibles de apreciar sin una mirada detenida.

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“Yo entrego una ilustración y después de mucho tiempo la miro y digo  ‘aquí faltó esto’ o ‘aquí le debí meter esto’. Para que no me pase eso, hago una lista de todos los objetos que imagino, reloj, cuadro, perchero, saco, y que no se quede ninguno por fuera. Siempre queda algo sin terminar. Sin embargo eso también hace parte de la esencia de mi trabajo”, dice.

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Sus referentes a la hora de iniciar un proyecto no los busca en la ilustración, pues sin querer terminaría haciendo lo mismo que ve y es precisamente eso lo que trata de evitar. Eso sí, se declara admiradora del trabajo de la ilustradora francesa Rebecca Dautremer. Entonces, para evitar esos vicios o bloqueos deja de ver ilustración y ve mucha fotografía y películas, o cosas que la rodean como un atardecer. A la hora de definir su paleta cromática se fija aún más en la fotografía, y la explosión de colores que usa en cada una de sus piezas dominadas por los tonos ocre y el naranja, e ilustradas digitalmente, se da gracias a Movies in color, una página web que ofrece la colorimetría de infinidad de películas y fotos. 

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Entre sus diferentes trabajos, desde una etapa que poco disfrutó en agencias de publicidad como Sancho BBDO, Leo Burnett y SanFrancisco, pasando por trabajo comercial para marcas y diseño editorial para Planeta, Norma y colaboraciones en Bacánika, El Malpensante o MallPocket y bandas locales, lo que más le gustó trabajar a Paola fue el libro álbum Matrioska de Ana Alonso, de la española Editorial SM. Le dieron libertad y no recibió ‘peros’ a sus bocetos, además de recibir un trato muy cordial por parte de la editorial. Gracias a esa experiencia encontró placentero el hecho de trabajar con clientes del exterior, pues cree que en Colombia la labor del ilustrador no tiene el reconocimiento que merece, pues las editoriales, dice, pasan por encima del tiempo de producción de la pieza y del pago. 

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Hoy en día, la ilustración de Paola está bastante inclinada hacía lo infantil, justamente a lo que se quiere dedicar en este momento de su vida. Con ese enfoque, está trabajando en cuatro libros: uno para HarperCollins, una de las editoriales más grandes de Estados Unidos, otro para una la editorial francesa Fleurus Editions, otro para una organización independiente radicada en Canadá, y el ultimo para El Globo de Antonia, una editorial colombiana. También tiene entre sus pendientes seguir poniéndole chulos a algunos elementos de una lista que hizo una tarde, aburrida de su trabajo en una de las agencias de publicidad:  “irme a estudiar al exterior”, “hacer un libro de autor”, “hacer una ilustración para un medio de comunicación muy importante en el mundo” y “hacer parte de un proyecto de animación”. 

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