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Tres colectivas feministas se unen por el bienestar de las trabajadoras sexuales

La Red Comunitaria Trans, Las Viejas Verdes y Putamente Poderosas lanzaron ¡Juntas somos más poderosas!, una campaña que busca apoyar a las trabajadoras sexuales que se han visto afectadas durante el aislamiento.

Daniela Pomés Trujillo / @danipomes

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Uno de los efectos del aislamiento a causa de la pandemia ha sido la puesta en evidencia de problemáticas sociales como la violencia que sufren día a día las trabajadoras sexuales colombianas. Estas mujeres, históricamente vulneradas por cuenta de la estigmatización y revictimizadas por la persecución violenta de la fuerza pública y el abandono estatal, han pasado meses muy difíciles por cuenta de las trabas que el aislamiento ha puesto a su trabajo. 

Es por esto que la organización y la colectiva bogotanas Red Comunitaria Trans, Las Viejas Verdes y la colectiva Putamente Poderosas en Medellín lanzaron el pasado 11 de agosto la campaña ¡Juntas somos más poderosas! Apelando al cumplimiento de la sentencia T-629 de 2010, en la que se define el trabajo sexual como un trabajo digno. 

Esta juntanza surge con la invitación de Putamente Poderosas a mediados de julio como respuesta a problemáticas en las que las tres organizaciones coinciden más allá de sus visiones individuales y que priorizan la defensa de los derechos de las mujeres y de todas las trabajadoras sexuales. 

“Teniendo en cuenta el gran debate que se armó en redes sociales sobre el trabajo sexual nosotras sentimos la necesidad y respondimos al llamado de Putamente. Decidimos pasar del debate a las acciones. Salirnos de ese debate infructuoso en redes que a veces es tan desgastante y no tiene mayor efecto” comenta Ita María Díez, co-fundadora de Las Viejas Verdes. 

La invitación que llegaba desde Putamente Poderosas era a pensarse desde la experticia de cada colectiva y sus campos de acción una campaña para visibilizar las problemáticas a las que están expuestas las trabajadoras sexuales y a exigir respuestas inmediatas de los gobiernos locales.

Y es que, si bien tanto en Bogotá como en Medellín estas asociaciones han liderado proyectos para ayudar a las trabajadoras sexuales a lo largo de estos meses de aislamiento, la situación sigue siendo crítica y existen muchas reservas sobre cómo las alcaldías han manejado este tema. 

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En el caso de Bogotá, poco después de decretado el aislamiento obligatorio, La Red Comunitaria Trans hizo un llamado a la alcaldesa Claudia López por la supervivencia de las trabajadoras sexuales en el contexto de la pandemia. “Si dejan de trabajar, esa noche no tienen donde dormir y las sacan de las habitaciones”, argumentaba en su momento Juli Salamanca, directora de comunicaciones de la Red. En Medellín, las Putamente Poderosas crearon La Tienda del Putas como propuesta de sostenibilidad económica de la colectiva y con la cual lograron reunir fondos para ayudar a las trabajadoras sexuales de la ciudad a través del diseño y la venta de ropa.

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Sin embargo, con el paso de los días y ante la falta de respuestas oficiales la situación se ha ido poniendo más difícil. De ahí que decidieran unir fuerzas no solo para que más personas conozcan la situación por la que están atravesando las trabajadoras sexuales en la actualidad, sino también para exigirle a los gobiernos locales la atención de sus demandas y necesidades. 

“Nosotras creemos en el poder de lo colectivo, creemos que va mucho más allá de las acciones individuales. Articularnos a otros grupos y a otras mujeres, armar las estrategias con un eje común, todo se trata de sumar y por eso la campaña se llama Juntas Somos Más Poderosas”, dice Ita. 

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La campaña está distribuida en tres frentes de acción. El primero es la “desestigmatización” social que tiene el trabajo sexual, así como la palabra "puta". Para eso hicieron acciones en calle como pegar carteles en puntos estratégicos de las ciudades. También les abrieron sus redes sociales a trabajadoras sexuales en Medellín y Bogotá para que hicieran conocer sus denuncias y peticiones. “Esto –dice Ita– para enfatizar que las trabajadoras sexuales, las putas, tienen derechos, voces y quejas y esto tiene que estar sí o sí en la agenda feminista”. 

El segundo punto tiene que ver con la pandemia directamente. Según cuentan Las Viejas Verdes, las mujeres que se dedican al trabajo sexual no han recibido ni planes ni ayudas para mitigar el hecho de que por las restricciones sanitarias no pudieran salir a trabajar. Además, en vista de la imperiosa necesidad muchas tuvieron que ignorar las medidas y trabajar a pesar de los riegos, lo que las expuso aún más. 

El tercer frente es la parte legal. Desde la unión de estas tres colectivas se están interponiendo derechos de petición con la intención de hacer veeduría ciudadana, buscando ejercer algún tipo de control en lo posible sobre lo que están y no están haciendo los gobiernos locales ante las situaciones que denuncian. 

A este último punto se suman también las denuncias formales ante los organismos encargados por la violencia policial a la que se han visto expuestas trabajadoras sexuales y mujeres trans, y que se han intensificado con la represión y las nuevas medidas de control que surgieron con la llegada del virus. 

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La escucha activa, el diálogo, la amplificación de las voces de estas mujeres, la construcción de tejidos afectivos, el cuidado mutuo y la atención psicosocial son los caminos a través de los cuales estas tres colectivas esperan poder acompañar a las trabajadoras sexuales, esto sin restar la responsabilidad de las instituciones competentes. 

Así mismo, ante la urgencia y el hambre por la que atraviesan muchas de estas mujeres, crearon un fondo que esperan llenar con donaciones ciudadanas destinado a entregar auxilios de alojamiento, kits de protección y paquetes alimentarios a las trabajadoras sexuales en tanto el gobierno asume su responsabilidad. Conscientes de que son bastantes las problemáticas que rodean el trabajo sexual, estas tres colectivas decidieron enfocarse en las más urgentes (como proveer vivienda y alimentación) y en las que tienen posibilidad de gestión, como es el campo de lo legal. 

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 “Creo que hay un punto que nos une a todas las feministas independientemente de la postura que tengamos ante el trabajo sexual: mejorar las oportunidades y garantías de derechos para todas las mujeres y todas las trabajadoras sexuales”, concluye Díez. 

Lejos de querer debatir sobre el ejercicio del trabajo sexual, estas colectivas manifiestan que se trata de la defensa de los derechos humanos de las trabajadoras sexuales, el derecho al trabajo, a la integridad y a la vida digna, así como de lograr garantías laborales más allá de las posturas abolicionistas, regulacionistas o prosex que existen al respecto. La invitación es a pensar en estos derechos como base, a unirse como mujeres para levantar la voz por otras mujeres.


Si quiere hacer parte de esta iniciativa puede hacer llegar sus donaciones a la cuenta de ahorros Bancolombia Putamente Poderosas 34200000565, Cuenta Nequi Putamente Poderosas 3193618582 y la cuenta PayPal para donaciones internacionales.

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