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¿Adiós a los murales de La Candelaria?

Desde el 10 de junio, la Alcaldía arrancó unas jornadas de enlucimiento de las fachadas de este barrio. Lo que buscan, dicen, es restaurar y recuperar estos inmuebles, pero la medida no ha caído bien entre habitantes, comerciantes y, claro, entre la gente de arte como Rodez y Juan David Quintero, curador del Museo de Arte Contemporáneo. También les están poniendo trabas a los organizadores de tours de grafiti en el Centro Histórico.

Andrés J. López / @vicclon

Hace unas semanas, cuando los habitantes, estudiantes y turistas recorrían las calles de La Candelaria, inevitablemente se encontraban con muros como Tierra de pintores, de Seta Fuerte y Datura; el de Likmi frente a la Plaza de la Concordia y Parvada, 101 pájaros y otros tres muros de Rodez, uno de ellos pintado junto a sus hijos Nómada y Malegría (lea también Los hijos que sacaron al papá a grafitear). Hoy en día, de todos esos murales, no queda ninguno. En puntos emblemáticos como la entrada de la Calle del Embudo, el Callejón de las Brujas o la plazoleta del Chorro de Quevedo, en lugar de estas intervenciones artísticas, se ven simples paredes monocromáticas o cubiertas por tags y rayones.

Esto está ocurriendo porque la Alcaldía Mayor, a través de la Secretaría de Cultura, Recreación y Deporte y el Instituto Distrital de Patrimonio Cultural (IDPC), habla de restaurar alrededor de 4000 inmuebles de La Candelaria. La iniciativa no solo incluye la reparación de humedades, grietas, aleros caídos y fisuras, también se están borrando los muros de este característico sector. Además, la administración de Enrique Peñalosa planea no dar más permisos para nuevas pintadas, así los dueños de los inmuebles quieran tenerlas en sus fachadas.

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Mural de Seta Fuerte y Datura. Fotos cortesía de Jahir Dimaté

 

 

Según el IDPC, el enlucimiento de las fachadas empezó desde 1997, cuando todavía eran la Corporación Barrio La Candelaria. Ahora, el Distrito se basa en el Decreto 529 de 2015, que establece que los bienes declarados de interés cultural requieren un tratamiento y protección especial. Para el Instituto esto no solo se aplica a las viviendas antiguas, sino a todo el sector.

“Esta localidad es representativa para la ciudad. La Candelaria es el Centro Histórico, declarado Monumento Nacional, y patrimonio de todos los colombianos. En ese orden de ideas, todas las fachadas de esos inmuebles forman parte de ese paisaje histórico cultural. Como tienen esa declaratoria de ‘patrimonio’, es deber de todos velar por la preservación y conservación de esos valores. Lo que buscamos es restaurar, recuperar, conservar y preservar. Ya tenemos alrededor de 350 viviendas restauradas”, comenta Diego Parra, coordinador del programa de enlucimiento de fachadas del IDPC.

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Mural de Likmi. Fotos cortesía de Likmi y Jahir Dimaté, respectivamente

 

 

El pasado 10 de junio, alrededor de 2500 empleados y voluntarios de empresas como Citibank, Coca Cola y Terpel —empresas del sector privado que están apoyando la campaña— hicieron parte de la primera jornada de restauración de fachadas de este año. Al indagar Cartel Urbano el porqué estas empresas privadas están involucradas en el proceso, explica Diego Parra que “se unieron en el marco de la responsabilidad social que maneja cada una de ellas” y que “lo hicieron por su interés en recuperar el espacio público”.

Ese día, se les pegaron avisos de “no pintar este mural” a varios trabajos de la Calle del Embudo como los de Carlos Trilleras y Kochino, al de La Peluquería —hecho hace tres años por Rodez y Guache— y otros locales aledaños porque los dueños de los respectivos inmuebles no aceptaron que los borraran. Después de ese día, se han hecho otras jornadas, aunque no de manera masiva sino para pintar un par de fachadas.

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Cardumen y Parvada de Rodez. Fotos cortesía de Rodez y Jahir Dimaté 

 

Por otro lado, varios habitantes y dueños de locales de la zona están inconformes con esta iniciativa de la Alcaldía, ya que quitar los murales puede afectar la afluencia de turistas y, por ende, el flujo de compradores en sus locales. “Llevo acá diez años y he visto que artistas y grafiteros se expresan por medio de las paredes. El problema es que aún no se ha borrado esa mentalidad y aún los tildan de vagos o antisociales. Queremos que se respeten los murales y se dejen de hacer actos abusivos como los efectuados por Citibank”, comenta Gabriel Serrate, dueño de La Casita Roots, sobre la forma en que empleados de esta, y de las otras empresas, llegaron a pintar las paredes. La Alcaldía manifiesta que los murales que no se borraron se dejarán intactos, una afirmación de la cual dudan personajes como Jahir Dimaté, de Bogotá Graffiti.

Uno de los murales salvados fue el de la chamana pintada en 2014 por Carlos Trilleras y que ya ha aparecido en blogs, páginas de Facebook y medios como The Guardian y The New York Times. El rostro de esta mujer ancestral ya se ha convertido en un ícono del sector. “Si hubieran pintado esa pared se hubiera acabado con el turismo, el tour de grafiti y varios empleos, porque muchos hostales usan el grafiti, y este trabajo en particular, para promocionarse. Sin grafiti la gente dejaría de venir y se quedaría en hoteles”, dice Paula España, trabajadora de Artesanías Índigo, el local donde precisamente se encuentra el muro de Trilleras. Ella agrega que, al verlo, los extranjeros se animan a venir y a adentrarse en la cultura del grafiti en la ciudad.

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Mural de Rodez. Foto cortesía de Jahir Dimaté

 

Jennifer Rodríguez, dueña del local El tiburón del Chorro, tiene sentimientos encontrados sobre esta iniciativa. Este año le borraron un mural de Rodez que estaba ubicado afuera de su negocio. “El trabajo ya estaba deteriorado porque se hizo hace cinco años. Hablé con él para renovarlo pero en ese momento lo llamaron del IDPC para decirle que lo iban a borrar. Tuvieron en cuenta dejarlo, pero por su estado lo cubrieron. Siento que no todos los muros deberían borrarse pero hay algunos que no son muy bonitos ni se acomodan al concepto histórico de La Candelaria”. A pesar de esto, para ella debería ser prioridad la cuestión de la seguridad en el Chorro, ya que ha sido testigo de varios robos a turistas y estudiantes.

Según Natalia Bonilla, Subdirectora de arte, cultura y patrimonio de la Secretaría de Cultura, Recreación y Deporte, el enlucimiento se ha socializado con los grafiteros a través del Comité para la Práctica Responsable del Grafiti —integrado según el Decreto 529 de 2015 por el Secretario Distrital de Cultura, Recreación y Deporte; el Secretario Distrital de Ambiente; el Secretario Distrital de Gobierno; el Secretario Distrital de Integración Social; el Director de Idartes; el Director del Departamento Administrativo de la Defensoría del Espacio Público; el Comandante de la Policía Metropolitana de Bogotá; un delegado del Consejo Distrital de Arte, Cultura y Patrimonio y un representante de los artistas de grafiti. Ahí vieron qué medidas adicionales podían tomar para llegar a un acuerdo con los artistas urbanos, entre las que están otorgarles vinipel, bastidores, cuadros y tablones para la elaboración de muros en el Centro Histórico.

Para Juan David Quintero, curador del Museo de Arte Contemporáneo y gestor de murales de Joemz, Chanoir, Javier Almirón, Cosmo, Guache, Mugre, Lili Cuca y Kiptoe, en viviendas aledañas al museo, estos materiales son un desperdicio: “Eso es hacer más basura. Hace unos años lo hicimos así con chicos de colegio como una introducción al grafiti, para crear una sensibilización, pero es distinto. Ahora imagínese 50 grafiteros haciendo fila para que les den rollos de vinipel o tablas, qué encarte tan hijuemadre. Eso es muy erróneo y loco”. Para él, lo mejor sería hacer muros concertados con los artistas y después de un tiempo cubrirlos, como se hizo cuando el italiano Ericailcane pintó la fachada del MAC, en 2013, y a los pocos meses se dejó el espacio en su estado original.

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Mural de Rodez. Foto cortesía de Rodez  

 

¿Y el tour de grafiti qué?

De esta intervención en La Candelaria también surge la inquietud de qué pasará con el Bogotá Graffiti Tour, que desde hace seis años les ha mostrado diariamente a locales y extranjeros los distintos muros del sector junto con la historia de su autor. Según la gente del tour y de los locales, por día se hacen unos cuatro recorridos y a cada uno, dependiendo de la temporada, pueden ir hasta 30 turistas. Al respecto, la Alcaldía manifiesta que muchos grafiteros están inconformes por estas actividades, en las cuales se lucran terceros, y no ellos.

El bogotano Seta, autor de uno de los murales borrados, defiende la permanencia de los trabajos pero es uno de los opositores de los tours de grafiti. “Siento que estas iniciativas son hechas por personas ajenas al grafiti y solo buscan ver esto como un negocio, sin apoyar a la escena generando cultura, trabajo y organizando festivales y pintadas. Acá en Medellín, donde vivo, los tours financian una escuela gratuita de hip hop con sus propios recursos —explica—. Sobre lo de la Alcaldía, nosotros no dañamos ni destruimos nada al pintar y el patrimonio sigue igual luego de que lo intervenimos. Es más, el muralismo nuestro es considerado patrimonio cultural en muchos países”. Likmi, quien vivió en La Candelaria y vio todo el auge del arte urbano en este lugar histórico, también se opone a la gestión del Distrito porque esto “crea intolerancia y divisiones”, y agrega que a los artistas debería reconocérseles más por sus pintadas. Ella añade que también falta organización y unión entre los propios grafiteros para llegar a un acuerdo con organizadores y gestores, tanto con la gente del tour como con los dueños de hostales y demás negocios que se promocionan a partir del grafiti.

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Mural de Guache. Foto de Andrés J. López

 

 

Rodez, a quien ya solo le quedan dos muros en el Chorro, tiene una posición diferente y apoya los tours. “De una u otra forma la gente los va a ver y nos sirve tener esa visibilidad; ellos se interesan por saber más sobre lo que hacemos. He estado en recorridos similares en otras partes del mundo y me gusta que a la gente le hablen sobre mis murales en esos sitios”.

Al respecto de la molestia de los grafiteros, Jahir Dimaté, coordinador del Bogotá Graffiti Tour, asegura que algunos artistas se molestaban cuando lo inició Crisp, pero ahora el tour apoya diversos proyectos por toda la ciudad. “Nosotros, como tal, no nos lucramos porque no cobramos. Nuestro recorrido es gratuito y nos sostenemos a punta de propinas. Igualmente, donamos el 15% de nuestras ganancias para crear proyectos sociales en Bogotá, brindamos pinturas e involucramos a distintos artistas”. Entre sus iniciativas apoyadas se incluyen la del colectivo Atrapasueños y el homenaje a ‘Tripido’, que se hará este fin de semana.

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Mural de Carlos Trilleras. Foto de Andrés J. López

 

 

Otro asunto tocado por la Alcaldía sobre el tour es que ellos deberían estar organizados y liderados por el Instituto Distrital de Turismo (IDT). Sobre esto, Jahir opina que el rollo con el IDT es porque ahora hay una regulación para las empresas de turismo. “Antes uno podía crear un tour sin problema, pero ahora se necesita el Registro Nacional de Turismo (RNT), que ya tenemos, y tener a nuestros cinco guías turísticos certificados. Con esto último, el problema es que ahora, para ser guía certificado, se debe estudiar Turismo en cualquier universidad o hacer un curso en el Sena de dos años. El problema de este curso es que solo se abren 50 cupos al año y somos más de 20 empresas turísticas en esta situación —comenta—. Hemos hablado para que nos abran un curso a nosotros o nos certifiquen de otra manera”. Jahir agrega otro problema: varios de sus guías son extranjeros y aún no han encontrado la forma de validar su bachillerato ante el Ministerio de Educación, razón por la cual no han podido presentar el Icfes para certificarse.

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Mural de Rodez y Guache en La Peluquería. Foto de Andrés J. López

 

 

Los comerciantes también están preocupados por lo que pueda pasar si se veta el grafiti de La Candelaria. Alfredo Ortiz, historiador, empresario y dueño del museo de la chicha La Bendita y del restaurante La puerta real, gestionó este año un nuevo mural de Guache en el sector. “Lo de los permisos es fuerte y debemos hacer gestión. Por recorridos como el del Bogotá Graffiti y el bicitour, Bogotá se ha posicionado a nivel turístico. He pedido ayuda al Ministerio de Cultura y al Ministerio de Comercio, Industria y Turismo para preservar los muros”. Alfredo también insiste en gestionar próximamente un serial que explique la cosmogonía y cosmovisión muisca.

La Alcaldía insiste en que no quiere acabar con el grafiti, solo trasladarlo. Natalia afirma que ahora están preparando un mapa virtual donde se visualicen los murales de la ciudad. Por otro lado, para Juan David y Rodez estos esfuerzos son inútiles. “Quitar los murales es una censura y a la vez un reto. Con esto se trata al artista de vándalo y se genera discriminación. La calle muta y no podemos esperar que todo sea bonito y tranquilo. Sea con el Alcalde que sea, siempre habrá grafiti en el Chorro”, dice Juan David.


(Casi diez meses después de la publicación de este artículo, la Alcaldía de Bogotá continuó borrando murales. El pasado 3 de junio aparecieron imágenes de fachadas restauradas que implicó la desaparición de paredes importantes para La Candelaria, como la indígena hecha por Guache en la carrera 4 con calle 12C). 

 

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