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Ilustraciones por @nefazta.666

De feminismo, transfeminismo y otras tensiones

Una discusión en redes sociales reavivó el debate sobre las personas trans y la lucha feminista, la abolición del sexo y la transfobia. Hablamos con algunas mujeres sobre estos temas.

Daniela Pomés Trujillo / @danipomes

Hace algunas semanas tuvo lugar una conversación en torno al trabajo sexual, el feminismo y el transfeminismo. Durante varios días se discutieron en redes sociales y columnas de opinión varios puntos de vista sobre abolir o no el trabajo sexual, consideraciones de algunas personas sobre la transfobia y cuál es el lugar de las mujeres trans dentro de la “lucha feminista” y cómo sus propias agendas se encuentran con las de otras mujeres. 

Esta polémica, a la que se sumaron diferentes figuras públicas entre escritoras, periodistas y actrices, reavivó un tema que es objeto de discusión desde hace tiempo y alrededor del cual existen muchas tensiones. Preguntas sobre qué es ser mujer y qué experiencias son las que forman esta identidad (que muchas personas no defienden como una identidad, sino como un hecho biológico), están detrás de este debate que ha cogido fuerza en un ambiente en el que se acrecientan las violencias hacia las mujeres. 

La discusión no solo ocurrió en Colombia. J. K. Rowling, reconocida autora de la saga de Harry Potter, explicó en una columna sus “cinco razones para estar preocupada por el activismo trans”. El impacto de la disolución del concepto legal “sexo” y su reemplazo por el de “género”; los efectos que el movimiento por los derechos trans puede llegar a generar en la educación y la seguridad de los niños de la caridad que apoya; la libertad de expresión; el considerable número de mujeres deseando el tránsito y las que se han arrepentido de hacerlo; y la posibilidad de que cualquier hombre pueda “identificarse como mujer” eliminando espacios seguros para las mujeres son las razones que da la autora. 

Conceptos como “disforia de género” o “mujeres natales” son usados por Rowling, quien señala que no comulga con un movimiento “que hace daño al querer eliminar el concepto de mujer como una clase política y bilógica”. Además de las opiniones que se conocieron a nivel internacional y el llamado a “cancelar” a la autora, muchas personas en el país y fuera de este demostraron su apoyo o su rechazo a las opiniones de Rowling alimentando el debate. 

En una entrevista para Blu Radio a propósito de la polémica desatada por el ensayo de Rowling, Laura Lecuona, filósofa feminista mexicana y magíster en literatura infantil y juvenil, afirmaba que “el nuevo activismo trans” niega la existencia de las mujeres (cisgénero) como clase política y coincide con Rowling en la preocupación por el acceso de “hombres que dicen sentirse mujeres” a los espacios exclusivos para ellas. 

Lecuona habla del sexo como vínculo innegable entre la biología y la reproducción. Para ella esto es un enunciado fáctico, igual que hablar de la menstruación, y cree que estas consideraciones son realidades que no conllevan en sí discursos de odio o transfobia. Dice que el problema es la pretensión de sustituir el sexo por la identidad de género. “Lo que esta gente llama identidad de género es personalidad”, dice esta filósofa en la entrevista. Agrega que el sexo no es cuestión de creencia o pensamiento, sino un dato verídico. 

Lecuona cuestiona que personas que se “creen mujeres” tengan derecho a la misma protección por la cual el feminismo ha luchado históricamente. “¿Por qué se les tiene que restar a las mujeres para darle a las personas homosexuales o mujeres trans?”, pregunta. Además, considera que las mujeres trans sufren violencias específicas, y que como en el caso de las mujeres cis, esta violencia proviene de los hombres: el factor común es la violencia masculina. Así justifica la preocupación que comparte con Rowling de abrirle la puerta de los espacios femeninos a hombres violentos que se dicen mujeres. “Por mucho que se identifique como mujer es violencia masculina”, dice en la entrevista.

Aclara que no se refiere a las mujeres trans que sufren de violencia sino al permiso que para ella otorga la identidad de género a “cualquier señor con barba que no tiene ningún problema de disforia ni ninguna intención de cambiar su cuerpo”, que tiene pene y testículos. Finaliza diciendo que hay que quitarse los prejuicios de transfobia porque “obnubilan la inteligencia” e informarse mejor acerca del tema. 

Por último, aunque en su columna Rowling señala su apoyo a la comunidad trans y reconocimiento a algunas de las violencias que han vivido, también se pronuncia en contra de quienes la han acusado de transfobia, algo que ella niega afirmando su compromiso con el rechazo de la violencia hacia cualquier persona. Lo que Rowling señala como un malentendido y Lecuona como un prejuicio existe sobre una línea muy delgada. No solo ellas, sino muchas otras personas que apoyaron estos postulados fueron acusadas de transfóbicas y radicales, otro de los puntos centrales de la discusión, pues no parece haber un consenso entre qué opiniones demuestran puntos de vista transfóbicos o no. 

 

Ser mujer trans

El determinismo biológico, la urgencia por determinar qué violencias son primero, la discusión sobre sexo y género, son algunos asuntos que quedan sobre la mesa y que alimentan un debate que todavía se sigue dando. Con todo para muchas mujeres trans las afirmaciones desde orillas deterministas o aferradas a una idea concreta de qué es ser mujer, son excluyentes y por ello transfóbicas.

Juli Salamanca, Directora de comunicaciones de la Red Comunitaria Trans, es enfática al decir: “Las mujeres trans nacimos con pene pero nunca hemos sido hombres”, como réplica al texto de Rowling. Para Juli, esta columna es tan desafortunada como esencialista y peligrosa, pues alimenta el odio y criminaliza a las personas trans que usan el baño que les corresponde según su género. “Las personas trans entramos al baño a orinar y a cagar. Ella habla basada en falta de evidencia. No hay cifras que indiquen que las personas trans entran a los baños a violar mujeres, mientras que sí hay evidencia de hombres que lo hacen”, responde Juli al comentario de que abrir las puertas de los baños a quienes se “sienten mujeres” es abrir la puerta a todos los hombres, incluso a los abusadores.

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Juli cuenta que otro intento por desacreditar a las mujeres trans a través de aspectos netamente biológicos es diciéndoles que se hagan el examen de próstata. Ella responde que sí, que se lo tendrán que hacer cuando estén en edad, pero exige que no las reduzcan a eso.  

“¿Si a una mujer cisgénero le tienen que hacer una histerectomía, entonces ya no puede participar del movimiento feminista porque no tiene útero?”, responde por su parte Valeria Ruiz Bonilla, mujer transfeminista y directora de Somos la disidencia, a las afirmaciones hechas desde el determinismo de género. Para ella la conciencia de género trasciende la genitalidad. Considera que el género es una construcción social basada en los genitales y marcada por el cristianismo, por el capitalismo, por estereotipos de belleza, por el machismo y por el colonialismo.

Así mismo, Valeria asegura que el cuerpo de las mujeres trans es de carácter político, pues lucir sus construcciones con orgullo es una forma de validar sus corporalidades. Esta transgresión de la heteronormatividad es por demás incómoda para muchos, lo que para Valeria no debería ser una razón para detenerse, sino para incomodar más, a sabiendas de que todos los días tiene que enfrentarse a comentarios, miradas y pronombres masculinos. “Al asumir el género uno asume todo, incluidas las violencias”, dice. 

Por otro lado Jei Alanis Bello, persona en tránsito no binaria y Magíster en Estudios de género de la Universidad Nacional, asegura que no hay nada natural en la idea de ser mujer, ni tampoco existe un modelo ideal de mujer que pueda aglutinar los diferentes hechos y experiencias que constituyen las prácticas feministas. Hace referencia a los cuestionamientos que desde los años cincuenta hacía Simone de Beauvoir sobre qué significa ser mujer y cómo se habita el mundo como mujer. Dice que la categoría “mujer”, entendida como una universalidad excluye a otros entes femeninos o cuerpos feminizados. Por otro lado, el nacer biológicamente mujer, tampoco implica que haya o tenga que haber afinidad con el feminismo. 

Reafirma que no existe un determinismo biológico en las conductas de los seres humanos. Agrega que algunas teorías feministas han insistido en romper esa asociación biologicista que pretende afirmar que los genitales determinan disposiciones, actitudes, o maneras de ser y de vivir en el mundo, ya que esto reduce la experiencia humana a la carne. 

Con respecto a la abolición del sexo como forma de control sobre los cuerpos, Jei Alanis explica que es una lucha que se remonta a los años setenta y es el punto en el que se hermanan las prácticas feministas y el transactivismo. “Lo que hacen las personas trans es reafirmar esa vocación crítica feminista de luchar contra el binarismo –explica–. Sin embargo, existen ciertos grupos de mujeres que se hacen llamar feministas radicales y que excluyen a las mujeres trans con argumentos patriarcales. Para mí es un acto netamente transfóbico”.

Para Alanis son justamente las mujeres que no se ajustan en los estereotipos heteronormativos las que han construido los feminismos más críticos: el feminismo negro, el transfeminismo, el feminismo popular y el feminismo lésbico. Agrega que las experiencias de los cuerpos discapacitados, de racismo, transfobia, xenofobia y otras luchas específicas deben conectarse a una gran lucha feminista interseccional y crear una “política de la amistad”.

 

Feminismo y Transfeminismo

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Más allá del determinismo y la exclusión, muchas feministas han decido pararse en la orilla de la interseccionalidad y en el reconocimiento de las distintas realidades que atraviesan a las mujeres. Desde ahí no solo es posible pensar en un transfeminismo, sino también, como ya lo señalaba Alanis, un feminismo popular, un feminismo lésbico, entre otros. 

Mariana García, parte de la colectiva feminista conformada por estudiantes y egresadas de la Universidad de los Andes, Mera Víbora afirma que para ellas el feminismo debe ser interseccional pues les concierne a todes: todos los géneros y todas las sexualidades. De la teoría feminista han aprendido que uno de los problemas del sistema patriarcal es la categorización tan estática del género: los binarismos de hombre-mujer. 

Según cuenta, ellas parten de la premisa de que el género es un constructo flexible, dinámico y, por tanto, cambiante. Reconocen que para ellas sí hay cuestiones biológicas que influyen, como el periodo menstrual y los cambios hormonales relacionados, pero creen que esto no debe limitar ni categorizar a las personas, ni mucho menos asumirse como un rol de género per se. Para ellas el feminismo no se trata de definir cómo debe ser o comportarse una mujer, pues eso sería replicar los sistemas patriarcales. Todas: mujeres delicadas o no, mujeres trans, y todas las personas que se identifiquen con la lucha feminista deben ser bienvenidas a hacer parte del movimiento, dicen. 

(Lea ‘Por un feminismo decolonial, antirracista y popular: una charla con Ochy Curiel’)

Hablando específicamente de las personas transgénero, la postura de Mera Víbora es de admiración y respeto. Opinan que son justamente las personas trans las que transgreden de forma más radical y con más fuerza las imposiciones patriarcales sobre los roles de género y agregan que no hay luchas superiores a otras. Las violencias estructurales sistemáticas y aun las coyunturales provienen todas del mismo “monstruo del sistema patriarcal capitalista”. 

“Nuestra lealtad está con ellas. Todes hacemos parte del mismo movimiento –dice Mariana– Que no se las tenga en cuenta es tan transfóbico como el sistema heteronormativo que busca excluirlas de la sociedad. El movimiento feminista debería ser un espacio seguro y de apoyo, jamás de exclusión”.

Valeria, por su parte, dice que las mujeres y hombres transgénero deben hacer parte del movimiento feminista porque son personas transversales a todo. Ella considera que la lucha es desde lo trans y desde lo femenino, ya que la violencia se origina por la identidad de género. 

Para ella el feminismo debe superar el determinismo biológico, y llegar incluso hasta los hombres que, opina, también tienen responsabilidad con el feminismo. Dice que la sociedad en general debe adquirir conciencia activa de todas las dinámicas machistas, sexistas, separatistas, patriarcales y misóginas, más allá de lo que tengan entre las piernas. Define el feminismo como la lucha por la equidad de género y para ella el transfeminismo hace parte de la misma lucha, pero es un poco más específico. 

Valeria considera que tanto el movimiento feminista como el movimiento trans están fracturados, lo que para ella es normal dentro de las dinámicas de la organización social en las que hay tantas posturas como integrantes. Dice que lo importante no es homogeneizar el pensamiento sino unirse desde las diferencias. “Me parece que todes: feministas y grupos disidentes deberíamos apoyar una agenda en común y no una agenda feminista o una agenda anarquista o una agenda anticorrupción o una agenda ambientalista. Es momento de dejar de encasillarnos en nuestras luchas propias y empezar a trabajar en pro de todes y para todes”, dice Valeria. 

(Le puede interesar “No nací, yo me inventé”: música latina sin estereotipos de género)

Por otro lado, Alanis explica que la teoría feminista busca demostrar que las maneras de habitar el mundo responden al contexto social, así como a la narrativa que se teje por medio del discurso, es decir, lo simbólico: el lenguaje y las experiencias individuales de cada sujeto. 

Agrega que hay diferentes formas de ser y producir conocimientos feministas, y el reconocimiento de esa multiplicidad debe ser el punto de partida para la unión y la conformación de alianzas políticas. Estas alianzas no necesariamente tienen que ser duraderas, dice, pueden ser contingentes y específicas. Lo realmente importante es que se dispongan para poder destruir sistemas de opresión que se encarnan tanto en hombres como en mujeres. 

El feminismo no necesariamente es un movimiento de mujeres, dice Alanis, es más bien un movimiento de márgenes. El ser hombre o mujer, antes de ser categorías naturales son categorías políticas, categorías de exclusión que llevan a las personas que no encajan en ellas a vivir en las márgenes, en la pobreza. Imponen la muerte, agrega. De las márgenes, opina, de personas en condición de calle, en el trabajo doméstico, en las cárceles, las trabajadoras sexuales, las experiencias de personas con discapacidad, las maricas, las lesbianas, los travestis; de allí surge la teoría feminista que es verdaderamente crítica. 

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Alanis comulga con el postulado de la feminista negra norteamericana Bell Hooks, para quien no debe asumirse el feminismo como una suerte de identidad, sino más bien como una práctica disruptiva y cotidiana de afectos, movilización política y construcción de otros mundos posibles. Un quehacer crítico, agrega, a estructuras de opresión como el sexismo, el racismo, el clasismo y todas las ideologías dominantes que someten los cuerpos a un contrato de violencia, de expropiación y de explotación.  

Bello también agrega que la lucha por el reconocimiento de las personas trans se traduce en que sus vidas sean posibles. No es un asunto de querer imitar a las mujeres, ni un asunto paródico o intento de usurpación, es un asunto vital humano y de derechos. Muchas las acusan por reproducir estereotipos de género, agrega, lo que también sucede con las mujeres cis, pues en ambos casos, en un mundo donde la feminidad y masculinidad son estereotipadas, los referentes simbólicos para construir la identidad de género son los mismos. “La tarea de la deconstrucción de los imaginarios de género no debe recaer solamente sobre las mujeres trans, es una tarea de todes” concluye. 

A propósito del separatismo, el abolicionismo y la exclusión de la población trans, para Juli las personas adeptas no pueden catalogarse como “feministas”, para ella la denominación que corresponde es “antiderechos”. Juli reconoce el valor de la existencia de diferentes feminismos siempre y cuando no violenten ni excluyan. Dice que la clave es la sororidad y el respeto. “A todas no nos van a poder matar si nos unimos”, propone. 

Tristemente, opina Juli, las “antiderechos” entran en dinámicas patriarcales cuando se establecen como la “policía del género”, definen según sus criterios de qué es ser mujer y qué es ser hombre y andan con un test detector de feminismo, dice. Para ella no hay nada más feminista que una persona que se decide por el trabajo sexual de manera autónoma, no hay nada más feminista que construirse como mujer trans, alejándose de toda imposición social. Decidir sobre el propio cuerpo es feminismo, igualmente aplicado para los hombres trans como cuerpos gestantes que también abortan, agrega. 

La condena a los cuerpos transgénero juega a dos bandas. Por un lado, dice Juli, las “antiderechos” no admiten a las mujeres trans por tener pene; por el otro, son las traidoras del patriarcado por renunciar al falo como herramienta de dominación. Pregunta Juli: “¿Por qué las mujeres trans no estamos en puestos de poder si el pene nos ha dado privilegios como dicen las antiderechos? ¿En qué lugares nos encontramos las mujeres trans? La mayoría se encuentra en situaciones de pobreza absoluta”. 

Además, cuenta Juli que las mujeres trans son constantemente sometidas a intentos de legislación sobre sus cuerpos por parte de algunas corrientes del feminismo. Si deciden ponerse tetas de cierto tamaño, por ejemplo, se les acusa de hacerlo para darle gusto a los hombres y de pisotear la lucha de las mujeres por que no se les sexualice, mientras en las marchas se escuchan arengas como “sobre mi cuerpo yo decido”. “Regla básica del feminismo: ni para decir algo bueno ni para decir algo malo, NO hables del cuerpo que no te pertenece”, dice Juli. 

(Conozca ‘La memoria puteril, la digna rabia’)

Para finalizar, Juli deja esta reflexión: “El feminismo nos ha permitido a las mujeres trans hacer las paces con nuestro cuerpo. Mirarnos al espejo y decir: me siento a gusto, aunque a veces me salga barba, con tener un pene. Queremos construir un movimiento crítico que reconozca la autonomía corporal de cada mujer. Tenemos que entender que hay intersección de género, raza y clase. Esto no nos debe dividir sino hacer un movimiento más fuerte. Así suene cursi o empalagoso, nuestra mayor arma es el amor. ¿Cuántas muertes más necesitamos para que el movimiento feminista reaccione?”.

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Es evidente la fractura del feminismo en torno a toda esta discusión que parece estar lejos de llegar a término. Mientras tanto, mujeres trans y cisgénero siguen siendo violentadas y asesinadas a diario por razones de género. Una de las mayores armas del patriarcado ha sido enemistar a las mujeres entre sí y al parecer ése es el punto de quiebre del movimiento en la actualidad. 


Aunque en Cartel Urbano no hemos adoptado el uso del lenguaje inclusivo, en esta ocasión decidimos dejarlo para respetar las fuentes y sus opiniones. 

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