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Ilustración de Nefazta. Fotos cortesía de @jhonnra.

El veganismo es una postura política contra toda explotación: Andrea Padilla y su activismo animalista

Esta bogotana ha conseguido, a través del activismo performático y de la participación en el Concejo Distrital para la consolidación de políticas públicas, que las luchas por los animales en Colombia hagan parte de la agenda nacional. En 18 años de valiosa labor animalista ha hecho parte de PETA, de GAIA y de Animanaturalis. La tesis de su doctorado revisa la jurisprudencia que hay en América Latina frente a los animales.

Daniel Fandiño / @sinsecuencia

Al llegar, lo primero que hace es pedir un café con leche vegetal, pero en ese sitio solo sirven leche de vaca. De entrada uno piensa que de eso se trata el veganismo, de una dieta sin carne ni productos de procedencia animal: de una dieta “radical” o “estricta” que complica las rutinas alimenticias de personas muy sensibles que tienen gran afinidad con sus mascotas. Que el veganismo es —palabras más, palabras menos— una dieta. Andrea Padilla me saca de mi gran error y me explica que el veganismo es una postura política que rechaza cualquier forma de explotación de seres sintientes y que “en principio rechaza usar cualquier tipo de producto derivado de la explotación animal… derivado de cualquier forma de explotación, y esto incluye, por ejemplo, prendas de vestir de maquilas, de gente explotada o productos contaminantes con el medioambiente (...) Yo soy muy usuaria de ropa de segunda, mi armario es de segunda mano y creo que tenemos que avanzar hacia esas cosas”. 

Me dice que el veganismo va más allá de los animales.

Cuando tenía apenas 23 años, Andrea, recién graduada de Psicología en la Universidad Javeriana, se encontró con un ser que puso su vida, literalmente, patas arriba, alguien que la ayudó a cambiar sus planes por completo. Le puso Mayo a la gata que le regalaron y que llegó para tumbar los imaginarios que tenía Andrea sobre estos felinos. “Pensaba lo que todo el mundo —explica Andrea—: que los gatos son huraños y traicioneros, pero lo que Mayo me mostró fue un ser absolutamente tierno, frágil, gracioso, y me enamoré profundamente. A partir de ese momento, sentí que de alguna manera no estaba satisfecha con lo que estaba haciendo en mi vida. Trabajaba en psicología jurídica en la Javeriana y noté que quería dedicarme a trabajar con los animales”. 

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Performance en contra de los animales en los circos

Su deseo por tener un mayor compromiso con una causa que para el año 2001 apenas vivía su génesis en Colombia, la vinculó como socia a la Asociación Defensora de Animales. En esa misma época iba cada sábado al refugio que estaba ubicado en la calle 63, en donde la tarea que cumplía se limitaba a asear gatos y perros, un trabajo, asegura, de amor y limpieza. Esa labor la llevó a meterse cada vez más en todo el rollo de la liberación animal. Era una época en que los recursos de comunicaciones resultaban muy limitados y el internet apenas estaba abriéndose un camino. Andrea, pese a las trabas tecnológicas, se contactó con la organización sin ánimo de lucro Personas por el Trato Ético de los Animales (PETA), les comentó que estaba incursionando en esto y solicitó mayor información, recibiendo días después un material cargado de panfletos y revistas, material que abrió ampliamente su espectro de consciencia y la llevó a entender en qué se estaba metiendo. “Yo estaba mirando por el hueco de una aguja —cuenta— y lo que me mostraron fue la boca de un volcán con sus peligros y todo. Me enviaron unos videos que de verdad me llevaron a odiar a la humanidad. Después de ver estos videos, y por la llegada de Mayo, saqué todas las carnes de mi vida. Adopté el vegetarianismo, todavía no el veganismo. Dejé de fumar y dejé también muchos otros hábitos que me di cuenta de que tenían relación con la violencia hacia los animales”.

Empezando la década del 2000, ante la precariedad de una defensa real por los derechos animales, Andrea pensó que no había mucho por hacer ante las conductas irracionales de la gente, así que a sus escasos 23 años se contactó con el Frente de Liberación Animal, una guerrilla surgida en Inglaterra en 1976 bajo la premisa de que ningún animal, humano o no humano, debe ser violentado. Su amor por la academia finalmente la llevó a explorar otros caminos en busca de una solución a esta problemática, aún teniendo en cuenta que lo que se estaba haciendo en el país en esa época era algo mínimo y que resultaba, en realidad, una lucha que buscaba apenas reivindicar perros, gatos y caballos. Pero paralelamente a esa movida incipiente había un grupo en las movilizaciones que mostraba mayor beligerancia concentrada en el asunto de los toros, aunque, reconoce Andrea, contaban con un discurso y una lucha muy básicas y alejadas de la elaboración teórica que hoy se conoce al respecto. “Cuando yo estaba en la Asociación Defensora de Animales (ADA) como socia, las reuniones eran con un montón de viejitas cuyas preocupaciones eran los perros y si acaso los gatos. Se hacían actividades con lechona para recoger fondos para ayudarlos (...) En la época era un discurso más de lucha de clases. Había mucho movimiento anarquista, pero no estaba depurada la reivindicación de los animales”.

Un 25 de junio (Día internacional anti taurino), en medio de las marchas que solían estar llenas de activistas, punkeros y personas con diversos intereses afines, Andrea entró en contacto con un sector un poco más inquieto del animalismo en Bogotá y empezaron a llevar a cabo acciones contestatarias, como movilizaciones con pancartas cuestionando la explotación animal. En esas dinámicas sobresalían frases como <<Gozas con su muerte>> o <<Tú eres responsable de esta catástrofe>>.

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Con el deseo de estudiar esa relación entre violencias contra los animales y violencia contra los humanos, en el 2004 Andrea aplicó a una beca en Bélgica para cursar una maestría en Criminología. Se la ganó y estando en este país europeo su mente y consciencia se estimularon aún más por el desarrollo en torno a la pugna en defensa de los animales que vio. En territorio belga Padilla conoció el Grupo de Activistas por los Intereses de los Animales (GAIA), organización de la cual se hizo voluntaria recogiendo firmas hasta llegar a Barcelona, donde estableció un primer contacto con Animanaturalis, una organización con un discurso mucho más elaborado y posicionado. “Allá las industrias realmente funcionan como industrias, aquí en Colombia y Latinoamérica tenemos ganadería expansiva en donde no vemos el nivel de confinamiento e industrialización que tienen allá y así sucede con todas las líneas de esta industria (pieles, experimentación, etcétera). Como la situación era mucho más grave, ya tenían un movimiento más consolidado de los derechos propiamente de los animales, en donde hacían performances y puestas en escena muy fuertes y valiosas”.

Un año más tarde la trajo a Colombia un proyecto que consistía en traducir y compilar la obra de Marguerite Yourcenar, una novelista, dramaturga, ensayista, traductora y poeta francesa cuya obra literaria, de entrevistas y conferencias se refiere a la protección de los animales y de la naturaleza. Durante la ejecución del encargo Andrea se hizo amiga de Vicente Torres, un profesor de lenguas en la Universidad de los Andes conocedor de la obra de Yourcenar y quien le mostró un montón de ensayos y archivos de la escritora relacionados con ecología y derechos de los animales. De las traducciones y ese trabajo en conjunto resultó un libro llamado Marguerite Yourcenar: un combate ideológico y político

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La ilusión de enrutarse formalmente en el activismo que escogió como forma de vida la llevó nuevamente al viejo continente, esta vez a Barcelona, donde cursó un máster titulado ‘Pensar y gobernar las sociedades complejas’. Corría el año 2007 y Andrea entró en contacto con Francisco Vásquez, el chileno que cofundó Animanaturalis junto a la mexicana Leonora Esquivel. Vásquez la invitó a involucrarse en el proyecto con el fin de ampliar el trabajo que venían haciendo en América Latina. “Se empezaron a crear grupitos en Ecuador, Venezuela, Chile, Argentina, México y me dijeron que arrancara con el de Colombia —recuerda—. Volví a Colombia en el 2008 y aquí me reuní con una gente y empezamos a trabajar puestas en escena. Hicimos el primer semidesnudo en Bogotá, en Lourdes, con el propósito de querer incomodar y empezamos con el tema de los toros. Llegaba mucho material extranjero, como panfletos, y eso permitió nutrir el discurso y meternos en la lucha contra el sistema. Ya luego me gané otra beca y me fui a estudiar. Me invitaron como profesora y me metí un poco en el tema de justicia restaurativa, pero siempre con el tema de los animales”.

Entre 2009 y 2011 el activismo consumió a Andrea. Fueron años de tocar puertas e intentar consolidar alianzas con sectores políticos para posicionar el tema en la agenda nacional. Durante la administración de Petro, Andrea trabajó en el Concejo Distrital con el concejal Roberto Sáenz y fue durante esta etapa que tomó mayor fuerza su ejercicio como activista. “Durante mi trabajo con Roberto se me ocurrió hacer una firma de pacto con Petro, en el 2011, cuando él era candidato. El pacto lo hicimos en el Chorro de Quevedo y constaba de 7 puntos. Cuando llegó Petro a la Alcaldía y dio ese golpe contra el tema de los toros, pues obviamente toda la opinión pública se acercó a preguntarme. Logramos poner el tema en la agenda”.

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2011 fue, pues, un año clave para la lucha animalista en Bogotá debido a que por todas las acciones de Petro entró en vigencia un Decreto Nacional que ordenaba el inicio de la sustitución de los vehículos de tracción animal. A las reuniones que se dieron alrededor del tema del decreto asistieron integrantes del Instituto Colombiano Agropecuario (ICA) porque una de las alternativas que se planteaban, asegura Padilla, era matar a los caballos para convertirlos en salchichas. La gestión de Andrea como activista y vocera de Animanaturalis permitió concretar encuentros con gente de la Sociedad Mundial para la Protección de Animales (WSPA) y de la ADA para no discutir con los carreteros, dándoles a entender que el proceso de sustituciones también se hacía en beneficio de ellos: que así como se quería dignificar la vida de los caballos, se quería y debía hacer lo mismo con ellos. “Ahí los animalistas querían quemarme en la hoguera —confiesa Andrea— porque yo realmente deseaba que nadie saliera perdiendo en esto. Me tildaron de falsa animalista por mis fotos con los carreteros. Hicimos una gran movilización hacia la Plaza de Bolívar. Llegaron muchos carreteros y nos tomamos la plaza”. Lograron formar mesas de trabajo con los carreteros para que ellos también pudieran elegir las alternativas y establecer qué se iba a hacer con los caballos. Después de arrancara la sustitución, “salió un decreto de la oficina de Petro que ordenaba la creación del Centro de Bienestar Animal. Gracias a la autonomía que me dio Roberto, logramos poner el tema en el Plan Distrital de Desarrollo con un programa que se llamaba Bogotá Humana con la Fauna. Fueron 4 años de intensa actividad política”. A partir de este logro, otras ciudades empezaron a cuestionarse cómo implementar también los programas que se estaban desarrollando en Bogotá. 

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El compromiso con el respeto animal y la gestión social de Andrea, que no es poca, logró la prohibición de animales en circos tras presentar cerca de 15 proyectos de ley que se hundían o archivaban en el congreso porque no era claro el tema. El paso de los años ofreció la madurez necesaria para que, en 2013, el proyecto saliera adelante. Políticamente, otro de los logros alcanzados por el movimiento animalista local —en cabeza de Andrea— fue la Ley 1774, en la que se tipifican como punibles algunas conductas relacionadas con el maltrato a los animales, y se establece un procedimiento sancionatorio de carácter policivo y judicial en contra del agresor. Un estatuto que se incluyó en el Plan Nacional de Desarrollo en el 2014 durante el gobierno Santos y que para este nuevo gobierno se ha conseguido, de la mano del Senador del Partido Conservador Efraín Cepeda, que quedara consignado el artículo 323 del PND, el cual le ordena al Ministerio de Ambiente liderar la formulación de la política pública de protección de animales domésticos y silvestres en 6 meses, es decir que para diciembre de 2019 debería haber política pública para el país en esa materia. Entre otras iniciativas colectivas ideadas por Andrea está El Calidoso, que consistía en ir a lugares problemáticos socialmente de la capital, como Plaza España o el Bronx, en donde esterilizaban y atendían perros y gatos de los habitantes de calle del sector. Lamentablemente la administración de Enrique Peñalosa tumbó este espacio.

Andrea está por cumplir dos décadas de lucha y hay algo que considera muy relevante e inspirador: el activismo poco convencional, ese que se sale de los renglones para discursivamente llegar a las masas. En España, por ejemplo, resalta las estrategias para sabotear las temporadas de caza en las que activistas se van con pitos y espantan a los animales evitando así una masacre. “Ese tipo de activismo tan beligerante siempre me ha resultado muy atractivo —dice—. Respeto y valoro estrategias que se implementen para salvar vidas de animales”. Recuerda con nostalgia que participó en una acción hace cuatro años en Bogotá, en la zona de Toberín, donde un ex militar tenía encerrados doce perros y dos gatos a los cuales agredía física y sexualmente. La Policía, a pesar de conocer la situación debido a las constantes denuncias que hacían en contra del tipo, no hizo nada durante dos años, razón por la cual Andrea y once compañeros se metieron a la casa y, a las malas, sacaron a los animales, para ubicarlos luego en hogares. “Yo entré un poco desesperada por los gatos porque los perros son unas güevas (y lo digo con amor) pero los gatos no y se meten en un hueco o se lanzan por la ventana. Me llevé a mi casa una de las gatas, le puse Kokoa, y la tuve durante 3 meses en los que lloré lo que nunca, siendo testigo de cómo podemos dañarle la vida a un ser. Yo soy psicóloga y eran síntomas muy parecidos a los que manifiesta un niño víctima de abuso sexual. No controlaba esfínteres, escuchaba la voz de mi pareja y salía a esconderse… él no podía quitarse la ropa para empijamarse delante de ella. Era desgarrador”. 

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El Calidoso (2014)

Ante el clientelismo y la mermelada que se reparte a diario en los sectores políticos del país, el director de la Fundación Paz y Reconciliación, Ariel Ávila, ha hecho una serie de denuncias sobre la dirección del Instituto Distrital de Protección Animal, creado en 2016 luego de que lo avalara el decreto 546. Las denuncias consisten en que la directora, Clara Lucía Sandoval, es a su vez pastora de la MCI, aunque lo realmente grave es que aparentemente están obligando a contratistas y funcionarios a diezmar en la iglesia. “De entrada uno diría que esta administración dio un gran paso porque creó el Instituto —dice Andrea Padilla—, pero hay quejas frente al manejo y se dice que buena parte del presupuesto se ha invertido en publicidad y además los números no les ayudan ya que las esterilizaciones, por ejemplo, no aumentan sino que se mantienen”.

El animalismo es político porque analiza cómo nos concebimos los seres humanos en relación con la naturaleza de la que hacemos parte, cómo concebimos nuestra posición en el mundo: si está dada en función de la solidaridad o del abuso. El animalismo tiene que ver con la mirada hacia el otro: si vemos semejantes o subordinados. Es por esto que en cuanto a participación electoral, el animalismo en todo el mundo se está abriendo caminos para dar la pelea directamente y no permitir que otros abanderen un tema del que quizás solo quieren sacar provecho. Hoy existe en países como Holanda o Francia el Partido Animalista, esfuerzos colectivos para trabajar desde cargos de elección popular por los animales. En Colombia es un fenómeno que viene tomando fuerza. En las recientes elecciones a congreso hubo un gran número de candidatos con una agenda animalista y varios de ellos con trayectoria, como es el caso del Representante a la Cámara por Bogotá Juan Carlos Losada, quien ha participado en las reformas legislativas a la Ley 1774 y, además, estuvo metido en las propuestas de formulación del PND 2018-2022. “Los que participamos en causas tan moralmente revolucionarias estamos obligados a hacerlo y no delegarle la responsabilidad a los de siempre”.

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Jornadas de rescate en el Bronx

Todas las luchas del animalismo tienen que ver con sistemas de producción y consumo, es decir, son luchas realmente revolucionarias porque lo que se propone es un giro total a la manera en que vivimos, consumimos, producimos y nos relacionamos no solamente con los humanos sino también con otros seres. A Andrea le resulta atractiva la posibilidad de asumir algún cargo de elección popular o la dirección del Instituto Distrital de Protección Animal, teniendo en cuenta las capacidades que la experiencia de todos estos años le ha brindado. Su legitimidad radica en que la acompaña un ejercicio de activismo académico y que ha hecho un trabajo de participación con las bases. “Estoy muy cercana y me siento muy honrada por hacer parte del grupo de las Proteccionistas de Bogotá —dice Andrea—, que son esas mujeres que trabajan en sus barrios y localidades recogiendo animales y dándoles pelea a los Concejos Locales de Protección Animal. Son mujeres extraordinarias sin apoyo del Estado, son como las madres comunitarias, adecuan sus casas para albergar a estos pequeños desamparados y le prestan un servicio al Estado, suplen la indolencia del mismo. Con ellas tenemos una gran deuda”.

Esta activista considera que al gobierno de Enrique Peñalosa, en torno a animalismo, le faltó trabajar en varios frentes: invertir en lo prioritario, que es el animal de la calle; juntarse más con iniciativas que ya venían trabajando en el tema hace tiempo, como es el caso de las Proteccionistas; sentarse a ver procesos de alternatividad con la gente, por ejemplo, con los vendedores de animales vivos de las plazas de mercado; y atender otros sectores, pues esta administración se centró en los perros pero Bogotá también tiene ruralidad y allí habitan gallinas, vacas o cerdos, por mencionar algunos. El Instituto Distrital de Protección animal contó con 20.000 millones de pesos que, aunque es de valorar que sea la primera vez que hay un rubro así para este ítem, se pudo hacer mucho más con el presupuesto.

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Padilla cree que en el país hay tres temas urgentes por los cuales se debe trabajar con celeridad. El primero son los espectáculos crueles como el coleo, las corralejas o las peleas de gallos, que se tienden a disfrazar de “identidad nacional” y alrededor de esos negocios lo que circula es el trago y el machismo. Lo segundo es el uso de caballos como atracción turística, lo que no implica acabar con el negocio sino transformarlo. “Es muy lindo darle la vuelta a la ciudad amurallada en Cartagena —dice Andrea—, es idílico, pero se puede hacer perfectamente en un coche antiguo de gas o eléctrico, sin necesidad de sometimiento”. Y lo tercero es el comercio de animales de compañía, una práctica inhumana que aún es muy común en Bogotá, particularmente en plazas de mercado o en zonas como la Avenida Caracas entre las calles 57 y 53. “Se nos llena la boca diciendo que somos el segundo país más biodiverso pero seguimos con estas prácticas arcaicas”.

Actualmente Animanaturalis Colombia está metida trabajando a un tema de vital importancia en torno a esta lucha: la explotación de animales para consumo. Hay temas en los que se han logrado avances importantes, como los toros, el tema de circos que ya es moribundo en Colombia desde que se prohibieron animales silvestres en estos recintos con la Ley 1638 de 2013, también hay un proyecto de ley que prohíbe la experimentación cosmética con animales. “En todos los temas vamos bien pero en el consumo no —asegura Padilla—. Y tiene que ver con el hábito, la gente no lo quiere dejar. Tú le preguntas a alguien si va a usar pieles de animales y te dicen que no, que si va a asistir a una corrida de toros y tampoco. A circos la gente no va. Si quieren un gato mejor lo adoptan. Pero pregúntale a la gente si dejaría la carne (...) A mí no me toque la carne, dicen: no me toque los huevos”.

El 20 de junio Andrea y su parche de animalistas presentaron un proyecto de ley para que se prohíba la exportación de animales vivos que se van en barcos a países de Medio Oriente en viajes de un mes en altamar. Tienen también varios proyectos en curso, entre los que se destaca uno que busca regular la crianza y la comercialización de animales y otro que obliga a los municipios a tener un convenio y un lugar de albergue para perros y gatos callejeros, sumado a una política de esterilización.

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Manifestación durante el Día Mundial sin Carne (2016)

Para su tesis doctoral, Andrea escribió Los animales al derecho: nuevas concepciones jurídicas de los animales en América Latina. De la cosa al ser sintiente, una compilación de datos basada en la revisión de la jurisprudencia que hay en América Latina frente a los animales. Algunos de los hallazgos que ha hecho es que 10 países de Latinoamérica, incluido Colombia, tienen jurisprudencia en las que se han protegido los intereses de algunos animales e incluso se les han otorgado derechos, es decir que han sido considerados como titulares de derechos como personas no humanas en temas como espectáculos crueles, corridas de toros, peleas de gallos, experimentación, etcétera. “Sí hay jurisprudencia —asegura Andrea—, entonces lo que hice fue ver cuál ha sido la argumentación ideológica de los Jueces al tomar decisiones. Lo que hago es ver si toman una línea de protección ambiental o una línea que llamo de la dignidad humana, o sea de proteger al animal en la medida en que protegerlo nos hace más humanos. Al final hago una apuesta personal por la sintiencia y argumento por qué debe ser el criterio moral para construir un derecho de los animales robusto que los proteja por su valor intrínseco: que son seres capaces de elegir, jugar, amar y tomar decisiones incluso morales. Ese es un criterio que debe pesar para el derecho”. Andrea espera convertir, en los próximos meses, esa tesis en un libro.

En un mundo en el que el mercado, el capital y en especial los placeres del humano se han convertido en los factores más relevantes, es urgente reflexionar sobre cómo los hábitos alimenticios contribuyen al cambio climático y a la opresión animal. Las marcas y su publicidad nos han convencido de que comer alimentos proveniente de los animales es sinónimo de bienestar y progreso. Ahora, como dice Andrea, estamos sobreproteinizados. No solo nos queda votar bien: la alimentación es un acto político. “Los vegetales y las legumbres tienen dosis de proteína —concluye Andrea—. Los aminoácidos que contiene la proteína animal son los aminoácidos completos, que vienen todos en una porción de carne. Los aminoácidos de las proteínas vegetales tenemos que completarlos como rompecabezas. La responsabilidad de los consumidores es no tragar entero”. 

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Si quiere conocer más acerca del activismo de Andrea y la organización Animanaturalis, no le pierda la pista en Facebook.

 

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