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Fotos de Worm

Worm y sus 12 años de escritura salvaje

La pandemia no fue suficiente para detener el trabajo de este experimentado grafitero. Un proyecto editorial y la búsqueda de nuevos formatos y reflexiones, son algunas de las apuestas de este artista paisa que lleva más de una década marcando las calles colombianas.

Daniel Fandiño / @sinsecuencia

En el 2008, cuando Juan Pablo, un pelado de 14 años empezó a salir a pintar sus primeras piezas de grafiti por las calles del Robledo El Diamante, un barrio de la zona Noroccidental de Medellín, lo que más se veía eran los tags realizados por barristas del Atlético Nacional o del Deportivo Independiente Medellín. Junto a este ejercicio identitario, con que señalaban la barra a la que pertenecían y marcaban su zona, también podían verse algunas bombas de escritores vieja escuela que ya llevaban dándole parejo a este oficio desde hacía algunos años. PWS Crew, Fate, Pepe, Wil, Plaga, Atak2, SPK, Negro, o Andru, eran algunos de los seudónimos que para la época daban de qué hablar por la constancia de sus acciones en las calles de la ciudad de la eterna primavera.

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A la familia de Juan les empezó a incomodar ver en las puertas de los garajes de los vecinos, cada vez con mayor frecuencia, la firma “Juan” o “JP” y decidieron no apoyarle económicamente las pintadas ilegales. Juan se las ingenió y vendiendo obleas, mangos y trabajando en un supermercado, consiguió lo necesario para comprar las primeras latas de aerosol. Cuando su hermano mayor le empezó a decir “gusano” por lo delgado que era, Juan dio con la chapa con la que firma hasta el día de hoy.

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Worm, quien hoy tiene 26 años, es diseñador gráfico de profesión y no ha parado de pintar durante los últimos doce años, está convencido de que el grafiti es a lo que se quiere dedicar por el resto de sus días. “Para mí el grafiti es un salvavidas que muchos en medio de la locura lo encontramos y que hoy nos sirve para sobrevivir y conseguir dinero. En mi caso, vivo netamente de hacer letras, de escribir y de hacer grafiti y murales. En estos momentos lo es todo, pasó de ser el hobby a ser el trabajo”, cuenta este escritor que hace parte del Wild Hemp Crew, un parche bien activo de escritores paisas.

El Wild Hemp Crew o Cáñamo Salvaje nació en 2010 con el objeto de consolidar y agrupar de cierta manera el trabajo en la calle de Sick, Woke, Enck y Worm. Desde sus inicios, la intención del crew ha sido llenar de pintura el barrio con producciones de gran nivel para que los más pelados aprecien el grafiti y conozcan también del tema, viendo de cerca a grandes exponentes cuyo estilo se caracteriza por lo salvaje de sus letras. Tanto el camello grupal como el individual han nutrido durante todo este tiempo el estilo de Worm y la evolución se ha evidenciado notablemente en sus piezas. La composición, la simetría, la teoría del color,  la proporción en las letras y la impresionante limpieza en la línea es lo que más llama la atención de este grafitero.

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Durante todos estos años de estar armado hasta los dientes de aerosoles, vinilo, rodillos y demás, Worm ha vivido un montón de anécdotas que solo el grafiti las puede brindar. Para él, algunas de las coronadas más bravas han sido pintando piezas de gran tamaño, en zonas principales y sin tener ningún tipo de permiso del dueño del muro. 

“Como llego con extensores, galones, aerosoles, escalera, bafle y hasta planta eléctrica para dar visaje, cuando llegan los polis me preguntan que si tengo el permiso y les digo que yo no voy a madrugar a hacer algo ilegal y con tanto material expuesto. Tramármelos de calle ha sido de los momentos más chimbas en las pintadas, cogiendo spots muy principales. A la gente le gusta que uno le regale una obra en el parque o en el muro de la casa y siempre resulta un asadito o le regalan para las polas. Esos lugares siempre serán mis favoritos. Porque la gente así va disfrutar y cuidar más el spot.”, cuenta.

Frente al nivel artístico que hay en Medellín, Worm asegura que hay un montón de gente haciendo cosas muy buenas, aunque también considera que falta mucha unión y organización para poder llevar a cabo proyectos más grandes como en otras ciudades en las que, por ejemplo, tienen lugar pintadas a gran formato, lo que permite que los artistas sean mucho más pulidos y adquieran mayor destreza.

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Así mismo, los años de trabajo han llevado a Worm a cambiar su opinión frente a lo que significaba llevar las expresiones de calle a galerías y museos. “Antes era reacio al tema porque decía que el grafiti estaba en la calle y era para la calle, pero a medida que uno va creciendo y va viviendo del arte y del grafiti se da cuenta que es un buen aliado por lo que muchos lo escogen como opción de vida y trabajo. Me parece muy bueno porque mucha gente puede conseguir obra y el escritor o el artista puede conseguir dinero para material y seguir haciendo su trabajo y estar en la calle siempre”, asegura. 

El hecho de poder llevar obra a estos lugares le ha abierto las puertas a Worm para que pueda exponer su trabajo en estos espacios. En Medellín ha realizado dos exposiciones: una curada por Juan David Quintero llamada Reacción en cadena, y una personal que conmemoraba sus diez años de escritura en la calle. En Bogotá, la galería Street Lynx del también artista Lorenzo Masnah le permitió hacer parte de la exposición colectiva Street ArtBo. Además, en el país ha tenido la oportunidad de llevar sus trazos y color a ciudades como Cartagena, Santa Marta, Sincelejo, Ibagué, Buga, Cali, Pereira, Bogotá, Cúcuta, y Manizales, mientras que a nivel internacional su talento le ha permitido llegar a países como Ecuador, Argentina y El Salvador.

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Para quien escribe grafiti, el principal objetivo de lo que hace es ver su nombre en las calles cada que las camina y que los demás también lo puedan pillar. Sin embargo, Worm también es consciente del carácter político de sus acciones callejeras y por eso no es indiferente a la realidad del país en el que vivimos. Para este escritor, así como es muy importante invadir las ciudades con pintura, también es necesario exponer a través de estas expresiones las inconformidades frente a ciertos temas que competen a todos los ciudadanos y que los medios tradicionales no se atreven a denunciar. 

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Una de esas obras que sobresalen en el trabajo de este paisa la realizó en 2016 en Medellín con el fin de darle palo a los corruptos y retratar lo que, según cuenta, es para la realidad. “Está la bandera de Colombia agujereada por balas, el escudo está robado e incluso se ve una rata robándose la última monedita de oro. Para mí esta pieza tiene impacto; el grafiti es un medio trascendente para hablar, que sirve para mostrar esa inconformidad. Las paredes son nuestro radio que permanece encendido las 24 horas”, cuenta Worm.

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El camello de Worm está atravesado por una constante experimentación y exploración de formatos. La intención de este creador es innovar constantemente, de ahí que sus diseños se puedan encontrar en camisetas medias, gorras, buzos, prints, pines y esculturas. Esa misma experimentación lo llevó a lanzar su más reciente pieza: Estilos y Colores, un proyecto editorial lúdico y pedagógico que permite a quien lo adquiera conocer un poco más acerca del grafiti y distraerse coloreando piezas elaboradas desde cero a mano.  

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“La idea de Estilos y Colores sale porque me gusta mucho el tema editorial. Ya había sacado varias ediciones de una revista llamada Espacio Público y había sacado un librillo pequeño de grafitis de pompas de grafiteros de Medellín. En la búsqueda no encontraba un libro para colorear que me hablara solo de letras de grafiti, siempre encontraba el de mandalas, el de ilustraciones, el de pajaritos, flores y de murales de varios artistas, pero nunca me mostraban el tema de la escritura del grafiti de la cual soy un fanático. Empecé a hacer abecedarios, a buscar estilos y formas, y surgió la idea de crear un libro donde la gente pueda conocer un poco más de qué es el grafiti, que no es solo el pajarito, la flor, el indígena, sino que también hay una parte que tiene mucha importancia que es la escritura callejera”, dice.

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La persona que adquiera el libro se va a encontrar con mucho color y cuatro estilos de escritura callejera: throw ups, block letters, quick pieces y wild style. Todo va a explicado de manera coloquial para que cualquier persona pueda entenderlo. Así mismo, el libro cuenta con un prólogo del historiador y curador independiente Juan David Quintero y con un texto de la abogada y gestora cultural Laura Cisneros, en los que se abordan temas como el carácter pedagógico de este proyecto y, además, cómo los más pequeños también pueden disfrutar de estas expresiones callejeras desde la comodidad de sus casas. 

(Reviva el conversatorio a propósito de 'Estilos y colores' con Worm)

Actualmente Worm se encuentra en la promoción y el lanzamiento del libro Estilos y Colores que próximamente se podrá adquirir en La Grafitería (Cali), en Trece Gallery (Medellín), y en Street Lynx (Bogotá). En estos momentos este escritor anda pintando un muro en Medellín de más de 10 pisos y haciendo mucha obra. Lo que se viene para él son más proyectos editoriales sobre grafiti para derribar los estigmas, seguir pintando sin descanso en solitario y junto al Wild Hemp Crew, seguir sacando adelante pintadas comisionadas para sostenerse y, por supuesto, mantener encendida la chispa vandal.


Debido a la pandemia, ‘Estilos y Colores’ no ha podido llegar a todos los puntos de distribución en los que se podrá adquirir. Si está interesado en adquirir un ejemplar escríbale directamente a Worm en su cuenta de Instagram y de paso sígalo para no perderse de todo lo que hace este escritor de grafiti.

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