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“Libera Tu Perra Interior”: el feminismo según Hellvira

En la lucha contra el machismo y la misoginia, Elvira Lavey Dracul milita por el feminismo usando su cuerpo desnudo como campo de batalla.

Daniela Pomés Trujillo / @danipomes

“Yo siempre fui exhibicionista y eso fue culpa de mis papás. Anótalo. Papás, fue su culpa”. 

Elvira Lavey (32 años) se define a sí misma como una exhibicionista libertina. “Yo soy hija de rebeldes, pero yo lo llevé mucho más allá. Mis papás vienen de sectores muy conservadores, muy costeños, muy machistas, pero ellos son completamente salidos de la norma. Mi mamá a los 15 años se volvió vegetariana y mi abuela costeña no lo concebía. Ella llevaba su afro, vivió en un ashram, es atea y mi papá también. Todos los hermanos de mi papá son uribistas, mi papá es el izquierdoso, el rebelde, el antimperialista. Entonces con el resto de mi familia siempre es como “ah claro, tenía que ser la hija de los izquierdosos esos”, cuenta. 

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Elvi es barranquillera. Desde muy temprana edad sacó a relucir su naturaleza rebelde y su pensamiento crítico con respecto al lugar que como mujer la sociedad ha tratado de imponerle, tanto así que durante su adolescencia fue expulsada en más de una ocasión de colegios católicos en los que su manera de pensarse, entenderse y expresarse no era bien vista. A eso tuvo que sumarle las críticas que aún recibe de algunos miembros de su familia. Sin embargo, hasta el día de hoy se mantiene fiel a sus pensamientos, al punto de hacer de ellos su manera única de vivir la vida. Ante la etiqueta de “oveja negra” ella responde que es más bien la “oveja multicolor” de la familia. 

(Lea ‘Acciones performáticas para incomodar al país del sagrado corazón’) 

Habla de sus padres porque es en ellos en quienes encuentra el origen del placer que siente por el exhibicionismo. Según cuenta, ellos nunca tuvieron misterio con la desnudez y lo  llevaban con tanta naturalidad que nunca fue un tabú. Justamente la desnudez y el poder que se tiene al asumirla es uno de los principios del trabajo de Elvira, cuya exploración la llevó a construir a Hellvira, un alter ego que hace performance y abre espacios para que otras mujeres puedan conectarse con su sexualidad, fortalecerse y sentirse más seguras sobre su cuerpo y sobre sí mismas. 

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Sin embargo, y a pesar de que Hellvira le ha traído grandes experiencias, cuenta que ha sido un proceso largo y difícil que sus padres acepten el camino que ha elegido. “Yo sé que me aman pero es difícil porque aunque sean más liberados y más mente abierta igual tienen ese chip ultra conservador. Yo vine a desafiar esas creencias. Un día en una conversación con mi madre ella me dijo “deja de hacerlo por mí”, yo le dije que la amo pero mi misión en la vida es ser feliz así le incomode a ella o a cualquiera”. 

A los 27 años Hellvira llevó a las tablas su primer Diabolique Cabaret, un performance producto de sus reflexiones en torno a la mujer, la sexualidad, el erotismo y la liberación. Ella se lo ingenió y lo produjo de principio a fin, logrando llevar a escena todo eso que por años le rondó en la cabeza. Desde entonces se declara como cabaretera de profesión y tiene la certeza de que seguirá siendo su destino por el resto de su vida. 

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Por el camino Elvira no solo ha logrado reconocer nuevas formas y experiencias para relacionarse con las mujeres, también se ha dado cuenta de que su forma de vida libre y el hálito de seguridad que proyecta resulta transgresivo para algunos machos. A propósito recuerda un libro de Anton LaVey que se llama The Satanic Witch en el que el autor habla del striptease. “Él dice que una manera de conquistar a un hombre haciendo striptease es que tú seas dócil. Los manes se excitan cuando ven una presa fácil. Cuando ven a una mujer empoderada, una mujer dueña, agresiva se asustan un montón y a mí me pasa mucho eso”, comenta. La transgresión y la fuerza con que Elvira asume el poder sobre su cuerpo incomodan a muchos acostumbrados a cuerpos dóciles, pero justamente ahí radica la fuerza de su performance

Diabolique Cabaret y Libera Tu Perra Interior

Diabolique Cabaret es el nombre del performance conformado por diferentes expresiones como el teatro, la danza erótica y el striptease, en el que Hellvira lidera un espectáculo donde los cuerpos de ella y sus acompañantes son protagonistas. Lejos de perpetuar el rol “sexy” que pone a la mujer como objeto de disfrute masculino, este show reivindica la sexualidad femenina y el goce sexual propio que la sociedad niega a las mujeres. 

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“Yo no buscaba nada, simplemente era algo que me nacía hacer. No tengo ninguna formación teatral, todo lo fui aprendiendo en el camino. Me fui juntando con gente, fui trabajando con teatros, todo empírico. En el camino le he ido dando forma, ha ido evolucionando”, cuenta. 

Aunque el Diabolique empezó sin ninguna ambición, ni con el objetivo de perseguir una revolución feminista, Elvira no tardó en darse cuenta del impacto que estaba teniendo entre las mujeres que la veían. Las chicas que entraban a hacer parte del show: actrices, bailarinas, meseras, estudiantes, todas salían más fuertes, más seguras y más empoderadas, lo que comenzó a dar más forma al proyecto.

Hellvira vio la necesidad de crear un espacio en el que se pudiera compartir con otras mujeres de manera circular, sin jerarquías, donde se pudieran sentir en libertad. Así, el impacto que estaba teniendo y la sugerencia de algunas mujeres con las que trabajaba, llevaron a Elvira a desarrollar talleres como “Libera tu perra interior”, en los cuales encontró ese espacio de relación entre mujeres. Autoestima, conocimiento del cuerpo y sororidad son los temas sobre los cuales se teje toda la experiencia en los talleres, abordados desde el performance, el arte, la charla y el baile.

En sus talleres Elvira habla desde la experiencia, desde aquello que ha aprendido y que le gusta compartir. “Vivimos en un mundo que insiste tanto en tenernos la autoestima abajo; siempre hay una más guapa que tú, más todo que tú, tratan de ponernos en contra. Encontrar un espacio en el que podamos ver que todas somos iguales, que todas tenemos cosas que compartir y que todas somos deli fue lo que le dio el norte a mi proyecto”, cuenta. 

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“Libera tu perra interior”, nació de la necesidad de reivindicar ciertos términos que suelen ser usados para denigrar a las mujeres. También hubo un “Libera tu bruja interior” y viene en camino el “Libera tu diosa interior”. Todos se estructuran de manera similar y tienen variaciones en los rituales según la palabra en el título que se busque reivindicar. Para las brujas hay aquelarre y para las diosas adoración, por ejemplo.

 

Más de cuarenta mujeres han pasado por los talleres de Elvira en los que, según cuenta, también busca recuperar los arquetipos femeninos que durante siglos han servido para oprimir a las mujeres. En estas exploraciones piensa en arquetipos como la bruja: mujer dueña de sabiduría y conocimiento que fue perseguida por su naturaleza o la “coya”, un arquetipo peyorativo usado más que todo en la costa. “La Coya era una figura de poder político casi sagrado entre los incas. Era la mujer del Inca. No era de adorno, tenía influencia política, no se le podía mirar a los ojos, tenía mil criados a su servicio, le ponían hamacas para que caminara”, cuenta.

Por otro lado, Hellvira menciona que el autoconocimiento del cuerpo es una de las exploraciones más interesantes de sus sesiones. Según comenta, en los talleres se habla abiertamente de temas como la masturbación, un asunto que, opina, sigue siendo un tabú entre las mujeres. “La masturbación masculina es para enorgullecerse, pero en las mujeres de eso no se habla. Nada más tener la regla, cuando estás manchada te lo dicen como si fuera algo malo. Son actos muy cotidianos, invisibles, silenciosos, que aumentan todo este machismo y toda esta marginalización en torno a las mujeres”, dice. 

Según cuenta, ha habido mujeres asistentes a sus talleres que nunca se han masturbado ni han llegado a tener un orgasmo, aun teniendo una vida sexual activa. A ellas les dice: “marica es que si tú no sabes darte placer ¿cómo pretendes que otro sepa darte placer? Unas nos arrechamos con que nos cojan el pie, la oreja, el cuello, y todo eso nace del conocimiento de nuestro propio cuerpo. Una vez que conocemos nuestro placer podemos compartir placer con los demás. Todo empieza desde uno con amor propio”. 

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“Arte Vaginal” es otro componente de los talleres que consiste en que las asistentes observen atentamente su vulva durante diez minutos a través de un espejo. Después, reciben diferentes materiales como telas y pinturas y todas hacen su pieza de arte abstracta según lo que quieran expresar. 

“Es una experiencia renovadora. Se redescubren o se descubren, pues hay muchas chicas que no se han visto nunca la vulva. Una chica de 18 años toda tatuada –que uno pensaría que es súper liberada–, nunca se había visto la vagina. Todavía las chicas más jóvenes, de generaciones más atrás de la mía, vienen cargando este montón de problemas”. 

Así mismo, para desarrollar la sororidad, Elvira ideó “Adorando a la diosa”, una parte de sus talleres en la que una de las asistentes es masajeada con aceite de coco y con todo el amor. Todas pasan por el lugar de la adorada. “Son seis pares de manos de chicas encima tuyo dándote amor, es muy bonito”, cuenta. 

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Elvira sabe que lograr que las mujeres se liberen de los prejuicios sociales y de los suyos propios no es nada fácil. Construir un lugar que ofrezca una atmósfera de intimidad y seguridad entre desconocidas es toda una hazaña. “Siempre mis amigas conmigo se vuelven más perras en el mejor sentido de la palabra. Yo sé que la perra está en todas las mujeres y se despierta solita”, asegura Elvira, para quien el asunto al final se trata de un don. 

La transformación que los talleres de Hellvira han producido entre sus asistentes es muy grande. Prueba de ello es la cantidad de correos electrónicos, mensajes y visitas de chicas asistentes que le cuentan sobre los cambios y reconocimientos que han llegado a sus vidas. “Una chica fue a un segundo taller y volvió con otro look, se había rapado. Me dijo que después del taller dejó al novio tóxico con el que llevaba mucho tiempo y la echaron de la casa, ahora vive sola. Estoy creando monstruos y me encanta. Creo que las ayudo a descubrirse, las cuestiono, se abren. Yo no soy terapueuta pero estoy ahí si quieren hablar, si quieren parchar, si me necesitan o lo que sea”. 

La Crítica 

Por supuesto, una revolución como la que abandera Elvira levanta ampolla en una sociedad como la colombiana. Críticas, juicios y ataques por todos los frentes hacen parte de su día a día. Por ejemplo, Javiera, una actriz cercana a la cabaretera, decidió unirse al Diabolique en una de sus primeras ediciones con el fin de experimentar, lo que produjo comentarios en su círculo. 

Cuenta Elvira que cuando Javiera entró estaba temerosa de lo que dijeran en el medio. “Ella era la mano derecha de Alejandra Borrero que tiene todo esto de Ni con el pétalo de una rosa y que hace parte de un grupo de feministas radicales. Muchas de ellas me rechazan. Cuando empezó la criticaron por trabajar conmigo: <<¿vas a trabajar con esa vieja? Esa vieja es lo peor, el cuerpo no se debe erotizar, ta ta ta>>”.

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Hace poco, en el marco del Paro Nacional, Elvira junto a un grupo de mujeres hicieron el performance de la colectiva chilena Las Tesis, “Un violador en tu camino”. Para ello, todas decidieron ataviarse con ropa provocativa y una pañoleta verde. Ella salió sangrando por la nariz y el panty, como si acabara de ser víctima de una violación. 

“Una perra que salió de rumba y la violaron o una prostituta violada, ese era el mensaje que quería dar porque las prostitutas siempre están en la parte más baja “la violaron por puta”, o si les pasa algo fue porque “se lo buscó”, dice Elvira señalando que todo en su performance tenía un significado. 

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Después del performance a Hell le llovieron críticas. Un hombre le comentó por redes sociales: “A la de moradito (Elvira) yo también la violo”. Comentario que, lejos de ser recriminado, causó gracia a otras personas e incluso apoyo de otros machos. Para ella esto demuestra que esta sociedad está enferma. “Una sociedad en la que un comentario así esté normalizado, que él piense que es válido poner ese tipo de comentarios y que haya gente que lo apoye, que haya gente que se ría y que lo aplauda, te pone a pensar”. 

(Conozca “Piensas que soy pervertida, entonces mira lo pervertida que soy”: una charla con Nadia Granados)

Pero la censura no ha sido únicamente de parte de personas; plataformas como Instagram le han arrebatado seis cuentas con miles de seguidores por “no cumplir con las normas comunitarias”. Ante eso opina Elvira que “Hay que acallar a una mujer molesta, ruidosa, dueña de su sexualidad. Tú ves a un montón de actrices porno que están retratadas desde una óptica heteronormativa, complaciente y a ellas no las censuran”.

“El mensaje de Instagram es muy fuerte” –continúa–. “El hecho de que censure los pezones... ¿Cuál es la diferencia entre esa mínima parte de nuestra anatomía con la de los hombres? Nada más con eso están diciendo que hay algo mal con nosotras. Hay algo mal, hay que ocultar, hay que tapar, lo vas a provocar, te van a violar, todo eso es muy enfermo”.

El feminismo de Elvira

Sobre su visión y construcción de feminismo, Elvira dice que en su caso es visceral e intuitivo; experimental. “El feminismo lo define la igualdad entre géneros. Si uno le pone más teorías, más vainas y se va por diferentes ramas, es válido, pero siento que en el momento que invalidas a otra feminista porque no estás de acuerdo con su discurso, tu discurso pierde el valor. ¿A ti quién te dijo que tu feminismo es mejor que el mío?”. 

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A pesar de que Hell no siempre se sintió feminista, en retrospectiva cree que siempre lo fue. “Yo nunca fui de someterme a los deseos de un hombre. El primer noviecito que tuve –un costeño–, un día me dijo <<esa falda está muy corta, ve a cambiarte>>. Yo subí y me puse lo más puto que encontré y le dije: en la vida me vuelvas a decir que mondá ponerme”, comenta. 

Cuando empezó, Hellvira creía que las mujeres la iban a odiar mientras que el público masculino la amaría. Sin embargo, su primer show le  demostró lo  contrario. “Cuando necesito apoyo para llevar a cabo un proyecto son las mujeres las que me apoyan. Los manes son “ay que rico”, “ay sí, qué rico hacerte fotos”. Estoy pensando hacer unos talleres para los manes, para que aprendan a abordar mujeres porque, uff, marica, ¿en serio?”, cuenta. 

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A pesar de que la unión entre mujeres que el Diabolique le ha demostrado posible, Hell reconoce que no siempre ha pensado así como lo predica ahora. Aprendió que la oposición entre mujeres es quizás el arma más fuerte del patriarcado. “A nosotras nos educan con mucha mierda en la cabeza desde chiquitas y además heredamos conductas machistas de las abuelas, lo tenemos en el ADN”, dice. 

Sin proponérselo, Elvira ha creado una expresión única del feminismo. Permeada por diferentes concepciones de lo que para algunas es o no es ser feminista, ha construido un espacio en el que la mujer puede tomar todas las armas que el patriarcado ha dispuesto en su contra y usarlas a su favor. Un lugar en que la hermandad, la sororidad y la empatía funcionan como el cemento que une una nueva estructura en la que la mujer es dueña de su cuerpo y de su disfrute, en donde ella y sólo ella decide cómo, cuándo y con quién quiere gozar, siendo ella misma su primera adoradora. Lejos de moralismos y prejuicios, Hellvira se apropia de su propio cuerpo y de su sexualidad mientras invita y acompaña a otras mujeres a descubrirse y amarse como ella ha aprendido a hacerlo. 


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