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El sastre del metal

El sastre del metal, José Mortdiscos, es fundador de una de las más importantes discotiendas en Bogotá.

Fotos: Kicho Cubillo

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Un hombre enamorado del rock y del metal se dio a la tarea, hace 28 años, de ofrecerles a los bogotanos una alternativa musical que no existía en el país. De sus viajes por Europa y América podía traer hasta tres mil discos. Con ustedes, José ‘El Sastre’ de Mort Discos

Andrés J. López / @vicclon

Un niño de doce años veía cómo en los alrededores de la Plaza España (Bogotá) se acumulaban las flotas, los ladrones y las puticas clandestinas. Corría la década de 1960 y José Ramírez se sentía diferente a todo lo que observaba. Sin embargo, pronto encontró su espacio en un parche de mechudos.

Uno de esos amigos (del combo que en aquella época muchos veían con temor y asco) le prestó un par de discos de unas bandas inglesas que, decían, estaban causándoles dolores de cabeza a los papás: The Rolling Stones y The Beatles. Los Stones (o como les decían: Sus majestades satánicas) eran los chicos malos de la música. “Yo los seguía porque ellos no le hacían caso a nadie”, asegura José.          

Fue en ese momento cuando comenzó su recorrido por la carretera del rock y posterior encantamiento por el metal. “Después de eso yo me iba a diferentes tiendas a conseguir los nuevos discos que iban saliendo —cuenta José—. Algunas tiendas ya comenzaban a vender algo de rock, pero también vendían chucu chucu, rancheras y otros géneros”.

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En los 70 José se dedicó a coleccionar discos de cuanta banda conocía y también a hacer trajes, un oficio que ejecutó por casi dos décadas y con el cual se ganó el apodo que lo acompañará hasta la muerte: ‘El sastre’.

Combinó la agilidad de sus tijeras con visitas frecuentes a las casetas de la calle 19, cerquita de la carrera séptima, y a otras discotiendas de la ciudad en las que buscaba encarnizadamente más piezas para su colección musical.

  

Ya en los 80 había sitios especializados en música rock, pero José encontró un común denominador en todos ellos: solo trabajan con bandas comerciales. Impulsado por esa carencia de distribución de música under compró un local, en 1987. ‘El Sastre’ tuvo  a Héctor Buitrago como su socio. Mort Discos, como bautizaron a la que se convirtió en una icónica discotienda rola, quedaba en el Centro Comercial Los Cristales (carrera 9 con 18).


"Alrededor de Mort Discos se crearon agrupaciones como Neurosis, Masacre y La Pestilencia"


El voz a voz cumplió su labor y en poco tiempo se regó el chisme de que había una tienda de discos en la que se encontraba música que en ninguna parte se podía hallar. Música compuesta a base de gritos, guitarras distorsionadas, baterías rápidas y (decían los más camanduleros) con letras satánicas.

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De todas partes del país llegaban mechudos que querían tomarle el pulso a Mort Discos. Mientras las casetas de la 19, Prodiscos y las demás discotiendas distribuían las voces comerciales del momento, este local ofrecía demos, EPs y discos debut de bandas como Mayhem, Celtic Frost y Napalm Death. La “generación del metal”, como la llama José, quedó extasiada con la oferta.

“Gracias a él se comenzó a comercializar música metal de manera masiva en el país —asegura Gonzalo Valencia, dueño de Rolling Disc—. Antes, los pocos vinilos de metal que entraban al país llegaban a través de quienes tenían personas cercanas en Europa. José es un líder, indudablemente”.

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‘El Sastre’ Mortdiscos fue testigo de innumerables peleas entre tribus urbanas dentro y fuera de su local (sobre todo entre punkeros y metaleros), pero también presenció cómo en las entrañas de su tienda se conformaron bandas que revolucionaron la música nacional.

“Acá se reunían aficionados del metal que tocaban algún instrumento; muchos se volvieron amigos y decidieron formar bandas. Alrededor de Mort Discos se crearon agrupaciones como Neurosis, Masacre y La Pestilencia”.

De hecho, Mort Discos lanzó el primer trabajo de La Pestilencia, La Muerte…Un Compromiso de Todos. Vale la pena recordar que “La Peste” se formó cuando Héctor Buitrago y Dilson Díaz se conocieron, aunque La Muerte… fue el único disco que Buitrago grabó con ellos.

Héctor dejó La Pestilencia y también Mort Discos para irse de frente con un proyecto llamado Delia y los Aminoácidos, junto a Andrea Echeverri. Tiempo después cambiaron de nombre y se formó la que tal vez es la banda de rock más importante del país hasta ahora: Aterciopelados.

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“A mí la verdad al inicio Héctor no me parecía buen músico—recuerda José Ramírez—, hacía canciones de dos o tres acordes y ya. Ahora me gusta mucho lo que está haciendo, ha evolucionado en todos estos años. Yo sigo siendo amigo de él”. Al irse Héctor, José quedó a la cabeza de la discotienda. 

Las filas de compradores frente a la tienda se hicieron comunes a principio de los noventa. Algunos pelados iban con sus mamás, quienes estaban realmente preocupadas por todo el asunto del satanismo que el metal encerraba. José les decía: “El satanismo no está asociado a la música. Si usted tiene personalidad y carácter no se tiene que dejar llevar por lo que digan. Muchos lo hacen por moda, después se casan y se olvidan del asunto”.

Los dos primeros discos de Cradle of Filth tuvieron un éxito rotundo entre los metaleros colombianos. “The Principle of Evil Made Flesh y Dusk…and Her Embrace son los álbumes que más me han pedido, tal vez por lo underground que era la banda en ese momento o por la calidad musical. Después se volvieron más comerciales y las ventas cayeron”.

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En los noventa el CD vivía su época dorada: Tango Discos abrió en 1991 y Tower Records llegó a Colombia en 1997. Los que buscaban cuidadosamente en sus vitrinas podían encontrar discos de Cannibal Corpse, Dimmu Borgir y Mayhem, pero eran álbumes que José había vendido mucho tiempo atrás.

El modelo de Mort Discos era proactivo y no pasivo, como el de muchas otras marcas. La tienda nutría sus estantes gracias a los viajes que este hombre hacía a España, Francia, Inglaterra y Argentina, lugares de donde traía lotes de hasta tres mil discos.

El nuevo milenio y los avances en asuntos de distribución musical vía Internet han hecho que las ventas de este icónico lugar caigan, pero no lo han llevado al cierre. En 28 años de vida, Mort Discos ha cambiado tres veces de local; hoy está en el Centro Comercial Multiséptima (carrera 7 con 22).

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Este abuelo del metal ya tiene 65 años y a pesar de que no le gustan los sonidos nuevos que se están gestando alrededor del género sigue firme en su propósito de distribuir y escuchar bandas under, un oficio que cada vez se torna más difícil. En su tienda ahora también se pueden conseguir otros géneros musicales como la salsa y el jazz

Ya no es un jovencito pero su espíritu rebelde aún brilla. Las filas de metaleros frente a su tienda son cosa del pasado pero él se rehúsa a cerrar Mort Discos. Este sastre del metal, hay que decirlo, le dio en los últimos 28 años importantes puntadas al metal colombiano. Vio la llegada de las grandes discotiendas y el auge de Prodiscos; se dio el lujo de presenciar también la extinción de muchas de esas tiendas. La suya sigue en pie.

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