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Los poemas-collage de Daniela Prado

daniela prado
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A esta joven caleña le dijeron que sus escritos se parecían a los de la argentina Alejandra Pizarnik pues hablan del amor, el miedo y la muerte. Pero ella les puso un toque adicional: la creación de imágenes poderosas hechas con recortes, una especie de poesía visual que, a sus 22 años, la ha llevado a participar en los festivales más importantes del país.

Carolina Romero

Cuando tenía 18 años, Daniela Prado se armó de valor y recitó, en un evento público de micrófono abierto, los poemas que venía subiendo a su blog. Todo había empezado años antes, cuando una amiga suya abrió un diario en internet y, al verla animada, la joven poeta caleña se contagió y comenzó a publicar las reflexiones que le surgían, como un intento de encontrarse a sí misma. Desde la escritura dio el paso a exponer en recitales underground en Cali, logrando la difusión de su trabajo.

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“Me dijeron que escribía parecido a Alejandra Pizarnik, y yo no tenía ni idea de quién era esa vieja. En el colegio me mostraron varios autores españoles que siendo una pelada no me llamaron la atención. Buscando me di cuenta que lo mío se parecía a la poesía y empecé a escribir y leer más y mostrar mis textos”, cuenta Daniela. En efecto, su poesía recuerda a la de la poetisa argentina, quien se suicidó en septiembre del 72, pues sus temas se deslizan entre el amor, el miedo, el yo y la muerte, pero lo atractivo está en la forma en que lo muestra: construye imágenes potentes que juegan con sus textos, generando una contemplación melancólica de la naturaleza humana, frágil y hermosa.

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“Mis collages son intuitivos, empiezo a buscar cosas que se puedan relacionar. Primero construyo la imagen, que es como la estructura de la casa y después viene el poema, que es lo que termina por darle sentido”, explica. De recortar y pegar imágenes pasa a hacer lo mismo con las palabras, provenientes también de revistas o periódicos, y hace una suerte de collage de texto, una técnica utilizada por plumas tan diversas como el chileno Nicanor Parra en algunos de sus Artefactos antipoéticos, o la Nobel rumano-alemana Herta Müller en sus poema-collage, ambos referentes para Daniela.

 

Aunque el poema puede separarse de la imagen y funciona autónomamente, la idea es llevar al espectador a que piense la palabra y no solo que la vea. Por eso su trabajo se enmarca en la poesía visual, una experimentación entre el video, las artes plásticas y el texto, tal y como lo introdujeron los futuristas y dadaístas con el uso consciente de la tipografía, el collage y el juego con el espacio. "¿Cómo decir lo que sientes con las palabras correctas si hay palabras que no existen para definir ciertas situaciones? Eso me frustra a veces, me estalla la cabeza”, reflexiona Daniela sobre la creación de imágenes como potenciador de sus poemas.

Hoy, a sus 22 años, Daniela se mueve como pez en el agua en el mundo independiente de la poesía, y ha recurrido al trabajo colaborativo con otros poetas, ilustradores y editores para fortalecer los circuitos independientes de poesía en Cali, a través de ferias de fanzines y encuentros literarios, que promueve desde el colectivo Prin’Lalá, del cual es fundadora. Al principio organizaban encuentros en la Universidad del Valle en torno a la poesía, pero hace año y medio se decidieron a publicar fanzines y ediciones cartoneras sobre poesía, ilustración y literatura bajo el nombre del Grupo Editorial Chochal, fortaleciendo esta creación literaria entre las nuevas generaciones.

“Me interesa lo que está pasando con nuestra generación, porque las voces expertas no hablan de ella. Los premios de poesía joven son para personas de entre 30 a 35 años, pero yo no quiero tener que esperar a los 35 para que lo mío sea leído y sea considerado poesía”, dice. 

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De ahí su interés por publicar antologías de poetas noventeros bajo su curaduría (lea también La nueva sangre de la poesía colombiana).

Tampoco tiene problemas para hacerse un lugar en escenarios más tradicionales como el Festival Internacional de Poesía de Cali, en el cual partició en la edición XIV, y el Festival Internacional de Poesía de Medellín, tal vez el más importante de Colombia, en donde tuvo la oportunidad de recitar el año pasado. También se ganó la Pasantía Nacional del Ministerio de Cultura (2016) en la categoría literaria, y tuvo la oportunidad de vivir cinco meses en Bogotá fortaleciendo su creación poética bajo la tutoría del poeta Federico Díaz-Granados, una de las voces autorizadas de la poesía colombiana contemporánea.

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El próximo mes estará invitada al II Festival de Poesía de Quito, lo cual significa un paso más en su reconocimiento en el continente. “Cuando te invitan a un espacio de estos todos van con su libro más importante y yo voy a vender mis fanzines. La gente se sorprende gratamente y descubre otras alternativas que son igualmente validas para la poesía, tanto de publicación como estéticas”, explica.

Por lo pronto, Daniela acaba de terminar un libro de poemas, esta vez sin collages, titulado El hábitat de la locura, que espera publicar este año. Además, busca fortalecer su capacidad performática a la hora de recitar sus poemas, pues aunque lo hace de memoria para poder mirar al público y procurar una relación diferente con su poesía, quisiera agregar más elementos dramáticos de modo que su cuerpo pueda ser otra imagen de sus versos. 

Si le gustó su trabajo no deje de seguirle la pista en este link.

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