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Al margen y al alcance de los usuarios: Colombia tiene el primer punto fijo de testeo de drogas en América Latina

Fueron los primeros en traer a Latinoamérica el análisis de sustancias para consumidores y ahora son los primeros en abrir un punto de atención para la reducción de riesgos y daños. Después de 10 años de trabajo, Échele cabeza cuando se dé en la cabeza inaugura su espacio fijo en Chapinero. Así funciona.

Julián Guerrero / @elfabety

 

—Traje esta muestra. No sé si me alcance para saber qué es.

—Vamos a ver si funciona.

—…

—Sí, sí es lo que te vendieron. ¿Cada cuánto consumes éxtasis?

—Una vez a la semana. Cuando salgo.

—¿A quién se la compras?

—Tengo una dealer desde hace tiempo. Siempre le compro a ella.

—¿De qué color era la pastilla?

—Rosada.

—Ahora las pastillas están llegando muy concentradas, entonces la recomendación es que no te la comas toda de una. 

La escena es común durante los testeos que Échele Cabeza lleva realizando desde hace diez años en festivales y espacios itinerantes y que desde el pasado fin de semana lleva a cabo en su centro de reducción de riesgos, en Chapinero. Luego de saber si la sustancia es o no lo que el consumidor había comprado, y de recibir una cartilla informativa y comentar su anécdota sobre su consumo de sustancias, la persona se retira con su pepa un poco partida pero con la certeza de que lo que se va a meter es positivo para éxtasis y no un suplantador, es decir, una sustancia que se hace pasar por otra. 

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En la infraestructura que antes albergaba un bar clásico de las noches chapinerunas, Échele Cabeza inauguró el primer punto de atención para la reducción de riesgo y daños de América Latina. Se trata de un pequeño resquicio opaco e iluminado por luces de neón, montado en un edificio abandonado que se levanta sobre la carrera 7 con calle 45 y que desde hace dos meses es uno de los pocos puntos de testeo que existen en el mundo.

Para entrar hay que bajar las escaleras negras que conducen a una suerte de cueva al margen en la que se ha establecido un espacio de cuidado para los consumidores de sustancias psicoactivas, lo cual resulta ser una deuda pendiente de las instituciones y la sociedad civil, a quienes aún les cuesta asumir el consumo de drogas como algo que hace parte de nuestra realidad social y que no necesariamente viene a incorporarse a lógicas delincuenciales.

“Hace unos días se nos iba quemando el tercer piso del edificio”, contaba el pasado viernes durante la inauguración del espacio Julián Quintero, el director de la organización, quien agregaba que solo fue hablar con la dueña sobre lo que querían organizar en el lugar y comenzar a organizarse. 

(Échele ojo a este perfil de Julián Quintero, el activista psicoactivo colombiano por excelencia)

Después de una campaña de crowdfounding con la que los usuarios y amigos del proyecto ayudaron a montar este espacio, Échele Cabeza consolidó un lugar que se suma a sus actividades informativas y de testeo que. “A veces las intervenciones en los festivales se quedan muy cortas porque hay mucha gente. Aquí la idea es que sea más pausado, poder darle una atención más personalizada a los usuarios y poder asesorarlos en otras cosas relacionadas a su consumo”, cuenta Vanessa Morris coordinadora de Échele Cabeza.

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En el punto de Chapinero todo está dispuesto para realizar los testeos habituales, pero también cuentan con espacio para realizar charlas informativas y eventos relacionados al tema de drogas. La idea, explican, es que los consumidores habituales y consultores frecuentes puedan encontrar un espacio de seguro, fijo, y que no tengan que someterse a la espera de un festival. 

La apertura de un espacio como este es una garantía no solo de consumo responsable, sino plantea también otra posibilidad de derribar los estigmas que pesan sobre quienes deciden experiementar otras percepciones de la realidad con sustancias. Esta reciente apuesta de Échele Cabeza tiene lugar justo al final de una alcaldía que le ha dado la espalda a los consumidores y, por otro lado, de cara a un plan de gobierno entrante, el cual debe asumir una mirada diferente frente a los consumidores de drogas, recreativos o no. Programas de salud pública y apoyo psicosocial, así como la lucha contra el microtráfico, son algunas de las propuestas de Claudia López en su plan de gobierno. 

 

Reducir los daños 

“Desde hace rato lo veníamos pensando —comenta Vanessa—. Nos tocó de cierta forma reinventarnos un poco. Antes contábamos con el apoyo del Distrito desde la Secretaria de salud, pero la administración de Peñalosa acabó con los programas de reducción de daños, entonces nos tocó reinventarnos en un modelo de atención”. Vanessa habla, puntualmente, de la manera en que la alcaldía de Enrique Peñalosa gestionó el consumo de drogas en la ciudad  y cómo, frente a los avances de otras ciudades, Bogotá se quedó corta en términos de salud para los consumidores y lucha contra el microtráfico. El abandono de los programas de reducción de riesgos en consumo de drogas recreativas y la intervención violenta y desinformada del Bronx, que no tuvo en cuenta la salud de los consumidores desalojados, son ejemplos de la manera en que la alcaldía saliente en Bogotá asumió el tema de drogas, es decir: aumentando, entre otras cosas, el estigma sobre los consumidores. 

La reinvención que hicieron apuntó a, además de dar una asesoría más personalizada a los usuarios, invertir los 15.000 pesos que estos pagan por el análisis en la compra de reactivos químicos, impresión de material y el pago a los 13 voluntarios que hoy colaboran con la organización. Se trata de una iniciativa autogestionada que se enfoca en devolver lo que entra al mismo proyecto, más que en el enriquecimiento. 

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“Es un reto muy grande que estamos asumiendo las organizaciones de la sociedad civil —recalca Vanessa—. Nos toca reinventarnos todo el tiempo. Esto no es una cosa de un gobierno de turno, pero las administraciones locales pasan y se aplastan los proyectos simplemente porque un político de izquierda o de derecha hizo algo y el otro no quiere hacer lo mismo. Ese es el reto para la sociedad civil: estar al margen y al alcance de los usuarios”. 

Así como fueron los primeros en traer el análisis de drogas a América Latina, Échele Cabeza son los primeros en abrir un punto de atención en reducción de riesgo y daños en el continente. Estas iniciativas ya se ven en España, donde brillan ejemplos como el del colectivo barcelonés Energy Control, también en el País Vasco y en Cataluña. El trabajo de estos diez años de Échele Cabeza ha servido para la consolidación de iniciativas similares en países como Uruguay, México y Chile, que han comenzado a probar el análisis de drogas en fiestas. 

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“Este es un espacio donde no se está juzgando a la persona —asegura Vanessa—, donde sabemos que las personas que consumen sustancias no quieren ser patologizadas como enfermos ni tampoco como criminales. El acceso a este tipo de programas siempre está enfocado hacia una atención médica, una atención más psicológica, pero siempre desde la enfermedad: necesitas rehabilitarte y salir de ese mundo. Aquí lo que estamos formando es, prácticamente, un centro de escucha donde las personas vienen y nos cuentan cuáles son sus inquietudes o dudas frente al tema de las sustancias. Les informamos y les damos una información real y verídica, científica, sin prejuicios, muy en función de su salud pero con un enfoque cercano”. Y esa cercanía sin juicios morales se puede observar durante un testeo, en el que realmente hay una preocupación preventiva y se le pregunta al usuario sobre la regularidad del consumo, si cuenta con un dealer de confianza o si el color de las sustancias que le venden ha cambiado, y se advierte sobre suplantadores o sustancias muy concentradas, todo esto fundamentado en estudios y resultados que han arrojado testeos realizados por Échele Cabeza. Estos estudios han dado datos como el del análisis de 768 muestras de supuesto LSD desde 2014, testeos según los cuales 44% era LSD y el 56% un suplantador conocido como NBome.

 

Naturalizar el consumo y frenar la estigmatización 

David Esteban fue uno los usuarios que llegó el pasado viernes al testeo durante la inauguración del punto de Échele Cabeza. Según contó, la razón por la que fue al lugar tuvo que ver con una sustancia que compró y cuyo efecto le duró por poco más de una semana.  Efectos muy extendidos en el tiempo o estímulos demasiado fuertes imposibles de pilotear, se suman a las consecuencias encontradas en pilas hiperconcentradas, suplantadores o papeles que no hacen efecto alguno. 

—La sustancia se la compré a la dealer que un amigo me recomendó. Me gustó porque era puntual. Cuando se la compré, ella me dijo: tengo estas pepas que son muy buenas, me llegaron nuevas. Como iba con otra persona y como cada uno iba a consumir media, compramos esa. 

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David señala que esa noche, a causa de diferentes circunstancias, cambió su forma habitual de consumir: meter la sustancia debajo de la lengua o estar más atento a los estímulos visuales de la fiesta en la que estuviera. El resultado del consumo de esta sustancia que, como le dirían en el testeo, se encontraba en un alto grado de concentración, terminó volviéndolo hiperempático o receloso de otras personas y fácilmente impresionable ante los estímulos que recibía a diario. 

Ejercicios como el testeo de Échele Cabeza y la información que brindan sobre la sustancia no solo sirve para prevenir a los consumidores sobre las drogas que consumen y los efectos que podría traer una sustancia desbordada en su propia concentración, sino que también son un medidor del tipo de sustancias que están entrando al país y sobre las que se debe informar. Casos como el de David no son aislados y están relacionados con la entrada de nuevas drogas al país, un asunto que por la misma estigmatización ha tenido poca difusión preventiva. Frente a estos vacíos, los informes de Échele Cabeza han servido para reconocer estas nuevas drogas o suplantadores, como es el caso de pastillas que no contienen MDMA (éxtasis), sino sustancias como cafeína, que pueden ser riesgosas para la salud o, así mismo, la presencia de drogas que dicen ser 2CB, pero que tienen apenas el 20% de estas sustancia.      

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“Esto está muy relacionado con la moral —agrega Vanessa—. Aquí es peor visto vivir con el consumidor que convivir con un delincuente o un narco cerca a tu casa. El usuario es sobre el que recaen estas cargas y estas culpas. Hace falta pedagogía y educación frente a este tema. Desde Échele Cabeza y ATS les hemos apostado a la educación y re significación de estas prácticas, pero aun así falta mucho camino. Aquí se validan más acciones como el del vivo, el que no se la deja montar o el borracho. Frente al alcohol no hay tanto estigma como con otras drogas y sabemos que el alcohol es la sustancia que más genera conflictos, riñas y accidentes: la mayoría de los accidentes relacionados a sustancias psicoactivas tienen que ver con el alcohol”.Y como si se tratara de un documento para soportar la afirmación de Vanessa, la encuesta de Cultura Política del DANE arrojó que ante la pregunta hecha a ciudadanos de 18 años en adelante sobre qué tipo de población no quisieran tener de vecinos, el 63,9% escogió a los consumidores de sustancias psicoactivas como los ganadores para encabezar la lista de vecinos indeseados. Estos eran seguidos por excombatientes y exparamilitares. 

Los resultados de una encuesta que se presenta como imparcial dan cuenta del estigma con que se señala a los consumidores y las formas en las que se reproducen dichos estigmas, estigmas que para Échele Cabeza podrían combatirse con educación. “El tema del consumo es uno con el que hay que convivir —dice Vanessa—. Es algo que no se va a acabar. La guerra contra las drogas fracasó y frente a eso nosotros tenemos que hacer algo y la manera de hacerlo es la educación. Hay que aprender a convivir con las drogas de la misma manera en que convivimos con el alcohol”. 

(Lea también “La prohibición ha fracasado”: una charla con el fundador de la primera sala de consumo supervisado de heroína)

Para David Esteban, haber podido hablar de lo que le pasó también le sirvió para recuperarse de su experiencia y aterrizar ideas que rondaban por su cabeza pero que no podía hablar por la misma estigmatización. 

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Estudios realizados por Échele Cabeza han dado cuenta del estado de las drogas que se pueden comprar en el país, así como las suplantaciones de algunas sustancias. Según su último informe, para el segundo semestre de 2018 y lo que venía para 2019, los resultados en el país han arrojado un 30% de muestra negativas frente a un 70% de muestras positivas. Estos testeos realizados en festivales y fiestas arrojaron datos como que la sustancia más suplantada es el 2CB, que generalmente es reemplazada por ketamina, éxtasis y anilina. Así mismo el 68% de las pastillas analizadas fueron catalogadas como XL (muy grandes y riesgosas por su tamaño), de modo que la sugerencia fue dosificarla.  

<<El 83% de las personas siguen las recomendaciones que les damos y el 93% a quienes les recomendamos no consumir la sustancia no lo hacen>>, se lee en el balance del informe, un dato que prueba la confianza y efectividad que ha ganado Échele cabeza a lo largo de su trabajo. Con la apertura de este punto de atención Échele Cabeza no solo continúa levantando las banderas de un trabajo necesario al que, según dicen ellos mismos, el Distrito le ha hecho el feo, también abre caminos para nuevas lecturas sobre el consumo de sustancias.

 

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