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La adrenalina del grafiti capturada en la fotografía de Sebastián Comba

Durante años distintos fotógrafos del mundo se han lanzado a la cacería de escritores de grafiti para hacer perdurar estas piezas más allá del tiempo, la caída de la pintura o las tapadas. Sebastián Comba es un fotógrafo bogotano que a sus escasos 20 años se ha lanzado a la calle con sus cámaras para retratar la adrenalina del grafiti vandal.

Daniel Fandiño / @sinsecuencia

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Un parcero invitó a Sebastián a parchar. Ese día, como todos los demás, llevaba su cámara con la intención de documentar cualquier situación a la que se fuera a enfrentar. El sonido particular del golpeteo de las latas en los morrales y la tensión en el ambiente daban cuenta de que aquella noche la vuelta iba a estar movida. Desde las 10 y hasta las 3 de la mañana del siguiente día, la calle atestiguó la primera salida de Sebastián para registrar una pintada.

Las fotos suelen ser la prueba fehaciente de las acciones en el mundo del grafiti. En medio de latas de aerosol y boquillas se actúa tan rápido que no queda tiempo para tomar distancia y ver la pieza entera antes de irse. Al final la velocidad hace que la única manera de ver lo que se hizo sea a través de las fotos camino a casa y sin estas no se tendría certeza de la pieza. Esto puede explicar por qué la mayoría de crews alrededor del mundo cuentan en sus líneas con la figura del fotógrafo como parte fundamental del equipo. 

Martha Cooper es la fotógrafa de mayor reconocimiento en esta materia, pues desde la década de los setenta se ha dedicado a exponer el surgimiento y la consolidación del hip hop como fenómeno cultural urbano. Otro fotógrafo que se ha ganado el reconocimiento gracias a sus capturas de intervenciones en trenes y a la narrativa de sus imágenes es Jeosm quien, aunque no centra actualmente su ejercicio fotográfico en el grafiti, fue por ahí por donde empezó en 1995 accionando caps

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En Bogotá la vuelta no es muy distinta y quienes pintan quieren tener un registro no solo de lo que hacen, sino también de la adrenalina de la noche y sus hazañas. Sebastián Comba (20 años) es un fotógrafo que ha logrado involucrarse con la calle y la noche bogotana a través de la fotografía de grafiti. Practicar skate y llevar su cámara siempre en el morral le permitió reconocer el grafiti de la ciudad, ver de qué manera estaba mutando y comenzar a documentarlo desde dentro, un ejercicio que comenzó hace poco más de cuatro meses y con el que ha construido esta serie cargada de claroscuros y trazos afanados.

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“Salíamos en parche, bebíamos, fumábamos y yo les hacía fotos. Les quedó gustando la idea porque evidentemente eso también hace parte de la ciudad. Me decían que sacara la cámara cuando nos viéramos e hiciera también videos. Estábamos creando un poco la imagen de ellos”, señala este fotógrafo bogotano egresado de La Salle College.

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Coronar una valla es equivalente a desbloquear un logro de los grandes en medio del juego del grafiti. A pesar de que Sebastián no pinta, ese día se iba a coronar su primera valla haciendo foto. El lugar era por la Avenida Cali, por la Biblioteca El Tintal, una zona en la que la presencia de la Policía es constante debido a la inseguridad del sector. Subieron uno a uno la valla publicitaria y él capturó las imágenes mientras unas cuatro personas más grafiteban sigilosamente a las alturas. Una sensación de adrenalina única, según cuenta. Bajaron la valla y entre chorros y plones, celebraron la pintada planteando ya la siguiente acción en un parqueadero de camiones. 

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“Había varios camiones, algunos dañados. Ellos entraron por las rejas, yo los acompañé y empecé a hacer las fotos. Salió un celador que no puso mucho lío, nos dijo que nos fuéramos, pero llegando a la biblioteca nos cogieron dos tombos. Éramos cinco personas, dos de ellas migrantes de otro país que estaban indocumentados. Ahí empezaron a amenazarnos con llevarnos al CAI, a mí realmente no me hicieron nada, pero es evidente el abuso policial”, cuenta Sebastián.

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Los últimos cuatro meses cada 8 o 15 días Sebastián ha trabajado en este proyecto, parchando con un crew (que prefiere no mencionar para poder seguir saliendo junto a ellos sin inconvenientes), pero con quienes ha logrado crear lazos de confianza que hacen que la narrativa de las fotografías tenga una fuerza invaluable. “Tengo pensado seguir contando el grafiti de una manera callejera en un proyecto a largo plazo que muestre cómo se ve la ciudad y la escena underground que habita en ella. Al principio se sentía la timidez [entre los grafiteros], pero ya después de tomar muchas fotografías a eso de las dos de la mañana, por ahí, me decían que les tomara fotos del grupo, fotos más posadas, entonces me convierto como en el fotógrafo de ellos”, comenta este fotógrafo que captura con cámaras digitales y analógicas.

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Para Sebastián lo más atractivo de estas salidas es el carácter ilegal de las pintadas ya que eso –según él– con pocas actividades se llega a sentir . “Desde muy pequeño mi mamá me decía que no hiciera algo y yo lo hacía, es algo muy provocativo, se le pone a uno el corazón a mil pensando si va a pasar algo o no, si iban a llegar o no. Es muy divertido porque uno se termina volviendo parte del crew cuando va a pintar con ellos”, asegura.

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Por ahora, este fotógrafo documental espera seguir trabajando en esta serie, nutriéndola cada vez más dándole el tiempo necesario. Además, Sebastián ahora está haciendo la fotofija de un corto llamado ‘Hombres Ausentes’, una historia familiar de Julio Barrera, y estará exponiendo algunas de sus fotografías como parte del colectivo Bogotá Street Photography Club el próximo 23 de noviembre en Estudio Dust.


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