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Los trazos dañinos de Lesivo Bestial

Del nombre artístico de este bogotano de 33 años se desprende una intención de afectar conciencias a punta de murales y esténciles, que funcionan como bombas de difusión masiva. Su trabajo, uno de los más respetados en las calles capitalinas, recurre a la figura de animales, lanzando así críticas a las bestialidades más bien propias de los humanos. “No me interesa reproducir las imágenes lindas y la estética de la publicidad, en donde todo lo bonito es lo bueno”.

Daniel Fandiño / @sinsecuencia

El rodillo y el bisturí en punta de lanza que se ven en el antebrazo izquierdo de Lesivo son un recordatorio en tinta de sus dos pasiones: el esténcil y la pintura. Su nombre artístico, que por definición se refiere a “algo que causa o puede causar daño”, es una respuesta contra esa lógica mediática que vende todo como bonito. “Alguna vez, una señora nos hizo caer en cuenta que todos teníamos unos nombres muy paila, como Chirrete, Koch1no, Excusado o Toxicómano. A nosotros no nos interesa reproducir las imágenes lindas y la estética de la publicidad, en donde todo lo bonito es lo bueno”, dice este artista urbano de 33 años, quien nunca ha abandonado el que es su taller desde hace 13 años, ubicado en la casa de sus padres, en la localidad bogotana de Kennedy.

 

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La curiosidad lo llevó a cursar la Licenciatura en Ciencias Sociales en la Universidad Distrital pero al tiempo empezó a realizar plantillas. Como notaba que esa inclinación por la pintura crecía, terminó materias pero decidió no realizar trabajo de grado. Para entonces ya estaba muy metido en la vuelta del arte, una idea acorazada por algunas asignaturas que vio sobre imagen digital y análisis artístico. Ese pequeño despertar en la academia, lo complementaría después con un curso de preprensa en el SENA y otro de finalización de archivos. Así, se metió de lleno a trabajar la imagen a través de plantillas, que después se convirtieron en intervenciones en los muros de Bogotá.

 

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A la izquierda pieza de esténcil y a la derecha cartel para el proyecto Amenaza Mártires 

 

Desde esos inicios, Lesivo tuvo claro que su proyecto artístico era en realidad un ejercicio de comunicación de ideas, alejado de circuitos costosos como lo son la televisión o la publicidad. En su oficio de comunicador de ideas, este creador criollo se considera un “impresor”, ya sea en la pared y usando un aerosol o cortando y pegando. Esta forma de comunicación es algo que siempre le ha admirado al grafiti tradicional, ese que en su momento –y todavía hoy- obedece a una actitud contestataria y de resistencia, iniciada por un puñado de inmigrantes salvadoreños, guatemaltecos y haitianos que asumieron que si la publicidad podía poner sus anuncios gigantes en todo lado, ellos también podían –y querían- plasmar sus nombres.

 

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Padecer ahoga la vida, muro realizado en los cerramientos del Planetario Distrital (2012)

 

La primera vez que sintió la capacidad masiva de comunicación del arte urbano fue en 2006, cuando el programa Jóvenes sin indiferencia, impulsado por la alcaldía de Lucho Garzón, lo invitó a él y a otros artistas urbanos a elaborar un mural en la Carrera 30 con 76. Fue una de las primeras oportunidades para que la ciudadanía viera cómo un centenar de grafiteros se apropiaba de medio kilómetro de espacio público. “Ese fue el momento en el que pensamos que podíamos pintar de día porque no estábamos cometiendo ningún delito”, dice Lesivo.

 

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Muros desarrollados por Lesivo en el año 2016

 

La escuela de pintar e imprimir la hizo junto a los también artistas urbanos Zokos y Chirrete Golden, con los cuales fundó un taller de serigrafía (también le puede interesar ‘Chirrete Golden: memoria histórico y trazos tóxicos para alzar la voz’). Coincidió con ellos una vez se lanzó a las calles, influenciado también por la vena gráfica que comparte con su madre y su hermana. En ese momento, dice Lesivo, arrancó su trayectoria artística. Para desarrollar su arte con intención de comunicar ideas masivamente, Lesivo guarda celosamente un archivo gigante de revistas, catálogos, instructivos de salud, cartillas y diccionarios. Lo curioso es que todos estos elementos son de los años treinta o cuarenta, y le sirven para realizar montajes, a través de los cuales saca de contexto las imágenes y les da un doble sentido.

 

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Intervenciones junto a KamiloARA y Charquipunk (2010). Fotos de KamiloARA 

 

De un tiempo para acá, la propuesta artística de Lesivo se transformó en Lesivo Bestial y empezó a recurrir más a la figura de animales, intentando exponer a través de estos las actitudes nefastas o negativas que veía, y aún ve, en los seres humanos. Los animales le permiten dilucidar nuestras actitudes salvajes, que supuestamente son propias de ellos pero que a final de cuentas ni siquiera son estos los que las cometen. Por ejemplo, la imagen de un oso polar cuyo cuerpo es una crema cosmética es una crítica a la vanidad, que tanto ha jodido al medio ambiente. Además de temas medioambientales, entre los cuales se encuentran la crítica a la industria extractivista, Lesivo también pone a discutir asuntos sociopolíticos y económicos a través de pintadas, como la que llevó a cabo junto a su colega DJ LU en el Centro de Bogotá, sobre la Calle 13, y que responde a las políticas de algunos de los dirigentes del país.

 

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A la izquierda muro realizado junto a DJ LU sobre la calle 13 y a la derecha El Proceso, llevado a cabo en la carrera 7

 

Bajo esa lógica de plasmar en los muros una idea que sea llamativa, pero que también genere un impacto en los peatones, Lesivo es consciente de cómo este tipo de herramientas callejeras pueden llegar a convertirse en recados con intención política. “Un mensaje público que usted está poniendo a circular en las calles y lo ve una cantidad de gente, es un mensaje político. El que escribe en un muro ‘Red Skins’, o en un banco ‘Ladrones hijueputas’, está transmitiendo algo, cuestiona al transeúnte y eso está bien; son manifestaciones políticas, pero uno está acostumbrado a que si no tiene un impacto mediático, no es político”, explica este artista. Con esta temática, Lesivo ha realizado muros en los que el carácter político sobresale, como la intervención que hizo en Chapinero, sobre la Carrera Séptima, y que se refería a las negociaciones de paz que entonces transcurrían entre el Gobierno y las FARC.

 

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Recuerda y Construye. Erre + Lesivo + DJ LU. San Victorino, Bogotá. (2015)

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A la izquierda Capitalism: A love story, muro realizado junto a Assi-one y a la derecha Esclavitud Corporativa (2010). Fotos de KamiloARA

 

En 2010, armó parche con Guache, Toxicómano y DJ LU y empezaron a trabajar en el proyecto Bogotá Street Art, un combo que desde sus inicios se propuso a despertar el interés de los capitalinos por las expresiones artísticas, aún sabiendo que no era una tarea fácil. Como no podía ser de otra manera, Lesivo se cruzó con ellos mientras pintaban en las calles y juntos le dieron vida a una sociedad que, así como ha funcionado para ir a pintar un muro grande con el fin de solucionar más rápido, también les ha permitido exponer su obra en otros formatos, incluso publicando un par de libros: Calle esos ojos (2012), que es una pequeña mirada al arte callejero de la capital a través de cuatro perspectivas independiente y Levantar y Pegar (2015), un pequeño libro-fanzine de stickers de corte político que incluía más de 50 pegatinas con diseños de estos cuatro capos.

 

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A la izquierda De casa o de calle, proyecto desarrollado en el barrio Molinos junto a DJ LU (2017). A la derecha muro realizado para Pictopía (2016)

 

Con el tiempo, la obra de Lesivo ha empezado a posicionarse a nivel local e internacional, pero manteniendo siempre el acceso universal a su trabajo: así como vende un sticker para un pelado a $1.000, puede vender un cuadro a un coleccionista por cinco millones de pesos. Y si bien su trabajo ha quedado plasmado sobre madera, tela o papel, Lesivo tiene claro que los materiales desechables, lo que muchos consideran residuos, son los mejores para hacer street art. La basura, dice este artista, da la esencia callejera que no tiene un lienzo o un papel para acuarela.

 

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A la izquierda Crisis Mundial en la Universidad de Caldas y a la derecha Maldito Petróleo ft Toxicómano

 

Los muros, que por su naturaleza le quitan de cierta manera el control al artista sobre su trabajo, le han enseñado sobre el desprendimiento. Hace muchos años, casi al inicio de todo, realizó un esténcil de un patín en La Candelaria. A pesar de no tener ningún mensaje, le parece asombroso que la pintada siga ahí, considerándola de gran valor en su trayectoria. “En esto uno no se puede apegar a una pieza, uno debe desprenderse y eso es algo que el grafiti y el street art enseñan porque puede que un muro dure dos horas, dos días, dos meses o dos años. Hay obras que a uno no le gustaban tanto pero que duraron un montón y hay obras que gustaron mucho pero paila, no duraron sino dos meses”, explica.

 

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Intervención para el Cap Fest en Armenia (2016).

Con esa perspectiva, ha realizado murales en diferentes espacios de la geografía nacional e internacional, empezando por Colombia. Sus animales han quedado pintados en municipios del Eje Cafetero como Calarcá, Armenia y Manizales. En Armenia, por ejemplo, participando en el Cap Fest de 2016, la lesividad de este artista le apuntó al saqueo de recursos naturales que las multinacionales realizan en el Valle de Cocora. Dejando huella por América del Sur, ese mismo participó en el Festival Latidoamericano de Perú y tuvo la oportunidad de ocuparse de algunos muros en la ciudad portuaria de Callao. Al tiempo que intervino tres paredes, el artista recordó entre salsa, ceviche y chicha morada, lo que es pintar en el barrio, hombro a hombro con los niños que se acercaron a seguir su trabajo. En otro paso por este país, aprovechó para trabajar los bajos de la estación Nicolás Arriola del metro de Lima.

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A la derecha muro llevado a cabo en Callao para el Latidoamericano y a la derecha intervención en la estación Nicolás Arriola en Lima (2017)

 

Pero Europa también ha sentido su arte lesivo. En Barcelona, España, ciudad a la que se refiere como la ‘Ciudad de las persianas y el aerosol’ debido a la forma ondulada que tienen las puertas de seguridad de los locales, pintó por primera vez en junio de este año. La pintura, Vanidad …1.080 expuesta, quedó estampada en un local cercano a la conocida Plaça de Sants. Además de tirarle a la vanidad, Lesivo también intervino otra puerta de seguridad en la que se refirió a la frialdad.

 

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"La ciudad de las persianas y el aerosol", pintadas realizadas en Barcelona, España (2018)

 

Durante esa misma travesía europea, el artista se pegó la vuelta por Alemania y allí, en la ciudad de Lemwerder, realizó un homenaje a ‘Los músicos de Bremen’, un cuento corto de los Hermanos Grimm que transcurre en la Baja Sajonia, en los alrededores de la también ciudad alemana de Bremen. Esa pintada la hizo en el marco del festival de arte urbano Farbflut, un espacio en el que más de 200 artistas regionales, suprarregionales e internacionales del street art crearon la galería al aire libre más grande de Alemania con un kilómetro de longitud.

 

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Intervención para el Festival Farbflut en Bremen, Alemania (2018)

 

Otra parada de este movido verano para Lesivo fue en Estados Unidos, país en el cual expuso en la galería Gabba Gallery de Los Ángeles. Junto a sus paisanos Toxicómano, DJ LU y Erre, este creador urbano hizo parte de una muestra que pretendía levantar la voz contra las políticas ultranacionalistas de Donald Trump. A futuro, Lesivo quiere ampliar el movimiento de su taller de impresión, lo que le tomará un tiempo de estadía en México. Además, espera junto a Bogotá Street Art sacar otro libro para diciembre de este año, que abordará lo relacionado al arte urbano bogotano.

No le pierda el rastro a este capo del street art siguiendo su cuenta de Instagram.

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