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La mirada documental de Mateo Contreras en la foto fija de ‘Pájaros de verano’

La más reciente producción de Ciro Guerra y Cristina Gallego, que abrió la Quincena de Realizadores del Festival de Cannes y se estrena en agosto en nuestro país, tuvo la participación de este joven fotógrafo bogotano. En su trabajo, Mateo se puso en los zapatos de un etnógrafo de los años setenta, época en la que se ambienta la película.

Julián Guerrero

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La fotografía siempre ha estado presente en la vida del bogotano Mateo Contreras. Aunque comenzó a acercarse a ella a los doce años, ya era un interés de tiempo atrás en su familia, lo que lo impulsó a seguir ese camino. Trabajando en diferentes proyectos, entre los cuales se encuentran una indagación documental familiar, Mateo aprendió a ver la fotografía no sólo como un medio de exploración visual, sino también de exploración personal, elemento clave para su participación en Pájaros de verano, la más reciente producción de los directores colombianos Cristina Gallego y Ciro Guerra que tuvo su estreno mundial el pasado 9 de mayo, inaugurando la Quincena de Realizadores del Festival de Cannes.

La película se desarrolla en la época de la “bonanza marimbera” (1975 – 1985), período en el cual el negocio de la marihuana fue muy lucrativo, y cuenta la historia de una familia Wayúu que se ve afectada por la ambición y los problemas alrededor de este negocio. También muestra cómo la cultura y tradiciones de esta familia sufren las consecuencias de un problema que se extendió más allá de La Guajira y de Colombia.

En su trabajo de foto fija, Mateo pudo conocer de cerca lo que, en últimas, fue una realidad social en esta región del país. “Estaba haciendo la fotografía para una ficción que ellos crearon, y muchas fotos eran con propósitos comerciales, pero esa ficción en la que estábamos trabajando también era un acercamiento a una realidad y lo tienes que manejar con el respeto y la dignidad que merece y no por ser una ficción mangonearlo”, explica este bogotano de 24 años.

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Mateo estaba encarretado con la fotografía desde antes de salir del colegio, realizando talleres de inducción y sensibilización. En Bogotá comenzó a estudiar Filosofía y Artes, carrera que abandonó para entrarle de lleno a lo visual. Desde hace más de tres años vive en Alemania, país en el que estudia Artes Visuales en la Universidad de las Artes de Berlín. Allí ha explorado también el video y la instalación, así como la escritura, armando un trabajo que se caracteriza por un lenguaje narrativo en todas estas expresiones.

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Con Cristina y Ciro, a quienes ve como dos maestros, Mateo ya había trabajado en el rol de asistente de producción en Los viajes del viento, una obra que acompañó hasta el final y que le sirvió de experiencia para embarcarse en la travesía de Pájaros de Verano, pues pudo conocer previamente las condiciones de un rodaje en el desierto. Ya con más experiencia en la fotografía, Mateo participó en esta nueva producción capturando imágenes que serían utilizadas para publicidad y promoción de la película. Sin embargo, no quiso quedarse en eso y se le midió a llevar más allá la foto fija, construyendo a su vez un trabajo documental, siempre que la producción se lo permitiera y lanzándose a lo que él se propusiera desarrollar.

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 “Como foto fija, al igual que todo el mundo, tienes que meterte en la dinámica del rodaje, tienes que buscar qué pieza eres en esa máquina. Como foto fija estas todo el tiempo explorando, con tus ojos, con tus oídos, con tu cuerpo. En el caso de Pájaros de verano era sentir el desierto y los escenarios que se hicieron para la película, y descubrir la manera cómo se habían planteado los personajes. Por un lado yo veo un guion y hago una interpretación de lo que yo creo que es, para a nivel fotográfico trabajar las fotos de personajes, pero ya cuando llego allá es confrontarme con la interpretación que Ciro y Cristina tienen y ver cómo los demás departamentos están trabajando su película”, explica.

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La manera en que los directores querían desarrollar la película involucraba producir un material fotográfico que fuera como el de la época, lo cual fue un nuevo reto para Mateo. Ya en la dinámica, se dio cuenta que los directores le apuntaron a mantener lo orgánico del tiempo y del espacio en que se desarrolla la historia, por lo cual las fotos las realizó no tanto como el foto fija de una producción sino como un retratista o un etnógrafo de los años setenta, replanteándose su visión como fotógrafo y como sujeto.

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Para lograrlo, Mateo se basó en la investigación realizada por el departamento de arte, y así entró en relación con el vestuario y con aquello que le interesaba de la región y de la cultura. Otra de sus referencias fue el trabajo del peruano Martín Chambi, un fotógrafo indígena que se destacó por revelar lo más íntimo de las culturas andinas, algo a lo que quiso apuntar Mateo con la cultura Wayúu.

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Al final del rodaje, Mateo se quedó con las ganas de captar un poco más de lo espontáneo y lo amistoso de las personas con las cuales trabajó en esta producción, pero sin duda lo ve como un nuevo aprendizaje en su trayectoria como fotógrafo. “Hacer esta serie de fotografías fue encontrar una manera de entrar en contacto con los sujetos que eran los actores y las demás personas de la película, y en el marco de las fotos ir acercándome a ellos y encontrando esa confianza que se necesita entre el fotógrafo y su sujeto, ya sea un espacio, una persona o una situación lumínica”, cuenta.

 

 

En Colombia, la película se estrenará el próximo 2 de agosto en salas de Cine Colombia.

 

 

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