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Coleccionistas que mantienen vivo el vinilo

Para algunos comprar discos en este formato es solo cuestión de moda, pero otros han dedicado gran parte de su vida y dinero al coleccionismo: comprar rarezas que pueden costar varios millones de pesos. Estos son algunos personajes de la capital que se rehusaron a renunciar al acetato.

Andrés J. López / @vicclon

“El 90% de la gente aún no tiene claro qué es un coleccionista; todos somos melómanos, pero la persona que colecciona escudriña y se especializa en un artista o género, consigue piezas raras y es capaz de dar charlas sobre su tema. Eso es lo que lo diferencia de un acumulador que ni siquiera sabe lo que tiene”, dice Hernando Gómez, dueño de la tienda salsera Acetatos. Compac, un lugar ubicado en la calle 18 con octava y que en sus 30 años ha tenido clientes que han pagado millones de pesos por un álbum, a veces incluso por una canción.

Y es que los vinilos, así como los cómics, afiches o juguetes pueden alcanzar un enorme valor por su historia, sus cantidades limitadas y la demanda de coleccionistas de todo el planeta. Su rareza hace que, lo que en su época costaba unos pocos pesos, hoy tenga un precio igual o mayor al de un automóvil, un viaje al extranjero o un semestre en una prestigiosa universidad. En Bogotá hay quienes ni en la decadencia del formato (finales del siglo pasado) dejaron de escucharlo. Su exitoso regreso ha hecho que cada vez más personas adopten esta tendencia vintage, haciendo que el precio de sus colecciones crezca exponencialmente.

Aquí, algunos coleccionistas que no tuvieron problema en enseñarnos sus joyas.

Luis Villa, más de cuatro décadas con The Beatles

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Desde que un compañero de colegio le mostró a este artista bogotano que John, Paul, George y Ringo eran reales y no dibujos animados, hace ya 44 años, dedicó su vida a coleccionar todo lo que pueda de los fab four, incluyendo 270 vinilos.

“Comencé a escucharlos cuando sacaron The Red Album y The Blue Album, pero el disco que me metió de lleno fue Help! Ellos son como un virus del cual uno no se puede deshacer”, cuenta Luis.

Entre su colección hay conciertos, ediciones colombianas y de otros países (incluyendo 18 versiones del Help!) y picture discs, pero sus discos más valiosos son cuatro Revolver (ediciones mono y stereo colombianas, una gringa y otra  británica), uno de ellos firmado por Klaus Voorman, el ilustrador del legendario álbum.

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El otro disco especial para Luis es un EP del Yellow Submarine que se hizo en Colombia y que es buscado por coleccionistas de todo el mundo: “Los discos nacionales suelen ser muy valiosos para los compradores extranjeros. Esta portada solo aparece en la edición nacional, por eso hay gente que es capaz de pagar 300 dólares o más”.

 

Luis Enrique Ruiz “Chocolate”, al son de las rarezas

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Puede no ser el coleccionista con el mayor número de discos, pero sí el que tiene los más caros. Desde que este comprador y vendedor de vinilos de 44 años comenzó a coleccionar son montuno y guaguancó, hace 22, se enfocó en que sus estantes solo tuvieran lo más raro. Actualmente tiene 350 trabajos.

“No hay como ir a encuentros de coleccionistas, sacar de la maleta algo que nadie más tenga y ponerlo a sonar”, dice “Chocolate”, quien ha llevado parte de sus joyas a Cali, Barranquilla, Medellín, Armenia, Villavicencio y por supuesto Bogotá. Incluso lo han invitado a New York, pero no ha podido ir.

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Sus piezas son apetecidas por coleccionistas latinoamericanos, pero también por personas de Europa, África y Asia que le han ofrecido un millón y medio de pesos o más por un disco. Ofertas que muchas veces ha rechazado. Entre sus joyas hay trabajos como Solito, de Hommy Sanz, y Jala Jala Woe Woe Baby, de La New Breed Orquesta, que pueden costar aproximadamente un millón y medio de pesos. Pero también hay otros como Let’s Be In, de Mike Ensenat y su Orquesta, y En La Avenida Otra Vez, de Kako y Maelo Jr., con precios de hasta 1.500 dólares (unos cuatro millones y medio).

 

Cristian Rubiano, con la música de Jamaica en sus venas

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Además de ser historiador, dueño de la distribuidora de discos La Vieja Escuela Distro y el selector Prince Bastard, Cristian es un apasionado por el ska de los años sesenta, setenta y ochenta. Su colección de 520 vinilos se especializa en primeras ediciones de trabajos españoles, franceses, ingleses y daneses.

“Comencé a los 15 años cuando me regalaron el LP Yo Te Avisé, de Los Fabulosos Cadillacs. En ese momento no me interesaba mucho el género, pero luego de hacer viajes al extranjero y conseguir vinilos raros y económicos empecé a coleccionarlos y a comercializar con ellos”, dice este especialista de 32 años.

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Entre todos sus discos Cristian escogió Last White Christmas, de Basement 5; Fent D’aquí, de Skatalà; y High and Dry, de Maroon Town; cada uno de estos trabajos puede costar entre 80 y 150 euros. Pero sus dos piezas más valiosas son First Record, de The Offs (cuya portada fue hecha por el artista estadounidense Jean-Michel Basquiat) y un álbum autografiado de Kortatu, una de las agrupaciones más influyentes del ska y punk español.

 

José Peña, al rescate del rock colombiano

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Se especializó en conseguir los trabajos de rock que se grabaron en el país durante la década de los sesenta. De su colección de 800 vinilos (donde también están Queen, The Beatles, etc.), 80 son de bandas como The Flippers, Los Speakers y Génesis, la local no la de Phil Collins.

“Comencé escuchando a Los Speakers en 1978, cuando tenía 13 años. Luego, cuando llegó el CD y la gente empezó a deshacerse de los vinilos, descubrí agrupaciones y trabajos que no conocía. Ahora los jóvenes y coleccionistas de todo el mundo se están interesando nuevamente por esta música, lo que ha incrementado el precio de los discos –comenta José–. Tal vez muchos no lo sepan, pero estas agrupaciones versionaron éxitos gringos y británicos, incluso antes de que los originales llegaran. Por eso cuando las canciones de The Beatles o los Stones empezaron a sonar, unos dos años después de su lanzamiento, muchos creían que eran covers de las bandas de acá”, puntualiza.

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Entre sus joyas este vendedor de 53 años tiene los trabajos de The Speakers y Los Flippers, que eran los paralelos colombianos de The Beatles y The Rolling Stones, respectivamente. También tiene vinilos de Los Vikingos y The Walflower Complextion, agrupaciones extranjeras que grabaron en Colombia.

 

Edwin Peña, el amante de la canción animal

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Es hermano de José y, además de una colección de 1.400 cámaras fotográficas, tiene 2.200 vinilos de bandas como Iron Maiden, Depeche Mode, Guns N’ Roses y Aterciopelados. Sin embargo admite que muchos no los ha podido escuchar por falta de tiempo.

Pero los que sí no ha dejado de oír son los 175 trabajos en vinilo que tiene de Gustavo Cerati y los legendarios Soda Stereo. “Al inicio no me gustaban mucho, luego me fui metiendo más en su música y comencé a comprar todo lo que podía de ellos”, dice Edwin.

Además de los discos, tiene fotos certificadas de la banda y afiches enmarcados de los cinco conciertos a los que fue de Cerati y los cuatro de Soda, incluido uno de su gira El Último Concierto, en Caracas.

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Entre las rarezas que tiene de estos argentinos se encuentran dos vinilos que cualquier amante de la banda quisiera tener: Sueño Stereo y Zona de Promesas. “Colombia fue el único país que sacó estos trabajos en LP, por eso son tan valiosos para los coleccionistas; pueden costar hasta mil dólares”, comenta Edwin.

 

Ecks MDC, “el vinilo no es solo para DJ”

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Este bogotano se ha vuelto bastante conocido en la escena hip hop por sus mixtapes y por haber colaborado con personajes como N.Hardem, pero lo cierto es que Ecks comenzó a coleccionar vinilos antes de ser DJ.

“Desde joven he estado metido en el grafiti y en la escena rap, pero siempre había visto que acá se estigmatizaba al que tuviera vinilos; decían que era solo para DJ. Antes del 2008, cuando empecé a coleccionar LP, ya venía comprando CD, hasta que un día me decidí a romper ese mito y a cambiar de formato”, comenta Ecks.

Su colección de 1200 vinilos es exclusivamente de hip hop, pero él no busca piezas comerciales sino trabajos y bandas underground de Colombia, Francia, España, Suiza, Suecia, Holanda y principalmente Norteamérica, de donde viene el 95% de su colección.

Entre sus joyas hay compilados y trabajos de edición limitada como el Low Budget Butta, de varios artistas y el Cellar Selections Vol. 1, de Nick Wiz. Cada uno de estos trabajos puede costar un millón de pesos, aproximadamente.

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Pero hay otra pieza cuyo valor es sentimental: Bajo La Radio, del MC Celtic y en el cual Ecks participa. “De esta edición en splatter se hicieron dos copias, la mía y otra que era de Juan Camilo, uno de los fundadores de mi tienda Viniloyalty y el cual ya murió. Este trabajo no lo vendería, solo se lo regalaría a alguien muy especial”.

 

Andrés Durán, sobreviviente de todas las eras del rock  

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El locutor de Radiónica es, sin duda, uno de los personajes más reconocidos de la escena rockera del país. Además de ser una biblia sobre el género tiene una colección de 12 mil títulos, 5 mil de estos en vinilo.

“A los seis años mis juguetes eran los discos de mi tía. Cuando ella se casó me quedé sin nada y ahí me vi obligado a comenzar mi colección. Viví todas las épocas del rock en todas sus mecas: Chapinero, La 19 y Los Ángeles”, manifiesta.

Aunque se siente conforme con lo que tiene en su colección, admite que desde hace 20 años se le quedó corta: “Tengo amigos en otros países que tienen más de 40 o 50 mil discos. El precio de la música en Colombia es demasiado alto, mientras que en países del primer mundo se consiguen, en buen estado, a dos o tres dólares”.

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Andrés tiene discografías completas, pero sus joyas son bootlegs de leyendas como Pink Floyd, Led Zeppelin, The Rolling Stones, Ozzy Osbourne y Frank Zappa, que oscilan entre 200 y 300 dólares (aproximadamente de 600 a 900 mil pesos). Algunos tienen temas que no aparecen en las discografías oficiales, como el de Zeppelin y los Stones. Otros, como el de Ozzy, son recuerdos de conciertos en los que el propio locutor estuvo.

 

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