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Hip hop y barrotes: la 'thug life' de Omar Bam Bam

En los años noventa, este rapero bogotano fundó una de las agrupaciones pioneras del género en la ciudad, Contacto Rap. Pero la fama que adquirió se convirtió en un descenso a los infiernos con entradas a prisiones en Estados Unidos y México. Esta es su historia, contada en los dibujos que hizo entre rejas.

Andrés J. López / @vicclon

“Acá me puedo dar el lujo de conseguir celulares, televisores y trago a cambio de plata, pero hay más estrés que en una cárcel gringa, el ambiente es más denso: hay ratas por todo lado y se siente un olor constante a mierda y carne podrida”, cuenta Omar Bam Bam por chat, desde un punto ciego de una prisión en el sur de la Ciudad de México. Está en esa cárcel desde junio de 2013, pero en la madrugada de este viernes saldrá libre. No es la primera vez que este rapero, conocido de la vieja escuela del hip hop bogotano por fundar una de las primeras agrupaciones de este movimiento, Contacto Rap, está tras las rejas. “A los que quieren saber porqué he estado preso les digo que escuchen mis canciones o vean mis dibujos. Si entienden bien, sino hasta mejor”, dice, y zanja el asunto sobre las razones que lo han llevado a prisión.

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Pero la relación de Omar Garzón con el hip hop comenzó lejos de las celdas, en los años ochenta, cuando se perfiló como uno de los precursores de esta cultura en Bogotá. Tenía seis años y cuidaba a sus dos hermanitas en el barrio Columnas, en el sur de la capital. El breaker, Dj y grafitero se formó con videos y canciones de Boney M. y Michael Jackson, quien dominaba el mundo con Thriller. Su mamá trabajaba en el Teatro Embajador y le regalaba carteles de películas como Beat Street, alentando su afición. Igual que muchos niños de su barrio, Omar entró al hip hop por medio del breakdance. A los nueve años fundó Small Breakers con Juan Carlos “Funky” Morales y René Remigio. Este crew de seis bailarines competía con otros parches de entonces. Los Bone Breakers, Electric Breakers, Hard Breakers o Street Power fueron sus rivales.

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Omar en su época con Small Breakers. De fondo se ven imágenes de sus primeros grafitis.

 

 

En esa época, además del baile, todos querían pintar, rapear o ser DJs, y Omar no fue la excepción. Agarró las latas para grafitear, pero sin dejar de lado el breakdance, siendo una de las primeras caras reconocidas del grafiti bogotano (lea aquí Las raíces del grafiti bogotano). “Estas etapas —la de breaker y la de grafitero— hicieron que Omar sea muy recordado. En su momento fue uno de los bailarines más sobresalientes de Colombia”, recuerda Santacruz Medina, ex integrante de Gotas de Rap. Ya metido en el break y el grafiti, aprendió a rapear. No lo hizo gracias a las rimas de Run-DMC o N.W.A, sino escuchando ‘El jardinero’ de Wilfrido Vargas, una canción a la que él llama “el trabalenguas”.​

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Chaqueta de Contacto Rap pintada por Omar

 

 

Así fue soltando la lengua hasta que en 1990, junto a “Funky” —su compañero en Small Breakers—, fundó Contacto Rap, en donde compartiría con Nelson Caldas, Roberto Lara, Omar ‘El Niche’, Wacheta y Boikot Buitre, quien después sería parte de La Etnnia. “A la par que cantábamos en Contacto Rap, seguíamos bailando. Muchos raperos nos tiraron porque decían que el breakdance había pasado de moda. A pesar de todo, nunca dejamos de hacerlo”, recuerda Omar.​

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Contacto Rap en la Plaza de Bolívar. Arriba: Roberto Lara y Nelson Caldas. Abajo: "Funky" y Omar Bam Bam 

 

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Medios como El Tiempo le dedicaron varias de sus páginas a hablar sobre Omar y Contacto Rap 

 

 

Contacto Rap se empezó a presentar en bares como Atlántida —considerado por Omar como la meca del hip hop nacional— junto a Gotas de Rap, Raza Gangster y otros grupos. El nombre de Contacto Rap se expandió y tuvieron atención en los medios tradicionales, apareciendo en ExitOsos –un programa de “Pacheco”-, Oki Doki y Gente Corrida. “Los chicos fresita de la televisión colombiana buscaron a los ñeritos de barrio, a los pocos que hacíamos hip hop original en ese entonces para que les enseñáramos a cantar y bailar”, recuerda Omar.

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Contacto Rap en la discoteca Atlántida, en 1992

 

Pero la fama y el éxito en la pantalla se traducían en austeridad en el bolsillo, y Omar les propuso que se fueran a Estados Unidos. “Todos veníamos de estrato uno o dos, teníamos muchas necesidades y nuestro entorno estaba lleno de delincuencia. A eso hay que sumarle que crecimos viendo cómo varios conocidos se iban a otro país y regresaban con motos o carros”, explica. Los Angeles (California) fue su destino. Primero llegaron Omar y “Funky”, después lo haría Nelson Caldas. Los tres participaron en eventos como Radiotron -organizado por Lil Cesar de Air Force Crew-, el cumpleaños 23 de la Rock Steady Crew, y hasta conocieron a Xzibit.

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"Funky", Omar Bam Bam y Nelson Caldas en Hollywood

 

 

A la par que se codeaban con los duros de la escena estadounidense, se metieron en el mundo gánster. Y apareció el thug life, los actos de violencia y de desobediencia. “Yo ya había trabajado con ladrones de bancos en Bogotá y acá me seguí metiendo en cuentos delicados", explica Omar. La primera vez estuvo un año y sus pensamientos y vivencias las expresó en dibujos que hacía con un lápiz de plástico cubierto con cinta, para tener rigidez. “La gente que veía mi trabajo decía que era muy depresivo, pero qué más podía mostrar si esos eran los sentimientos que me embargaban las 24 horas, metido en un sitio donde veía la luz del sol cada 15 días”.

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En 2010 salió y se dedicó de nuevo a la música, llegando a colaborar con Crack Family en 2012. Pero en 2013 volvió la cana: con solo tres meses de estar en la Ciudad de México, lo capturaron y lo condenaron a tres años y medio de cárcel. “Este dibujo explica porqué estoy acá”, dice y envía por chat el dibujo de una moto siendo perseguida por un carro de policía. Estando en la cárcel, Omar fue profesor de hip hop y le dio clase a 30 reclusos. También organizó tres festivales de rap, incluido ‘De la calle pa la cárcel’ el pasado 6 de noviembre, del cual fue cabeza de cartel.

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“Acá fui capaz de plasmar figuras sin necesidad de verlas, cosa que antes no podía. Es sorprendente cómo tu mente es capaz de recordar con detalle el cuerpo femenino”, explica. Pero en el papel no dejó de reflejar su tristeza, acrecentada, por ejemplo, por los maltratos que sufría su mamá. También se ha acercado a la religión, pues su familia practica la fe cristiana y aunque él no es devoto, ha aprovechado esta experiencia para acercarse a Dios y leerle la biblia a sus compañeros. Omar es creyente, pero se considera una “oveja descarriada”.

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Para sostenerse en una cárcel extranjera, dice él, se ha gastado 100 millones de pesos, incluido un millón mensual en uso de celulares. Tiene ahorros y negocios, y también recibe remesas provenientes de distintas partes del mundo, y hasta un policía le ha ayudado. “En Colombia, una vez iba en mi moto y el policía me paró para una requisa. Me reconoció y me pidió un autógrafo. Hace un año y medio se enteró de que estaba acá, me saludó por Facebook y me envió plata”, recuerda.

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Dibujo dedicado a sus dos hijas

 

 

Ahora que recupere su libertad planea regresar a Colombia y terminar la grabación de su disco Modus operandi, el cual ha tenido bombo desde hace mucho pero sigue inconcluso. Otro de sus planes ambiciosos, y en el cual lleva camellando ya 13 años, es un documental que cuenta la historia del hip hop nacional desde su perspectiva. Este trabajo tiene expectantes a varios conocedores de esta cultura. “Omar fue uno de los precursores, por no decir el primero. Estamos ansiosos por conocer su versión de la historia; hay diferentes puntos de vista pero no el de él”, comenta Meco Saldaña, director de Zona 57, medio especializado en esta cultura. Este trabajo se ha grabado principalmente en Estados Unidos y mostrará entrevistas hechas a distintas personalidades de la movida, algunas ya fallecidas.

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Su vida, dice él, se resume en uno de los dibujos que ha hecho estando en la cárcel, La vida loca: pintó la fachada de dos prisiones, al lado fechas, ciudades, dados, payasos y, en dos corazones rojos, escribió los nombres de sus hijas. “De lo único que me arrepiento es de haberme alejado tanto tiempo de mis hijas por ir a conseguir dinero. Hubiera preferido vivir más humildemente pero cerca de ellas. De resto no cambiaría nada”.

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