Siguen los diálogos sobre la desvinculación de menores de 15 años de las filas de las FARC, pero tratar de entender para qué los usan los amos del conflicto aún es escalofriante. Tener confianza con la muerte y con matar antes de aprender a vivir es típico de una nación descompuesta que obliga a sus individuos a dejar de soñar.







