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El arte de Carlos Santa y la animación experimental en Colombia

Hablamos con este realizador bogotano durante su paso por el Festival de Cine Experimental de Bogotá Cine Autopsia 2019. A 34 años de su primer filme hablamos con este pionero de la animación nacional sobre una obra que ha influenciado varias generaciones de artistas.

Daniela Parra

La trayectoria de Carlos Santa (52 años) se ha dibujado en arena sobre vidrio, pintura, dibujo sobre papel, óleo, acuarela, acrílico, collage, grabado y tinta china. Desde 1989 cuando exhibió su obra El pasajero de la noche hasta 2014 con El Jardín de los secretos, este animador bogotano se ha dedicado a explorar la combinación entre las artes plásticas y el cine y su trayectoria es una de las más aclamadas entre los realizadores nacionales. 

Desde muy temprano, Santa tuvo una vida cercana a las artes, la literatura y la música, lo que lo puso en una encrucijada a la hora de escoger qué carrera seguir. Graduado de artes plásticas de la Universidad Javeriana, este artista se encontró en la universidad con el cine y fueron sus amigos cineastas quienes lo convencieron que ese era también su camino.

 

Entre 1985 y 1990, con apoyo de un grupo de amigos dibujantes y artistas plásticos nació El pasajero de la noche (1989), que fue el comienzo de un viaje experimental donde no había referencias claras a la animación pues el escaso material que se encontraba estaba en embajadas como la alemana, la francesa y una asociación colombo checa que tenía películas de la escuela oriental. 

“Algunos ya teníamos la idea de por dónde meternos. Las preguntas eran si aguantaba el tipo de trama que teníamos y hasta donde se podían mover las cosas tal y como nosotros las teníamos. Ese fue el reto y ahí ya quedamos matriculados, digo matriculados porque muchos de los artistas cuando tocan el desplazamiento y el tiempo después ya no quieren volver a la forma espacial, se vuelve muy importante el desarrollo espacio temporal pero para mi había una razón de más, el cine es un arte promiscuo entonces toma de la música, toma de la literatura, de la danza de de la poesía”, cuenta Carlos.

El paso definitivo a la animación lo dio cuando se dio cuenta que en verdad ésta podía ser un desarrollo del trabajo plástico e impulsarlo más allá. En las caricaturas que veía de pequeño pensaba que no era una posibilidad para él y encontró entre pruebas y errores que este camino si era el indicado. “Cuando animo me siento en un ritual. Parece que para una persona religiosa es más fácil la comparación porque se parece más a estar rezando, osea que pierdes la idea de la propia temporalidad, al estar trabajando pasas a otro nivel, entonces ya estás a fracciones de segundo, contando al día “ve ya tengo medio segundo” pueden haber pasado varias horas pero eso ya no te importa tanto”, señala.

 

Filmaban entre amigos en 16 mm, revelaban en el baño y hacían loops largos para ver si se movían. Todo se construía desde la resistencia del ojo y su velocidad. Para conseguir los materiales fue de vital importancia la comunidad cinematográfica, los fotógrafos les regalaban latas para hacer pruebas y las muestras finales se filmaban en 35 mm en estudios como el del maestro Nelson Ramírez, un pionero de la animación publicitaria en el país que con su trabajo forjó una escuela de animadores que plasmaron en cortinillas y comerciales la cultura colombiana. 

Entre el equipo de trabajo de Carlos Santa relucen nombres de artistas reconocidos del país como Roberto Pizarro, Margarita Monsalve, Juan Manuel Lugo y Víctor Gaviria, entre otros. El taller de trabajo de Santa y sus amigos se ubicaba en la Calle 22, en un edificio viejo frente al Teatro México “Ahí era donde proyectábamos los rollos. Al proyeccionista le encantaban y lo pasaba antes de películas como La niña de la mochila azul para torearnos”, cuenta. 

Mucha gente pasó por el taller de Carlos, algunos llegaban y hacían un dibujo, dos, cinco o veinte, otras personas llegaron a hacer un perro o un pájaro, pero el grupo base era de cinco personas. Entre los proyectos y pruebas el equipo de Santa fue el primero en hacer rotoscopia - la técnica donde se redibuja manualmente el contorno de imágenes captadas en video de las acciones en la vida real - de arte en Colombia.

 

Su primera pieza de animación, El pasajero de la noche siempre narra el viaje del señor Isaac Ink y su muerte. Se trata de un recorrido por la academia, la religión, el poder político y el arte donde se plasma la idea de un mundo decadente en el cual este ser no encuentra lugar.

En 2009 estrenó su pieza Los extraños presagios de León Prozak, un largometraje de animación experimental en el que, a través de pinturas animadas, explora asuntos como el erotismo, la mística y una forma del humor expresionista junto a diferentes artistas. Cuenta Carlos que fue un proceso duro pues, aunque pudieron avanzar con los grupos de artistas de la universidad, tenía siempre encima la falta de recursos. Aunque estos jamás llegaron, pudieron terminar el largometraje con varios errores que hubiera querido mejorar, pero que en su tiempo era una labor imposible. 

Sobre obras más recientes como El jardín de los secretos (2015), Mar de fondo (2011) cuenta que fueron más divertidas y ligeras por tratarse de cortometrajes, piezas igual que Fantasmagoría, pieza que realizó para su grado en la Javeriana. Este año Carlos Santa fue uno de los invitados especiales del Festival de Cine Experimental de Bogotá Cine Autopsia 2019, en el que llevó a cabo el taller "Animación y Realidad". En el festival compartió varias de sus experiencias y anécdotas como realizador. 

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Este animador prefiere trabajar a partir de la imagen, no intenta hacer un discurso, así logra realizar los cortometrajes, con las películas es diferente, necesita tener un guía para mantener una articulación entre puntos de los sesenta minutos. En este tema el artista reflexiona sobre las obras, el discurso y el público. Santa opina que al público no le importa tanto el discurso del artista y hay que dejarle la posibilidad al arte de traicionar. “Las obras que son de época me parece que marcan mucho la opinión del artista y pierden la oportunidad de mostrar las otras facetas ocultas, también la lectura que se tiene de la realidad”, señala.

 

 

Las películas de Carlos han viajado más que él. Salvo por Asia, afirma, sus filmes han estado en casi todas partes. Según dice, las experiencias del público frente a su obra son muy reconfortantes. Santa cuenta que en el exterior les causaba gran sorpresa cuando decía que venía de Colombia y se dedicaba a la animación. Sin embargo, este bogotano sigue trabajando en el país pues ha encontrado muchas personas interesadas en participar y compartir como los estudiantes universitarios, incluso personas como el vendedor de empanadas que lo reconoce y le dice que lo quiere patrocinar. “Me gusta la relación con el público porque no te deja indiferente, o te da piedra y te vas o enfrentas al director y le dices “no entiendo nada de lo que estás haciendo” o a la fascinación, la sorpresa”, agrega.

Con respecto a su próxima película, Carlos cuenta que abordará temáticas como la mutación antropológica que ha sufrido el hombre contemporáneo por la tecnología y el desprendimiento de su cultura. En esta historia quiere plasmar cómo el imperio de la imagen industrializa todo el trabajo artístico. Su trabajo constante en medio de un mundo donde la animación va cada vez más rápido y más lejos muestra que, sin duda, Carlos Santa es un abanderado de la animación en el país.

 

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