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La ciencia ficción habla del presente, no del futuro: Liam Young y su arquitectura especulativa

Para este arquitecto australiano, los desarrollos tecnológicos están llegando más rápido que la capacidad de nuestra cultura para entender qué significan. “Están llegando antes de que sepamos realmente cómo van a ser utilizados”. En su paso por el Bogotá Audiovisual Market-BAM, hablamos con Young sobre la estrecha relación que hay entre tecnología y naturaleza y sobre un futuro en el que los humanos ya no son el centro del planeta.

Julián Guerrero / @elfabety

Resulta difícil imaginarnos un mundo sin humanos. Una buena parte de las obras de ciencia ficción narra mundos en los que la tecnología se ha desborado, mundos con ciudades caóticas y empobrecidas habitadas por humanos que son también máquinas. Incluso, a veces, intervienen en las tramas seres multidimensionales que están lejos de nuestro entendimiento. A pesar de todas estas ficciones a las que estamos expuestos a través del cine y la literatura, apenas se nos pasa por la cabeza que lo que hoy construimos, esos espacios que habitamos, decoramos y mostramos, en el futuro serán compartidos por especies y paisajes que tomen nuestro lugar cuando dejemos de ser el centro del planeta.

Este es el escenario que vislumbra Liam Young, un realizador y arquitecto australiano que se ha especializado en arquitectura especulativa y en el análisis de los paisajes que tendrán lugar en la Tierra del futuro, con quien hablamos durante su paso por el Bogotá Audivisual Market-BAM. Este arquitecto es el fundador de Tomorrows Thoughts Today, un grupo que explora las posibilidades del urbanismo especulativo, y es también director de Unknown Fields Division, un proyecto nómada a través del cual viaja a diferentes espacios de la tierra para documentar las tendencias emergentes y, según estas, proyectar ideas para el futuro.

 

 

Para Liam, el momento que vivimos es el de una tecnología que actúa como una fuerza desbordada que cambia nuestras vidas. Mucha de esta tecnología, según cuenta, cabe dentro de la idea de “tecnologías anteriores a la cultura”, es decir, desarrollos que están llegando más rápido que la capacidad de nuestra cultura y memoria para entender qué significan. “Están llegando antes de que sepamos realmente cómo van a ser utilizadas, antes de que entendamos lo que significa para nosotros, antes de que el marco legal pueda acomodarse a su funcionamiento, regularlas y protegernos de ellas”, afirma.

Los drones, la inteligencia artificial a escala urbana o los carros sin conductores son tecnologías que para este arquitecto están en capacidad de cambiar nuestra vida. La rapidez con que tienen lugar estas transformaciones y la inseguridad e incertidumbre que nos suscitan sobre el devenir del mundo, no sólo incentiva la creación de proyectos para el futuro, sino también a contar historias sobre estas tecnologías para así poder prepararnos para lo que viene.

 

 

Él mismo ha sido un abanderado en esta exploración. Los drones, por ejemplo, no sólo han hecho parte de algunas de sus piezas audiovisuales de ciencia ficción como Drone Romance, sino que también han hecho parte fundamental de proyectos como Loop>>60HZ: Transmissions from the drone orchestra en el que colaboró con John Cale, violinista de Velvet Underground. Cada uno de los drones disfrazados sobrevolaba los espectadores llevando diferentes sonidos de orquesta que producía Cale.

La investigación de este arquitecto, como el mismo afirma, no tiene que ver con la fantasía. Para su trabajo, dice, es necesario hacer una diferenciación entre la “fantasía ficcional”, donde cabrían experiencias como la de Star Wars o Avatar, y la “ciencia ficción productiva”, campo sobre el que trabaja. Desde su punto de vista, la primera construye historias de escapismo antes que relatos que tengan una relación crítica con el presente, contrario a lo que sucede con la ciencia ficción productiva.

 

 

“Lo que realmente es emocionante de la ciencia ficción no es esta fantasía salvaje que produce, no es una predicción sobre el futuro que se nos avecina, sino la manera de mirar el momento presente en el que nos encontramos y ayudarnos a tomar decisiones sobre lo que vivimos y hacemos hoy. La ciencia ficción realmente es sobre el presente y no sobre el futuro”, cuenta.

Esto puede verse a través de detalles como su visión sobre la naturaleza, la cual involucra el desarrollo de tecnologías por parte de la humanidad como una constante ineludible. Como lo ha repetido en distintas ocasiones, la humanidad debe dejar de hacer una distinción tajante entre naturaleza y tecnología y comenzar a pensar en la tecnología como una parte inevitable del ecosistema.

 

 

“Muchos de los problemas que hemos creado entre nosotros tienen que ver con que hemos estado definiendo estas dos condiciones separadas una de la otra. Regulamos la tecnología, regulamos la naturaleza y no vemos que hacen parte del mismo sistema. Lo que ocurre ahora es que ya no hay naturaleza y quizá nunca ha existido de la manera en que culturalmente la hemos definido. La tecnología ha estado desde siempre conduciendo la evolución de muchas maneras. Literalmente hemos reconstruido la tierra, desde el cielo hasta las placas tectónicas a través de la tecnología. Así que no podemos hablar de una “naturaleza”. Todo ha cambiado a través de nuestros sistemas tecnológicos”, dice.

 

 

Para Liam, el reto que la humanidad tiene en adelante consiste en pesar cómo dichas tecnologías pueden estar replanteándose al punto de estar abriendo espacios para especies no humanas. Para desarrollar y recobrar el planeta. De ahí que este arquitecto y realizador haya comenzado a interesarse en diseñar aquello que va más allá de lo humano. Convencido de que nuestra sociedad está al final del llamado “diseño centrado en el ser humano”, Liam está interesado en exploraciones como el diseño centrado en la atmósfera, en el bosque o en la selva. Esta circunstancia, según cuenta, lo ha llevado a pensar espacios en los que naturaleza y tecnología pueden convivir y adaptarse, en lugar de seguir pensado cómo la tecnología puede hace mejor y más cómoda nuestras vidas. Este año Liam publicó un libro titulado Machine Landscapes, una obra que explora las nuevas condiciones que estamos construyendo para nosotros y pensando en un futuro donde los edificios y espacios dominantes que ahora rigen nuestras vidas ya no existen para nosotros. Cuenta Liam que ya no se trata de construir espacios para los humanos, sino para las máquinas.

 

 

Aunque la propuesta de Liam supone un estado del mundo en el que los humanos ya no son el centro de la vida en el planeta, no significa que se trate de un futuro sin humanos. Según dice, nos hemos esforzado tanto en diseñar el futuro para nuestras propias necesidades y deseos que, cree, estamos en un punto de crisis en el que necesitamos comenzar a pensar cómo podemos diseñar condiciones en las que ya no somos los privilegiados y ayudar a condiciones no humanas. 

“Si hablamos de naturaleza y ecología y de cómo ayudarla para prevenir su fin –dice Liam–, pienso en un sistema hídrico, por ejemplo, en un río. ¿Cuál es el sentido de preservar los peces del río? No se trata de aumentar el número de peces para ir a pescarlos cada vez que queramos, ni de tener más peces para que cuando vayamos de vacaciones podamos bucear y verlos. En este escenario del futuro, incrementar el número de peces tiene que ver con el hecho de que ellos tienen tanto derecho de estar en ese río como nosotros. El punto sería crear tecnología e inteligencia artificial que pueda regular el río y no que pueda ayudarnos a solucionar nuestros deseos de gobierno sobre éste”.

 

 

En la actualidad Liam dirige la maestría Fiction and Entertainment, en SCI-Arc. Asimismo, durante su trabajo ha colaborado con figuras como Deborah Harrison, diseñadora de Cortana, el asistente virtual de Microsoft y Paul Inglis, diseñador de los paisajes de Blade Runner 2049. Aunque desarrolla la mayor parte de su trabajo en Estados Unidos, este realizador opina que una de las tragedias más grandes de la ciencia ficción contemporánea es que, aunque el medio es bastante poderoso, lo que más se cuenta son historias y narrativas muy occidentalizadas sobre el futuro. Lo que busca Liam a través de su ejercicio especulativo es contar historias posoccidentales, donde la tecnología alcance y se desarrolle en la subcultura.

Citando a William Gibson y su obra Burning Chrome, Liam Young recuerda esta famosa frase: <<La calle encontró su propio uso de las cosas>>. Lo más interesante de la tecnología, explica sobre el sentido de la frase, no está cuando se desarrolla y comienza ser usada por hombres blancos en ciudades como Nueva York, Londres o Los Ángeles, sino cuando se vuelve asequible para todo el mundo y en todo lado y comienza a demostrar su verdadero poder. “Empiezas a ver cómo la tecnología comienza a ser usada en formas en las que no estaba planeada, cómo la gente la hackea y le da un nuevo propósito. Esas son las historias que debemos contar, historias donde la tecnología es cooptada, decorada, cubierta de grafiti y usada para enviarse mensajes entre jóvenes o incluso para alterar los sistemas de seguridad de las ciudades”, agrega.

 

 

Aunque la apuesta futurística de Liam Young no es la más popular en el mundo audiovisual de la ciencia ficción, su exploración arquitectónica y narrativa nos permite pensar una versión alternativa del futuro a la que nos hemos acostumbrado. Si bien de entrada puede resultar chocante la posibilidad de un planeta del que ya no somos el centro, la exploración de nuevos escenarios en donde pueda mostrarse en todo su esplendor una naturaleza asimilada por la tecnología, también nos permite salir de los paisajes usuales y pensar en otros países, ciudades, bosques y selvas como ventanas al futuro. Como bien lo dice Liam: “Ya no necesitamos ver humanos robóticos en la Nueva York del futuro. Yo quiero ver el futuro de China, de India, de Brasil, de Colombia… porque creo que estas naciones en desarrollo van a redefinir cómo serán nuestras ciudades en el futuro”.  


 Sígale la pista a young en su canal de Vimeo.

 

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