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Foto portada de OG Palomo

¿De quién es la calle?: pintura callejera y censura en el Paro Nacional

Durante los últimos días el arte callejero ha sido un canal de comunicación para denunciar los crímenes de Estado y levantar los ánimos. En medio de la coyuntura las reglas del grafiti han cambiado y es más que alentador ver cómo las brochas y los extensores son las armas que empuña el pueblo para exigirle a sus dirigentes justicia social.

@sinsecuencia

Los ejercicios de intervención en el espacio público han estado mediados desde siempre por la persecución y represión policial. En el grafiti tradicional, una práctica ilegal en la que escritores llenan las ciudades con sus firmas y se toman el espacio público, la policía siempre ha estado para impedir el ejercicio. Es algo que se entiende y es parte del juego.

Sin embargo, en medio de la coyuntura que vive Colombia hoy en día con más de quince días de movilizaciones, el asunto trasciende el ejercicio de la pintura callejera habitual. Aunque ya se conocían casos de censura como el del mural de ¿Quién dio la orden?, en el Paro Nacional actual la censura al arte callejero se ha hecho más directa y agresiva, lo que ha cambiado las reglas de juego. 

Hoy en día el arte callejero se ha convertido en un canal para comunicar lo que en los medios corporativos de comunicación no se ve, motivo por el cual muchos muros han sido tapados por la fuerza pública o por simpatizantes del gobierno. Colombia Antiuribista, Nos están matando o Estado Asesino, son algunas de las consignas que han pintado artistas en ciudades como Cali, Bogotá, Duitama, Medellín y Cúcuta, entre otras. Desde distintas colectividades se han forjado juntes durante este par de semanas para, a punta de arte urbano y grafiti, denunciar aquello que en otros espacios es omitido o censurado.

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Fotos de Jorge Luis Estupiñan

“El arte callejero, grafiti, muralismo, todas estas categorías forman el quinto elemento de la comunicación masiva. Tienen una particularidad y es que no dependen directamente del poder que tiene centralizada la comunicación. En Colombia es claro que se revisa qué se dice y quién lo dice, por eso tú en el grafiti vas a encontrar lo que no sale en ningún medio de comunicación. Lo que nadie quiere decir, el grafiti lo dice. Lo que nadie quiere escuchar, el grafiti lo dice”, afirma Kiwe (como se le conoce en Cali) o Azur (como le conocen en el sur del país), artista urbano que durante las manifestaciones ha dejado piezas con mensajes políticos y reflexivos junto a creadores como Kaos, Alpajaguar Crew, Sok, Chávez, Loly, y la comunidad de Sibundoy y de Cali.

A lo largo y ancho del país no solo las paredes, sino también las carreteras, se han llenado de murales y piezas gráficas en las que se denuncia la violencia del Estado, se alienta la manifestación o se hace un reclamo a la memoria. Así mismo, distintas ciudades del país como Bogotá, Medellín o Cúcuta han sufrido la censura y se han impuesto ante ella pintando de nuevo los muros que les han tapado. 

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Muro censurado por el Ejército en Medellín. Foto cortesía de Juan David Quintero.

En Medellín, por ejemplo, un parche diverso compuesto por grafiteros de la ciudad, artistas callejeros y barristas, se reunió para ejecutar unos bloques con la frase Estado Asesino. La respuesta del gobierno no se hizo esperar y días después de la acción, a las 4 de la mañana, un grupo de militares llegaron con cuñete y rodillos para tapar el muro.  

“Borraron el mural de Estado Asesino, sin embargo, no pueden borrar lo que está pasando en Colombia. Sabíamos de la incomodidad que podría generar el manifestar algo que hace parte del sentir de la ciudadanía. Nos están matando y lo siguen haciendo en total impunidad. Pueden borrar todos los muros que quieran. El mensaje que damos es claro. Que censuren el mural nos da la razón. Estamos en un Estado asesino”, publicó la comunidad artística de Medellín que hizo parte de esta pinta luego de ser tapada. Días después, se instala el mismo parche para pintar otra frase en el mismo spot: El pueblo no se rinde carajo

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Foto tomada del facebook de Juan David Quintero

Así como en Medallo, estos mensajes también han acompañado el paro en Cúcuta donde, según señaló uno de los artistas que hizo parte de la intervención tapada la semana pasada, el acto de censura fue liderado por miembros activos del Centro Democrático.

“Las censuras recientes no son un caso aislado, son el modus operandi de este gobierno que le gusta mantenernos desinformados, y adormecidos sin saber mucho de la realidad para poder seguir amasando sus fortunas con nuestra miseria. Es el mismo gobierno que tuvo el control de Colombia por 20 años a punta de los medios tradicionales, pero lo que no han notado es que ya no es la misma Colombia. Las fuentes de información cambiaron y eso no le ha favorecido mucho al uribismo”, comenta un artista del Colectivo Nadie, de Cúcuta.

Ante la censura, este parche nacido en la coyuntura bautizado como Les Lokes del Ritmo, se volvió a lanzar a las calles cucuteñas a pintar y en esta ocasión fueron dos las intervenciones hechas por este colectivo. Este grupo está conformado por artistas del Colectivo Nadie, Elemental Crew, Frontera Morada, Las Mijas, Derecho a no obedecer, y más movimientos juveniles de la ciudad. “Pura ciudadanía inquieta pensando en formas estéticas y contundentes para protestar”, como ellos mismos afirman.

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Fotos de Rubén Cafu Agudelo

Las acciones callejeras que han tenido lugar en el paro involucran pintura de lado y lado. Por una parte, están las que sustentan problemáticas y por otra, las que buscan ocultar esos malestares. Este tira y afloja es coherente con los códigos que tiene la calle en relación a la intervención del espacio público. La calle es de todas y todos pueden apropiarse del espacio e intervenirlo como quieran. 

Sin embargo, en este contexto la discusión va más allá de los códigos. En un escenario social en el que las personas que se manifiestan están siendo asesinadas por pensar diferente y por demostrar inconformidad frente al establecimiento, es más que válido repensar esas dinámicas de la calle.  

Bajo esa lógica, vale cuestionar conductas como la del artista Hugo Bohz, conocido por haber intervenido hace unos años junto con otros artistas la glorieta de la carrera 30 con calle 80 con una pintada publicitaria en favor de las fuerzas militares que tuvo un costo aproximado de 30 millones de pesos. A pesar de ese antecedente, Bohz a quien le taparon un muro hace un par de días con un mensaje contundente y afín al contexto sociopolítico que atraviesa el país, “recuperó” su spot pero esta vez con un mensaje en apoyo a las movilizaciones lo que fue calificado por grafiteros y artistas como oportunismo puro y duro. En un panorama en el que el gobierno y las fuerzas del Estado nos están censurando, no se puede caer en el mismo juego. 

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Foto de Rubén Cafu Agudelo

Como señala el historiador e investigador Juan David Quintero, “el ejercicio es válido porque se está pintando en la calle, se están tapando el uno y el otro. Que se tapen entre izquierda y derecha y en qué tipo de situaciones es distinto. Acá están tapando los militares, la ultraderecha, el fascismo colombiano, porque saben que se están diciendo verdades ¿Qué más incómodo que este tipo de verdades? Ya la gente no come cuento”.

Para Quintero, si bien estas expresiones son pacíficas y artísticas, también son expresiones viscerales en las que la estética está, aunque lo que realmente prima es el mensaje. “No estamos buscando esa gran producción perfecta, estamos es trabajando entre varios parches que han sido reprimidos, censurados, cascados por los tombos y que también de alguna forma viven en un nivel social y económico muy diferente”, agrega.

Estas acciones políticas en los lienzos que prestan las ciudades permiten ver al arte urbano y al grafiti como un espacio comunicativo popular que se la juega por la democratización de las calles y la divulgación de una realidad que el mismo gobierno se ha esforzado por omitir. Sin duda, entre tanto bombardeo publicitario todas estas pintas se dan su lugar.

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En Bogotá las pintadas también se han apropiado de puntos estratégicos y monumentos que antes celebraban las glorias militares. Este es el caso del Monumento a los Héroes, al norte de la capital, que hoy en día ya no tiene una lista de ejércitos sino las consignas 6.402 héroes, Asesinar no es normal, Enemigo Público o una pintada en honor a Flex, grafitero asesinado por el ESMAD en Cali.

(Lea ‘Cambiar la narrativa sobre los jóvenes es el primer paso para acabar con el estigma que pesa sobre ellos’)

“La pintura es una forma de comunicar, las palabras a veces no alcanzan a tener ese impacto que tiene un muro. No alcanza a llegar esa grandeza del mensaje, entonces tenemos que tomar esas acciones. La pintura es esa herramienta precisa y me encanta que la gente se tome la pintura y exprese lo que sea así no sea practicante”, dice una artista de la localidad de Suba que ha estado activa en medio de las movilizaciones.

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Fotos tomadas de @centinela.industria

Y es que en la pintura callejera de estos días no solo han participado artistas y expertos; en distintos puntos del país la comunidad también se ha unido a estas acciones comunicativas. Muchas personas, aún sin tener conocimientos en esta materia, han apoyado con mano de obra las pintadas. La pintura se ha convertido en una herramienta de denuncia tan fuerte que hasta quienes no están metidos en este mundo, entienden que es una manera de expresión de gran impacto en esta coyuntura.

Así lo demuestra la pintada que Skea, un escritor de grafiti de la localidad de Usaquén, realizó en el marco del paro en un puente al norte de la capital junto al parche de la Mesa de Grafiti de Usaquén. “Se hicieron unos llamados a diferentes colectivos que se encuentran en la localidad que tuvieron una gran aceptación. La pintada se planeó un miércoles y se ejecutó ese mismo fin de semana el domingo. Aparte de eso se sumó la comunidad en general, pasaban mamás con sus hijos, biciusuarios y la gente decía que si podían ayudar”, cuenta. Por los que ya no están seguimos en pie fue el mensaje que se pudo leer en el puente. 

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Fotos cortesía de Skea

Skea tiene claro el poder masivo de estas intervenciones. Para él, esos mensajes e imágenes que los artistas están dejando al país, generan conciencia colectiva e invitan a la reflexión a la ciudadanía que se cruza con las piezas en la calle. 

Sin duda el arte ha sido una constante en medio de las movilizaciones y plantones que han tenido lugar durante más de quince días en el país. Música, circo, performance, teatro y por supuesto arte urbano y grafiti, son algunas de las iniciativas que han hecho presencia en las calles y que han dado ánimos en medio del malestar social que ronda entre los manifestantes por estos días. 

Estos mensajes y actos no solo se quedan en la manifestación. Gracias a que todo el mundo tiene hoy en día un celular con cámara en su bolsillo, tanto las pintadas como la censura que opera sobre ellas han logrado difundirse con rapidez en las redes sociales. Es por esto que los mensajes han llegado más allá del barrio en el que están pintados y las denuncias de censura se han dado con prontitud.

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Foto de @naza.carrero

En la historia quedará registrado cómo estos muros narraron la realidad de un país en el que el Estado se oponía a asumir la responsabilidad sobre los hechos violentos de estos días. El valor que la comunidad creativa ha tenido para dejar evidencia de la represión de la que históricamente hemos sido víctimas los colombianos es también un ejercicio meritorio en medio de la desinformación y el caos. 

No es requisito que el arte urbano o el grafiti compartan siempre mensajes de carácter político, pero qué bueno es que las brochas y los extensores sean las armas que empuña el pueblo para exigirle a sus dirigentes justicia social.

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Foto de José Miguel Chávez

 

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