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Todas las fotos son cortesía del gremio audiovisual de Cali

Luces para los rescatistas de Cali

A consecuencia del terremoto del pasado 10 de agosto, cerca de 75 personas trabajaron en la iluminación de más de 7 puntos críticos de la mano de un aproximado de 20 productores y productoras. Hablamos con el gremio audiovisual de Cali para conocer cómo ha sido el proceso. 

Eliana González

 

Luces para los rescatistas. Luces que se encienden en medio de los escombros. Las luces que habitualmente se usan para iluminar la producción audiovisual de historias en sets gigantes, ahora acompañan a los rescatistas en medio de sus labores. Luces que no son de rescatistas pero que llegan en medio de la noche y que permiten continuar con las búsquedas de personas vivas y muertas bajo el concreto destruido que dejó el terremoto de magnitud 7.4 el pasado 10 de agosto en Colombia y que ha sido, según el Servicio Geológico Colombiano, el más fuerte en los últimos diez años. 

 

Pero no es el único equipo audiovisual usado en medio de la tragedia. También los micrófonos unidireccionales y grabadoras de campo se han convertido en herramientas de búsqueda de vida, la búsqueda de un grito ahogado o de golpes que permitan seguir excavando.

 

“Esa misma noche nos dimos cuenta de que no funcionaba ni el agua ni la luz”, explica la vocería del gremio audiovisual de Cali. “Inmediatamente hablamos con los rental de las luces, de los equipos aquí, para poder organizarnos y repartirnos por los diferentes puntos. Así que desde el primer día estuvimos llevando luz para poder encontrar vida. Más de 75 personas trabajaron en la iluminación de más de 7 puntos críticos, junto a un aproximado de 20 productores y productoras, a pesar de que todos estábamos realmente muy afectados con lo que había pasado e incluso algunos de nosotros tuvimos graves pérdidas, perdimos casas, mejor dicho, antes de revisar nuestros propios hogares, decidimos empezar a ayudar”. Después de 5 días sin descanso se relevó al grupo inicial por otro equipo con luces. Actualmente siguen iluminando algunos puntos afectados. 

 

¡Silencio!, ¡silencio!, se escucha decir en vídeos virales de redes sociales de los momentos posteriores al inicio de las búsquedas. Es la solicitud de multitudes de voluntarios y rescatistas improvisados que decidieron actuar y no esperar a que llegara la muerte en forma de decisiones tardías e irresponsables por parte del Gobierno saliente o entrante. Artistas, civiles, vecinos que al unísono cuentan: uno, dos, tres y levantan su puño para guardar silencio.

 

Según medios de comunicación como El País, CNN en Español, entre otros, Javier Pava, director de la UNGRD, dijo que Colombia tenía suficientes equipos para el rescate y que era mejor priorizar la ayuda tecnológica y humanitaria. El pronunciamiento del saliente director de la UNGRD contrasta fuertemente con la realidad de los vecinos, mujeres y hombres que han estado excavando con las manos. Los voluntarios que hoy sacan a sus familiares de los escombros no tienen ningún certificado y el número de rescatistas es mínimo al lado del grupo inmenso de personas que sin ningún tipo de conocimiento se han sumado a las búsquedas.

 

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“La comunidad fue la primera en llegar a los sitios de desastres”, cuenta la vocería. “Entonces la misma comunidad también se empezó a organizar para solicitar las donaciones, para organizar cada uno de los puntos y sobre todo para mover los escombros antes de que llegaran cualquiera de los equipos de rescate”. El gremio audiovisual de Cali asegura que los equipos de rescate estaban en los puntos más críticos y que sin embargo había muchos puntos en la ciudad desatendidos.

 

Hoy también hay directores, sólo que esta vez la función la lidera un vecino que guía, tal vez un bombero o algún rescatista. La ocasión no amerita una claqueta, pero sí un equipo coordinado, motivado, manos laboriosas, cuerpos que sin descanso hacen filas enormes para levantar escombros, para encadenar la esperanza a la remoción de una piedra.

 

Y qué me dicen de los productores que han surgido en todas partes de Colombia para gestionar recursos; productores audiovisuales, influencers, gestores culturales, activistas y gente del común que han logrado llenar aviones y camiones, han hecho recolecta de recursos y han reunido montos de dineros impensables en otras ocasiones.

 

“Los primeros días fueron unos días de mucha emergencia”, asegura el gremio, “entonces empezamos a tener un comité, a tener una reunión diaria para organizar las prioridades de cada uno de los días y también los equipos, entonces sabíamos que contábamos con técnicos de iluminación, acompañados por productores para cuidarlos, para saber qué necesitaban, para protegerlos, nosotros desde el segundo día nos hicimos escarapelas para que nos pudieran identificar, llegamos a los puntos, empezamos a hacer recorrido e identificar los líderes para tener contacto directo”.

 

El trabajo de los y las productoras audiovisuales se centró en hacer lo que mejor saben hacer, gestionar recursos, logística, transporte, alimentos y cuidados. Desde el segundo día abrieron una cuenta para recibir donaciones, generaron dos centros de acopio, promovieron alianzas dentro del mismo sector con empresas privadas y fundaciones. 

 

Cuentan que después de los primeros cuatro días de estar trabajando en los puntos sin descanso, se volvió psicológicamente muy difícil. Las luces y micrófonos contribuyeron al hallazgo de vida en los primeros días, lo que los mantenía con la esperanza intacta, pero a partir del cuarto día las esperanzas de vida se redujeron considerablemente. Eso sumado al olor de los cuerpos, el polvo y materiales tóxicos producto de las edificaciones colapsadas, hizo que emocionalmente sintieran que no podían más, pero se mantuvieron a punto de relevos y vieron en la comunidad un sostén para continuar.

 

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Consiguieron cascos, chalecos y tapabocas N95. Gestionaron un grupo de transporte para llevar recursos a la ciudad y municipios afectados, ese grupo de productores se encargó de cubrir necesidades 24/7; para transportar, ubicar carpas, ropa, albergue, zapatos, comida, etc.

 

“Nunca habíamos tenido que soportar tanta presión emocional y tanto dolor, realmente es algo demasiado doloroso de ver, de soportar y lo estábamos soportando gracias a la solidaridad de toda la ciudadanía, que creo que fue el motor principal para nosotros estar tantos días activos y apoyándonos entre todos, aquí nos hicimos una familia”.

 

Mientras los escuchaba relatar los días más difíciles de la emergencia por el terremoto y me conmovía hasta las lágrimas, recordé todas esas veces que a modo de chiste en conversaciones sin importancia entre amigos se ha cuestionado cuál sería la labor de los y las artistas y humanistas en medio de escenarios catastróficos o “apocalípticos”; subestimado el sector artístico y cultural, pero para sorpresa de nadie, es uno los sectores que más se mueve en medio de la adversidad para gestionar ayudas como respuesta a una emergencia nacional o a situaciones de injusticia que ocurren en el país.

 

Tal vez esta necesidad de movimiento, de poner las manos, el cuerpo y hasta los equipos de trabajo proviene de la resistencia artística y cultural que acompaña al sector, que los hace vivir del arte contra todo pronóstico, una terquedad innata digna del que arriesga todo para vivir de ideas que muchos consideran locas. Los artistas, aquellos que cuentan historias hasta dormidos, hoy se paran para juntar recursos, para donar la venta de sus obras, organizan estampatones, destinan las ganancias de presentaciones, fiestas, talleres, fotografías y conciertos, levantan sus voces en redes sociales y se suman como voluntarios. Si algo caracteriza al sector artístico es su capacidad de organización, su voz a voz, su profunda humanidad.

 

“Esto está naciendo, es una iniciativa colectiva, es el trabajo incansable de muchas personas, 75 técnicos de sonido, somos más de 20 productores, somos más de 30 sonidistas, somos muchos del sector audiovisual trabajando por esto, además también muchísima gente a nivel nacional ha estado pendiente y ha estado dispuesta a ayudar, incluso mucha gente se ha venido para Cali para poder atacar y atender esta emergencia”.

 

Ver la muerte de frente y no a través de un lente, ver a las familias desalojadas, a los ancianos sin un techo y a los niños durmiendo en carpas. Ver a la ciudad en la que creciste destruida y a tu gente sin nada le rompe el corazón a cualquiera. 

“Yo creo que todos lloramos al menos cinco veces al día porque es insoportable”, aseguran las personas involucradas en el gremio audiovisual de Cali. “También creo que aquí hay que tener una fuerza de espíritu muy grande y un sostén. Para nosotros el sostén han sido los amigos, el gremio y la gente, nos cuidamos entre todos y eso también ha sido muy valioso”.

 

Hoy Colombia es un gran set a cielo abierto en el que no hay un guión, pero en el que sobra dignidad. Es sin duda un escenario doloroso de ver, uno en el que el sector artístico apagó los proyectores de la ficción para encender la luz entre las ruinas.

 

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“Uno de los sonidistas, por ejemplo, fue el que escuchó a Diana”, explican, “la médica que estaba en Torres del Limonar; él fue el que la escuchó, él me compartió el audio y él le habló, le dijo: Bueno, cuéntame cómo estás, cómo te sientes. Ella dijo: estoy bien, no veo nada, está todo oscuro,  tengo la mano y el pie lastimado. Entonces él le dijo: tranquila, guarda energía, ya vamos por ti. Entonces sí, fue muy emotivo realmente para todo el equipo de búsqueda de los sonidistas, trabajar de la mano con todos los rescatistas, con el PMU y apoyarnos con la comunidad que llegaba con comida y ayudas. Ahora vamos a reconstruir nuestra ciudad y siempre apoyados en la comunidad”.

 

“Sólo el pueblo, salva al pueblo”, se lee en las redes sociales. Un pueblo que se sostiene en la esperanza, en la unión. Un pueblo que demostró que no necesita decisiones oficiales para entrar en acción. Hoy a Colombia la dirigen aquellos que con su puño en alto nos enseñan a guardar silencio y a autogestionarnos en medio de la tragedia.