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Ledania, en la ruta hacia el neomuralismo

Ledania es una ilustradora y muralista incansable cuya obra ya podemos considerar como uno de los orgullos de nuestro arte urbano local. Con sus piezas poderosas se ha ganado a pulso un espacio en la escena del graffiti latinoamericano.

Andrés López

Desde niña cantaba, tocaba la guitarra y experimentaba con vinilos y acrílicos. Cuando conoció el aerosol, hace siete años, a sus lienzos y libretas de dibujo se sumaron los muros de la calle. Ledania, o Diana Ordoñez, como la bautizaron sus padres hace 28 años, estudió Artes Visuales en la Universidad Javeriana. Hoy se codea con las firmas más reconocidas del arte urbano latinoamericano.

La etimología de su seudónimo la ha explicado infinidad de veces: es la unión de Leda, la célebre fémina seducida por Zeus en la mitología griega, y su nombre de pila. Pero “Ledania” no nació en su taller como un tag para firmar sus obras, sino en un café internet como un nickname de LatinChat, hace 13 años. Desde entonces lo ha usado para firmar desde cartas, lockers o pupitres del colegio, hasta los murales en los que pinta sus geometrías y animales imaginarios.     

Has dicho que por ser mujer tienes ciertas ventajas. La policía, por ejemplo, no te jode tanto como a tus colegas hombres. Pero más allá de eso, la típica dicotomía hombre-mujer en el arte parece incomodarte.

Me molesta mucho el hecho de que la gente le tenga pesar a las artistas: “¡Eres mujer! ¿Cuéntame cómo empezaste?”. Las mujeres tenemos las mismas capacidades que cualquier hombre. Hace poco hablaba con un grafitero súper famoso de Colombia y me decía que nosotras la tenemos más fácil porque somos pocas. No hay muchas mujeres, porque precisamente venimos de una época en la que vivíamos en pro del hombre, como instrumentos de reproducción o las encargadas del hogar.

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Pero también odio esos grupos que dicen “somos mujeres, vamos a hacerlo todo juntas porque somos distintas”. Últimamente he considerado hacer neomuralismo: trabajos hechos a gran formato con graffiti, sin involucrarme directamente en el graffiti. Así como no me encasillo en el arte, tampoco quiero hacerlo por ser mujer.

"Pinto metáforas y busco cambiar el día de las personas, que imaginen algo distinto".

 

¿Qué pasó con el blog en el que publicabas lo que escribías? ¿Por qué dejaste de actualizarlo?

En realidad no dejé de hacerlo, solo que ahora lo hago como algo personal y no público. Antes vivía con mis papás y tenía más tiempo para escribir, hasta había hablado con una editorial para lanzar un libro con textos y obras mías. Algo que influyó en que escribiera menos fue que una vez alguien fue a arreglarme el computador y dañó el disco duro. Ahí se perdieron todos los textos.

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En tu trabajo como freelance, ¿cómo manejas el tema de la complacencia al cliente que te contrata para hacer una ilustración o pintar una pared?

Siempre es difícil complacer, sea al que sea. Me gusta que mi trabajo no se vea prostituido con la idea del cliente y no concibo hacer obras con las que no me sienta a gusto. En esos casos le paso el trabajo a alguien que sí pueda cumplir las expectativas. No toco temas políticos ni religiosos, mis obras tienen un legado más positivo y no me interesa involucrarme en un problema sino en una solución, una distracción para la gente que no va a una galería. Pinto metáforas y busco cambiar el día de las personas, que imaginen algo distinto.

Hablemos del color en tu obra. Por lo regular tu trabajo es muy colorido, pero en ocasiones te vas por el blanco y el negro. ¿De qué depende uno u otro camino?

Comencé pintando en blanco y negro, porque en esa época hacía metáforas hacia el pasado. Llegó el punto en que la gente me conocía principalmente por estos dos tonos. Un día me desperté con ganas de cambiar de técnica e irme por un estilo distinto. Así llegó el color.

Estos cambios los aplico a todo: mi trabajo, mi vestimenta, mi cabello y mis tatuajes. Me aburro de las cosas y después las retomo. Ahora estoy trabajando mucho con el blanco y negro de nuevo.

¿Improvisas mucho?

Todo el tiempo. No me gusta que mi obra se encasille y siga una dirección artística en particular. Muchas veces ni siquiera les obedezco a mis bocetos. Hago un diseño y cuando llego al sitio me doy cuenta de que no es lo que esperaba. Amo improvisar y el rumbo que puede tomar el trabajo. Así como me he tirado varias piezas, siento que también he mejorado varias. Curiosamente al público le suelen gustar más mis improvisaciones. Cuando les muestro un trabajo que seguí al pie de la letra, su reacción es como “Ok”.

Y en muchas de esas improvisaciones los protagonistas son los animales.

En realidad no son animales, son demonios, o por lo menos así los veo. Últimamente sí he pintado muchos insectos, pero eso es por el gorgojo jirafa, una especie que se encuentra únicamente en un tipo de árbol de Tasmania. Cada cierto tiempo una de las hembras nace con el cuello largo y hace las mismas labores que los machos, sin sufrir ninguna discriminación. Así me siento: puedo no ser muy alta, pero soy capaz de hacer parte de actividades en las que hay principalmente hombres.

"No estoy de acuerdo con esa victimización de los artistas que dicen que hacen su trabajo “por amor al arte”. Me gusta vivir bien, viajar y comprarme mis cosas, no vivir en un cartón".

 

¿Y cuándo empezaste a trabajar geometrías?

Eso salió cuando fui a una exposición de arte en donde había personas mayores trabajando con vitrales. Vi el trabajo de ellas y me gustó. Fue una etapa muy corta, pero la gente siguió recordándome por eso, hasta mi papá tenía diversas opiniones, porque creía que este trabajo con muchas puntas era bastante agresivo. Dejé de hacerlo porque me parecía que mucha gente me estaba imitando y este estilo se estaba convirtiendo en una moda.

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¿Cómo te la llevas con la crítica? ¿Cómo recibes las opiniones de otros artistas, de los académicos o del público sobre tu trabajo?

De mi papá y mis amigos siempre tuve buenas críticas, pero recuerdo que cuando era niña vivía en un barrio donde a la gente no le gustaba mi trabajo. Qué curioso es ver cómo le caes a la gente dependiendo de tu reconocimiento. Cuando salí en televisión todos los que me ignoraban empezaron a seguirme. De querer llamar la atención pasé a llamarla de verdad.

En tu Facebook estuviste en contra del trato que te dieron en la Bienal de Asunción (Paraguay) del 2015. ¿Qué fue lo que pasó?

No estoy de acuerdo con esa victimización de los artistas que dicen que hacen su trabajo “por amor al arte”. Me gusta vivir bien, viajar y comprarme mis cosas, no vivir en un cartón. El arte vale y a los creativos se les paga para darles vida a los lugares donde estamos, de lo contrario viviríamos en miserias visuales.

Resulta que el año pasado estuve con otras artistas en una bienal de arte en Asunción, precisamente para hacer unos murales sobre el grito de libertad de la mujer. En Paraguay hay un problema enorme de machismo y en la calle ni siquiera se ven mujeres, todas están encerradas en la casa.

No tuvimos las condiciones necesarias: nos dieron los materiales cuatro días tarde y me dejaron con otras ocho personas en un hostal, donde teníamos que hacer fila para bañarnos, mientras a un fotógrafo lo tenían en un hotel cinco estrellas por ir a colgar sus fotos.

Cuando nos dimos cuenta de las comodidades en las que estaban los otros artistas y que les pagaban, nos revelamos. Llamamos a los medios de comunicación y les contamos todo el caso, después destruimos nuestros trabajos. Volvería a pintar en Paraguay, pero bajo otras condiciones.

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Fotografía de Kicho Cubillos

 

 

¿Por qué te decidiste a exponer en la galería Visaje Graffiti?

Visaje tiene una visión particular muy importante. Acá he visto propuestas increíbles de gente que ni sabía que exponía, por eso acepté. No me gusta exponer y las galerías ya me aburrieron, me cansé de que la gente vaya para verte a ti y no a tu obra.

En estas exposiciones hay mucha rosca y tienen en cuenta a alguien sólo porque hace parte de algo. Por eso no me gustan tanto los crew de graffiti; muchos de ellos no se conocen y si lo hicieran se odiarían. La calle es un espacio libre donde cualquiera puede pintar.

¿Cómo te va con el trabajo colaborativo?

Algo que me gusta de trabajar con artistas como Skore, Franco y Ark es que se nota lo que hace cada uno. Ese es el problema con varios artistas, no se sabía dónde empezaba uno y terminaba el otro. Las colaboraciones son como el sexo, si hay química todo fluye, ni hay necesidad de hablar.

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Fotografía de Kicho Cubillos

 

 

 

 

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