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Los diez discos de hip hop en español que nos dejaron boquiabiertos este año

hip hop en español

Portada de 'Tinto', de Frank Jhonson & Al Baro

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2016 fue para el rap en español un buen año, pero para referirnos al hip hop colombiano la palabra que lo resume es “glorioso”. Este delicioso top incluye joyas como Todos tienen que comer, de Crudo Means Raw, El círculo, de Kase.O y, claro, La bomba de Ziroshima, de Doble Zeta.

Santiago Cembrano / @scembrano

Hacer rap en español es difícil. El inglés, el idioma original del género, tiene palabras más cortas con las que se pueden jugar para crear nuevas métricas, a la vez que es posible variar su pronunciación para lograr que rimen. El español usa palabras más largas cuya pronunciación no se puede cambiar. El rap en inglés y el rap en español son casi géneros distintos, lo que implica que los que rapean en español tienen que ser muy creativos para que sus rimas estallen a pesar de estas dificultades.

2016 fue un año que probó la madurez del hip hop hispanoamericano. Hubo propuestas experimentales con instrumentales novedosas y rapeos y cadencias distintas, así como propuestas clásicas con claras influencias de la edad dorada del rap gringo. En particular, este 2016 fue el año de Colombia, cuya escena demuestra cada vez un sonido más cuidado, con rimas inteligentes y pensadas.

A continuación, nuestra selección de los mejores trabajos de hip hop en habla hispana de los últimos doce meses.

(Mención especial para buenos proyectos que no entraron en esta lista: La Aldea de Al2 El Aldeano, Conservas de Ruzto; Preludio de Mandrágora Hip Hop, Cero Presión de Ruco Rap y Karma de Norick.)

 

10: Rafael Lechowski ,  Quarcissus: el arte de desamar. Acto I: La traición (2009–2016)

“Es la historia de un héroe profundo, de esos héroes sin capa y espada”, reza la voz de una anciana que, sobre el crepitar de una fogata, da inicio al nuevo trabajo del español Rafael Lechowski. Este primer acto de ‘Quarcissus, ‘La traición’’, acerca al rapero de Zaragoza al slam y spoken word, para narrar desesperadamente una decepción amorosa y el descubrimiento de una traición.

 En medio de las lágrimas y la rabia, mientras intenta olvidarla, Lechowski se pregunta: “¿Nos consumimos por no amar a fuego lento o por dejar que se apague la llama del amor?”. Con las emociones que transmiten su voz quebrada y las cuerdas y teclas de piano, que cambian según las emociones de la obra, es imposible no estremecerse con este relato. Lechowski confirma que su alcance va mucho más allá de rimar sobre una base, y nos deja esperando por el siguiente acto de Quarcissus, ‘La descreencia’.

 

9: Ríal Guawankó & Drama▲Theme , The Real Drama

Este EP hecho en Venezuela suena como una reinterpretación moderna de la onda boom bap. En ‘Amén’, el beat duro y lo-fi de Drama crea una atmósfera que nos devuelve a los 90 newyorkinos, por su parte, Guawankó escupe sus mejores rimas de competición. Luego, en ‘Slow Motion’ y ‘Confía en mí’, la producción se inclina hacia el jazz, sin perder el estilo crudo que caracteriza el proyecto, y la letra también varía hacia temas más sensuales.

Ambos artistas se complementan: los beats de Drama plantean una nostalgia envolvente y poderosa, que permite que entre con fuerza la voz susurrada pero potente de RG. El resultado es 20 minutos de hip hop clásico, sin que suene viejo y anticuado. Lo dice el MC en ‘Real Drama’, el tema que cierra el disco con energía y agresividad: “Apaga ya esa mierda, escucha a los que no mienten/ A esa rutina ponle raps con rimas contundentes”. El rap venezolano, como lo viene haciendo hace varios años, sigue dando la hora.

 

8: Sr Pablo , Aspectos

Lo primero que destaca de este proyecto es la elegante producción de AvenRec. Los beats son jazzeros, con varias capas y detalles que se van descubriendo, llenos de texturas, con paisajes más cálidos o fríos según la canción. A su vez, las rimas de Sr Pablo exudan amor por el rap. Sin entrar en flows raros o métricas complejas, logra crear un buen proyecto que se suma a la inagotable escena paisa.

En ‘En Tiempo Real’, Sr Pablo nos muestra cuál es su mentalidad en este proyecto: “Mi tiempo derrocho en crear obras sobre un papel/ Cada palabra tiene un papel”. Aspectos es un disco de rap para raperos, con homenajes sonoros a clásicos noventeros como Nas y Reflection Eternal. Con esta obviedad quiero decir que entra en la tradición autoreferencial del género, en el que se habla de rapear y de la vida. No importa nada más. Entonces, todos los que se desvelan pensando en la rima precisa o degustando una línea de bajo bien colocada en el beat, encontrarán en este álbum una buena experiencia.

 

7: Tsh Sudaca ,  Sentipensante

Es un disco inteligente, maduro y personal, que le da forma musical a la propuesta del escritor Eduardo Galeano sobre sentipensar para aprender a relacionarnos con nosotros mismos. Sobre una producción muy buena del colectivo S90F, con beats potentes y sutiles a la vez, el rapero bogotano reflexiona sobre su vida desde una espiritualidad responsable, que no concede nada a lo que no cree. Así lo dice en ‘Hey Tu Profeta’, para mí una de las mejores canciones del disco: “Abandoné la iglesia por no pagar el diezmo/ Ya no veo a Rakim, ya no hay maestros”.

Este proyecto tiene picos emocionales altos, como ‘Un Abrazo Más’, en el que Tsh le canta a su mamá, que murió de cáncer. La introspección del proyecto se refleja incluso en un tema como ‘Jeet Kune Do’, en el que evoca las enseñanzas del arte marcial de Bruce Lee, que lo lleva a fluir y ser como el agua. Esa fluidez se nota en todo el disco, que logra tocar temáticas espirituales sin llegar a una posición de superioridad moral. En conclusión, Sentipensante es un disco compacto, que nos presenta una fotografía de cómo está la vida de Tsh.

 

6: ALI aka MIND,  Sobreviviente

El título de este proyecto muestra su dirección: el que probablemente es el principal exponente del rap colombiano en el exterior toma una pausa en el camino para mirar hacia atrás y reflexionar sobre lo que ha vivido. La fórmula de trabajos pasados se mantiene, las rimas sencillas pero trabajadas, que con un deliver potente y apasionado nos hacen sentir como si fueran las propias historias de nuestra vida. Mientras tanto, la producción sigue evolucionando, añadiendo cada vez más elementos instrumentales.

ALI le canta a su Bogotá natal en ‘Mi ciudad es fresca’ y a Colombia, desde fuera, en ‘Colombianos worldwide’. Le canta también a su hija en ‘Emily’, y reflexiona con sensatez sobre ambas caras de un asalto en ‘El atraco’. Incluso recuerda sus épocas de skater, fundamentales en su personalidad, en ‘SK8’. A través de todas estas viñetas, ALI rebobina su vida y piensa en qué ha pasado. Su conclusión es que, a pesar de todas las dificultades, ha sobrevivido. Mi conclusión es que confirma su posición como un rapero importante para la escena colombiana, que sin muchas florituras manda un mensaje claro para gente que puede estar necesitado sobrevivir.

 

5: Frank Jhonson & Al Baro , Tinto

Con una propuesta somnolienta, con texturas de LSD, Tinto se aleja totalmente del canon del hip hop colombiano. Los beats de Frank Jhonson  — ese personaje enigmático que se oculta tras un disfraz de conejo —  son raros, con fluidez y entrecortados a la vez, con arreglos que aparecen súbitamente para fortalecer el ambiente de jazz y cabaret del siglo pasado. Mientras tanto, Al Baro crea imágenes oníricas, que se deslizan con interrupciones para atrapar oídos.

 “Si las citas son a ciegas llevo los ojos abiertos”, afirma en ‘Apolo 23’, a la vez que sostiene en ‘Chocolate AM’ que “Algunos no hacen música: dan clases de bostezar”. Así muestra que no se marea si tiene que cambiar el tema de sus rimas, que varía constantemente. Con un flow algo similar al de MF DOOM, sin ritmo a la vez que encaja perfecto en el beat, este disco es una especie de “Madvillainy” colombiano, tanto por la producción y el rapeo tan distintos, como por la sensación que deja de tener que escucharlo diez veces más para empezar a entender de qué va.

 

4: Crudo Means Raw , Todos Tienen que Comer

Este disco es prueba de que la división social del trabajo ha permeado todos los ámbitos de una sociedad que —incluso en el hip hop— duda cuando un beatmaker quiere rapear. Como Kanye West en su momento, Crudo Means Raw rompió esquemas. Lo dice en ‘Benny Blanco’: “¿Creíste que los samples son lo único que parto?”. A través de sus historias, Todos tienen que comer muestra a Crudo como una especie de pimp setentero que analiza el paisaje que tiene enfrente. Ejemplo de esto es la sentencia de ‘Sangre en el Pool Party’: “A la niña le gusta el man de la moto y el fierro (…)/ Aquí le lloran en el baile y le bailan en el entierro”.

Además de las rimas, el sonido de este álbum es impecable. Las texturas del funk crean un ambiente relajado, al mejor estilo del rap clásico de California. Pero el sonido también tiene que ver con su voz, la cual Crudo usa como un instrumento percutivo, alterando la pronunciación y estirando las sílabas para encajar las rimas, mostrando un desarrollo técnico que rara vez se ve en Colombia. Con temáticas que abarcan la vida en Medellín, la familia y las reflexiones más personales, Crudo demostró que hay que tenerlo en cuenta a la hora de hablar de los mejores MCs del país.

 

3: Doble Porción , Manzanas a la Vuelta

Mañas Rufino y Métricas Frías cuentan su vida en este proyecto melancólico. Todo tipo de drogas y fiestas, una relación problemática con las mujeres, desconfianza de lo que pasa a su alrededor y radiografías agudas de la ciudad de Medellín se mezclan con dos voces que se complementan perfectamente. La producción boom bap de beatmakers como Crudo Means Raw, Doble Zeta y Granuja balancean bien la melancolía e introspección, como en ‘Magia Negra’, con sonidos más animados cuando es hora de las skills, o de hablar de fiesta como en ‘Roca ‘N Ron’.

Las letras de Doble Porción son directas. Mañas muestra su estado mental cuando rapea en ‘Manzanas a la vuelta’, dice estar “con un blunt en la boca, una boba en la cabeza / una vida corta, no hago cartas de amor”. A su vez, Métricas da cuenta de su introspección en ‘De Trips Corazón’: “Conversando con mi habitación, todo pasmado / Escribo y a media noche sale el sol”. A través de los rapeos ambos exorcizan sus demonios, y nos dejan mirar el proceso.

 

2: Zof Ziro , La Bomba de Ziroshima

“Al rap le ofrecí todo”, confiesa Ziro en ‘Mientras Todo’. Con este disco es evidente que el rap le devolvió su ofrenda satisfactoriamente. A través de rimas afiladas y juegos de palabras ingeniosos, el paisa logra relatar con precisión un panorama sombrío, del que se salva a punta de hip hop. La producción es oscura y genial: él mismo se encarga de varios beats con maestría, mezclando la influencia noventera con, por ejemplo, sonidos de boleros. También lo ayudan Crudo Means Raw, El Arkeólogo y Granuja, para construir un paisaje sonoro que sobresale en el buen momento de beats del rap colombiano.

Ziro describe con amarga ironía lo que vive y observa, mientras se refugia en el calor de un bareto y el frío de la cerveza. La Bomba de Ziroshima es hip hop puro, que es lo único que importa, después de todo. “Alguien escribe cuando todo se apaga / y es como droga” rapea en ‘Zirocybe’. Por fortuna, su colectivo Moebiuz está marcando la pauta de la escena nacional, y su disco fue el mejor del país en el año.

 

1: Kase.O , El Círculo

Desde que Kase.O, el maestro del rap en español, anunció que su disco estaba cerca, empezaron los rumores. Quizás sea como Jazz Magnetism, decían algunos. Va a ser rap hardcore clásico, decían otros. Todos tenían expectativas de un discazo y, tras la espera, Kase.O cumplió con el mejor proyecto de rap en español del año. Sin embargo, la forma en que lo hizo fue inesperada. “Sed bienvenidos a este círculo / en el que hago lo que me sale de los huevos”, exclama en ‘Intro’.

Alejándose de las cadenas de la tradición y el canon, Kase.O canta flamenco en ‘Mazas y Catapultas’, habla de amor en ‘Amor sin claúsulas’, explora el acné y la inseguridad de su adolescencia en ‘Guapo tarde’, y también llora en ‘Basureta (Tiempos raros)’. Las instrumentales tampoco son tradicionales, y de la mano de R de Rumba y Gonzalo Lasheras experimenta con sonidos y nuevos instrumentos que construyen un paisaje más completo. Mucho más maduro, deja de lado el superego de su papel en Violadores del Verso, y se permite momentos conmovedores de fragilidad y honestidad.

Ahora, este disco también tiene rap duro. En ‘Yemen’, sobre una gran instrumental de El Arkeólogo, se autodenomina el jeque y el domador de ovnis, y afirma que lee “el futuro de MCs en la espuma de mi pis”. Habla de sus borracheras en ‘Viegos Ciegos’, y vuelve con Violadores en ‘Rap Superdotado’. Logra entonces un gran equilibrio, que demuestra su alcance y crecimiento como artista y que, a pesar de los cambios, sigue siendo ‘el puto amo’.

 

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