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“Nunca me gustaron los libros sobre drogas”: Irvine Welsh

A sus 59 años, Welsh prefiere meterse en una farra de acid house o ir a un toque de punk antes que quedarse en el sofá viendo una serie de Netflix. En esos contextos, si se quiere decadentes, encuentra la carne para sus libros, una secuencia de drogas, sexo y caos que no ha parado desde Trainspotting (1993). En medio de la correría por sus compromisos en la Filbo, nos sentamos con el escritor escocés para indagar en su juventud, la inquietud que le generan sus propios libros y su otra faceta como director audiovisual.

Andrés J. López / @vicclon

Entre 1979 y 1990, la conservadora Margaret Thatcher ejerció como primera ministra del Reino Unido, siendo la primera mujer en ocupar este puesto en el país. Durante su mandato, se ganó la popularidad entre los británicos al defender las Islas Malvinas ante Argentina, pero también fue odiada por hacerles la guerra a los sindicatos, los mineros y por el aumento en el número de desempleados. Muchas de las personas provenientes de los suburbios que se vieron afectadas por Thatcher, empezaron a ocupar su tiempo libre bebiendo en pubs, formando bandas, yendo a toques, viendo partidos de fútbol o pasando el tiempo en fiestas. Para sobrevivir, recurrieron al robo, la reventa de todo lo que les cayera en las manos y, en algunos casos, a la comercialización de drogas. Así, muchos “parados” empezaron a ocupar los distintos “chutiaderos” que se crearon a lo largo y ancho del Reino Unido para consumir marihuana, speed, ácidos, cocaína y heroína. Esta última, por la escasez de medicamentos y jeringas, fue la responsable de la propagación del sida entre la clase obrera.

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Uno de los territorios a los que se extendía el poder de Thatcher, y que se vio afectado por sus medidas, fue Escocia. En su capital, Edimburgo, más exactamente en el barrio portuario de Leith, un joven Irvine Welsh pasaba su tiempo escuchando Iggy Pop y Joy Division, yendo a raves, participando de peleas entre hooligans del Hibernian FC (su equipo favorito) y del Hearts FC (el rival de patio), teniendo sexo con todas las mujeres que pudiera y consumiendo heroína. Todo esto lo hacía con poco o nada de dinero. Pero a diferencia de muchos de sus contemporáneos, Welsh intercalaba estas actividades con la lectura de cómics, libros y metiéndose al cine. Así se fue animando toda su adolescencia y en 1993 publicó Trainspotting, un texto de más de 350 páginas que contaba todas estas experiencias pero no a modo de autobiografía, ni desde la voz de su autor, sino desde la de distintos personajes con múltiples personalidades que se ganaron el amor y el odio (o ambos) de lectores alrededor del mundo. Esto fue el inicio de una seguidilla de textos que, como las drogas, han sido capaces de enviciar incluso al más ajeno a la literatura.

Gracias a la adaptación en cine de Danny Boyle, el mundo conoció más a profundidad a sus protagonistas: Mark Renton, Spud, Sick Boy y Begbie. Pero entre los que han seguido la bibliografía de Welsh, ahora de 59 años, también son personajes memorables Terry Lawson, Andy Galloway, Billy Birrell y Carl Ewart (la pandilla de amigos de Cola), Bruce Robertson (el policía corrupto, sociópata y pedófilo de Escoria) y Ray Lennox (compañero de Bruce y protagonista de Crimen), entre muchos otros.

Desde Trainspotting, Welsh ha publicado otros 15 libros en los que en ciertas ocasiones aparecen sus cuatro personajes principales, sea en un cameo o como protagonistas. Es el caso de Skagboys (2012), Porno (2002), The Blade Artist (2016) y más recientemente Dead Men’s Trousers (2018), la que será la culminación de este cuarteto. O al menos eso dice ahora su autor. Pero además de las letras, el escocés se ha desenvuelto en el campo audiovisual y ha hecho por su cuenta cortos, videos musicales y hasta hizo el guion para la adaptación cinematográfica de Acid House (1994), su primer libro recopilatorio de cuentos.

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Welsh regresó este año a Colombia con el apoyo del British Council para participar en la Feria del Libro de Bogotá. En Corferias, el pasado sábado 21, dio una charla llamada ‘Dilemas yonquis’, mientras que en la biblioteca Julio Mario Santodomingo, ese mismo día, los asistentes se reunieron para escucharlo hablar sobre cómo el porno se piensa, se siente y se narra, cosa que él hizo en su novela Porno, en cuyo argumento está basada T2: Trainspotting, película estrenada el año pasado. Como no podía ser de otra manera, la asistencia a los eventos fue excelente y dejó claro que, de una u otra forma, por más lejanos que sean los escenarios donde se desarrollan sus historias, el público aún se siente identificado con las temáticas que aborda este escritor.

(No deje de leer Las drogas en los libros de Welsh)

Entre el ajetreo de estas charlas y las largas filas de lectores que querían la estampa del escritor en sus libros, sacamos un rato para conocer más de la juventud y las otras facetas del padre de Trainspotting.

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* * *

Su carrera como escritor empezó en 1993 pero desde niño ya leía y escribía. ¿Qué libros había en su mesa de noche en esos años?

Realmente no había ninguno. Recuerdo a mi mamá y mi papá leyéndome pero no me acuerdo qué. No tengo muchas memorias sobre eso pero sí de la música de las fiestas en la parte trasera. No veía muchos libros alrededor y es típico para los chicos de la clase obrera no tener estanterías cerca, ya que la cultura principalmente se regía por la música y la televisión. Entonces ese fue mi tipo de experiencia temprana con esos estímulos culturales. Como resultado de eso empecé a leer los cómics de Marvel y ese tipo de cosas y con los libros ya me empecé a meter hasta los 12 o 13 años.

 

¿Cómo fue su primer encuentro con las drogas?

Recuerdo haberme emborrachado con whisky. Fue en Navidad y mi mamá se molestó muchísimo conmigo. Con drogas ilegales lo primero en lo que puedo pensar es la hierba y el recuerdo de sentirme muy cansado. En cambio con el speed la experiencia sí fue muy buena y desde el inicio me gustó. Con la cocaína era genial pero cuando era de calidad. Lo mismo con el éxtasis, solo cuando conseguía buenas pastillas.

 

¿Sus papás le hablaban de drogas o ese era un tema prohibido en casa?

Lo hacían, aunque no supieran mucho al respecto. Hablaban de eso porque veían los documentales de los sesentas. Yo ni siquiera sabía qué eran y me daban grandes sermones al respecto. Igual no podías conseguir ninguna por donde vivías.

 

Hablando de Trainspotting, usted ya ha dicho que el personaje con el que más se identifica es Mark Renton. ¿En su juventud había algún Sick Boy, Spud o Begbie de la vida real?

Sí, había montones de ellos. Son personajes basados en distintas personas y todo el mundo se identifica con ellos porque son arquetipos. Básicamente, hay un montón de gente de esta clase por todo lado.

“Es lindo despertarse en medio de la noche, sudando frío y pensando: “mierda, le estoy enviando esto a los editores, tal vez vaya a las imprentas y mi mamá lo leerá”.

Además de sus experiencias personales, ¿lee algo de medicina o psicología, para la creación de sus personajes?

Creo que lo que más se necesita es la observación. Necesitas ser un observador y también tener una especie de antena intuitiva para los personajes y saber qué pasa con la gente. No me considero un experto en psicología, pero creo que hay ciertas cosas que las personas hacen cuando ves sus intereses. Todo eso va a un tipo de banco de datos que uso para ensamblar los personajes.

 

¿Lee más autores que escriban sobre drogas o es suficiente con Irvine Welsh?

En verdad nunca me gustaron los escritos sobre drogas. Por ejemplo, me gustaba muchísimo William Burroughs pero no sus textos de drogas. Supongo que era porque se trataba de esa clase de niños ricos o acomodados que viajaban alrededor del mundo y en eso no veía ninguna realidad social para mí. Toda la forma en la que esta gente se drogaba no era la que yo veía en casa. Las usaban como un tipo de experimentación hedonística en vez de querer escapar de los horrores de la sociedad postindustrial.

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¿Cómo es su relación con las fiestas de acid house y toques de punk? ¿Todavía asiste a estos eventos?

Sí, claro que lo hago. Soy de esa generación mayor que no creció de la misma manera. Hay clubs con gente más joven pero voy a esos donde hay personas de mi edad. Es un poco extraño pero se siente como siempre ha sido.

 

La conexión sigue ahí…

Siempre me he sentido conectado por la música, las escenas, los clubs, los conciertos y todo eso. Me gusta hacer eso, estar ahí. Es mi forma de entretenimiento y es algo que siempre haré. Prefiero ir a un toque o a un club que quedarme en casa a ver Netflix o algo así.

 

En sus libros, usted ha atacado a animales, mujeres y hasta al fútbol. ¿Alguna vez ha sido atacado o amenazado por un animalista, feminista o hooligan, sobre todo del Hearts FC?

No, ya hubiera sido golpeado por algún fanático. Siempre han sido muy amables y atentos. En la vida real, siempre chocas con algo o alguien pero no, realmente no.  Tiendo a obtener mucho apoyo de las mujeres y si alguien me ataca no son ellas sino algún tipo. No me encuentro con mucha gente hostil.

“No necesitamos el imperialismo, la conquista, la jerarquía o el patriarcado sino un conjunto completamente distinto de valores y enfoques que no se ven en ningún movimiento dirigido por hombres”.

Usted no se autocensura a la hora de escribir, ¿fue así desde el inicio, cuando comenzó con Trainspotting?

En verdad no. Creo que cuando miras tu primer borrador de manera consciente y te dices: “Uffff, Dios, ¿qué dirá mi mamá cuando lea esto?”. Ese es un buen sentimiento de inquietud y me gusta. Si no me siento así me preocupo. Es lindo despertarse en medio de la noche, sudando frío y pensando: “mierda, le estoy enviando esto a los editores, tal vez vaya a las imprentas y mi mamá lo leerá”. Pero sabes que también un buen amigo sí querrá hacerlo y te preguntas si le gustarán ese tipo de historias extrañas. Me parece que no puedes ser inseguro cuando estás trabajando y creando historias; estás ahí jugando con el drama para mantener las cosas interesantes.

 

¿Cómo terminó trabajando con bandas como Keane y Gene y por qué no hace videos musicales más a menudo?

Me gustaría volver a hacer videos musicales, en verdad lo disfruto. Hice algunos con Keane, Gene y Primal Scream, luego me mudé a Estados Unidos y vi que muchas bandas dejaron de hacerlos. Quisiera volver a eso porque es mejor que hacer una película; te diviertes rodando durante tres días y no te cansas de los demás porque es poco tiempo. También puedes incorporar rarezas, referencias fílmicas y cosas que generen controversia.

 

Tampoco hace muchos cortos…

Los cortos también son geniales. Llegas, grabas y listo. No tienes que escuchar los típicos problemas del set como “¿qué haremos con el dinero? Ve y busca productor”. Me gustan directores como Danny Boyle —director de Trainspotting— que tienen una paciencia tremenda, porque van al set, calman a todos y todo es relajado. Yo no tengo ese tipo de paciencia y tiendo a tensionar las cosas para que acaben. Te puedes olvidar de eso durante unos tres días, pero cuando ya son varias semanas todo el mundo quiere matarte.

 

Hablando de política, usted ha dicho que las mujeres están mejor preparadas que los hombres para dirigir un país. ¿Qué lo ha llevado a hacerse esa opinión y qué ejemplos de buenas administraciones femeninas conoce?

No creo que haya algún ejemplo de administración femenina por el patriarcado. Necesitamos deshacernos de la fuerza patriarcal y tener alguna especie de gobierno de mujeres. Ellas pueden manejar las cosas mejor que nosotros. Entre hombres hay demasiado ego y demasiados intereses personales que se interponen a la hora de gobernar. Las mujeres son más cercanas a la esencia de la creación y creatividad y debemos movernos dentro de estos valores y alejarnos de la conquista, el imperialismo y ese tipo de cosas. También, darnos cuenta de que en una sociedad postindustrial no necesitamos llenar las fábricas, no necesitamos el imperialismo, la conquista, la jerarquía o el patriarcado sino un conjunto completamente distinto de valores y enfoques que no se ven en ningún movimiento dirigido por hombres.

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¿Margaret Thatcher puede ser la excepción a esa opinión?

No hay excepción en Margaret Thatcher, pues ella fue una hija de lo patriarcal, básicamente. Estuvo en todas esas instituciones patriarcales que encarnaron lo peor de la masculinidad, con las peores características. Ella era prácticamente un hombre vestido como un drag.

 

¿Por qué sus libros son tan adictivos, teniendo en cuenta que mucha gente empieza a leer gracias a ellos?

No sé. Trato de tener a personajes interesantes con los cuales los lectores se puedan identificar y que tengan problemas similares a los de ellos, porque están basados en seres ordinarios. También se meten en extrañas aventuras o cosas extraordinarias. La gente se puede emocionar por los dramas y también por los temas abordados de cómo se las arreglan en un mundo con carencias y qué pueden hacer al respecto. Estos son los temas que hacen que la gente  se relacione más en el espectro de las clases sociales. Esas son las razones, pero también trato de mantener el drama en las páginas y que las personas lo vean todo en sus cabezas.

 

Trainspotting, Acid House, Escoria y Porno ya tienen adaptaciones cinematográficas, ¿qué otro libro le gustaría ver en pantalla?

Me gustaría ver Skagboys porque tendrá su serie de televisión. También quiero ver Cola. Me encantaría ver Las pesadillas del Marabú (1995) como una película animada. La vida sexual de las gemelas siamesas tiene un buen guion para adaptarse. The Blade Artist sería una genial para ver a Robert Carlyle (quien encarnó a Begbie) volverse loco. Eso sería brillante.

 

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