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Manifiesto79: del arte urbano ‘gore’ al ‘branding’ desenfadado

Portada Manifiesto 79
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Muchos en la escena de ilustradores y gráficos conocen a este caleño por su seudónimo, con el que firma piezas inspiradas en el hazlo tu mismo del punk y la estética de las películas de ciencia ficción. Sea en la calle, donde todo inició, o en las agencias de publicidad, cada uno de sus trabajos busca mantener un espíritu contestatario desde el diseño gráfico. 

Diana Martínez

“Sonríe, estás vigilado. Estamos controlando lo que comes, sabemos qué ropa interior usas, te recetamos el placebo que te da la felicidad aparente. Lo controlamos todo. Somos el nuevo orden, somos la conspiración M79”. Así arranca el manifiesto de ocho párrafos que el caleño Julián Cardozo redactó en 2004 cuando lanzo su proyecto más importante, Manifiesto79. La idea brotó como su tesis de Diseño Gráfico, carrera que estudió en el Instituto de Bellas Artes de Cali. Estando en esas sintió la necesidad de decir las cosas, de manifestarse, y acudió entonces al componente contestatario que, dice él, tiene el diseño en muchas ocasiones. Así, se embarcó en un primer proyecto que bautizó VisualGore, dentro del cual Manifiesto79 era un seudónimo en el que el ‘79’ es su año de nacimiento y el nombre refleja el elemento clandestino y parado de sus piezas, las que le han valido consolidarse entre los ilustradores nacionales en los últimos años.

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VisualGore duró seis años y consistió en la producción de una campaña ficticia para mostrar un movimiento social que a partir de murales, pósters y calcas buscaba incomodar a la gente con imágenes grotescas y morbosas, como la de una mujer alimentando a un niño con un arma en vez de un biberón o la de una chica con tres senos. Las intervenciones daban a entender que había mucha gente trabajando en ellas pero solo estaba Julián, motivado por las ganas de sacar a las personas de su cotidianidad, generándoles sensaciones negativas y positivas, y siempre mostrándoles lo oculto en la aparente realidad. “Era jugar un poco con el freak show, investigar lo feo y lo grotesco y jugar con la reacción que tiene la gente, como cuando hay un accidente que es una mierda pero todo el mundo quiere ver”, explica este ilustrador, radicado hace 11 años en Bogotá.

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Cuando se acabó Visual Gore, una crisis vocacional se apoderó de Julián pues sintió que había encontrado una fórmula para trabajar y que la posibilidad de experimentar nuevas cosas estaba anulándose. Pensó hasta en retirarse del diseño, pero al final viajó a Barcelona, España, donde realizó una especialización en lettering. Allí no solo encaminó de nuevo su arte sino, como dice él mismo, renació. Desde ese instante su trabajo tuvo un giro radical: dejó el street art de lado y le jaló de lleno a la tipografía y a hacer otro tipo de ilustración más alejada del contenido político y contestario que tuvo en sus inicios, aunque el seudónimo de Manifiesto79 se quedó para siempre.

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Su búsqueda por experimentar se refleja en los diferentes trabajos en los que ha incursionado este ilustrador de 38 años: ilustraciones que han sido publicadas en medios como El Malpensante o la revista argentina GÖOO, portadas para trabajos editoriales como el libro Caleño sin barreras, diseño para carteles como el del Breakfest Medellín 2017, tablas de skate y camisetas para marcas independientes de ciclismo urbano, y la elaboración de etiquetas para las cervezas de Bogotá Beer Company, entre muchos otros trabajos personales y para marcas como Nike o Wok. Uno de sus diseños, el que hizo para la cerveza tipo lager de BBC, fue premiado en los LAUS 2012 con un bronce en la categoria de diseño grafico.

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La inspiración para todos estos trabajos la encuentra en la cotidianidad, la música, el cine y el arte. La primera hace parte de su trabajo a través de los errores que comete al dibujar, pues afirma que nunca ha sido un buen dibujante, más bien se considera muy chueco y chambón al hacerlo, cosa que le encanta. En cuanto a la música, el punk es el género que más lo ha influenciado y que ha honrado con ilustraciones tributo como la que hizo de la banda peruana Los Saicos, pionera del género. Al punk lo descubrió cuando niño y, a pesar de generarle rechazo al principio, empezó a entenderlo con el tiempo y a hacerlo parte de su vida. “Yo nunca he pensado que sea virtuoso, siempre he sido muy torpe y el punk es igual. No hay que ser un virtuoso para hacer las cosas a la perfección, solo hacerlo con huevos”, afirma. 

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Del cine disfruta la ciencia ficción y su película predilecta es Blade Runner, basada en la novela ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, escrita por su autor favorito, Philip K. Dick. En el campo del arte es un admirador de la obra de Goya, el artista español que dio inicio al romanticismo. Todos estos gustos los fusiona con su pasión por lo raro, lo oculto. “Es una cosa que siempre he tenido, esa inquietud de ‘mierda, no creo que todo sea carne y hueso y que no exista nada más’. Me gusta imaginar los mundos posibles y eso tiene que ver mucho con mi trabajo”, explica. 

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En los trabajos y productos que llevan su estampa, tiende a irse por los tonos cálidos y el rojo siempre está presente en sus ilustraciones, así sea inconscientemente. Su estilo, que define como indefinido y cambiante, está guiado por la libertad, que es lo que realmente busca en cada pieza. En cuanto a la técnica, prefiere combinar lo análogo con lo digital, pues no tiene muy clara la diferenciación que la gente hace entre los dos procesos. Para él, sea cual sea la forma de ilustrar, la mano siempre es la protagonista.  

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Durante los últimos años, Julián se ha dedicado a trabajar en agencias de branding aunque, más que satisfacer al cliente, lo importante es que el trabajo lo deje conforme a él. También incursionó en el diseño independiente con su marca Black Sheep, creada el año pasado con un amigo y que, según él, le permite hacer cosas propias, proponer y no tener que esperar a que alguien le diga qué debe hacer. 

Si quiere seguirle el rastro a este creador criollo, no dude en pasarse por su Instagram.

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