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Una charla con el gurú de la Santa Marta Golden, la marihuana colombiana por excelencia

marihuana santa marta golden

Fotos de Alejandro Mazuera

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Francisco Correa Polo, un premiado biólogo de la Universidad del Magdalena, hace un llamado urgente desde la Sierra Nevada de Santa Marta: “Si no desarrollamos variedades a partir de nuestras plantas nativas, corremos el peligro de que la marihuana colombiana solo genere recursos para los extranjeros. ¿La legalizamos para permitirles a las multinacionales que puedan cultivar acá?”. 

Alejandro Mazuera Navarro

Su casa en Minca, en plena Sierra Nevada de Santa Marta, está llena de especies vegetales propias de uno de los ecosistemas más biodiversos del planeta. Francisco Correa Polo, este biólogo de la Universidad del Magdalena, organizó ahí mismo su laboratorio, en el que trabaja por la conservación de una raza cannabica considerada por muchos usuarios tan colombiana y legendaria como el ajiaco o la bandeja paisa: la Santa Marta Golden.

Correa fue premiado en 2010 por el Observatorio del Caribe con la distinción al mejor investigador del año y podría decirse que una de sus mayores preocupaciones es la preservación del territorio en el que vive, al que los pueblos Indígenas Koguis, Wiwas, Kankuamos y Arhuacos llaman “el centro del universo”. Francisco ha trabajado en distintas investigaciones dentro del país y también en Venezuela, y ha hecho parte de entidades tan prestigiosas como el Instituto Von Humboldt.

 

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Sin embargo, ahora lo que más le demanda tiempo es su labor científica con la marihuana, que lleva realizando hace varios años y a través de la cual pretende dar con las mejores cepas para tratar diversas dolencias físicas.

 

(Échele ojo a estos Productos de salud y belleza a base de marihuana para hacerles el quite a los petroquímicos).

 

Tiene en su poder gran cantidad de cruces con plantas de Tailandia, Afganistán, el continente africano, el Oriente de Europa, Estados Unidos, incluso del mismo centro de Europa, como Holanda. “Con ellas he logrado infinidad de híbridos”, dice. La idea es lograr nuevas variedades que contengan cannabinoides con potenciales médicos. “Al generar nuevos cruces —asegura— se pueden encontrar alternativas que actúen sobre el sistema endocannabinoide del ser humano”, el cual se encuentra en el cerebro, así como en los sistemas nervioso y periférico, y que se involucra directamente en el apetito, la sensación de dolor o en el humor.

 

¿Por qué su afán por preservar la Santa Marta Golden?

Estoy tratando de salvar un patrimonio biológico. Si bien la marihuana no es una planta nativa de América, sí se desarrollaron variedades propias a raíz de los cruces que hicieron los campesinos acá. Hoy todas están encerradas bajo el nombre Santa Marta Golden. Estas son únicas gracias a los microclimas de este lugar (la Sierra). Es como el café, que no es nativo del país pero es patrimonio de la nación.

La capacidad de esta planta es todavía incalculable y no se conoce del todo. En los setenta se enviaba a Estados Unidos prensada durante la denominada “Bonanza Marimbera”, pero entonces no se hacía una selección de las variedades y todas las semillas se entremezclaban. Al final los extranjeros terminaron llamando a todo Santa Marta Golden, pero si tú le preguntas a los viejos cannabicultores de la época te van a decir que ellos conocieron la de la Reserva, la Concha de Coco, la Punto Rojo, la Mango Biche… cada una de estas variedades tiene un potencial médico que hay que empezar a explorar.

 

¿Qué propiedades terapéuticas tienen las razas nativas de la Sierra Nevada?

La que hoy se conoce como Santa Marta Golden es efectiva para aliviar el estrés y la depresión, además mejora la calidad del sueño porque produce un estado de profunda relajación. También actúa sobre la epilepsia (sobretodo la refractaria) y los dolores articulares relacionados con la artritis. Muchos de esos potenciales se pierden porque para la legislación colombiana, sobretodo el decreto actual —el 613 de Abril de 2017— desconoce estas plantas con fines medicinales ya que poseen más THC que el permitido legalmente. La ley ha sido un poco miope o tuerta, porque solo reconoce dentro de todos los cannabinoides de la marihuana, que pueden ser más de 60, al CBD con potenciales medicinales. En realidad cada uno, o la mezcla de ellos, generan capacidades curativas diferentes. Es un error el considerar que plantas con un THC superior al 1% son completamente psicoactivas y que deben estar en el grupo de las que son controladas como narcóticos.

 

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Para usted hay un problema con los manejos que se les están dando a plantas endémicas…

En Colombia no se está investigando el desarrollo de plantas de marihuana nativas como lo están haciendo otros países. Por ejemplo, yo fui al encuentro de cannabicultores y me di cuenta de que a ninguno de los colombianos le interesaba hablar sobre las plantas raizales, solamente a los extranjeros. Hay un desconocimiento, así como una subvaloración de la riqueza biológica local y eso está llevando a que otras casas de genética o laboratorios [extranjeros] estén trabajando con ellas y se puedan quedar con las patentes. Hay que recordar que la ley indica que para cultivar se deben tener derechos de uso de las semillas. Al nosotros tener ese descuido, nos va a tocar comprar unas [semillas] muy costosas para proveer al campo colombiano.

 

¿Qué tan real es el riesgo de que la marihuana colombiana quede en manos de algunas multinacionales?

Ya está pasando, tú puedes entrar a Internet y mirar cómo a la Santa Marta Golden se le cambió el nombre por “Colombian Gold”. Son semillas extraídas de la Sierra Nevada de Santa Marta y se comercializan 10 en €19.9. ¡10 semillas! Es una multinacional extranjera la que las vende, lo hace fuera de Colombia y no necesita la legislación colombiana para comercializar productos biológicos con el nombre del país.

 

¿Cómo evitarlo?

Hay que llevarle esta oportunidad productiva al campesino, darle asesoría técnica y apoyar a los centros de investigación desde las universidades, para que ellos empiecen a sacar productos, a buscar nuevas alternativas médicas, que se impulse la exploración. Por ejemplo, sería muy bonito que Colciencias o el Ministerio de Agricultura abrieran una convocatoria para instituciones universitarias que quisieran trabajar en el fitomejoramento y la farmacéutica de la marihuana. Que apoyen, para que automáticamente se generen grupos de investigación, como está pasando en California, Holanda, Chile o Uruguay. Y es que entonces, ¿simplemente la legalizamos para permitirles a las multinacionales que puedan cultivarla acá?

Por otro lado, que lleven esos conocimientos a los campesinos para que ellos los aprovechen: mejores técnicas de cultivo, formas de extracción y cerrar la cadena productiva. El campesino no está siendo asesorado técnicamente y no se han hecho reglamentaciones desde los entes del Estado que deberían financiar los cultivos. Por ejemplo, [hoy] no se puede ir al Banco Agrario a decir: yo quiero cultivar marihuana y voy a solicitar un préstamo.

 

(Le podría interesar leer Así le sacan provecho científico a la marihuana en la Universidad Nacional).

 

¿Qué ventajas pueden traer las semillas nativas a los campesinos y cultivadores nacionales?

Primero que todo, la naturaleza ya hizo la selección: son el grupo de semillas que mejor se adaptaron a las condiciones colombianas, por ello van a necesitar menos agroquímicos y pesticidas que las de otros climas. Si nosotros no cultivamos las nativas estamos perdiendo el trabajo que ya se hizo de forma natural. Por otro lado, la genética colombiana fundamenta varias de las mejores variedades del mundo, muchas de las que revolucionaron la cannabicultura tienen como base genes de nuestras plantas, como la Skunk.

El cultivador local no está sembrando la Santa Marta Golden, a él lo que le importa es lo que la clientela está pidiendo, la popular “creepy”, que encierra un montón de diferentes variedades de marihuana que genera un estado psicoactivo bastante elevado. Los grandes cultivadores que pertenecen a las grandes mafias, que son los que proveen las ciudades, están propiciando que se pierda la semilla nativa y que se altere la genética local.

 

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¿Qué productos derivados de la Santa Marta Golden está produciendo usted?

Las tinturas de marihuana, que yo lo llamo “ron”, el cual sirve para dormir, mejora la calidad del sueño, sobretodo por estrés o carga laboral. También hay aromaterapia, creo esencias o perfumes para relajarse. Hay aceites para personas que sufren de epilepsia o de artritis, que combinados con otros líquidos pueden servir también de lubricantes sexuales.

 

¿Hacia dónde apunta su investigación actualmente?

Obtener variedades nativas que sean del alcance de los campesinos colombianos y que cumplan con los requisitos actuales de ley, que sé que a futuro van a cambiar. Por ahora, extraer de variedades de Santa Marta Golden plantas que posean CBD. Y que estas puedan ser económicamente alcanzables para nuestra gente del campo, sin patentes, porque una sola semilla comprada en un laboratorio puede costar entre 15.000 y 50.000 pesos, entonces es una utopía pensar que el campesinado del país va a poder aprovechar las oportunidades de sembrar marihuana con esos precios. Si no desarrollamos variedades desde nuestras plantas nativas, corremos el peligro de que la marihuana colombiana solo genere recursos para los extranjeros.

 

 

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