
#Nunca Seremos Capaces
Qué fácil es crear un ambiente ilusorio de ánimo y buena disposición para la paz a punta de eslogans y hashtags.
Hola. Mi nombre es Colombia. Soy un triste simulacro de país. Y soy incapaz de acabar con las propias cuchilladas y bombas que me meto de tanto en tanto a fin de autodestruirme. Necesito recurrir a unos publicistas para decirle a quienes viven dentro de mí que somos capaces de perdonar a los asesinos, a los comerciantes sangrientos y a los políticos. Pero en el fondo ellos y yo somos conscientes de que no somos capaces. Ni lo seremos.
No puedo ponerme en el vergonzoso y mentiroso papel de predicador. Cómo voy a ordenarles a mis habitantes que se pongan en el lugar de los otros, que caminen tan solo dos pasos en zapatos ajenos, si nunca lo he hecho antes ni he dado ese buen ejemplo durante ninguna época de mi egoísta e injusta historia. Si algo he logrado enseñar es lo contrario: que soy capaz de luchar para llenar los estómagos de mis senadores, de mis representantes a la Cámara y los de mis verdugos —ayer el Reino Unido, hoy los Estados Unidos—, a costa de miles de vidas perdidas, de montones de personas muertas a tiros, descoyuntadas y exiliadas. De eso y de decirme mentiras continuamente soy capaz. Por ejemplo, suelo contarles a los demás que aquí la gente es hospitalaria y echada para adelante. Falso, pero suena bonito y hasta creíble en otras partes. Suelo decir, por ejemplo, que aquí al señor presidente sí le interesa de verdad la gente, y sí quiere que no haya más guerra, aunque todos sepamos que su único deseo es pasar a la historia al precio que sea, sobre todo porque negoció con un grupo de millonarios bandoleros narcotraficantes.
Y a los que no están armados los ponen a repetir como borregos: “Soy capaz de perdonar”, “Soy capaz de ayudar a mis vecinos, a los que me han maltratado”. Es simple crear un ambiente ilusorio de ánimo y de disposición para la paz a punta de eslogans y lemas. Sin embargo, sabemos que la paz —o lo que sea que está buscando el gobierno y la guerrilla— se consigue solo con justicia auténtica, reparando en lo posible los daños que les han causado a tantas personas durante muchas décadas. Razón tiene la escritora Carolina Sanín cuando dice, respecto a esta ilusa campaña publicitaria: “Ese discurso del perdón en el proceso de paz y del ‘ser capaz’ está tan mal pensado, es tan superficial y tan banal. La víctima no tiene que ‘ser capaz’ de perdonar. No debe ser capaz de nada más que de sobrevivir. Que perdonen los jueces, sí. Que se reduzcan o se eliminen las penas de cárcel, si eso es necesario para que se acuerde la paz, bueno. Pero no se puede exigir el perdón a la víctima. Y si una víctima no perdona, entonces ¿qué? ¿Es entonces una mala víctima? ¿Tendría que ser ‘capaz’ de ser una buena víctima? Más razón y más respeto por los significados, señores de la paz, señores de la guerra”.
Ya pueden poner como imágenes de la campaña a los cantantes Carlos Vives, Fonseca o Juanes. Les corearán y les bailarán por un rato sus melodías en las cuales se anunciará a los cuatro vientos nuestra capacidad para decir ‘soy capaz. Pero solo para decirlo. Pueden ahora mismo esos industriales, supuestamente comprometidos con mi territorio, endilgarles a sus productos la contramarca, capaz de vanidad, de esas pomposas palabras. Mientras los que están armados y los que saquean el erario “por nuestro bien” sigan siendo incapaces, no hay ruido propagandístico que valga.
Y les pido permiso para retirarme porque lo importante prima sobre lo urgente: me voy a ver cómo anda el embarazo de Shakira.
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