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Mejor sola que mal acompañada

Cualquier juguete para darse placer siempre será mejor que un mal amante.

Hoy en día, la masturbación femenina es un tema que se expone cada vez más públicamente. Las revistas se la pasan reproduciendo artículos con trucos y tips para que la mujer haga uso de una sana y efectiva masturbación. Hay páginas web de porno que dedican toda una categoría a la masturbación femenina. La oferta de consoladores y de todo tipo de productos para que alcancemos el orgasmo es infinita. Hay para todos los gustos.

La masturbación femenina, que siempre fue un tabú, hoy es un tema del que se habla sin tapujos. Y me atrevería a afirmar que hasta se aborda ya con la misma naturalidad con que hablamos del clima. Tan es así que hace poco, en el 2012, el predicador marroquí Abdelbari Zamzami proclamó un edicto islámico en el que autorizaba a la mujer a masturbarse, e incluso le recomendaba que lo hiciera con zanahorias, botellas o el mango de un mortero. Claro que, desafortunadamente, el religioso no defendía la masturbación femenina como si se tratara de una causa altruista para promover el derecho de la mujer a encontrar placer por su propia cuenta, sino para que no “cayera en pecado”. Para Zamzami era mejor que la mujer recurriera a objetos fálicos y no a otro falo por fuera del matrimonio. Su iniciativa partió de un principio de fidelidad.

A veces es mejor una zanahoria que un amante mediocre. Cuando el sexo se pone monótono y el tipo ya no atisba sino a subirse encima y a pedir que le abran las piernas, con seguridad que hasta el mango del mortero puede llegar a ser más atractivo.

Con mucha frecuencia los hombres patinan en la búsqueda del punto g y las mujeres no sabemos enseñarles cómo es el maní. También están esos casos en que el hombre no se deja enseñar nada porque “se las sabe todas”, o aquellos en que la mujer no sabe qué pedir. De cualquier manera, la masturbación siempre es uno de los mejores caminos para superar un mal catre: un remedo de Kamasutra.

No hay nada más seguro que masturbarse. Se previenen enfermedades de transmisión sexual y se garantiza casi que en un 100% el orgasmo. No existen sino razones para que defendamos la masturbación femenina, y aunque la de la fidelidad no me convence tanto como la de garantizarnos un placer que a muchas nos resulta esquivo entre las sábanas de nuestras parejas, estoy de acuerdo con proclamar, promover y defender esta práctica.

Llevo años rogándoles a varias amigas que se compren algún juguete y que practiquen en casa, sobre todo luego de verlas perdiendo el tiempo con pelafustanes que se las comen mal. Es que, definitivamente, es mejor estar sola que mal acompañada. Lo comprobé luego de dejar a mi último pésimo amante. Todavía no entiendo cómo cambié mi balita por un problemático pusilánime con tan poco talento en la cama. Lo bueno de estas tecnologías vibratorias es que, con un par de baterías nuevas, te vuelven a hacer ver estrellas en cuestión de segundos. Además, estos juguetes no se ponen bravos contigo, ni te molestan con estupideces luego del orgasmo. No te dicen mentiras ni te desilusionan. Seguramente que la zanahoria, la botella o el mango del mortero también gozan de estas virtudes. Chicas, piénsenlo bien la próxima vez que se lo vayan a dar a alguno de esos mediocres, porque quizá sea mejor decir que no y masturbarse en santa paz siguiendo los divinos lineamientos del predicador Zamzami.

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