Hace ocho años llegó a Caracas, a un país que ya sufría los coletazos de su peor crisis social y política. Desde finales de marzo esta girardoteña no ha parado de cubrir las marchas que se organizan casi a diario. Armada con su cámara, un casco y un chaleco antibalas, vive entre el peligroso oficio fotográfico y el hecho de ser madre soltera.








