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“Ser artista independiente tiene su costo”: una conversación con la Mesa de Diálogo de la Juventud Cubana

Psicóloga, investigadora y activista, Kirenia Yalit Núñez fundó en 2014 la Mesa de Diálogo de la Juventud Cubana porque organizarse por fuera del Partido Comunista no está permitido. Construyó una red de raperos, grafiteros, diseñadores y productores que han convertido el arte en el lenguaje más contundente de la resistencia cubana en los últimos años.

Diana Arévalo

Como tantas activistas cubanas, Kirenia pagó el precio de su compromiso con el exilio forzado y carga con esa distancia todos los días. Salir significó dejar atrás una vida construida, una familia y un país. Aun así, la Mesa no se detuvo: sigue apoyando  a los artistas que permanecen dentro de la isla, muchos en la clandestinidad, muchos a sabiendas de que cada obra, cada grafiti o cada letra de rap puede costarles la libertad.

Hoy, con más de 18 artistas cubanos presos y una represión que no se detiene en las fronteras de la isla, esta conversación es también un registro de lo que se sostiene desde un lugar de solidaridad y resistencia

 

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Diana: La Mesa de Diálogo de la Juventud Cubana nació en 2014, en un contexto donde la única organización juvenil reconocida por el Estado respondía directamente al Partido Comunista. ¿Qué necesidad llevó a ese grupo de jóvenes a organizarse de otra manera?

Kirenia: La Mesa surge de una carencia muy evidente: hasta ese momento había organizaciones que trabajaban con jóvenes, pero ninguna tenía a la juventud como su eje central. Éramos 22 jóvenes al principio y llegamos a ser muchos más con los años. Nuestros objetivos principales fueron promover y defender los derechos humanos con énfasis en los derechos juveniles, e incentivar el liderazgo. En Cuba, la Unión de Jóvenes Comunistas es la única organización permitida para las juventudes y responde directamente al Partido Comunista. No había ninguna posibilidad de que los jóvenes nos pudiéramos unir de otra forma, de incidir en políticas públicas más acordes con lo que necesitábamos. Esas libertades no las teníamos nosotros ni las habían tenido las generaciones anteriores

 

D: La campaña Exprésate es una de sus iniciativas más conocidas. ¿De dónde surge y qué relación tiene con el campo artístico y cultural de la isla?

K: Entre 2014 y 2019 trabajamos sobre todo en capacitación: liderazgo, mecanismos internacionales de derechos humanos. Pero el trabajo se fue haciendo cada vez más difícil. No teníamos espacios propios; nos reuníamos en las calles, en los parques, en casas de activistas, siempre con la persecución de la policía política y la seguridad del Estado. Todo lo que habíamos construido quedó casi totalmente opacado por la represión. En 2020, con la pandemia, entendimos que necesitábamos llegar a otro tipo de público juvenil que por miedo o por adoctrinamiento no se acercaba a nuestros espacios.

Así nació Exprésate. Vimos el potencial de unir a activistas, artistas y periodistas independientes aprovechando la apertura que se había dado con las redes sociales. La campaña nos permitió no solo sumar a jóvenes distintos, sino también proyectarnos internacionalmente. Dentro de Cuba ya se había dado un movimiento muy fuerte a raíz del Decreto Ley 349, que limitaba severamente la independencia de los artistas. Con el Movimiento San Isidro vimos que este era también el momento de asociarnos, de trabajar de forma independiente y de que el mensaje llegara de manera diferente a otras juventudes y a otros públicos.

 

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@Elafoxy

 

 

D: ¿Por qué particularmente los artistas?

K: Exprésate nació de reconocer un potencial concreto dentro de Cuba: artistas que el propio régimen había relegado a los márgenes. Quisimos que, a partir de sus propias obras, pudieran proyectar el cambio que tanto necesitábamos. Como organización ya veníamos trabajando en la visibilización de los presos políticos y vimos la posibilidad de que estos artistas —especialmente los grafiteros y los raperos— se convirtieran en las voces que transmitieran los mensajes de los familiares y de los propios presos políticos. Hoy trabajamos con 55 artistas dentro del país: raperos, grafiteros, diseñadores y productores

 

D: Según cifras del Observatorio Cubano de Derechos Culturales, hay más de 18 artistas cubanos en prisión en este momento. ¿Por qué están encarcelados y cómo ha acompañado la Mesa a estos artistas?

K: El arte vino a transformar lo que estaba pasando en Cuba. Siempre han existido movimientos opositores y disidentes, pero cuando muchos artistas lograron perder el miedo y empezaron a convocar, el régimen se dio cuenta de que tenían una capacidad de movilización que no podía ignorar. La gente se les estaba uniendo y eso lo iban a tratar de evitar.

El encarcelamiento no solo busca castigar a quienes han desafiado al régimen, también busca enviar un mensaje al resto: "Si tienes un discurso que no está con nosotros, te castigamos". Es el caso de Luis Manuel Otero Alcántara, de Maykel "Osorbo" Castillo, y de Fernando Almenares Rivera, conocido como Nando OBDC —quien además es parte de nuestra organización—, condenados a 5, 9 y 5 años de prisión, respectivamente. Son jóvenes que habían marcado una tendencia para otros jóvenes y el castigo que les aplicaron es también un mensaje dirigido a toda esa generación.

Lo que más me importa destacar es que, a pesar del hostigamiento, las detenciones y el encarcelamiento, estos artistas siguen utilizando el arte para transmitir su mensaje. Han pagado un costo enorme —ningún preso político debería estar preso— pero su lucha ha abierto camino: artistas que tenían miedo han encontrado el valor para expresarse. Desde la campaña Exprésate trabajamos con grafiteros que pintaron los rostros de los presos políticos a partir de los testimonios de sus familias, y con raperos que escucharon esos mismos testimonios y los convirtieron en canciones. Hay verdades que llegan más lejos en una letra que en un comunicado

 

D: ¿Cómo crean los artistas en un país que atraviesa una crisis política, social y económica tan profunda como la de Cuba hoy?

K: La situación afecta a toda la población. Pero cuando se trata de jóvenes que quieren no solo mejorar sus condiciones económicas sino desarrollar una obra, el impacto es total. Y si a eso le sumas que el régimen, a través de sus propias instituciones, les corta toda posibilidad de crear libremente, entonces la política lo atraviesa todo: la vida cotidiana, el trabajo creativo, la posibilidad de existir como artista.

Con todo, creo que los artistas han tenido y van a seguir teniendo un papel central en los cambios que se van a producir en Cuba. Una de las formas en que la población puede entender lo que está pasando es a través de sus obras. Porque estos artistas no solo viven dentro de Cuba: están viviendo constantemente esa misma realidad. Hay un lenguaje en su trabajo que llega a donde los comunicados no llegan.

 

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@Fulanaletal

 

 

Un ejemplo concreto: además del trabajo de los grafiteros, quisimos que los raperos escucharan los testimonios de familias de presos políticos y crearan a partir de ahí. ¿Qué mejor manera de llegar a un público determinado que a través de un músico que les emociona, que usa códigos que les resultan propios, para hablarles de alguien privado de libertad sin cometer ningún delito? De alguien que tiene una madre esperando, un padre enfermo, una hija que no puede sostener. Esa es la realidad que vive el cubano, y la están conociendo a través de artistas que también son parte de ese pueblo

 

D: ¿Cómo has visto la solidaridad internacional con los artistas cubanos presos, en particular desde América Latina? ¿Ha costado visibilizar sus casos?

K: Afortunadamente, esa solidaridad está creciendo. Y digo afortunadamente porque el régimen lleva 67 años. Durante décadas, en Latinoamérica, en todas las esferas, se mantuvo el silencio. El régimen se proyectó hacia afuera como un proyecto que beneficiaba al pueblo y que se enfrentaba al imperialismo. Esa narrativa logró que muchas personas creyeran que los cubanos vivíamos en una felicidad eterna. Nada más lejos de la verdad.

Ha costado que lo entiendan, y lo digo sobre todo de esa izquierda latinoamericana que todavía sigue aferrada a esa imagen. Pero en los últimos años hay un cambio. Cuando la gente ve a un joven o a una joven afrodescendiente que quiere crear, que quiere hacer algo útil para su comunidad y para sí misma, y que de pronto es encarcelado, hostigado, condenado a años de prisión de forma arbitraria, eso moviliza. Ha sido fundamental tanto el trabajo de la sociedad civil independiente cubana como el acompañamiento de organizaciones internacionales que han sabido amplificar estas denuncias.

 

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@Manson.87

 

 

D: ¿Qué garantías tienen los artistas cubanos para crear dentro de la isla y fuera, desde el exilio?

K: Para los artistas independientes dentro de Cuba se trata de jugársela todos los días. Vivir con la posibilidad permanente de ser detenidos o violentados. Hay artistas alineados con el régimen que tienen ciertos privilegios, nunca son del todo libres, pero tienen sus beneficios. Ser artista independiente tiene su costo real. No solo desde la creatividad sino desde la posibilidad concreta de materializarla. Los grafiteros que trabajan con proyectos como el nuestro no solo enfrentan el riesgo de que la policía los detenga por intervenir el espacio público, también corren el riesgo de ser arrestados porque su obra cuestiona directamente al régimen.

En el caso de los artistas que logran salir, la libertad también tiene su complejidad. El exilio lo atraviesa todo: dejas a tu familia, llegas a un mundo que siguió adelante sin ti y te das cuenta de que estás en desventaja frente a un entorno que nunca paró. Por mucho que hayas estudiado, hay un proceso de reubicación muy difícil, agravado por el estrés postraumático con el que salimos los cubanos. Algunos logran insertarse y lo hacen con el anhelo de regresar algún día, de exponer o crear dentro de Cuba. Pero hay otros que no lo logran, y eso se suma a la frustración de no poder estar en tu país, de no poder crear, de no poder construir lo que aspiraste toda la vida.

 

Desde 2022, bajo la sombrilla de la campaña Exprésate, la MDJC ha lanzado las subcampañas Artistas Exprésate y Artistas Exprésate en Dictadura. En ese marco se produjeron dos documentales —Libres por Derecho y No Tenemos Miedo—, dos discos de rap —Libres por Derecho y Despertar— y más de 50 obras de grafiti exhibidas en eventos internacionales. Sígale la pista a la Mesa en www.juventudcuba.org.

 

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