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Traer el futuro de vuelta: confrontar la jerarquía social con Pirotecnia Negra

Pirotecnia Negra es un colectivo de Bogotá. Sus mensajes irrumpen en los muros de la ciudad y en internet. Su fanzine Bengala cuestiona el capitalismo, la violencia policial y estatal, además enciende reflexiones que desordenan el mundo conocido y alumbran otras posibilidades.

Simona

En las calles y en los espacios de memoria y resistencia se les puede ver con latas y pinturas, llenando de mensajes disruptivos el espacio público, usando palabras que cortan y que incomodan. Son un grito de inconformismo que desarma la burbuja informativa y nos invita a elevar la voz y el cuerpo para seguir luchando, para no dejar que el miedo apague la posibilidad de tejer una realidad distinta.

El grupo está compuesto por múltiples individualidades, algunxs se recogen en el pensamiento anarquista y otrxs no, a pesar de que lo practican en sus gestos cotidianos, habitando la contradicción y buscando que en los pequeños actos florezca otra forma de relacionarnos, atravesada por el afecto, el amor y la rebeldía que arde suave pero constante.

Pirotecnia Negra no solo escribe sobre los muros: escribe sobre nosotrxs, recordándonos que incluso en la oscuridad más densa hay manos y corazones capaces de prender la chispa.

 

Simona: ¿Qué es Pirotecnia Negra? 

Pirotecnia Negra: Un colectivo cuya acción tiene lugar en Bogotá, pero también hemos tenido la oportunidad de estar en otros territorios. Nos encontramos hace casi diez años bajo las ideas del rechazo activo hacia todas las formas de opresión y desde una postura lo menos jerárquica posible. Aunque apostamos por la autonomía e independencia de cualquier institución u organización oficial, sí nos articulamos con algunas individualidades y colectivos del movimiento social, donde nos unen los intereses comunes.

Nuestro accionar se desarrolla en los espacios públicos, evidentemente en la calle, pero también entendemos la internet como espacio público, de base y acción. Nuestra estrategia y herramientas políticas están basadas en la contrainformación desde la agitación gráfica y visual. También sacamos un fanzine que se llama Bengala, gracias a él tenemos algunas discusiones dentro del colectivo para problematizar ciertas visiones del mundo. En él intentamos visibilizar mensajes, propuestas y denunciar violencias para desmontar la realidad en la que nos tiene inmersos el capitalismo.

 

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S: ¿Cuáles han sido los aprendizajes en cuanto a la organización, la horizontalidad y la autogestión durante estos 10 años que llevan juntxs?

P: Han sido diferentes momentos que ha vivido el colectivo, dependiendo de las personas que han estado. Hay personas más recientes, otros que están desde el principio y eso va cambiando las discusiones y las acciones según el pensamiento y las posibilidades de las personas que estén. Siempre se ha caracterizado por ser una organización que trata de imprimir las formas en las que consideramos debería comportarse la sociedad, y ese es el trabajo diario. Entendemos que habitamos la contradicción viviendo en este mundo tal cual como nos toca.

En cuanto a la organización y la horizontalidad, generamos pequeñas acciones como no delegar responsabilidades en una sola persona, sino intentar que cada integrante esté en la capacidad de responder por cualquier acción, bien sea pintar, bocetar, hablar con organizaciones o salir a la calle.

En esas experiencias nos cuidamos de no crear jerarquías. Obviamente hay puntos en común en los que tenemos una afinidad clara, pero hay otros que generan discusiones más profundas y unos temas generales que intentamos apuntar para que la organización se pueda construir desde esa base horizontal. 

Y con respecto a la autogestión, hemos tenido varias discusiones sobre cómo entenderla porque se puede hacer de forma individual, cómo autogestionar nuestra propia vida, pero también se puede hacer a nivel social; cómo prescindir de una institución y una organización tan jerárquica, vertical y violenta como el Estado y el patriarcado que nos atraviesa.

Queremos resaltar que la contradicción es algo que pasa por todas las organizaciones que se asumen anticapitalistas y anti jerárquicas, y que la autogestión no debe caer en conseguir dinero y recursos para hacer acciones, ya que es mucho más profunda. Revisando unos textos observábamos que el origen de la palabra autogestión es complejo, surge finalizando los cuarenta e iniciando los cincuenta, es una palabra que se le atribuye a movimientos de Europa Oriental, cuando se tomaron Palestina los judíos se fueron para allá y empezaron a practicar cómo sembrar, cómo construir sus casas propias siendo este un real espacio si se quiere práctico de autogestión, de allí es de donde sale la palabra, y la mayoría de esta gente en su pensar son sionistas, entonces eso nos ha tenido últimamente en un debate respecto del anarquismo y sus orígenes.

 

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S: ¿Cómo definen ustedes el anarquismo y cuáles son los retos del contexto colombiano y latinoamericano?

P:  Lo primero que queremos mencionar es que las formas en las que se organiza la sociedad actualmente son las más violentas y opresivas, entonces identificamos las prácticas, más que una ideología específica, y en este caso retomamos muchas del anarquismo, como la acción directa, la horizontalidad, el anticapitalismo y el antiestatismo. Creemos que si nosotrxs identificamos el marco de acción dentro de unas prácticas, esto nos permite seguir avanzando y no quedarnos en una lógica de solo defender una postura. También seguimos estudiando a pesar de que haya algunas individualidades que sí se definen como anarquistas, lo hacemos para que las lógicas desde las cuales entendemos el mundo se basen más en prácticas que en una ideología macro.

En ese sentido, somos conscientes de que son muchos anarquismos y hay cosas en las que nos podemos recoger y otras en las que no. Nuestras discusiones se han basado en textos que desbordan el anarquismo y que toman cosas que quizá para algunxs que estuvieron en otras organizaciones, y que quizá eran más radicales en tanto a las discusiones o los textos que se hacían o que se leían. Y en este caso ha sido una experiencia valiosa porque han entrado textos de feminismos negros, experiencias anticoloniales más locales y experiencias barriales y de vida que dan aún mucho más sustento para situarnos en un lugar más amplio. 

Dar una respuesta acerca del anarquismo en Latinoamérica es complejo, porque las lecturas que hay al respecto y las investigaciones que se han hecho del anarquismo y de la llegada de este a Colombia es la mirada colonial: esos pueblos de ahí son una masa lista para manejar que sirve como experimento anárquico. Cuando hacemos ese tipo de lecturas se genera una tristeza, porque el anarquismo, por más que se abandera de muchas causas en las que hoy nos recogemos también, en su momento tenían unas miradas displicentes de estos territorios, cuando venían y hacían esas excursiones.

Entonces, si bien hay un afán también por hacer memoria de personas que tenían miradas antiautoritarias y que pensaban propuestas distintas. Y esto es un motivante para pensar cómo actuar y hacer proyectos en un futuro más próximo. 

En cuanto a los retos en el contexto colombiano y latinoamericano, hacemos el análisis de que estamos viviendo un progresismo tardío en América Latina, por lo menos en Colombia, que está intentando volver a crear ese bloque contrahegemónico al imperialismo estadounidense y europeo. Vemos esto con preocupación, porque al identificarnos con muchas de las posturas de la lucha anarquista sabemos que el camino no es y no va a pasar nunca por organizar o por construir un Estado-nación fuerte, o un Estado-nación del pueblo, o un Estado-nación que sea emancipador, sino que vemos que las formas en las que actúa el Estado-nación, y más ahorita en este momento de progresismo, son una válvula de escape para muchas de las cosas que estábamos viviendo antes de la posesión de Petro.

Analizamos las posiciones que han tenido otros territorios como Argentina, Chile, Bolivia y Ecuador, que en momentos muy álgidos empiezan a crear una salida democrática con estos progresismos, pero en donde después vuelve la derecha a reconfigurar ese fortalecimiento que se hizo en esa época del progresismo del Estado-nación. Por eso el reto es seguir posicionando estas ideas, que la organización de la sociedad no puede y no debe pasar por el Estado-nación, sino que tiene que ser una propuesta más de organización desde abajo, en lo posible federalista, que reactive una serie de principios que identificamos en el anarquismo. Vemos peligroso que el progresismo siga concentrando la atención de las soluciones a través del Estado, pero después seguro va a volver, cíclicamente, la derecha, y van a ser periodos complicados.

Una cosa importante de estos tiempos es que se ha dado una mayor cohesión dentro de organizaciones anarquistas o libertarias en toda Latinoamérica. También hemos podido juntarnos y charlar, y creemos que esa es la salida, el reto a futuro: seguir fortaleciendo esas experiencias y entendiendo los territorios desde otra óptica que vaya más allá del Estado. 

 

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S: ¿Cómo vinculan la acción directa con su propuesta artística tanto en la calle como en los espacios digitales?

P: Ahí tenemos una polémica en cómo entendernos, si lo que hacemos es arte o no, o cómo lo llamamos. Lo que queremos hacer es violentar, lo entendemos así, desafiar las formas en las que están presentes las coacciones que vivimos bajo este sistema, y hacerlo de la forma más solidaria y autónoma; es lo que podríamos rescatar de lo que hacemos con la propuesta artística.

Intentamos que la calle sea la prioridad para nosotros. Vivimos la contradicción de que ese activismo digital que hacemos sea mayoritariamente en plataformas de multimillonarios que controlan esas redes, así que habitamos esa contradicción. Le damos prioridad a la calle porque en ella cualquiera se puede topar con un mensaje, o puede increparnos o apoyarnos.

Creemos que ahí es donde realmente podemos denunciar y hacer cosas. Los espacios digitales sirven para amplificar y para llegar a otras latitudes o a otros territorios. También hemos logrado juntanzas a través de espacios digitales, pero siempre intentamos concretar para que sean acciones en la calle que confronten la realidad y no como la burbuja de los medios digitales. 

 Esta es una discusión inacabada: ¿es una propuesta artística o no? Este no es nuestro interés ahora, lo que sí es claro es que son acciones políticas, entendemos lo político como un actuar urgente. Es una discusión que no nos atañe, que no nos importa en este momento; nos importa la necesidad y la urgencia del hacer. 

 

S: ¿Qué tipo de mensajes buscan desactivar o contrarrestar con sus intervenciones visuales y callejeras?

P: Intentamos que las acciones confronten los principios jerárquicos en los que se ha desarrollado la sociedad en la que vivimos, señalando el papel y la función de la policía en la actualidad, el de las fuerzas armadas, del paramilitarismo, del extractivismo y del colonialismo que hay que confrontar, denunciar, pero también apañar a las personas que las confrontan diariamente y sentir un respaldo de que el status quo o a esa vox populi no puede ser como lo que nos dicen los medios. Siempre ha sido denunciar al enemigo, a toda la clase empresarial política y militar que sigue viviendo a costa de la explotación de la mayoría de la sociedad, haciéndole una contra fuerza a los medios de desinformación y al Estado en su institucionalidad, que es opresora y que intenta posicionar discursos que no son. 

 Buscamos visibilizar historias y voces de resistencia y lucha porque creemos que al estar en la calle, esto se puede volver el tema de discusión y un descubrimiento de otras realidades. Hemos pintado a Assata Shakur, que fue militante de las Panteras Negras, que recientemente murió en Cuba, a Abu Obaida, que fue un militante de la resistencia palestina, y a Alfredo Cospito, que es un preso anarquista en las cárceles de Italia.  También a las víctimas de la masacre del 9 de septiembre de 2020 y a los chicos que fueron asesinadxs en la estación de policía de San Mateo el 4 de septiembre de 2020.

Haciendo el apañe porque a través de esa denuncia y de esa visibilización nos acercamos a otras personas que están construyendo un relato de memoria que no es hegemónico en este momento. Esas son las apuestas, es lo que intentamos contrarrestar, esa imposición de una realidad que no es como la que nos cuentan. Esos términos se pensaron desde el romanticismo de la internacional situacionista y esos procesos que hicieron de doblar los mensajes, de jugar con los mensajes y dinámicas del capitalismo y demás, e intentar darle un giro y darnos otro tipo de lenguaje. 

 

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S: ¿Cuál creen que será el papel del anarquismo en las próximas generaciones?

P: Esperamos que no se olvide la historia de lucha de todas las personas que se han recogido en ese pensamiento, eso nos permite seguir retomando formas de lucha que son valiosas en este momento. Sabemos que es un trabajo que toca hacer, entendemos el anarquismo desde esta corriente europea y con una necesidad grande de descolonizar este pensamiento, de nutrirlo de experiencias vividas porque no queremos y no es nuestra apuesta que las próximas generaciones sigan hablando de grandes patriarcas del anarquismo europeo del siglo 18 y 19.

Vemos con alegría que en muchos de los momentos que hemos vivido, como el estallido social acá en Colombia o en Chile, incluso lo que está pasando ahorita en Ecuador y en Perú, también se intentan crear nuevas alternativas, pero también desde unos marcos y unas prácticas que sean lo más próximas a lo que podamos entender o discutir sobre lo que sería el anarquismo. Igual, eso no es una cosa que les va a llegar a las nuevas generaciones porque sí, sino que tiene que ser un legado que se acumule durante años para que en algún momento puedan estallar posibilidades de organización social distintas.

Creemos en el papel del anarquismo aquí y ahora, porque en cualquier momento uno puede leer un texto que lo marca y seguir indagando, tenga 15, 30, 50 o 60 años. Es una responsabilidad de todas las personas que estamos en la juega y en la lucha, seguir estudiando o seguir leyendo sobre la historia del anarquismo; ojalá más del sur global porque hay muchísimas experiencias en nuestros territorios que no han sido conocidas. 

Una de nuestras reflexiones cuando sacamos un fanzine es pensarnos si queremos que se rote en los mismos espacios que los coleccionan, porque a veces no se leen, o si queremos llegar a lugares donde realmente las personas no conocen un fanzine y no saben qué es. Eso también ha sido una apuesta, claramente vamos a caer en los nichos de siempre, en las organizaciones y personas comunes del gueto, pero la intención es llegar a otros lugares. Han surgido ideas, por ejemplo un día sacar fanzines y dejarlos en un Transmilenio, con suerte de que lo lean y que lo oigan.

Nosotrxs pudimos dejar algunos por ahí para que los tomen, esas son apuestas un poco disruptivas, porque es jugarle a las distintas formas de cómo se maneja la información y a quién llega. Por eso le apostamos a las redes de distribución, además gratuitas en la mayoría de los casos, que resuenen en lugares no convencionales. 

 

S: ¿Cuáles son las recomendaciones de textos, literatura, obras artísticas que hablen sobre su idea de anarquismo, más allá de los autores clásicos?

P: Recomendaría Actuar Aquí y Ahora: Pensando la Ecología Social de Murray Bookchin, un libro de Floreal Romero que explica esa apuesta de lo que escribió Murray Bookchin, dentro del marco de la ecología social. Lo sitúa a uno no desde una teoría general, sino desde cosas muy puntuales. Es un texto para leer en momentos en que parece que no hay forma de cambiar o transformar las cosas.

También voy a traer una experiencia que de hecho puede soportar un poco incluso la pregunta. Como colectivo asistimos a la conmemoración de los 150 años de la Internacional Anti-Autoritaria, allá donde se fundó, en Suiza, y de allí quedan varios aprendizajes. Nosotrxs fuimos a hablar de lo que hacíamos y la acogida fue chévere, pero también sentíamos que las miradas de estos lugares son bastante condescendientes. Las discusiones que se daban eran totalmente lejanas a lo que es nuestra realidad y cómo concebimos el mundo hoy aquí y ahora en este territorio.

Eso me hizo pensar desde mi experiencia personal que el anarquismo, y esto me cuesta decirlo, está muy lejano desde lo que consideramos y sus prácticas. Las discusiones que se daban eran totalmente innecesarias, incluso a veces un poco obvias, y sus problemas cuando los ponían en lo práctico no tenían sentido; hubo rencillas entre parches, era una feria del libro y tenían libros que se desacreditaban, incluso se quemaron libros entre ellos, entonces esto era absurdo y nos cuesta entenderlo.

Entonces ahí también surgió un poco la pregunta, ¿nos bancamos como anarquistas teniendo la experiencia más cercana de lo que es el anarquismo, entre comillas, real? Por otro lado, hay lecturas que no son anarquistas, pero que pueden darnos una idea de lo que puede ser otro mundo posible. Uno de esos textos es Por un buen vivir, que habla desde los institutos culturales, pero es eso, como que pone en discusión el vivir bien y el buen vivir. 

 

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S: ¿Cómo se organizan internamente para evitar jerarquías y mantener la horizontalidad? 

P: Intentamos mantener el espacio de la asamblea porque evitamos prácticas machistas como el liderazgo por afinidades, o recargar muchas cosas en pocas manos. Ese espacio de la asamblea es para develar todas las prácticas que mantenemos y aquellas que sí han funcionado, pero que toca seguir trabajando. Obviamente no nos alcanza el tiempo para comunicarnos lo que tenemos para mejorar, pero la práctica de la asamblea es una de las formas en las que podemos funcionar. Y tratar de que todas las personas podamos estar en cualquier acción o posición que tenga que ejercer alguna individualidad del colectivo para que así no se descentralicen, porque en algunas experiencias que muchas hemos tenido hemos visto esos vicios en las organizaciones, que hay personas que están más preparadas, que pueden hablar más, pero si nos quedamos como fortaleciendo esos liderazgos eventualmente la horizontalidad se va a desdibujar.

Estas han sido discusiones que se han dado los últimos años porque en un principio quien tenía ciertas cualidades y saberes dominaba ciertos espacios, pero la intención siempre era distinta. En las discusiones hemos decidido que todas las personas que hagan parte del colectivo vamos a intentar hacer todo y no importa que lo hagamos mal, que sean mil ensayos y mil errores, pero que logremos hacerlo.

Claro, la imposibilidad mental que nos han impuesto de “yo no dibujo”, “es que mis manos no son para eso”, “es que yo no escribo”, o “no puedo hablar”, están y han estado todo el tiempo, pero nos hemos tirado todxs al abismo. Esta ha sido una necesidad y urgencia del colectivo, que todas las personas inmersas puedan discutir, realizar acciones, asistir a una reunión, que sepamos en qué nos podemos comprometer, hasta dónde podemos llegar. Que en realidad cada persona representa al colectivo.

Estamos en un momento muy chévere porque las personas que hacen parte del colectivo podemos hacer cualquier acción, nos atrevemos, porque de esa forma aprendimos los oficios que sabemos, incluso por ejemplo en la radio, ninguna de las personas que integran el colectivo tiene suficiente experiencia en lo digital, en programar o en mover cables, pero la radio la hemos hecho así, con las uñas y con los conocimientos básicos, nos lanzamos y ha sido todo de esa forma.  

Este es un colectivo de voluntades y a veces creemos que podemos dejar el espacio, que podemos irnos y que no somos indispensables, pero esto no es un trabajo, pretendemos que sea lo contrario y en ese sentido hacemos que cada persona que hace parte del colectivo sea indispensable. El capitalismo nos ha enseñado eso y de hecho es una cosa que se narra en los trabajos: nadie es indispensable. Entonces hay mil personas que pueden hacer esto, cualquiera puede rotar. En este caso no. También están las discusiones más personales, como integrar cosas que quizá en un principio no se tenían en cuenta, entonces se trata de saber cómo estamos, además de una colectividad que piensa transformar o destruir la sociedad, hacer de esto una cosa de afinidad, no sólo política sino también de sentires, que es lo que ha consolidado la forma en la que estamos ahorita, porque nos sentimos cercanos, nos queremos, nos amamos y eso marca  la diferencia de estar en este espacio. Es disfrutarlo y hacerlo en realidad con amor.

 

 

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