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Traer el futuro de vuelta: cuestionarlo todo con La lira libertaria

Las letras de esta banda chilena son más que himnos de protesta y anarquía, contienen la emoción de quienes han cuestionado la forma en que habitamos el mundo: son un llamado a la utopía.

Simona

 

Su mirada de la anarquía no se centra solo en el rechazo frontal al capitalismo, también se adentra en los pliegues de la vida íntima donde se reproducen silenciosamente las jerarquías. Saben que la lucha no se da exclusivamente en la barricada, sino en el modo en que nos miramos, nos cuidamos y nos reconocemos como iguales. Porque cada gesto es político, cada palabra es siembra o despojo y la libertad se ejerce diariamente como una práctica del presente en la que derribamos la autoridad que habita en nosotrxs mismxs. La idea es desmontar el miedo que nos separa y aprender a relacionarnos desde un amor eficaz.

Así como la tradición de las liras populares que cantaron injusticias e insurrecciones desde las esquinas de Chile, este grupo entona su llamado libertario con la certeza de que la palabra en boca del pueblo es semilla y es fuego.

 

Simona: ¿Cómo definen La lira libertaria? 

La lira libertaria: Es una banda musical y un proyecto político que nació hace unos 15 años. En un primer momento hacíamos poesía escrita y después nos vimos en la necesidad de musicalizar esa poesía. Ha ido mutando desde un proyecto político, un grupo y una banda musical, y nos hemos visto empujados un poco por la historia, porque hicimos unas cuantas canciones sin ningún afán y las canciones se difundieron un montón, entonces eso nos metió en esa rueda de tener que seguir.

Alrededor del año 2010 nos reunimos para cuajar estas canciones que teníamos a medio hacer. Ese año fueron golpeadas algunas de las casas okupas y centros sociales. En ese contexto es que nos juntamos, pero ya nos conocíamos desde hace algunos años, por eso la banda tiene un contenido político, anárquico y antiautoritario. Habían asesinado a la compañera Claudia López el año 1998, después a un par de compañeros más. Nosotros mirábamos a lo lejos lo que había pasado en España o lo que pasaba en Grecia o lo que pasaba en México, o lo mismo que pasaba en Argentina en 1900. Después fuimos construyendo nuestra propia historia y cultura. 

En ese momento teníamos conciencia de lo que estábamos haciendo: estábamos construyendo algo. Eso es lo lindo, que vimos que después eso sirvió para que en otros lados otrxs compañerxs sintieran que alguien pensaba lo mismo en este mundo y sintieran un grado de compañerismo con otros lugares del continente, para nosotrxs eso… fue una sorpresa.

 

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S: ¿Por qué tomaron el nombre que tienen, qué significa para ustedes?

L: Porque acá hay una cultura antigua, de finales de 1800 y principios de 1900, que se llamó la Lira Popular: pliegos de poesía impresa escrita en décimas. Esto viene de una cultura muy antigua, de la Edad Media, cuando la poesía se imprimía y se colgaba en cordeles, la gente se podía informar y podía leer estas cosas, era una especie de prensa paralela. Ahí el pueblo se expresaba, pero también se comunicaba y de hecho está el detalle de que en Chile en algún momento los gobiernos de principios de 1900 la prohibieron, porque excedió la prensa oficial o la prensa burguesa. Esa es la lira popular.

Yo hice un taller en 2008 con un viejo amigo que es payador, él nos metió en esto de escribir en versos populares, y como habían ocurrido tantos acontecimientos (habían matado a Jaime Mendoza Collío, mapuche, en la zona de Wallmapu; había muerto el compañero Mauricio Morales) entonces teníamos muchas cosas que decir y lo pusimos en esta poesía popular, en esta métrica popular. Y dijimos: Esto es una lira, pero con un contenido libertario, antiautoritario. De ahí viene toda esta idea, porque esta tradición de “los puetas populares” y de los cantos en décima y los payadores es algo que está extendido por toda Latinoamérica. Escuchamos ejemplos en Argentina, o los viejos Patagones; alguna vez oí otros en Puerto Rico, en Cuba, y hay distintas entonaciones y formas de cantar estos versos.

Acá por ejemplo Violeta Parra tiene su autobiografía escrita en décima y Víctor Jara escribía en décima y si no son décimas, son cuartetas, que no son esos diez versos, pero si son cuatro, o a veces en octavillas, pero eso es parte de la cultura latinoamericana.

 

S: ¿La música es una forma de militancia?

L: En la cultura del realismo soviético, o del marxismo, está la idea de que el arte es una herramienta al servicio de la revolución. Esto nos genera ruido porque si el arte es una herramienta, es un pequeño engranaje en una gran maquinaria, y eso le quita su valor de expresión personal y emocional. El arte es nuestra expresión y, claro, sucede que nosotros somos compañeros anarquistas y estábamos narrando nuestras historias, lo que nos había pasado, no era que estábamos tomando un libro y haciendo un panfleto musical.

De hecho, las canciones del primer disco las empezamos a escribir en 2009 y las terminamos en  2014. Fue un proceso muy largo en el que estábamos hablando de las fibras más profundas de nuestro corazón y de nuestros amigxs, y resultó que otros corazones, en otros lados, lo sintieron desde ahí. Y por eso la cosa se expandió, porque tenía un grado de sinceridad.

 

S: ¿Cómo entienden el anarquismo y las ideas libertarias?

L: Como una forma de relacionarse y de vivir más allá de una filosofía o una organización económica de las necesidades. Son formas de conducta, de comunicarse, de relacionarse y de sentir la vida. Aquí se usaba una frase: En la calle son el Che y en la casa Pinochet. Porque la anarquía es muy profunda y hace autocríticas tanto de la vida privada como de la vida pública y apunta a todos los ámbitos. Y a nivel social sabemos que la democracia no es una solución ni una meta, sino que es ya parte del problema y por eso continuamos haciendo reclamos.

 

S: ¿Cuál es el rol del anarquismo en la sociedad?

L: Acá en Chile hubo grupos guerrilleros que pelearon contra la dictadura y después de que volvió la democracia los mismos gobiernos se encargaron de encarcelar a todos estos luchadores que se habían levantado en contra de Pinochet. 

La anarquía siguió y continuó a esos grupos y salió a la calle después de esta traición democrática. Ha aportado en esta forma estar al margen, estar afuera y rechazar la política institucional. Y también creo que esto se facilita con la experiencia y la historia del pueblo Mapuche. Ellxs tienen la postura de estar fuera del Estado de Chile, así que esta idea no es tan descabellada para nosotrxs. El anarquismo refuerza una cultura del apoyo mutuo. Y eso aporta a la historia local de colectividad, de las tomas de terreno, o incluso en el sur, donde hay experiencias como la “minga”, en la que los vecinos se prestan apoyo en distintas tareas y esto se hace en comunidad. Estas cosas están a nivel subconsciente, como de la cultura colectiva, y son una forma de combatir el capitalismo moderno.

 

S: Cuando han girado por otros lugares de Latinoamérica, ¿qué resonancias o complicidades han encontrado en otros públicos con otros contextos?

L: Antes de viajar con la banda, viajamos como individualidades. La primera vez que salimos con los chicos, con la banda, fuimos a Bogotá, Medellín, Cali, Buenaventura. Allí ya teníamos bastante retroalimentación de este internacionalismo y estas ideas de que no hay patrias y no hay fronteras, es más que nada corroborar y cerciorarse de que nuestro pueblo es la humanidad entera.

Nos cercioramos con la idea de que somos un gran barrio y eso es súper lindo. Además nos sorprendemos con la retroalimentación que te puede hacer alguien que te permite pensar en otras cosas.

 

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S: ¿Cómo manejan la horizontalidad en la banda?

L: Es un desafío, porque estamos acostumbrados a que nos digan qué hacer. Y eso es lo más terrible, cuando nos acomodamos a preguntar siempre ¿qué hago? Ese es el problema más grande con el que nos hemos enfrentado, con el impulso que hay en cada uno de que es más fácil recibir una orden a tener que hacerte cargo de tus propias decisiones y tus cosas.

Entonces, más allá de una cosa matemática, de cómo tomar las decisiones, la horizontalidad es un desafío porque nos obliga a hacernos cargo de nuestra parte en las tareas colectivas. Hasta el día de hoy tenemos conversaciones sobre esto, porque si te dicen qué hacer te evitas la tarea de resolverlo tú, te evitas el debate interno, el trabajo. Te evitas todo. Entonces es un desafío abierto.  ¿Cómo construir y crear hacia adelante? Yo sé que en las experiencias zapatistas la idea es ir, liberar un pueblo, y te vas después. Y la gente se hace cargo de eso. En esa medida, las comunidades tienen que pasar por esos procesos. 

 

S: ¿Cómo vivieron la época de la revuelta en Chile?

L: Fue loco, súper loco, porque de la noche a la mañana si tú tenías un trabajo… ya no tenías trabajo. Todo se canceló. Todo se había vuelto patas arriba. Éramos un poco escépticos, sabíamos que el poder de alguna manera iba a digerir todo esto e iba a engañar a la gente, intentando hacer una serie de jugadas democráticas que en el fondo eran una mentira. Ya en esos días existía la intención de ser conscientes y de trabajar para que eso no ocurriera, pero igual pasó. 

En los primeros días y semanas había una sensación de que nada de lo establecido era válido, eso fue increíble. Nunca había experimentado eso. Y nosotros desde la anarquía siempre supimos que la institucionalidad iba a llegar a cooptar, sobre todo porque existía la experiencia de la lucha contra la dictadura, que después giró hacia una democracia pactada que les dio beneficio a los milicos y que generó una clase política de “izquierda”.

Por años la opinión pública había repetido: ¿Por qué la gente protesta si estamos en democracia? Y quedó en evidencia que la policía mataba, torturada y estaba desapareciendo.

 

S: ¿Qué significa ser anarquista en Chile?

L: Es un problema (es broma). A pesar de eso, siento que los anarquistas ya son una figura dentro del imaginario. Por ejemplo, hace 30 años no existían los anarquistas y se ha metido tanto ruido que ya son un personaje dentro de la fauna. Y eso igual es una forma de instalarte, un punto de difusión hacia fuera. Había noches de protesta en las que las familias decían: Llegaron los anarquistas. Y la respuesta era: Ahora se va a poner seria la cosa.

Ya son un personaje, portadores de una cultura propia, antagonista y marginal, que ha sobrepasado mucho, por momentos, a la cultura oficial. Entonces, ha habido momentos en los que ha sido mucho más potente la cultura callejera que la cultura oficial, o de los medios. Y hay que darle una vuelta a la importancia de eso, claro, porque lo que pasa acá en Chile rebota en lo que pasa en Buenos Aires, en Bogotá, en Ciudad de México y en otros lados. Y viceversa: lo que pasa allá rebota acá. Claro, es en parte por la llamada “democratización de los medios”, por el internet, por las redes sociales.

 

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S: ¿Cuál crees que será el papel del anarquismo en las próximas generaciones?

L: Lo que me gustó de conocer Colombia fue que tenían la conciencia de que a pesar de crecer en la ciudad somos primera o segunda o quizá tercera generación de campesinos. Vi unos afiches muy lindos sobre eso allá.

Pienso que la lucha política y por las ideas en las ciudades es un camino perdido, quizá una calle sin salida. No sé si es la solución, pero el futuro está en alejarse de las ciudades y volver a la tierra.

Esas publicaciones en Colombia tiraban el rollo de que obviamente el sistema capitalista nos ha ofrecido un modo de vida en base al consumo de bienes en las ciudades, y eso no va para ningún lado. Entonces pienso que quizá la anarquía en el futuro va a estar para generar redes y circuitos fuera de grandes ciudades y de grandes capitales.

El anarquismo es una posición, no una cultura alternativa, porque la cultura alternativa se nos vende como un nicho más dentro del capitalismo. Nosotros somos una forma, un camino, una ruta que se sigue construyendo el mundo y eso es lo que estamos intentando.

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