
Traer el futuro de vuelta: una conversación con el fundador de La valija de fuego
En esta entrevista con Marco Sosa, la belleza y la potencia del anarquismo nos interpelan desde su capacidad para construirnos, en nuestra autonomía individual, como una sociedad transformadora desde abajo.
En un mundo capitalista que se cae a pedazos, es necesario que nos planteemos nuevas formas de organizarnos para transformar las viejas estructuras, cambiarlas por otras en las que la empatía, el apoyo mutuo y la horizontalidad guíen los pasos. Esta ha sido la apuesta de la librería La Valija de Fuego, un espacio diseñado para soñar, debatir y crear mundos posibles desde el afecto y la digna rabia. La librería no se define como anarquista pero conserva el espíritu de las ideas de su fundador, Marco Sosa: imaginar otras formas de habitar el mundo y cuestionar la sociedad en la que vivimos.
Simona: ¿Cómo nació la librería y cómo se conecta con el anarquismo?
Marco: La valija de fuego nace como librería en primera instancia hace ya 16 años, después de que regresé exiliado por una actividad política. Cuando llegué, decidí montar la librería. Aclaro: la librería, como tal, no es un espacio anarquista, sino que funciona como un nodo cultural general, sin embargo, yo guardo bastante afinidad con el tema.
S: ¿Cómo defines el anarquismo?
M: Es un proyecto emancipatorio, liberador, de diálogo constante y de reconstrucción política. Yo soy más partícipe de lo que la mayoría de los autores, como Tarrida del Mármol y Malatesta, definen como el anarquismo sin adjetivos. Es decir, que las prácticas anarquistas también dependen del contexto en el que estén situados.
Todas las imágenes son cortesía de La valija de fuego
S: ¿Cuáles crees que son los retos en el contexto colombiano para el anarquismo y también latinoamericano?
M: Todos. Surge de la necesidad de un individuo consciente, es decir, con soberanía individual. Sin la capacidad de constructo del individuo es difícil llegar a formas emancipatorias colectivas. En esa medida, pienso que el anarquismo es un proyecto no utópico en el sentido de la palabra, sino utópico en la necesidad de construir. Es decir, crear una revolución social, que cambie los constructos de la sociedad de abajo hacia arriba.
Uno de los retos también es dejar de vetar las prácticas anarquistas. Se piensa en el anarquismo en Latinoamérica como una vía romántica, que es una bonita forma de pensar, pero que no es una forma viable de llevar una sociedad. Yo creo que prácticas históricas en Latinoamérica y contemporáneas han mostrado que el anarquismo ha tenido una fuerza increíble, por ejemplo, como las que hubo en el Estallido Social, que fue una práctica que desde el punto de vista político puede ser anarquista, que surgieron por una necesidad de salir a las calles a demandar el futuro de vuelta y a organizarse en contra de la represión y del poder. Estas son las formas de construcción que el anarquismo siempre ha buscado y que ha referenciado.
Entonces yo creo que el anarquismo tiene mucho que aportar ahí y lo ha hecho históricamente. Lo que pasa es que no siempre tiene que ser bajo la bandera negra. El anarquismo es una tendencia, un signo tan potente y humano que de una u otra forma es inherente a nosotros.
S: ¿Cuáles han sido los aprendizajes en cuanto a la organización, la horizontalidad y la autogestión en estos 16 años que llevas con la librería?
M: En principio era yo solo, pero las prácticas de apoyo mutuo han sido fundamentales para el crecimiento y el desarrollo del espacio para el bien común. Si bien, como te digo, esta no es una librería anarquista ni pretende serlo, tiene cierta aura en sus prácticas, por ejemplo, que el que más gane no gane un 20% o 25% más que el que menos gane. O trabajar menos de la jornada laboral establecida por ley. Esta serie de posturas están vinculadas a mi formación anarquista.
S: Dices que ésta no es una librería anarquista sino un nodo cultural. Me gustaría que profundizaras en eso.
M: Nosotros entendemos nuestro espacio más allá de la transacción económica entre libros y efectivo. Es un espacio de construcción cultural, es decir, donde hay una cultura abierta y crítica en un espacio físico que propicia la discusión, el análisis y el debate. El ejercicio económico nos permite mantener el espacio, donde el 85% de las actividades son de carácter gratuito y abierto. Por eso nos definimos como un nodo cultural, es decir, un espacio de interacción entre la sociedad para generar diferentes posturas y prácticas frente a la cultura. De hecho, en el Estallido Social la labor de la librería fue una labor de difusión muy importante porque tuvimos una postura bastante crítica y marcada y fuimos un sitio de encuentro donde se difundían las diferentes propuestas gráficas en afiches que circularon durante esas jornadas de agitación.
S: ¿Cuál crees que será el papel del anarquismo en las próximas generaciones?
M: Cada generación tiene su propia inquietud y el anarquismo es una de las corrientes políticas más versátiles de la historia. Su estructura orgánica le permite generar una serie de apuestas nuevas constantemente. Entonces creo que tiene un papel preponderante en todas las formas de organización. Incluso no solamente desde el ambiente político, sino que podemos hablar de anarquismo en la naturaleza o en estudios de las relaciones de la teoría de la complejidad. Autores como Kropotkin, o el colombiano Carlos Maldonado en la actualidad, muestran desde un punto de vista científico que la sociedad, los individuos, el planeta y las especies tienen formas de interacción anarquistas. Entonces superamos el plano discursivo y se muestra que el anarquismo es una práctica real.
S: ¿A qué tipo de lector busca interpelar La valija de fuego con sus publicaciones?
M: A todo el que podamos, a todo el que le dé la gana. Cuando empezó la librería yo venía exiliado y creé una especie de frankenstein que hoy es La valija de fuego. Yo no quería un espacio de y para los anarquistas. Tuve ciertas rupturas con eso, no porque no crea que hay que cambiar a la sociedad de una forma radical, sino porque me parecía que también se convierten en un gueto. Mi postura era salir del gueto, organizar toda esa rabia positiva y tener un espacio mucho más abierto. De una u otra forma se ha hecho una labor de sensibilización alrededor del tema que ha permitido que mucha gente se acerque bien porque le llama la atención y puede continuar, o bien para tenerlo solo de referencia o para decir eso no me gusta.
S: ¿Cómo aplica usted los principios anarquistas en su vida diaria y en lo íntimo?
M: La anarquía es una forma de cambiar un esquema de pensar. Yo estoy lleno de falencias y errores, afortunadamente, y creo que el pensar sobre ellos y tratar de tramitarlos desde otra pedagogía también hace parte de mi construcción como sujeto y como persona que siente esta fuerza indomable de la anarquía que lo atrae y lo seduce desde muy pequeño, y que me ha hecho tener que salir casi cuatro años del país por una posición distinta. También me ha hecho ser capaz de pensar un proyecto ambicioso, con sus errores o no, pero que les ha permitido a varios segmentos de la población y varias apuestas políticas y culturales tener una caja de resonancia y un espacio donde convivir y compartir, donde tener unas prácticas laborales distintas, donde poder interlocutar con otros contenidos y poder enunciar que sí se pueden hacer las cosas de otra forma.
Para mí el poder que reside en la anarquía es la de ser un individuo consciente de sí mismo, con la capacidad de confrontar a la sociedad pero también de construirla cuando hay la capacidad de hacerlo. No es la visión estereotipada del anarquista que critica todo, es también la posición proactiva y constructiva, esa rabia positiva, ese enunciamiento de transformar circunstancias e ir buscando gente para empezar a formar una propia voz.
Es eso para mí lo más hermoso que tiene la idea de anarquismo.

S: Esta pregunta me surge por la conversación que estamos llevando, ¿cómo llegó al anarquismo y cómo se empezó a acercar a estas ideas?
M: Yo era un pequeñito y escuchaba mucha música, a los 10 u 11 años, y esto [la música] me empezó a acercar un poco. Igual yo creo que también hay algo en la sociedad que no me permitía encajar y ahí empecé a acercarme a los fanzines, los discos, las letras y a ver otro tipo de prácticas. Con ello no estoy diciendo que todo el punk sea anarquista o que el anarquismo venga del punk.
Iba al centro, a la Luis Ángel Arango, a buscar fanzines, después copiaba las letras a mano para ver qué decían. Y en ese proceso me acerqué a gente que era afín a la idea, a participar en colectivos. Y ya muchos años después, en el 98, fui a las primeras jornadas libertarias que se hicieron en Colombia, en la Universidad Nacional. En el 2000 creamos La coordinadora libertaria Bandera negra. Estuve en varios colectivos, tuve trabajo particularmente con prisioneros sociales, políticos y de guerra, sindicatos, de agitación y demás.
Para el año 2005 me tocó irme del país porque fui testigo del asesinato de Nicolás Neira, un menor de edad que el ESMAD asesinó a golpes (y la versión del papá es distinta, pero yo estaba ahí). Y eso es como un catalizador de toda la complejidad de lo que había hecho políticamente antes. Luego me llegaron amenazas, intentos de asesinato y me tocó irme a España y allí duré alrededor de cuatro años.
S: Hago un puente, cuando usted me habla de Nico Neira, con el Estallido Social, porque fue revivir en proporciones desmesuradas la brutalidad policial.
M: Sí, claro. Bueno, lo de Nico siempre fue desproporcionado, era un niño, tenía quince años, lo del Estallido también es una agresión, una violencia estatal bastante fuerte. Estamos muy cercanos y somos muy sensibles al momento social, o sea, acá en la librería no es un requisito que tú milites en alguna organización o que debas tener un punto de vista x o y, pero sí que tengas una sensibilidad, un cariño hacia lo social.
Por eso estamos también muy metidos en lo de Palestina. De hecho, hemos tenido problemas con sionistas, nos censuran los grafitis que hacemos, han venido a insultarnos. Pero pues esos son gajes de estar en contra.
Igual la librería, más allá de ser un depositario de libros, ha planteado unas posturas frente a la cultura y frente a ciertos momentos, como puede ser el Paro Nacional o lo que pasa en el Catatumbo. Entonces siempre tratamos de estar cercanos a movimientos de base, a colectivos, a organizaciones particularmente anarquistas con las cuales tenemos una relación.
S: ¿Cuáles son las recomendaciones de textos, literatura, obras artísticas que hablen sobre su idea de anarquismo?
M: Los desposeídos de Ursula K. Le Guin, una novela utópica muy bella. A nivel pedagógico pienso en Ni Dios, ni amo de Daniel Guerin, La ideología anarquista de Cappelletti, aunque el título de este último no me gusta. Creo que hay muchos elementos en la literatura clásica, por ejemplo, yo creo que me marcó mucho Dostoyevski, Tolstoi, ese tipo de personajes renegados que tiene la literatura, también me ha gustado el antihéroe libertario que es anarquista.
Yo creo que el anarquismo se basa en un principio, que es la afinidad, la necesidad recíproca de construcción, y depende mucho del lector, de lo que le pueda interesar. También con la poesía hay cosas que pueden no ser anarquistas pero que de una u otra forma denotan este tipo de cuestiones que son antiautoritarias, que llaman la atención. En términos generales de anarquismo, de pensamiento político, yo creo que Daniel Guerin es el mejor. La anarquía a través de los tiempos de Max Netlau también es un muy buen texto.
Bertolt Brecht era muy interesante porque hace una apología al derrotismo, que es bastante clara. Y es que de las derrotas también se construye y se aprende. Entonces no es como darse un golpe en el pecho ni una cosa de autosuperación, pero creo que estar en la senda del perdedor o estar en contra es una oportunidad de germinar de otra manera.
Lo que más construye a una persona es la inquietud, el ser inquieto, el atreverse a descubrir y a fallar. Además cierta falta de altruismo, porque todos buscan el altruismo para llenarse el pecho y cantar glorias y batallas.





