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Los Semen. Fotos tomadas del libro.

‘Mala Hierba’, un relato desde adentro sobre los orígenes del punk paisa

Frente a un panorama musical que resultaba a todas luces anacrónico, buena parte de la población joven marginada de Medellín decidió experimentar con una propuesta sonora y estética agresiva que narraba la realidad violenta del país. Este libro, escrito por Carlos Alberto David Bravo y editado por la Valija de fuego, da cuenta del punk como respuesta al narcotráfico y las mafias.

Daniel Fandiño / @sinsecuencia

Corría la década de los ochenta y el mundo estaba viviendo un sinnúmero de hechos que cambiarían trascendentalmente el rumbo de la sociedad. En 10 años de Guerra Fría puede pasar de todo: los enfrentamientos entre Irán e Irak, el conflicto en las Malvinas, Chernóbil, la caída del muro de Berlín. En Colombia el ‘boroló’ también fue moneda corriente. Esta época se le vino encima al país con acciones cuyas repercusiones aún afloran, por ejemplo la tragedia de Armero o la toma del Palacio de Justicia. Durante esa década la cultura del narcotráfico se dejaba ver con más fuerza, como ese cáncer a punto de hacer metástasis, y el epicentro de la afectación fue Medellín

Ante este panorama el desconcierto era patente. Buena parte de la juventud paisa sufría una gran desazón y nadie decía mucho al respecto por miedo. No había un futuro aparente. La música de la región, como los pasillos, los bambucos o las trovas, narraban un panorama que ya no existía. El recuerdo de este desencanto social dio pie para que Carlos David Bravo, más conocido en la escena punk paisa como Caliche, se decidiera a narrar lo vivido en esos años siendo baterista de Desadaptadoz (1987-actualidad), en un libro titulado Mala hierba: el surgimiento del punk en el barrio Castilla, Medellín, publicado por la Valija de fuego y relanzado en la pasada Feria del Libro. 

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Importando sonidos de Inglaterra y Estados Unidos, pelados de barrios marginados hicieron una fisura en el statu quo antioqueño e incorporaron agresividad en la música que decidieron hacer: la misma agresividad a la que se vieron sometidos y que coartaba la esperanza. El rock pesado se abrió paso dando a conocer lo que se estaba haciendo en el extranjero a través de covers de bandas como Black Sabbath, Led Zeppelin o Deep Purple, interpretados por Judas (1973). En medio de la escasez de iniciativas musicales, otra banda que se la jugó fue Sobredosis (1974), conformada por tres hermanos y un amigo, pelados que contaron con todo el apoyo de sus padres para sacar adelante su proyecto. El grupo terminó en 1978 y siguieron tocando solo los hermanos Henao bajo el nombre de Complot, agrupación que, sin saberlo, fue vanguardia en la escena punk local, tocando temas de The Clash, Sex Pistols, Sham 69 o Buzzcocks.

 

 

Una economía guiada bajo la lógica del derroche, producto de los primeros brotes del narcotráfico, contrastaba notablemente con la apariencia descuidada, las pintas estrafalarias, las conductas transgresoras y los excesos que ostentaban estos jóvenes. Empezando la década de los 80, en la zona noroccidental medellinense no había locales comerciales, restaurantes o espacios de esparcimiento, razón por la que se empezaron a llevar a cabo unos bailes de rock que partirían allí la historia de la música local: las ‘notas’. Para 1982, las ‘notas’ eran solo para los invitados, sin embargo ante la creciente demanda se empezaron a alquilar casas desocupadas y se cobraba un costo bastante bajo.

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Esas ‘notas’ engrosaron el capital cultural de los jóvenes debido a los intercambios de casetes cargados de música de artistas foráneos que lograban conseguir con las uñas colectivamente por los precios de los elepés, y además, se convirtieron en los espacios de sociabilidad de muchos jóvenes de la zona que tejieron fuertes redes de amistad. El trago fue clave para sacar chispas al ambiente: el ‘cocol’ era el licor predilecto por su precio, aunque para gustos más delicados también existía el ‘chamberlain’, el clásico menjurje compuesto por Pony Malta, leche condensada y alcohol antiséptico. En poco tiempo esos encuentros se popularizaron en Medallo (o Metrallo, como preferían decirle los punkos a la ciudad) y en algunas zonas como Pedregal, Castilla o Florencia se organizaban regularmente, cada ocho días. 

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Parche en una de las notas

En 1980 entra a funcionar la Institución Educativa CASD (Centros Auxiliares de Servicios Docentes), un espacio en el que se desarrolló un proceso cultural importante para la ciudad y sus habitantes. Tenía 13 modalidades, entre ciencias naturales, secretariado, electricidad, mecánica, salud y nutrición y artes, que a su vez se dividía en tres modalidades: artes aplicadas, enfocadas en la técnica de la serigrafía y el diseño, artes plásticas y educación musical. De allí surgió la primera empresa de serigrafía y estampación punk, en 1988, creada por Robert Marín y Albeiro ‘El burro’ Castro, mientras que en 1985, uno de los pioneros en pintar camisetas a mano fue Giovanni Oquendo, de Desadaptadoz.  

Escenarios como el CASD, que aunque apoyaron procesos, no eran comunes para la fecha en Medellín, y es por eso que el punk local no fue ajeno a las dinámicas del hazlo tú mismo, creando fanzines, grabando sobre casetes la música que se rotaban, tomándose espacios públicos, entre otras actividades que empezaron a diferenciarlos de los demás grupos de jóvenes que entonces parchaban en la ciudad. 

A pesar de la autogestión, los dineros del narcotráfico permearon la escena, como lo relata Caliche cuando habla del primer Super Concierto (1983), organizado por la única tienda de música de la época, JIV Ltda. El evento se realizó en la plaza de toros La Macarena y contó con la banda gringa de heavy metal Argus, y Fénix y Complot cumplieron con la cuota local. El concierto fue patrocinado por Medellín sin Tugurios, programa del naciente partido político que estaba formando Pablo Escobar.

1984 fue un año agitado política y socialmente para el país. La guerra contra el narcotráfico, y puntualmente contra Escobar, dejaba innumerables muertos, uno de ellos Rodrigo Lara Bonilla, quien fue asesinado por el joven Bayron Alexander Velásquez, la imagen del joven que luego reproducirían la televisión y el cine nacional del joven peligro para la sociedad. Desde ahí los pelados que tuvieran una apariencia distinta a lo que la sociedad dictaba, eran tildados de delincuentes, estigma del que todavía hay vestigios aunque hayan pasado más de 30 años.

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Las comunas más violentas durante esos años eran la 1, la 3 y la 5, que es Castilla. Para los 80, el barrio Castilla y gran parte de la zona noroccidental vivía una violencia incontenible que fortalecía el surgimiento de nuevas propuestas artísticas y culturales que miraban, narraban y analizaban lo que se vivía. En esos sectores se empezaron a formar las “galladas” y se dio un primer intento por superar las fronteras barriales con el colectivo Movimiento Punk de Medellín (M.P.M). Los Porks (1984), que parchaban en Castilla, fueron el primer grupo de parceros que se dejaron ver por la calle, todos con una estética similar: la primer ‘gallada’ de punkeros de Medallo. Eran casi 30, algunos de sus integrantes eran Patricia Arenas (SS Ultimátum), Ringo (Pestes), Giovanny Rendón (P-Ne), el Negro, el Calvo, y demás. En los testimonios que recopiló ‘Caliche’ al respecto, todos coinciden que el más arriesgado de todos era el Calvo, un pelado que de un momento a otro llegaba con el pelo rojo cuando nadie más se teñía, o con nodrizas en la cara.     

Ante la aparición de estos parches, la represión fue una constante. 12 y 24 horas le tocó pagar de retención a más de un punkero de la zona Noroccidental, tiempo en el que los tombos abusaban de los pelados y les quitaban sus símbolos estéticos: las cadenas, las botas, los taches. 

 

 

En Medellín circulaba poca información sobre otras movidas subterráneas del mundo, por lo que desarrollaron sus propias versiones de las mismas. El intercambio de fotocopias con información acerca de lo que estaba pasando en otros lugares del mundo o con letras de canciones traducidas al español eran comunes. Punk la muerte joven (1985) fue la biblia del movimiento en la época, fue el primer ensayo que documentó la escena londinense y norteamericana. El libro, escrito por el periodista argentino Juan Carlos Kreimer, se convirtió en un referente obligado que influenció sustancialmente las ‘galladas’. Películas como The Warriors, Clase 1984 o The Return of the Living Dead, también incidieron en las dinámicas punk locales.

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Semana a semana los grupos de punkeros salían a caminar por los distintos barrios de la Noroccidental, haciendo que la calle fuera algo más que un mero espacio de tránsito y circulación. El vagar por los barrios se constituyó para las ‘galladas’ en una forma clara de resistencia alternativa. Además de los Porks, otros parches conformados en torno al ruido eran Los Semen (‘gallada’ de la que hacía parte ‘Caliche’), The Wastes, Los Kennedys, Los Demons, Los Pigs (parche al que perteneció la primera mujer punkera: Sandra, conocida como La Calva, quien luego los abandonó para parchar con Los Porks), Los Nazis y Los D’mentes (parche de Ringo).

Las primeras bandas de punk que se abrieron paso en Medellín fueron Pestes y P-Ne con instrumentos hechizos. Después en casa del Negro, donde tenía un ensayadero, surgieron agrupaciones como Desadaptadoz, Pichurrias, Ego y Palabras. En donde el Negro se reunieron después Ramiro Meneses de Peste Mutantex y protagonista de Rodrigo D No Futuro, Dilson Díaz de La Pestilencia y otro personaje clave en la escena, Fredy Rodas ‘El Chino’, el creador del primer fanzine paisa, Fragmentos, el primero en montar un ensayadero de punk y el primero en tener un programa de punk en la radio.

 

 

El Sótano fue el primer bar de punk de Medellín. Pertenecía al parche de Desadaptadoz

Algunos de los fanzines que se rotaban fotocopiados en medio de la movida punkera medellinense fueron: Fragmentos, Piensa y Actúa, Sustantivo, Despelote, Visión Rockera, Nueva Fuerza y Subterráneo Medellín. A pesar de ser publicaciones efímeras, son prueba fehaciente de todo lo que sucedió entre los punks en esos años. Por medio de estos elementos, “En la ciudad nadie más estaba escribiendo sobre eso, los fanzines locales desempeñaron un papel importante manteniendo a las hordas punk al día con todos los acontecimientos de la escena local. La falta de cobertura de la escena punk en los periódicos solo añadía combustible al fuego. Estos fanzines fueron herramientas invaluables para muchos eventos locales que fueron ignorados por la prensa musical. La comunidad punk local demostró ser altamente eficaz en la creación de redes y conexiones de la comunidad punk internacional”, relata ‘Caliche’.  

Las mujeres también tuvieron su espacio en el parche punkero de Medellín. Durante la década de los 80 la sociedad paisa era aún más machista que ahora y el punk no era la excepción. Aparecieron mujeres que se hicieron escuchar, como Patricia Arenas de SS Ultimátum, quien fue la primera mujer en tocar en una banda de punk local. Era del parche de los Porks y fue además de las primeras mujeres en editar un fanzine de punk de corte feminista: Sustantivo. Yaneth Alzate, por su parte, editaba el fanzine Nueva Fuerza, mientras que Ana de Infesto estaba relacionada directamente con la música y compuso un demo de 11 canciones titulado Ansiedad Insaciable, que tenía una canción llamada Liberación Feminista. Años más tarde, Vicky y la Yola darían de qué hablar con Fértil Miseria.

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Entre los años 1986 y 1988 se llevó a cabo la grabación de la película Rodrigo D No Futuro, un largometraje de Víctor Gaviria que expone los fenómenos del sicariato en las comunas de Medellín y el creciente movimiento metalero y punkero en las calles de la ciudad. La cinta es para muchos punkeros un referente, sin embargo, gran parte del parche de la época no quedó conforme con el resultado de la película. 

“Consideramos que en esta cinta el mostrar algunos apartes del ambiente nuestro (conciertos, ensayos, etc.) es un auténtico RELLENO que solo busca capturar mucho más público, pues se muestra lo que nunca se había mostrado, la supuesta forma de vida de los rockeros de Medellín, los más radicales y violentos de Colombia”, fue lo que publicó el fanzine Nueva Fuerza, dando a conocer su postura frente a la película.

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En adelante, ‘Caliche’ hace un barrido a la nueva era del punk y hardcore local. Agrupaciones como Los Suxioz, Nómadax, Katalexia o Infección Psicosis se han parado en la raya y, culminando los 90 y empezando los 2000, no dejaron morir la esencia del ruido local. Mala Hierba termina siendo un diario de campo más allá de un escrito porque compila una cantidad de información que es demasiado útil para quien quiere dar un asomo a lo que es la música extrema, en este caso el punk. Este tipo de material es un registro que queda para el tiempo, que se salta el voz a voz y se queda para que más adelante alguien más pueda encontrarlo y tener acceso a todos esos relatos. Esa es la forma en que se puede mirar hacia atrás y ver cómo estos parches hacían música y, con el simple hecho de ser y existir, cumplían un rol político en medio del mierdero que se vivió en los 80, tanto en Medellín como en Colombia. 

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