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Reyes, balas y estatuas en tres poemas anarquistas ilustrados

Juan Manuel Roca es ampliamente conocido en el país por sus poemas, pero también lo es por su lado anarquista y por promover el pensamiento libertario, al punto de llegar a fundar su propia editorial junto a Iván Darío Álvarez. Le pedimos a este escritor paisa nos recomendara tres poemas de este tipo para que los ilustráramos. 

Juan Manuel Roca

Sin duda, una de las figuras más representativas de la poesía colombiana en los últimos años ha sido el paisa Juan Manuel Roca. A sus 70 años, este escritor ya cuenta con numerosos premios y aproximadamente cuarenta textos, algunos de los más destacados son Las plagas secretas y otros cuentos, La farmacia del ángel Las plagas secretas.

Pero otra de las facetas por las que Roca es conocido es por su anarquismo. En la década de los noventa dirigió el Magazín dominical de El Espectador, en el que hablaba, entre otros temas, de autores y escritos libertarios. Actualmente hace parte de la editorial El rey desnudo, junto al escritor y titiritero Iván Darío Álvarez; ambos rescatan las obras de autores clásicos y las atan a nuestra actualidad.

En esta ocasión quisimos ilustrar tres poemas anarquistas recomendados por el propio Juan Manuel Roca.

 

Prueba de balística

balas_1.jpg

Siendo un muchacho, un corredor de fondo

En las pistas del vacío,

Entré a trabajar en el taller de un anarquista.

El viejo maestro estaba decidido a fundir toda clase de

                                                       /estatuas

Para convertirlas en balas

Que llenaran la mañana de un olor a café fresco,

                                                                              /a pan con municiones.

Decía que la estatua de Pío XII

Haría buen pertrecho para dispararle al Vaticano,

Solo para echar a volar sotanas como negros

                                                          /pajarracos.

Contaba que cuando Rimbaud

Supo que le iban  a levantar una estatua,

Dijo que aceptaría si una vez esculpida

Le permitían hacer balas con su efigie de bronce

Para asediar a los franceses.

En lengua franca, añadía el maestro,

El poeta nos legó su horror a la gloria

Y más aún, su horror a la patria.

Me convenció

De la nobleza de apuntar al Pentágono

Con la estatua de Lincoln convertida en cañón

O con proyectiles de la cabellera rizada de George

                                                             /Washington.

Se relamía

Como el niño que juega a la Armada Imperial

                                                               /en su bañera:

“Borraremos los maniquíes de una estatuaria

Hueca como el busto operático del Duce,

Embaucadora como el caballo de Troya”.

“La estatua de Gutenberg habría que fundirla

En las imprentas clandestinas de la noche”.

“La de Stalin fue vaciada con una materia ideal

Para fabricar y repartir llaves y ganzúas

Entre los poetas irredentos que enjaulaba”.

—¿Y la de Bakunin, maestro?, le pregunté.

—Bakunin no tiene estatua:

    no se esculpen los vientos.

 

Epigrama del poder

reyes.jpg

Con coronas del nieve bajo el sol

Cruzan los reyes.

 

La estatua de bronce

(A la manera de Ossip Brodski)

estatua.jpg

Primero haremos, si el Cabildo de la ciudad lo permite,

                                                      /el caballo.

Un alazán en bronce con sus patas delanteras levantadas

Como ejemplo para cruzar obstáculos y abismos.

Luego fundiremos el hombre,

Pues un caballo sin jinete no es digno de una plaza

Y ni siquiera puede llamarse una abstracción.

Que todo el burgo aporte llaves, aldabones, candelabros,

Monedas, candados, espuelas, medallas y cubiertos

Para fundir el hombre a su caballo.

Después discutiremos el lugar para la estatua y la forma

                                                                /de su pedestal.

¿Un recodo cercano a las montañas

Entre bosques de sauces y eucaliptos?

No estaría mal construir en el sitio elegido

Un pequeño parque que permita a las mucamas

Citarse con sus novios al pie de la escultura.

Debe amoblarse el espacio con bancas de madera:

Los oficinistas comerían emparedados a la hora

                                                         /del receso.

Bella será la sombra al mediodía

De caballo y jinete sobre la grava y el asfalto.

Las hojas caídas de los árboles

Tejerán un tapiz crujiente al paso de los estudiantes.

Los viejos fotógrafos

Sacarán los domingos sus cámaras de cajón

Y harán que los enamorados prolonguen el tiempo

                                                              /de los besos.

Todo concertado con autoridades eclesiásticas, civiles

                                                          /y militares.

Luego vendrá la discusión.

¿Quién debe ser el hombre encima del corcel?

Sabios hay pocos. Guerreros y héroes son dudosos.

Un filósofo a caballo

No puede replegar su pensamiento.

Los poetas viven recostados en la hierba.

Los campesinos no montan caballos de viento.

Los directores de orquesta no pueden dirigir

Desde una montura de bronce y el lomo inclinado

                                                              /de un caballo.

Los jubilados prefieren cabalgar nubes

Y permanecer sentados en los bancos.

Los pintores trazan caballos pero no se atreven

                                                            /a montarlos.

Los arquitectos pierden la perspectiva

Los almirantes prefieren las crines de las olas.

Las bailarinas no necesitan pedestal para su vocación

                                                     /de aire.

Los astrólogos son una franca minoría.

¿Quién podría ser el jinete de bronce

Sobre el imponente y brioso caballo de bronce?

Deberá ser alguien que muchos ciudadanos admiren,

Un hombre que sea su propio mentor,

Que haya luchado a brazo partido por su gloria

                                                            /y su fortuna.

Ya está. Erijamos una estatua al asesino.

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