Ud se encuentra aquí INICIO Sexo Revolucion Politica De Los Cuerpos

Diana Torres, la pornoterrorista

Pornoterrorismo

Imagen tomada de II Concierto Pogo Porno Punk 

COMPARTIR ARTICULO EN:

Desde 1998, esta española ha venido cultivando un concepto que mezcla el activismo feminista, el rechazo total al conservadurismo cultural y hasta la masturbación colectiva. Hablamos sobre censura en redes sociales, performance y libertad sexual con la principal promotora mundial del pornoterrorismo.  

Ma. Camila Alzate Férez / @camialzatef

Diana J. Torres es activista del posporno y transfeminista. En 2011 publicó su primer libro, Pornoterrorismo, el cual es algo así como un manifiesto vengativo a través del cual se expone una impronta de inconformismo y rabia contra el sistema heteropatriarcal. Esta española, que estuvo de paso por Bogotá para presentar dos de sus publicaciones y realizar dos talleres (uno de eyaculación femenina y otro de hackeo femenista), se expresa a través del exhibicionismo, las masturbaciones públicas y otras acciones performáticas que resultan escandalosas para muchos.

Para que se haga una idea: Diana alguna vez grabó una cinta con el sonido de los gemidos de una masturbación colectiva, se vistió de forma conservadora, entró en el Vaticano, escondió un reproductor con la grabación justo detrás del altar de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro y al dar play —gracias a la excelente acústica del templo— creó una imagen colectiva en la que parecía que la estatua de la virgen estaba teniendo un orgasmo.   

Esta española ha sido la principal promotora del pornoterrorismo, una respuesta ante las opresiones de un sistema que, en sus propias palabras, “no nos deja negociar nuestro género, ni nuestra sexualidad, ni cómo usamos nuestro cuerpo, ni qué hacemos con él, ni a quién deseamos y a quién no”.

Para ella, el terrorismo es la respuesta ante situaciones en las que no hay diálogo o negociación alguna. Es violencia. “Yo considero que lo que hago es violento, aunque no ande matando gente. Me gusta mucho pensar en el pornoterrorismo como una especie de temblor que desestabiliza los pilares o la base del sistema”.

 

¿Por qué cree que a través del terror se cambian imaginarios?

No se cambian: es una forma de venganza. El pornoterrorismo tiene dos objetivos, por un lado el de generar alianzas y por otro lado, vengarse. Tengo la impresión de que cuando las personas han sufrido opresiones parecidas tienden a unirse. En ese sentido el pornoterrorismo me ha generado muchas redes y alianzas efectivas entre monstruas: personas que no encajamos en lo normal. También genera mucha incomodidad a todas esas personas que se consideran normales, o que son policías de la fe, porque policía no es solo aquel que lleva el uniforme, cada uno trae un policía dentro, instalado por el sistema para que nos autocensuremos.

 

¿Cómo surgió el concepto?

Se nos ocurrió en Madrid. En el año 98 empecé a hacer unos performances de sexo explicito con dos amigos. Mezclábamos cosas del gore con magia, con cosas de la cultura underground, inspirados en películas de John Waters, y hacíamos unos shows muy bestias en los que no hablábamos sino que cogíamos en el escenario, aventábamos mierda a la gente: cosas muy de teenagers.

Cuando pasó lo de las Torres Gemelas en 2001, nos inventamos esa palabra para provocar. Escuchábamos del terrorismo por aquí y por allá y pensamos que era muy pornográfica la forma en la que los medios masivos de comunicación presentaban la guerra, los conflictos armados: lo que te ponen en la tele y también te tragas a la hora de comer. Era una provocación decir pornoterrorismo.

En el año 2006 retomé la palabra para darle más contenido político y feminista. Se me hacía muy terrorista el hecho de ver a una mujer empoderada de su cuerpo y de su sexualidad. Era algo bien subversivo porque a nosotros no nos educan para eso. Esa palabra atrae a mucha gente y lo instrumentalicé un poco para sacar dinero, porque teníamos una situación en la que unos amigos estaban presos por una cosa que no habían hecho; estaban acusados del homicidio de un policía. Una panda de precarias ocupas se encuentran con que tienen que sacar un montón de miles de euros para pagar abogados, el seguro de responsabilidad civil, etc., por lo que decidí empezar a mezclar recitales de poesía con acciones de sexo en vivo.

 

¿Cómo se manifiesta el pornoterrorismo?

En mi caso, a través de cada pequeño gesto de mi vida. Al salir a la calle como salgo, el hecho de visibilizar mi lesbianismo, es decir, cualquier cosa que incomode al sistema y que tenga que ver con tu género y tu sexualidad es pornoterrorismo. También lo expreso a través de la escritura, la performance y el activismo en redes.

 

 

 

¿Se ha enfrentado con la censura?

El mecanismo de la censura es muy absurdo, sobre todo de lo sexual. Te pongo el ejemplo de Facebook: puedes subir cualquier aberración (una cabeza cortada, por ejemplo), sin embargo, una teta es mucho más peligrosa. La última vez que Facebook me cerró el perfil fue por una foto de una amiga que se está bebiendo su copa menstrual. Entonces me pregunto, ¿qué tipo de sangre está permitida en los medios?

 

¿El pornoterrorismo es exclusivo del escenario público?

No, yo creo que tenemos un policía interior y es lo primero que debemos vencer. Esa frontera entre lo público y lo privado es absurda pero necesaria para aprender cosas del sistema que habitamos. Para mí, sí parte de un trabajo íntimo. Primero cuestiónate  qué parte de ese sistema opresor tienes instalada en tu cuerpo y en tu mente. Se me hace hipócrita ir por el mundo proclamando la libertad sexual cuando en tu cama no eres tan libre.

 

¿Cuáles de sus acciones perfomáticas han tenido reacciones sorpresivas?

Hay una muy interesante que fue como un sueño cumplido. Fue una masturbación pública colectiva. Se me hacía que era importante visibilizar que nosotras también nos masturbamos, porque en nuestra cultura no existe tal cosa. Ocho chicas fuimos a una universidad en Valencia a hacernos la paja en público. Fue muy divertido porque vino la policía interna de la universidad pero no sabía muy bien qué hacer, aquello no estaba en sus protocolos.

Eso desencadenó otras reacciones que dejaron ver la mojigatería de la sociedad: una amiga subió el video y un día después tenía 35 mil visitas. Los comentarios eran “Asquerosas, se masturban porque nadie se las quiere coger”, “Asco de punkies, lesbianas desviadas que vienen a ensuciarnos nuestra facultad”. Y por otro lado decían “qué genial la acción”. 

 

 

 

 

Comentar con facebook

contenido relacionado

Contenido patrocinado

EVENTOS RECOMENDADOS