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La “putivuelta rola”: tres bogotanas de cacería

La “putivuelta rola”: tres bogotanas de cacería

Ilustraciones de Enka

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“Putivuelta” es el recorrido que hace un grupo de amigas dentro de una discoteca en busca de los hombres más “pintas” y normalmente tiene un fin: sexo casual. Nos parezca moralmente correcto o no, es una práctica en auge también en Bogotá. Estos tres testimonios carecen de mojigatería.

Lincy Acosta

Tres bogotanas me contaron cómo practican ellas la “putivuelta” rola:

 

María Camila Sáenz

26 años

Propietaria de un sex shop

Salgo cada fin de semana porque me gusta divertirme. Soy soltera, no tengo hijos y me encanta tener sexo sin compromiso. Algunas personas me sugieren ir a bares swinger, dicen que el sexo se consigue con facilidad ahí, pero me gusta todo el protocolo del cortejo, por ejemplo hablar mierda sobre uno mismo para sorprender al otro, cosa que al final de la noche sientan que estuvieron con una mujer inalcanzable.

Recuerdo que hace aproximadamente un año me fui de fiesta con un par de amigas igual de promiscuas a mí. Salir con ellas es genial, a veces me incluyen en sus planes y hacemos tríos. Esa noche la pasamos genial, fuimos a un bar de salsa. Nos gustan los hombres bien dotados, por eso siempre buscamos bares con música del pacífico o con salsa: queríamos estar las tres con un negro al mismo tiempo.

Encontrar a un negro sexualmente dotado no es una gran odisea, pero teníamos que encontrar uno que rindiera por tres. Soy dueña de un sex shop así que llevé Viagra por si acaso.

Encontramos al afortunado y Maira, una de mis amigas, le habló. Conversamos con él toda la noche y lo invitamos a amanecer en mi casa. Cuando llegamos, él quería seguir tomando. Yo tenía miedo de que no fuese a rendir el tipo, así que trituré la pastilla de Viagra y se la eché en el trago. Todos tómanos de ese vaso y la noche se encendió.

Él se vino en un instante. Yo quedé un poco decepcionada, ese negro se veía grande y bastante experimentado, pero afortunadamente la pastilla de Viagra no se lo bajó: tuvimos sexo como por hora y media. Ya estábamos cansadas, pero a él no se le bajaba, así que le contamos que le habíamos dado Viagra y el negro salió corriendo. Dijo que estábamos enfermas.

(Lea también sobre la tienda bogotana de porno vintage)

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Fernanda Palomino

43 años

Empresaria y abogada

 

Soy la única soltera de mis amigas. Somos un grupo de cinco y salimos en las noches en busca de “pollitos” porque nos gusta el colágeno. Nos gusta salir de fiesta al centro de Bogotá, aunque sabemos que los niños se reúnen con mayor frecuencia en la T o en la 51. Nos gustan los “pollitos” con clase y son esos los que buscamos cuando salimos juntas.

Es difícil encontrar un grupo de ellos solos, normalmente llevan amigas o se hablan con mujeres de su edad. Sabemos que somos mayores, así que por cortesía les pagamos el trago y les damos para el taxi de regreso a sus casas. Buscamos a los  mayores de edad porque de no hacerlo de esa manera me sentiría un poco enferma.

Hace días conocí a Erick, un joven de 24 años de edad que es bastante educado. Normalmente soy yo quien toma la iniciativa, pero Erick se atrevió a conocerme. Bailaba muy bien y me comentó que le gustaban las mujeres mayores. Aún conservo una duda: ¿tuve que haber salido con alguno de sus amigos para que él estuviese tan seguro de lo que me decía? Esa noche Erick llamó a algunos amigos y así fue como hicimos nuestra noche.

Siempre terminamos en mi casa. Mis amigas son casadas, por lo que sus maridos no estarán muy de acuerdo con que lleguemos con los jóvenes. Los “pollitos” se divierten y nos dejan ser nosotras mismas. El sexo con ellos es maravilloso, se mueven bastante y se mueren de ganas por experimentar con una “cuchibarbie” (así me llaman), el problema con ellos es sacarlos de mi casa. Tenemos sexo y queremos dormir, ellos no se cansan así que los mandamos en taxis por separado.

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Lina Ávila

23 años

Estudiante de Ingeniería Industrial

Hace más o menos un año y medio conocí a Fabián. Él suele ganarse la vida haciendo encuentro sexuales en su casa, gana dinero vendiendo trago. Mis amigas y yo empezamos a implementar la misma idea en casa de Dani, sus papas son costeños y suelen visitarla solo a final de año.

(Lea aquí otra historia con picante: El emperador de la fiesta cuckold)

Nos gusta frecuentar sitios exclusivos para reclutar gente, normalmente bares gay; no somos prostitutas ni proxenetas porque dentro de la casa de Dani todos tienen sexo gratis. Buscamos jóvenes apuestos y con dinero, eso nos facilita conseguir chicas para llenar la casa. Michelle es lesbiana así que ella se encarga de buscar las chicas bisexuales, yo busco chicos con dinero por lo que permanezco mucho tiempo en la barra y Laura busca los más apuestos, ella es modelo así que los chicos pocas veces suelen ignorarla.

La fiesta en casa es el paraíso, la gente camina desnuda, juegan dados eróticos y juegos de roles. El sexo no se practica en las habitaciones, todo se hace en la sala, nosotras también tenemos sexo. No pedimos cosas extrañas y tampoco permitimos la ejecución de parafilias asquerosas, no queremos que la gente aborrezca el momento, solo queremos pasarla bien.

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*Los nombres han sido cambiados a petición de las fuentes

 

 

 

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