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Un espacio vital para el arte urbano local se despide: Casa Volketa cierra sus puertas

Saga Uno, el fundador de este proyecto cultural fundado en 2009 en el corazón de Chapinero, le pone punto final a una aventura creativa que potenció a diferentes artistas del grafiti y el hip hop. El cierre se debe a la intención de Saga Uno de priorizar su carrera como artista, objetivo que perseguirá desde Medellín, una ciudad que siempre le atrajo por su escena cultural.

Júlia Farràs

Volketa surgió porque sentía que había un vacío cultural en la ciudad y en el país. La idea era reunir, hacer un encuentro de muchas vainas para que sucedieran otras. Que tuviera un efecto social, que fuera un punto de encuentro de toda la ciudad y creo que sí generó un cambio. Y Volketa tuvo que ver con ello”, comenta Sergio Alférez, mejor conocido como Saga Uno, el fundador y gestor del proyecto. El grafiti, el hip hop, la ropa y la subcultura urbana fueron, y han sido desde el inicio, los ejes principales de la propuesta que nació en 2009 con un buen propósito y un ajustado presupuesto. “Volketa fue un pilar para el arte anónimo e independiente”, comenta Pegatina Criolla, un artista bogotano de 27 años muy cercano al proyecto.

A lo largo de este tiempo, Saga Uno, quien no nació en Bogotá pero igual tiene sangre rola en sus venas, ha producido fiestas hasta el amanecer al ritmo de rap, salsa y cumbia, ha concebido todo tipo de exposiciones y hasta ha creado una línea de ropa. A través de Volketa Blogzine, la colección de moda y la casa de la Calle 48 con Carrera 9, en Chapinero, ha difundido por todo el país el respeto y la admiración hacia el arte urbano creciente en la capital y el resto del territorio. Volketa ha sabido unir una miscelánea de “cosas bacanas que pasan en la calle”, al tiempo que ha conseguido difuminar las etiquetas marcadas por la sociedad para crear unidad y compartir entre personas de diferentes mundos la pasión por la contracultura.

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Después de estos años en constante movimiento, la casa de la 48, más conocida como Casa Volketa, un espacio con energía propia por donde han pasado creadores como Jim Pluk, ENE, Os Ley o INDIO cierra sus puertas. “Volketa fue un segundo hogar para mí. No solamente era un lugar para parchar, sino que allí también se reunían muchas personas para hablar, escuchar música… Fue un centro de reuniones, un squad donde sucedían muchas cosas culturales”, explica Pegatina Criolla.

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Este edificio, un espacio repleto de historias y recuerdos y donde el arte independiente y la libertad de expresión han sido los protagonistas, dice adiós, pero uno que no quiere ser definitivo. “Volketa como tal está en un proceso de reinventarse a sí misma. Quiero replantearla sin perder el archivo de lo que se hizo, pero sí me gustaría refrescarlo todo”, comenta Saga Uno, quien a sus 37 años ha decidido también darle un giro a su carrera artística. “Volketa no termina, pero sí va a cambiar, y tiene que ver con el cambio personal. Mi trayectoria como artista había estado en un segundo o hasta un quinto plano, y ahora quiero ponerla en un primer plano. Volketa nunca fue una ventana para mí como artista, entonces eso sí va a cambiar”.

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Es el fin de una etapa en la capital colombiana, pero es un cambio necesario para poder empezar otra fase nueva. Para este nuevo ciclo, Saga Uno se asentará en Medellín. “Es una ciudad que siempre me ha gustado. Quise hacer la carrera allí, pero por una u otra razón no la hice. Así que es una decisión que llevo aplazando casi 20 años”. Aunque siente que su hogar está en Chapinero, para poder seguir floreciendo ha tomado la decisión de moverse a esa ciudad “tan atractiva en cuanto al ambiente, el clima y la escena cultural, ya que tiene mucho donde uno se puede nutrir”.  Por su parte, Pegatina Criolla le apuesta a la mutación positiva que sufrirá Volketa para arriesgar con la cultura paisa: “Es chévere que la gente de Medellín tenga la oportunidad de vivir lo que pudimos vivir nosotros. Nosotros en Bogotá le aportamos una esencia, pero estoy seguro que Medellín le aportará lo suyo”.

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No hay nada seguro, ya que el cambio de residencia es el primer paso para ver qué sucede y qué cara coge el proyecto, porque, como explica el gestor de Volketa, la parte de la realización del plan ya ha terminado su ciclo. De momento lo que puede decir es que “quiero priorizarme y a partir de ahí que las cosas se puedan ir desprendiendo (…) Voy a hacer exploraciones en todos lados, tengo ganas de encontrarme como persona en la pintura, que es un ejercicio más personal, aunque quiero continuar trabajando en la calle, si el tiempo me lo permite”. 

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Una cosa está clara, y es que Volketa ha dejado huella en la capital, y, como sentencia Pegatina Criolla: “espacios como este dan un giro a los conceptos de galería típica y de espacios mamertos para convertirlos en lugares donde varias personas puedan encontrarse y generar discursos en torno al arte, son necesarios para la ciudad y son ejemplos para poder seguir adelante con los proyectos de contracultura”. Aunque el cierre de Volketa es un duro golpe para la escena de creadores locales, otros espacios culturales independientes que le apuestan al arte urbano seguirán dando todo de sí para no dejar decaer la movida.

 

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