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5 mitos religiosos del aborto cuestionados por católicas que lo defienden

La creencia popular es que la defensa de los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres, especfícamente de la libertad a decidir sobre su cuerpo en lo relativo al aborto, es algo que una ferviente católica no emprendería.

Ilustraciones por Enka

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Las chicas de Católicas por el Derecho a Decidir, son una red de activistas por la legalización del aborto. Ellas nos dan sus argumentos para dejar de creer que todos los católicos rechazan el aborto o que todas las mujeres que aborten arderán en el infierno.

Diana Carolina Martínez

La creencia popular es que la defensa de los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres, especfícamente de la libertad a decidir sobre su cuerpo en lo relativo al aborto, es algo que una ferviente católica no emprendería. Sin embargo, existen voces de defensa dentro el catolicismo que contradicen esta suposición. Una de ellas, muy fuerte, proviene de la red latinoamericana Católicas por el Derecho a Decidir (CDD).

“Ser católicas hace parte de la identidad y uno no puede renunciar a su identidad para poder tomar posición sobre algo. Nos han querido ver como una contradicción entre cuerpo y alma; nos han puesto una contradicción entre ser feministas y católicas. Por un lado, eso evidencia un desconocimiento de los principios cristianos y, por otro lado, que no entienden el feminismo”, afirma Laura Torres, encargada de formación e investigación de CDD.

Esta organización surgió en 1996 por iniciativa de aquellas mujeres preocupadas por la defensa de los derechos de las mujeres en el continente, que en esa época apenas se sacudía de las dictaduras militares y estaba afectado por las políticas neoliberales en los sectores populares. Además, tenía encima la sombra de la campaña de Juan Pablo II, lanzada desde el Vaticano, contra la denominada “cultura de la muerte”, condenando el uso de anticonceptivos, el aborto y la eutanasia.  

Las mujeres que conforman este grupo, que en Colombia se estableció en el 2000, tienen claro que la institución eclesial ve el aborto como un pecado. Pero ellas, al analizar la figura del aborto, apelan a documentos religiosos que contienen eximentes y atenuantes a esta práctica, y que están en el propio Código de Derecho Canónico (el conjunto de normas y leyes que regulan el funcionamiento de la Iglesia católica). Pero más allá de fundamentar su lucha en documentos, CDD pretende que las mujeres tomen decisiones sobre su cuerpo en uso de la libertad de conciencia, “así como María decidió [sobre su cuerpo] al aceptar ser madre de Jesús”, dicen.

Como católicas y activistas de la legalización del aborto, CCD ha tenido acalordas discusiones con la Iglesia y las organizaciones pro vida del país. También se han enfrentado a mitos fundamentados desde la religión que generan zozobra entre las mujeres que luchan con la decisión de abortar.

Estos son algunos de esos mitos y las razones de CDD para controvertirlos a partir de la teología feminista y los estudios de género, apostándole a la “despenalización de las conciencias” y así frenar la transmisión de miedos y estigmas hacia las mujeres que deciden abortar.

No existen principios católicos que permitan a las mujeres decidir sobre sus derechos sexuales y reproductivos

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Los derechos sexuales y reproductivos están protegidos por la Declaración Universal de los Derechos Humanos, y la Iglesia establece tres principios que defienden estos derechos: la libertad de conciencia, el principio del mal menor y el principio del probabilismo. 

El primero entiende la conciencia personal como un espacio emocional y racional en el que la persona se relaciona con Dios, y afirma que si la conciencia está en desacuerdo con los mandatos de la jerarquía eclesiástica, se puede seguir haciendo parte de la comunidad de fe. La conciencia posee una libertad que permite tomar decisiones -como la de abortar- con autonomía y autoridad moral.

El segundo se refiere a que cada acción o decisión que lleve a cabo un ser humano y le represente un conflicto de valores debe causarle el menor daño posible. Para muchas mujeres católicas, la interrupción voluntaria del embarazo implica un conflicto de valores y deberes. Así, sabiendo que la maternidad debe ser una elección y no una obligación, y que la decisión de abortar se hace acompañada de un debate en su conciencia, este principio tiene plena aplicación. 

El último principio acoge la pluralidad del catolicismo, que reconoce la no existencia de una posición uniforme o definitiva frente al aborto. Esto se fundamenta en las diferentes teorías de la hominización que hay dentro de la Iglesia -como se explica más abajo-, y se refiere a que una regla moral sobre la cual pesan dudas razonables no puede imponerse como cierta, lo que significa que “donde hay duda hay libertad”. 

Las mujeres católicas que aborten serán excomulgadas inmediatamente

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En 2015, el papa Francisco declaró que los sacerdotes pueden absolver a las mujeres que hayan abortado y "estén arrepentidas de corazón". La medida se aplicó durante el Año Jubileo, desde el 8 de diciembre de 2015 hasta el 20 de noviembre de 2016. A pesar de agradecer la buena intención del papa, las mujeres católicas que abortaron no tienen por qué pedir perdón ni ser perdonadas, ni mucho menos temer la excomunión. 

A pesar de que el canon 1398 (una de las normas incluida en el Código del Derecho Canónico) establece que la mujer que aborte será excomulgada inmediatamente, se ignora la existencia de los cánones 1323 y 1324, en los cuales están las causales eximentes y atenuantes del aborto, y que las salvarían de ser excomulgadas o castigadas: cuando se es menor de 16 años; cuando se ignoraba que infringía una ley; si actuó por violencia o de manera accidental; cuando se actuó presionada por miedo, por necesidad o para evitar un grave daño; si actuó en legítima defensa y cuando carecía de razón o sufría alguna deficiencia mental. 

Las mujeres que aborten irán al infierno

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En el año 1307 fue publicada la obra más reconocida del escritor Dante Alighieri, La Divina Comedia, que describía los sufrimientos de quienes iban al infierno. Este texto fue el culpable de encender las alarmas de la feligresía cristiana de este tiempo, además de la consideración de este imaginario como un lugar donde se castigaban las almas después de la muerte, según San Agustín y San Justino. Sin embargo, Juan Pablo II afirmó que el infierno no era un lugar sino un estado del espíritu. A lo largo de los siglos, la falsa idea de la existencia de un infierno y de un Dios castigador ha sido un recurso muy efectivo para atemorizar a las mujeres que han optado por el aborto. 

Todos los católicos rechazan el aborto

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El 10 de febrero del año pasado se llevó a cabo uno de los plantones más grandes de las organizaciones pro vida en el país. El grupo 40 Días por la Vida fue el protagonista de esta movilización que duró casi un mes y se llevó a cabo frente al edificio de Oriéntame, institución reconocida por practicar abortos voluntarios legales. Estas iniciativas harían pensar que toda la comunidad católica del país tiene una posición prohibicionista radical frente al aborto, pero la realidad es otra. 

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En una encuesta realizada en 2013 por Univisión a 12.308 catlólicos del mundo, el 57% estuvo de acuerdo con el aborto cuando la vida de la madre o el feto esté en peligro y el 8% afirma que debe permitirse siempre. En esta misma encuesta, el 61% de los colombianos encuestados manifestaron estar a favor del aborto. 

Como medidor local de esto, CDD se refiere a una encuesta realizada en 2004 a personas católicas, y que arrojó resultados inesperados: el 73% de las personas encuestadas afirmó estar de acuerdo con el aborto cuando la vida de la mujer esté en peligro; el 65% cuando la salud de la madre esté en riesgo; el 61% cuando existan malformaciones fetales incompatibles con la vida; y el 52% cuando el embarazo sea resultado de una violación. 

Al momento de la fecundación ya hay una persona humana y el aborto es un homicidio en todos los casos

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​A lo largo de su historia,la Iglesia católica ha estado dividida en dos posiciones frente al aborto. La primera, sustenada en la hominización tardía, prevaleció en el siglo IV y fue sustentada por San Agustín, quien afirmaba que el aborto no era un homicidio si se llevaba a cabo antes de las 40 días de la gestación de un embrión masculino y los 80 días de uno femenino, puesto que antes de ese momento no tenía alma. Nueve siglos después, Tomas de Aquino dijo que, antes de las 12 semanas, el feto no tenía forma humana y por tanto no tenía alma. Después, siguiendo la teoría de hominización inmediata, el papa Pío IX, afirmó en 1869 que la vida se produce desde la fecundación.

 

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