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La música después de la vida en rosa

Foto: Cortesia Fauve

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Los músicos franceses no dejan de reconocer la influencia de los grandes de la chanson, pero el panorama musical de Francia va mucho más allá de lo que nos cuenta la tradición. ¿A qué suena por estos días la escena más alternativa de ese país?

Ricardo Abdahllah

Hay dos lugares en París en los que todavía suena Edith Piaf: Montmartre y las callejuelas de la parte baja del Barrio Latino. En los dos, su voz se mezcla con la de los vendedores de souvenirs y los pregoneros de los restaurantes. Más allá de esas calles que muchos parisinos evitan –si pueden–, Piaf  sólo se escucha en los refritos pop de Zaz. Aunque Cabrel o Aznavour tampoco suenan en ninguna parte, la chanson y la varieté están tan ligadas a la imagen de Francia en el extranjero que no sólo han eclipsado a estrellas francesas mucho más osadas, como Serge Gainsbourg y Renaud, sino a “poetas malditos” como Mano Solo y H.F. Thiéfaine, y a una sólida escena rockera, que incluye desde bandas que se adelantaron al grunge, como Noir Désir, hasta sonidos más crudos y políticos, como los de Trust, Bérurier Noir y La Souris Deglingué.           

El panorama del hip-hop francés, por su parte, no ha sido menos rico, a juzgar por veteranos de la talla de NTM, IAM y La Cliqua (una de cuyas voces solistas fue el colombiano Sebastián Rocca), en cuyas letras crudas se habla de la vida en los suburbios. En este género también se han destacado los experimentos de Oxmo Puccino con su rap cantado sobre un cuarteto de jazz, o la poesía de Abd-al Malik.

¿Dónde están los sonidos nuevos?

Si el hip-hop y la música alternativa de la década de los noventa se consolidaron gracias al circuito de clubes y a la radio, en los últimos años las cosas han cambiado. “Tocar en las salas de conciertos y en los festivales ‘oficiales’ es cada vez más difícil para los artistas que no tienen promotores y disqueras. Sin embargo, hay muchos músicos que no se rinden”, señala la promotora de música Virginie Pargny. “Además, están los eventos más ‘pequeños’, como el Festival Yeah o el Festival Les Nuits d’été”.

Seis artistas para tener en el radar

Laure Brisa: música extraterrestre

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Foto: Cortesía Laura Brisa

En francés, la expresión “ovni” no quiere decir “platillo volador”, sino “indefinible” o “inclasificable”, y por eso aparece con frecuencia a la hora de hablar de la música de Laure Brisa. Armada de un arpa, dos micrófonos con pedales de distorsión y un sampler, esta artista es capaz de darle la vuelta a Where Did You Sleep Last Night?, reinterpretar a Neruda o a Shakespeare o arrastrar a su público a universos durasianos u oníricos. De origen español, Laure comenzó a tocar el arpa a los cinco años y desde 1997 estudió teatro en el Conservatorio de Bruselas. Su participación como arpista en el grupo que acompaña al músico australiano Jim Yamouridis le permitió darse a conocer y llamar la atención incluso antes de la salida en marzo de este año de Leaving Room, su primer álbum. Las críticas elogiosas de medios como Les Inrocks y Libération han garantizado el éxito de los conciertos de Brisa.

Narco Terror: el experimento más reciente de los hermanos Puaux

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Foto: Cortesía Narco Terror

No existe una biografía “oficial” de los grupos que, desde su adolescencia en la población de Rognes, han formado los hermanos Antoine y Nicolas Puaux, que vienen grabando discos desde el 2007. En su sonido, que puede considerarse metal, terminan por vivirse las historias de Poe y las películas de Stone y Tarantino, lo cual explica que sus bandas tengan nombres como Narrow Terrence, Ooshie y, en su más reciente reencarnación, Narco Terror, en cuyos conciertos un blues acústico puede transformarse en una descarga de metal. O viceversa.

Dom La Nena: sonidos del mundo

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Foto: Cortesía Dom La Nena

“Tierno y nostálgico, un encanto de canciones miniaturas”. Así definía el semanario Les Inrockuptibles, el primer álbum de Dominique Pinto. Originaria de Porto Alegre (Brasil) y formada en música clásica en Buenos Aires, Dom La Nena canta mayoritariamente en portugués y español. En un estudio casero de las montañas francesas grabó en menos de una semana su álbum debut, Ela, en el que tuvo como invitada a la cantante Camille Dalmais. Eso fue en el 2013. Dom tenía apenas 23 años de edad y su propuesta le granjeaba ya reseñas no sólo en las revistas especializadas francesas, sino también en medios como The New Yorker y The New York Times.

Fauve ≠: el slam hipster

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Foto: Cortesía Fauve

El 2014 fue “el año Fauve” en emisoras, bares y festivales. Antes de tener siquiera un álbum editado, el colectivo se dio el lujo de llenar quince noches seguidas el club Bataclan, que en otra época marcó la gloria de Velvet Underground. La clave, reinventar el slam, esa “poesía rapeada” en la que se basa el hip-hop, llevándola de los barrios de la periferia al París hipster y utilizándola para construir parábolas sobre el desarraigo urbano. Formado como un colectivo de cuatro músicos (Quentin Postel, Pierre Cabanettes, Simon Martellozo, Stephane Muraire) y un videasta siempre presente en el escenario, Nicolas Dardillac, el éxito del EP Blizzard y las dos partes del álbum Vieux Frères (prensadas en 2014 y 2015) llevaron incluso a que el cantante suizo Nicolás Juillard, que durante diez años había utilizado como nombre artístico “Fauve”, renunciara a seguir usándolo para así dar paso a la nueva generación.

Daby Touré: la frontera de todos los mundo

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Foto: Cortesía Daby Touré

Nació en el norte de Mauritania, justo donde el Sahara se encuentra con el África negra, y creció expuesto a las influencias musicales de esos dos mundos. Al mismo tiempo era un gran aficionado a la música norteamericana, que escuchaba en la radio. Se puso en la tarea de aprender por sí mismo a tocar guitarra para interpretar los éxitos de Sting y Stevie Wonder. Cuando llegó a Francia, escapando de los problemas políticos de su país, descubrió las músicas de los inmigrantes que vivían en su vecindario y las incorporó a un bagaje musical que le sirvió para construir su propia identidad, primero como miembro del duo Toré Toré y, tras un solo álbum y una gira mundial, como solista. Su primer álbum individual, Diam, del 2003, llamó la atención de Peter Gabriel, que decidió incluirlo en su catálogo de artistas.

Ibeyi: electrónica y música yoruba

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Foto: Amir Aziz

Su madre es venezolana y su padre era un cubano que tocó con varios de los músicos de Buenavista. Se llaman Lisa y Naomí Díaz y nacieron en París al mismo tiempo. Ibeyi quiere decir “gemelas” en lengua yoruba, que es, junto al inglés, la que prefieren para sus canciones. El video de Hey mama llamó la atención del productor inglés Richard Rusell, quien, según la periodista Marie Ottavi, de Libération, hacía años no le pedía cita a un artista nuevo. Este dúo franco-cubano entrelaza electrónica, música yoruba, dubstep y rezos espirituales. De la mano de Rusell, las gemelas Díaz lanzaron a principios de este año su primer álbum, llamado también Ibeyi. Aún no han cumplido 21 años y nadie duda en contarlas entre los grupos más prometedores de la escena francesa.

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